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Monseñor
Pablo Galimberti |
| HOMILÍA de Mons. Pablo Galimberti · Obispo de Salto |
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Hermanos
Obispos, Arzobispo
de Montevideo y demás Obispos aquí
presentes, Obispos
vecinos, de Argentina, de Brasil. Sacerdotes Autoridades nacionales y departamentales. Bueno
ahora se me confunden, porque tengo tantos departamentos que…mencionar
que estoy un poco titubeante… Gente de Artigas, de Río Negro, de
Paysandú, pueblo salteño, gente de San José y de Flores, gente de
Montevideo, familiares, amistades. Todos los que de alguna manera,
cuando al verlos, cuando entraba, me despertaban tantas resonancias… y si bien el conjunto de
sentimientos que afloran, son muchos y tengo que ordenarlos suavemente,
realmente que la misión de ser obispo tiene algo o mucho que ver con
esto. Una misión que uno se experimenta con un gran campo de acción y al mismo tiempo con escasas fuerzas, pero esto lejos de decir bueno oculto o escondo mis debilidades, un poco disimulo y quizás alguno se lo puede creer. Pero
encuentro que eso no es lo correcto, lo adecuado y justamente hoy que es
la fiesta del nacimiento del Bautista, de
Juan Bautista, me recuerda aquella frase de él que decía “que El crezca, que Jesús crezca y que yo
disminuya, que no le haga
sombra, que no me presente a mí como el término, el campeón y lo deje
de lado a Dios y a Cristo” Esa
actitud de humildad también de María que dijo ”Soy
la servidora…” y qué servidora, y qué necesaria…que fue en
los designios de Dios en la historia… De
modo que con esa actitud de desproporción, la acepto,
y dije que sí, es
la actitud de decir acepto esto y quiero seguirme sintiendo pobre. Pero
con esa pobreza que lejos de ser una desgracia puede ser una posibilidad
para que siempre esté a la escucha
atenta, dócil, de
lo que Dios quiere para este pueblo. Lo que Dios esta hoy suscitando, voces, inquietudes, interpelaciones, problemas, ausencias, gritos, silencios y lo pueda recoger junto con todos mis hermanos también ayudándonos a leer la historia con ojos diferentes .No solamente en términos cuantitativos, sino en términos de calidad, de calidad de vida. Pero
de calidad de vida en profundidad no solamente cuando se goza de cierto
bienestar sino cuando hay esa satisfacción
íntima que uno es feliz en la medida
en que este mundo, en esta vida transitoria, se puede ser feliz. Y
mucho más si encontramos esa clave de felicidad en la fe que nos abre a
Jesucristo Entonces
uno toca de alguna manera la plenitud
de lo que puede ser uno feliz en esta vida Un
segundo punto es que no comienzo de cero. Dejo
constancia de algo que Uds. saben perfectamente los que son de aquí de
este litoral norte Al recorrerlo, por ejemplo ayer iba hasta Paysandú, me he dado cuenta de la cantidad de nombres, claro que uno los conoce, aquí la geografía de Queguay, Arapey, Dayman, Chapicuy, y tantos otros que es la presencia de la cultura guaranítica. Los guaraníes que descendieron que llegaban hasta aquí. Cultura bautizada por los misioneros Jesuitas, Franciscanos y otros. Ir
entonces, dejar que esas silenciosas raíces, nos evoquen también
nuestro pasado. Decía Monseñor Bodeant “Queremos que nos ayudes a leer el presente y a mirar también hacia el futuro”, pero lo hacemos también desde el pasado. Otra
característica, la tierra de Artigas, Meseta de Artigas, el Ayuí,
Purificación, resonancias que yo traía también
de San José donde Artigas había empezado el Éxodo.
Pero acá vemos donde pasaron, atravesaron,
donde también fue un territorio, un escenario, un horizonte de Cuanto
la necesitamos. Mirar Desde
aquí desearía también regar este sueño. Junto a mis hermanos de
Uruguay y también de Argentina y Brasil, que hoy están aquí acompañándonos.
Para poder encontrar en ese horizonte grande el justo significado de los
problemas que hoy nos preocupan. En
tercer lugar la historia que se ha mencionado aquí, en este traspaso de
Cayado, el traspaso de eso
que simboliza el Cayado de mando, que
recibí de manos del Obispo Monseñor Daniel .Que simboliza que el también
lo recibió de Monseñor Marcelo y él a su vez, Marcelo de otros y de
otros. Eso
es bueno también tenerlo en cuenta. Lo que es esta cadena de tradición
de vida, de testimonio, de
entregas, cuando uno ve una capilla o una cruz o un nombre,
descubrimos allí esfuerzos, obras,
que se expresan pero que han sido regadas con fe, con
generosidad, con apoyo, de
mucha gente anónima.De eso soy también consciente. Aparte
hoy al lado de mi habitación
he encontrado un cuadro de un santo que Uds. los de esta región
aprecian y quieren muchísimo, el Santo Padre Pío
porque ha andado o anda por acá su espíritu, su figura. Testimonios
entonces de seguidores, de discípulos de Jesús, que nos ayudan. Uno
los mira y eso te da ya serenidad . .”Soy
una porquería” “Me siento inútil”
decía hace unos momentos una confidencia
cuando me aplaudían por el ingreso y me dice el obispo Daniel: “Escúchalos
bien que van a ser los últimos” Sin
duda que habrá también otras ocasiones
de disfrutar pero él quería decir que también vendrán
dificultades naturales de
la vida real sino sería una película ésto que estoy viviendo hoy. Así
que no quiero esconderme detrás de las mitras, detrás de los
ornamentos por más que me emocione estos ornamentos que usó SS Juan
Pablo II cuando vino aquí en el año 88. Quiero
ser el testigo y discípulo de Jesucristo pero en la línea de éstos
grandes testigos que han sido jalones importantísimos en todo este
escenario en toda esta iglesia del Litoral Norte y mas allá, porque al
fin y al cabo Jacinto Vera, obispo de Montevideo, fue el primer obispo
del Uruguay, ese fervor misionero que
queremos que él nos siga contagiando, lo necesito y lo necesitamos. Dentro
de éstas memorias quiero hacer memoria de estos Obispos que me han ido
precediendo. Días
pasados estaba con Monseñor Marcelo en el Hogar Sacerdotal, y fui a verlo a decirle que si podía lo esperábamos,
dijo que tenía
dificultades y que no quería ser molesto, con la flojera de sus
rodillas, “No, si yo voy, voy a molestar, pero no siento nostalgia…”
Que lindo, con más de 90 años, no estar nostalgioso con las cosas que
dejó o que perdió, hombre que vive su presente. Y saben que lo veía
yo en unos días que estuve en el hogar, convaleciente, él iba por la
mañana un rato largo a la capilla y por la tarde otro rato. Y allí
estaba, se llevaba un almohadón para estar un rato recostado, no ir de
pasada, y él llevaba, me
dijo que tenia una libretita, donde iba anotando todos los días, las
personas, las comunidades, las va recorriendo,
el recordar que es
pasar por el corazón, y
las va mirando a la luz de la fe, quién
necesita una fuerza, quién necesita un apoyo, quién necesita una oración. Y
esa dimensión de fe y de colaboración, de que somos miembro de un
cuerpo, que lo que hace no
colabora para la vida, para la suerte o para la desgracia de otro. Esa
conciencia colectiva es algo muy lindo en un creyente. Asumo
entonces toda esta historia de fe,
que está viva aquí y que está viva en nuestro país, iglesia
uruguaya peregrina, testimonio de caridad,
que hemos podido tocar, ver y escuchar. Eso
es el capital espiritual con el cual
me alimento y nos alimentamos. Quiero
cooperar, favorecer para que esta comunión no sea así una exclusión de unos
ni un olvido de gracias que Dios ha plantado en esta tierra. Otro
capítulo siempre importante
son los laicos, los fieles laicos, el 98 % de la iglesia son laicos,
bautizados, pueblo de Dios que camina, que pelea, que participa en las
Eucaristías, que hace aportes, que sugiere, que levanta la mano, que tiene
una palabra importante, que tiene experiencia en el campo de la
docencia, en la conducción
política de nuestros departamentos o del país, en el campo de la
economía, gente que hay que escuchar, gente de las cuales hay que
aprender, y los obispos no tenemos las recetas, hay que escucharlos, verlos,
un empresario, un sindicalista, un obrero de la caña de azúcar en
Bella Unión, hay realidades humanas en las que tenemos que poner un oído
atento, para que esos dolores y esos olores también nos lleguen
al corazón y el pastor entonces pueda percibir la situación de
los que están aquí o de los lecheros de los queseros, de los que están
en el campo luchando contra la sequía, que éstos puedan ser escuchados
y de alguna manera encontrar un lugarcito del corazón del pastor. Otra
dimensión fundamental es la visita que mañana comienzo a realizar. Es
la dimensión de la iglesia, cada uno pertenece a una iglesia, a De
modo que tenemos distintos niveles de pertenencia, y cuando voy a una
comunidad de base que están leyendo Hoy
estamos en este mundo global en el cual
tenemos que tener muy arraigada esa fe y saber
que aunque uno viaje de un continente para otro, de un país para
otro, de un departamento,
o se traslada por motivos de trabajo, siempre uno pertenece a
Jesucristo pero en su iglesia, en un lugar o en otro . Una
referencia, un sacerdote, una comunidad, un movimiento, todos
necesitamos ese apoyo para que la fe se mantenga vigorosa.
Una
referencia a los sacerdotes, colaboradores muy cercanos del obispo a los cuales quiero visitar, quiero estar cercano
porque sé de sus fatigas, las demandas
a las cuales están expuestos permanentemente, la multiplicidad
de solicitudes que los mantienen a veces como
divididos: hago esto y hago aquello, salgo a un velorio y tiene
que correr luego a un casamiento y
después correr a una reunión. Quiero
estar cerca para poder luego discernir urgencias, prioridades, para
poder ver quizás cómo
multiplicar servicios, ministerios que
puedan aliviar la pesada carga del ministerio sacerdotal,
presbiteral de una parroquia o de otros lados. Estos
son algunos sentimientos que hoy en la fiesta de San Juan Bautista los
pongo en sus manos, en las manos de María también nuestra Madre a quien siento desde pequeño que puedo confiarle
mis problemas, mis angustias, mis sentimientos, mis dolores, mis
penas, mis ausencias, y también pongo esto en las manos de San José,
a quien he aprendido a conocer, descubrir como Patrono estando en
No
los canso más, se que han venido de lejos, aprecio mucho esas horas,
que han viajado para estar aquí, todos
los saludos recibidos que después si hay tiempo en la reunión del
Colegio María Auxiliadora van a leerse, bueno, nos encontramos después
para poder conversar con algunos, en fin darles un abrazo a todos, a
todos los que sea posible y desde ya cuento con el apoyo de Uds. con la
oración de sus comunidades, y con mi agradecimiento como pastor los
siento cercanos y rezo por Uds. para que sean un pueblo, una iglesia
vigorosa, pujante, testimonio del amor de Dios que sigue presente,
llamando, invitando, alegrando
el corazón humano cuando
se abre a este don de Dios que
es la fe, Así sea.! |
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SALUDO DE BIENVENIDA EN NOMBRE DEL PRESBITERIO DEL PÁRROCO DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR (FRAY BENTOS- RÍO NEGRO) PBRO. JOSÉ LUIS SANCHÍS |
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Señores
Obispos, Hermanos todos, Mons. Pablo Galimberti:
El clero de la diócesis me pidió que prestara mi voz y, en nombre de todo el presbiterio, te diera hoy la bienvenida.
El
motivo que encontraron para elegirme a mi,
fue “ser el decano del presbiterio diocesano en actividad”.
Es decir, ha querido que fuera en nombre de la historia de la diócesis
que te recibiera entre nosotros.
¡Historia
de
¡Fue
Monseñor Camacho!: ¡formado en la escuela de Mons. Soler! Muy
sensible, integró a su vida toda la problemática social de entonces,
al punto de llegar, en aquellos tiempos en que no era tan extraño que
el clero se comprometiera aún en los partidos políticos, a ser
candidato a
Pocos años después, nombrado Obispo de Salto, eligió como lema “El amor de Cristo nos urge”. Marcó a nuestra diócesis con esa profunda preocupación por los gozos, esperanzas y tristezas del pueblo. A tal punto hizo carne esa mentalidad en el ser diocesano, que su Obispo sucesor, Mons. Viola, formado en su escuela, eligió como lema episcopal la sentencia bíblica “¡Evangelizare paupéribus misit me Domine” (El Señor me envió a evangelizar a los pobres).
Fue
normal así que en todas las parroquias se fundaran las Conferencias
Vicentinas o los Sindicatos Agrícolas Cristianos o las Cajas Populares,
expresiones, entre otras, del intento de respuestas de
Esa mentalidad se hizo extensiva a toda la historia de la diócesis. Esa
preocupación fue pasando de Obispo a Obispo, de clero a clero y de
pueblo a pueblo, al punto de convertirse en glorias y motivos de
sufrimientos en los momentos álgidos de nuestra vida.
Desde
lo más profundo de esta realidad queremos decirte que seas muy bien
venido, que vengas bien adentro de esa manera de ser de nuestra
historia.
¡Desde
esta realidad nuestra, te miramos llenos de esperanzas!
Nuestro
presbiterio
quiere ser Iglesia contigo, compartiendo lo que somos y tenemos, y toda
esa riqueza histórica. Por eso, desde nuestro mismo ser, te decimos ¡bienvenido!
Queremos
que vengas y que nos sintamos todos una misma realidad, comprometidos en
un mismo plan pastoral.
Estamos
organizados,
en 16 parroquias. Desde cada una de ellas te deseamos que
vengas bien adentro de ellas para que todos te sintamos nuestro y tu nos
sientas, a todos, tuyos. Una misma realidad, compartiendo las mismas
alegrías y dolores, angustias y esperanzas.
Desde
el Consejo Pastoral Diocesano
hasta todos los Consejos Pastorales Parroquiales y todos los Mini
Consejos de nuestros barrios y pueblos, de decimos ¡bienvenido!: entra
bien adentro de cada una de estas realidades y siéntete parte de todos
ellas. Ese será también nuestro enriquecimiento y alegría.
Desde
el Consejo de Presbiterio
también te dicen bienvenido. Existe en él el deseo de, juntos, ser
ecos de los sucesos diocesanos y del litoral norte uruguayo y, con
fidelidad evangélica y valor ciudadano, intentar vibrar y darles
respuesta.
Desde
cada uno de los equipos zonales
de sacerdotes también te decimos ¡bienvenido! Estamos deseosos de que
estés con nosotros. Si tú necesitas que te acompañemos, también
nosotros necesitamos ser acompañados por ti. Será en el encuentro
frecuente, fraterno y en búsqueda, que podremos hacer camino común.
Desde
hace muchos años nuestra Iglesia Diocesana optó por las comunidades
eclesiales de base. Es el rostro que tiene nuestra diócesis
y es nuestra preocupación y nuestro orgullo. Deseamos que te sientas en
tu casa en cada una de ellas. En todas serás bien recibido, te sentirán
parte de ellas y deseamos que te metas muy adentro de todas ellas.
Son
muchas también nuestras Comunidades
Religiosas. Con todas ellas intentamos caminar juntos con una
misma línea general de trabajo pastoral. Cada una de ellas te espera!
Son
muchos los barrios
de nuestras ciudades que también te quieren conocer. Son más de
sesenta los pequeños pueblos,
caseríos o zonas rurales que también quieren sentir a su Obispo. Desde
allí sentimos la voz de los que quieren encontrarse contigo como con el
amigo y compañero de ruta.
Serás muy bienvenido en nuestras parroquias cuando vayas aún sin tener algo específico que hacer, sino gratuitamente, por puro amor y deseo de compartir la vida con nosotros.
Serás
bienvenido cuando te sobre tiempo para gastarlo con nosotros y con el
pueblo. Cuando puedas estas con nosotros y estés “sólo por estar no
más”, “sólo por deseos de estar juntos y sentirnos juntos”, como
estuvo muchas veces Jesús con sus discípulos, su gente y sus niños,
¡sólo por estar!
Bienvenido,
porque necesitamos quien nos atienda, nos comprenda, busque y aprenda
con nosotros.
Pablo,
tú eres el Obispo, esta es tu diócesis y nosotros somos los que
queremos ser tus amigos. |
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El nuevo obispo adelantó un claro y contundente: "No al aborto" La vida, la familia y el trabajo, entre las premisas que defiende la Iglesia y comparte Mons. Galimberti |
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DIARIO EL PUEBLO - Salto. La defensa de la vida, que se resume en ¡NO al aborto!, fue identificada como una premisa clara y contundente, por parte de Mons. Pablo Galimberti, flamante Obispo de Salto, en rueda de prensa ofrecida horas antes de su asunción, como presentación ante los medios de comunicación masiva del departamento.
A estos objetivos prioritarios, Galimberti añadió "la defensa de la familia como núcleo esencial de la comunidad y la promoción del trabajo como elemento indispensable para el hombre y su familia".
LA VIDA COMO DERECHO ESENCIAL Ante una pregunta de EL PUEBLO sobre qué antivalores de la sociedad uruguaya le preocupaban más en estos momentos, el flamante Obispo de Salto respondió: "varios. En primer lugar el primer derecho de todos. El que fundamenta "el árbol" de los Derechos Humanos: la vida. Que no se nos corte el hilo del derecho a la vida". Mons. Galimberti no desconoció la importancia de los otros derechos, entendió que resultan relativos, frente a la importancia del derecho a la vida. "Derecho al aire limpio, es estupendo, lo aplaudo... pero (¿de qué sirve), si nos han cortado el derecho a la vida?", preguntó.
Por eso entiende que "necesitamos, primero apuntalarlo, defenderlo, no tergiversarlo, poniéndole otros nombres, como "interrupción", o similares. Mons. Galimberti entiende que es necesario "decir las cosas como son: NO al aborto y eso lo puede defender el ateo, el agnóstico, el no creyente por (motivos provenientes de) las ciencias. Nosotros además le ponemos toda la fundamentación cristiana.
LA FAMILIA Y EL TRABAJO En segundo lugar –prosiguió Galimberti – la familia. Si la fragilidad de la familia se sigue considerando un valor meramente secundario decae la sociedad, porque tenemos que seguir alimentando niños que tienen que venir al mundo, buscándoles sustitutos, instituciones, que son siempre un gran aporte, pero son siempre algo secundario, porque los niños sufren muchos y tenemos que estar siempre cerca de este sufrimiento de los niños abandonados, de familias deshechas, de padres o madres, que se han olvidado de esa paternidad.
En tercer lugar (nos preocupa) el trabajo. Sin trabajo no se come. Sin trabajo no hay familia estable.
Como cuarto elemento de su preocupación, como evangelizador, mencionó la necesidad de defender una vocación de servicio a la sociedad "los economistas, los educadores, tienen que fomentar y trasmitir valores, porque sin valores la sociedad es meramente una guerra, es un espacio de competencia, una convivencia feroz. Entendemos que las pautas de convivencia se trasmiten en los marcos educativos, en la escuela, en los centros educativos, en el deporte y en todos aquellos factores que determinan la cultura de un pueblo.
Estos son los grandes capítulos que la Iglesia mira, atiende y les da una especial atención, expresó Mons. Galimberti.
Llega a Salto tras 22 años al frente de la Diócesis de San José Mons. Pablo Galimberti, es el actual presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU), llega a Salto tras un período de 22 años de desempeñarse como Obispo de la Diócesis de San José de Mayo, en el Sur del país.
Aunque nacido en Montevideo considera que "los años de vida en San José me han dado mucha experiencia también del Uruguay "interior", la que piensa complementar "con unos cuantos años, espero, en el litoral Norte".
En cuanto a sus referencias sobre la diócesis de Salto, que abarca además los departamentos de Artigas, Paysandú y Río Negro, dijo que "es una zona particularmente rica en diversos aspectos, es una zona con una memoria en la que ya aparece en sus nombres, una cultura guaranítica, Arapey, Queguay, Daymán, nos hablan de una resonancia de cultura guaraní y misionera, o sea evangelizada por los jesuítas, los franciscanos que fueron los primeros evangelizadores que tocaron estas tierras.
TIERRA ARTIGUISTA Es un lugar –destacó Galimberti – una tierra artiguista. Creo que en estos momentos de amenazas, de fracturas, de puentes que se interrumpen, tener el horizonte artiguista hace que nos planteemos una integración en el continentes americano, el continente Sur, pero abierto hacia lo que se ha llamado una patria grande.
Es la dimensión que le han dado Artigas, San Martín, Bolívar. Es la dimensión que hay que tener clara para evitar los conflictos en el vecindario. Subrayó también que se trata de una Iglesia (diocesana), riquísima, que nació aquí hace más de cien años y su historia fue forjada por obispos de la talla de Mons. Camacho, Viola, Mendiharat, Nicolini, Gil y Mons. Bodeant. "De modo que también recojo esta antorcha, como es propio de la Iglesia, no se trata tanto de inventar. Uno recoge una antorcha y la alimenta con los datos de la realidad actual, del presente histórico del país". |
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Galería de imágenes de la toma de posesión del Gobierno Pastoral de la Diócesis de Salto por parte de Mons. Pablo Galimberti |
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| Mons.
Janusz Bolonek dió lectura al comienzo de la Misa de la Bula Pontificia
con la cual Benedicto XVI nombra Obispo de Salto a S.E.R. Mons. Pablo
Jaime Galimberti di Vietri.
Así también leyó una Carta con la cual el Santo Padre expresa su sincera comunión de oración con la Comunidad de esta Diócesis del litoral norte del Uruguay |
La entrega del báculo es un gesto propio de estas celebraciones. Este bastón o cayado es utilizado por los obispos como símbolo de su ministerio episcopal. Mons. Daniel Gil sj entrega el báculo a Mons. Pablo Galimberti nuevo obispo de la Diócesis de Salto. |