Monseñor Pablo Galimberti
asumió como obispo
de la Diócesis de Salto

Basílica Catedral San Juan Bautista
Sábado 24 de junio de 2006

HOMILÍA de Mons. Pablo Galimberti · Obispo de Salto
SALUDO DE BIENVENIDA EN NOMBRE DEL PRESBITERIO DEL PÁRROCO DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR (FRAY BENTOS- RÍO NEGRO) · PBRO. JOSÉ LUIS SANCHÍS 
El nuevo obispo adelantó un claro y contundente: "No al aborto"
Galería de imágenes

 

HOMILÍA de Mons. Pablo Galimberti · Obispo de Salto

Hermanos Obispos,

Arzobispo de Montevideo y demás Obispos aquí  presentes,

Obispos vecinos, de Argentina, de Brasil.

Sacerdotes

Autoridades nacionales y departamentales.

Bueno ahora se me confunden, porque tengo tantos departamentos que…mencionar que estoy un poco titubeante… Gente de Artigas, de Río Negro, de Paysandú, pueblo salteño, gente de San José y de Flores, gente de Montevideo, familiares, amistades. Todos los que de alguna manera, cuando al verlos, cuando entraba, me  despertaban tantas resonancias… y si bien el conjunto de sentimientos que afloran, son muchos y tengo que ordenarlos suavemente, realmente que la misión de ser obispo tiene algo o mucho que ver con esto.

 

Una misión que uno se  experimenta con un gran campo de acción y al mismo tiempo con escasas fuerzas, pero esto lejos de decir bueno oculto o  escondo mis debilidades, un poco disimulo y quizás alguno se  lo puede creer. 

Pero encuentro que eso no es lo correcto, lo adecuado y justamente hoy que es la fiesta del nacimiento del Bautista, de  Juan Bautista, me recuerda aquella frase de él que decía “que El crezca, que Jesús crezca y que yo disminuya,  que no le haga sombra, que no me presente a mí como el término, el campeón y lo deje de lado a Dios y a Cristo”

 

Esa actitud de humildad también de María que dijo ”Soy la servidora…” y qué servidora, y qué necesaria…que fue en los designios de Dios en la historia…

 

De modo que con esa actitud de desproporción, la acepto,  y dije que sí,  es la actitud de decir acepto esto y quiero seguirme sintiendo pobre.

 

Pero con esa pobreza que lejos de ser una desgracia puede ser una posibilidad para que siempre esté a la escucha  atenta, dócil,  de lo que Dios quiere para este pueblo.

 

Lo que Dios esta hoy suscitando, voces, inquietudes,  interpelaciones, problemas, ausencias, gritos, silencios y lo pueda recoger  junto con todos mis hermanos también ayudándonos a leer la historia con ojos diferentes .No solamente en términos cuantitativos,  sino en términos de calidad, de calidad de vida.

Pero de calidad de vida en profundidad no solamente cuando se goza de cierto bienestar sino cuando hay esa satisfacción  íntima que uno es feliz en la medida  en que este mundo, en esta vida transitoria, se puede ser feliz.

Y mucho más si encontramos esa clave de felicidad en la fe que nos abre a Jesucristo

Entonces uno toca de alguna manera la plenitud  de  lo  que puede ser uno feliz en esta vida

 

Un segundo punto es que no comienzo de cero.

Dejo constancia de algo que Uds. saben perfectamente los que son de aquí de este litoral norte

Al recorrerlo, por ejemplo ayer iba hasta Paysandú,  me he dado cuenta de la cantidad de nombres, claro que uno los conoce,  aquí la geografía de Queguay, Arapey,  Dayman, Chapicuy, y tantos otros que es  la presencia de la cultura guaranítica.

Los guaraníes que descendieron que llegaban hasta aquí. Cultura bautizada  por los misioneros Jesuitas, Franciscanos y otros.

Ir entonces, dejar que esas silenciosas raíces, nos evoquen también nuestro pasado.

Decía Monseñor Bodeant “Queremos que nos ayudes a leer el presente y a mirar también hacia el futuro”,   pero lo hacemos también desde el pasado.

Otra característica, la tierra de Artigas, Meseta de Artigas, el Ayuí,  Purificación, resonancias que yo traía también  de San José donde Artigas había empezado el Éxodo.  Pero acá vemos donde pasaron, atravesaron,  donde también fue un territorio, un escenario, un horizonte de la Patria Grande.

Cuanto la necesitamos. Mirar la Patria Grande que soñaron Artigas, San Martín Bolívar,.

Desde aquí desearía también regar este sueño. Junto a mis hermanos de Uruguay y también de Argentina y Brasil, que hoy están aquí acompañándonos. Para poder encontrar en ese horizonte grande el justo significado de los problemas que hoy nos preocupan.

 

En tercer lugar la historia que se ha mencionado aquí, en este traspaso de Cayado,  el traspaso de eso que simboliza el Cayado de mando,  que recibí de manos del Obispo Monseñor Daniel .Que simboliza que el también lo recibió de Monseñor Marcelo y él a su vez, Marcelo de otros y de otros.

Eso es bueno también tenerlo en cuenta. Lo que es esta cadena de tradición de vida,  de testimonio, de entregas, cuando uno ve una capilla o una cruz o un nombre,  descubrimos allí esfuerzos, obras,  que se expresan pero que han sido regadas con fe, con generosidad, con apoyo,  de mucha gente anónima.De eso soy también consciente.

 

Aparte hoy al lado de  mi habitación he encontrado un cuadro de un santo que Uds. los de esta región  aprecian y quieren muchísimo, el Santo Padre Pío  porque ha andado o anda por acá su espíritu, su figura.

Testimonios entonces de seguidores, de discípulos de Jesús, que nos ayudan. Uno los mira y eso te da ya serenidad .

 

.”Soy una porquería” “Me siento inútil” decía hace unos momentos una confidencia  cuando me aplaudían por el ingreso y me dice el obispo Daniel: “Escúchalos bien que van a ser los últimos”

Sin duda que habrá también otras ocasiones  de disfrutar pero él quería decir que también vendrán dificultades naturales  de la vida real sino sería una película ésto que estoy viviendo hoy.

 

Así que no quiero esconderme detrás de las mitras, detrás de los ornamentos por más que me emocione estos ornamentos que usó SS Juan Pablo II cuando vino aquí en el año 88.

 

Quiero ser el testigo y discípulo de Jesucristo pero en la línea de éstos grandes testigos que han sido jalones importantísimos en todo este escenario en toda esta iglesia del Litoral Norte y mas allá, porque al fin y al cabo Jacinto Vera, obispo de Montevideo, fue el primer obispo del Uruguay, ese fervor misionero  que queremos que él nos siga contagiando, lo necesito y lo necesitamos.

Dentro de éstas memorias quiero hacer memoria de estos Obispos que me han ido precediendo.

 

Días pasados estaba con Monseñor Marcelo en el Hogar Sacerdotal,  y fui a verlo a decirle que si podía lo esperábamos,  dijo que tenía dificultades y que no quería ser molesto, con la flojera de sus rodillas, “No, si yo voy, voy a molestar, pero no siento nostalgia…” Que lindo, con más de 90 años, no estar nostalgioso con las cosas que dejó o que perdió, hombre que vive su presente. Y saben que lo veía yo en unos días que estuve en el hogar, convaleciente, él iba por la mañana un rato largo a la capilla y por la tarde otro rato. Y allí estaba, se llevaba un almohadón para estar un rato recostado, no ir de pasada,  y él llevaba, me dijo que tenia una libretita, donde iba anotando todos los días, las personas, las comunidades, las va recorriendo,  el  recordar que es pasar por el corazón,  y las va mirando a la luz de la fe,  quién necesita una fuerza, quién necesita un apoyo, quién necesita una oración.

Y esa dimensión de fe y de colaboración, de que somos miembro de un cuerpo,  que lo que hace no colabora para la vida, para la suerte o para la desgracia de otro. Esa conciencia colectiva es algo muy lindo en un creyente.

 

Asumo entonces toda esta historia de fe,  que está viva aquí y que está viva en nuestro país, iglesia uruguaya peregrina, testimonio de caridad,  que hemos podido tocar, ver y escuchar.

Eso es el capital espiritual con el cual  me alimento y nos alimentamos. Quiero  cooperar, favorecer para que esta comunión  no sea así una exclusión de unos  ni un olvido de gracias que Dios ha plantado  en esta tierra.

 

Otro capítulo siempre  importante son los laicos, los fieles laicos, el 98 % de la iglesia son laicos, bautizados, pueblo de Dios que camina, que pelea, que participa en las Eucaristías,  que hace aportes, que sugiere, que levanta la mano, que tiene una palabra importante, que tiene experiencia en el campo de la docencia,  en la conducción política de nuestros departamentos o del país, en el campo de la economía, gente que hay que escuchar, gente de las cuales hay que aprender,  y los obispos no tenemos las recetas, hay que escucharlos,

verlos, un empresario, un sindicalista, un obrero de la caña de azúcar en Bella Unión, hay realidades humanas en las que tenemos que poner un oído atento, para que esos dolores y esos olores también nos lleguen  al corazón y el pastor entonces pueda percibir la situación de los que están aquí o de los lecheros de los queseros, de los que están en el campo luchando contra la sequía, que éstos puedan ser escuchados y de alguna manera encontrar un lugarcito del corazón del pastor.

 

Otra dimensión fundamental es la visita que mañana comienzo a realizar. Es la dimensión de la iglesia, cada uno pertenece a una iglesia, a la Iglesia de mi barrio,  pero también a la iglesia que está en la Catedral ,  y también cuando van de aquí a Tres Cruces  tienen que sentirse “yo soy también de esta iglesia de Montevideo y el de Montevideo que viene a las Termas, “yo soy también de ésta iglesia” y cuando habla el Papa Benedicto uno dice “yo soy también de esa iglesia” .

De modo que tenemos distintos niveles de pertenencia, y cuando voy a una comunidad de base que están leyendo   la Biblia , la Palabra de Dios, orando y buscando como responder a urgencias y necesidades, también allí  “esa es mi iglesia”

Hoy estamos en este mundo global en el cual  tenemos que tener muy arraigada esa fe y saber  que aunque uno viaje de un continente para otro, de un país para otro, de un  departamento,  o se traslada por motivos de trabajo, siempre uno pertenece a Jesucristo pero en su iglesia, en un lugar o en otro .

Una referencia, un sacerdote, una comunidad, un movimiento, todos necesitamos ese apoyo para que la fe se mantenga vigorosa.

    

Una referencia a los sacerdotes, colaboradores muy cercanos del obispo  a los cuales quiero visitar, quiero estar cercano  porque sé de sus fatigas, las demandas  a las cuales están expuestos permanentemente, la multiplicidad de solicitudes que los mantienen a veces como  divididos: hago esto y hago aquello, salgo a un velorio y tiene que correr luego a un casamiento  y después correr a una reunión.

Quiero estar cerca para poder luego discernir urgencias, prioridades, para poder ver  quizás cómo multiplicar servicios, ministerios que  puedan aliviar la pesada carga del ministerio sacerdotal, presbiteral de una parroquia o de otros lados.

 

Estos son algunos sentimientos que hoy en la fiesta de San Juan Bautista los pongo en sus manos, en las manos de María también nuestra Madre  a quien siento desde pequeño que puedo confiarle  mis problemas, mis angustias, mis sentimientos, mis dolores, mis penas, mis ausencias,  y también pongo esto en las manos de San José,  a quien he aprendido a conocer, descubrir como Patrono estando en la Diócesis de San José. Como aquel que cuida, que vela, que está atento,  y quien de un lado o de otro si lo invocas te da un pista  para encontrar cómo ser padre, cómo cuidar la casa,  cuidar de este pueblo, cuidar la iglesia,  esa tarea paterna que tiene un obispo.

 

No los canso más, se que han venido de lejos, aprecio mucho esas horas, que han viajado para estar aquí,  todos los saludos recibidos que después si hay tiempo en la reunión del Colegio María Auxiliadora van a leerse, bueno, nos encontramos después para poder conversar con algunos, en fin darles un abrazo a todos, a todos los que sea posible y desde ya cuento con el apoyo de Uds. con la oración de sus comunidades, y con mi agradecimiento como pastor los siento cercanos y rezo por Uds. para que sean un pueblo, una iglesia vigorosa, pujante, testimonio del amor de Dios que sigue presente, llamando, invitando,  alegrando el corazón humano  cuando se abre a este don de Dios  que es la fe, Así sea.!

 

 

 

SALUDO DE BIENVENIDA EN NOMBRE DEL PRESBITERIO DEL PÁRROCO DE NUESTRA SEÑORA DEL PILAR (FRAY BENTOS- RÍO NEGRO)
PBRO. JOSÉ LUIS SANCHÍS 

Señores Obispos, Hermanos todos, Mons. Pablo Galimberti:

 

El clero de la diócesis me pidió que prestara mi voz y, en nombre de  todo el presbiterio, te diera hoy la bienvenida.

 

El motivo que encontraron para elegirme a mi,  fue “ser el decano del presbiterio diocesano en actividad”. Es decir, ha querido que fuera en nombre de la historia de la diócesis que te recibiera entre nosotros.

 

¡Historia de la Diócesis ! Para llegar a lo más profundo de ella debemos remontarnos a nuestro primer Obispo que fue, sin dudas, el que le marcó la impronta.

 

¡Fue Monseñor Camacho!: ¡formado en la escuela de Mons. Soler! Muy sensible, integró a su vida toda la problemática social de entonces, al punto de llegar, en aquellos tiempos en que no era tan extraño que el clero se comprometiera aún en los partidos políticos, a ser candidato a la Junta Económica del departamento de Flores en las elecciones de 1911.

 

Pocos años después, nombrado Obispo de Salto, eligió como lema “El amor de Cristo nos urge”. Marcó a nuestra diócesis con esa profunda preocupación por los gozos, esperanzas y tristezas del pueblo. A tal punto hizo carne esa mentalidad en el ser diocesano, que su Obispo sucesor, Mons. Viola, formado en su escuela, eligió como lema episcopal la sentencia bíblica “¡Evangelizare paupéribus misit me Domine” (El Señor me envió a evangelizar a los pobres).

 

Fue normal así que en todas las parroquias se fundaran las Conferencias Vicentinas o los Sindicatos Agrícolas Cristianos o las Cajas Populares, expresiones, entre otras, del intento de respuestas de la Iglesia   a las vivencias y carencias del pueblo.

 

Esa mentalidad se hizo extensiva a toda la historia de la diócesis.

Esa preocupación fue pasando de Obispo a Obispo, de clero a clero y de pueblo a pueblo, al punto de convertirse en glorias y motivos de sufrimientos en los momentos álgidos de nuestra vida.

 

Desde lo más profundo de esta realidad queremos decirte que seas muy bien venido, que vengas bien adentro de esa manera de ser de nuestra historia.

 

¡Desde esta realidad nuestra, te miramos llenos de esperanzas!

 

Nuestro presbiterio quiere ser Iglesia contigo, compartiendo lo que somos y tenemos, y toda esa riqueza histórica. Por eso, desde nuestro mismo ser, te decimos ¡bienvenido!

 

Queremos que vengas y que nos sintamos todos una misma realidad, comprometidos en un mismo plan pastoral.

 

Estamos organizados, en 16 parroquias. Desde cada una de ellas te deseamos que vengas bien adentro de ellas para que todos te sintamos nuestro y tu nos sientas, a todos, tuyos. Una misma realidad, compartiendo las mismas alegrías y dolores, angustias y esperanzas.

 

Desde el Consejo Pastoral Diocesano hasta todos los Consejos Pastorales Parroquiales y todos los Mini Consejos de nuestros barrios y pueblos, de decimos ¡bienvenido!: entra bien adentro de cada una de estas realidades y siéntete parte de todos ellas. Ese será también nuestro enriquecimiento y alegría.

 

Desde el Consejo de Presbiterio también te dicen bienvenido. Existe en él el deseo de, juntos, ser ecos de los sucesos diocesanos y del litoral norte uruguayo y, con fidelidad evangélica y valor ciudadano, intentar vibrar y darles respuesta.

 

Desde cada uno de los equipos zonales de sacerdotes también te decimos ¡bienvenido! Estamos deseosos de que estés con nosotros. Si tú necesitas que te acompañemos, también nosotros necesitamos ser acompañados por ti. Será en el encuentro frecuente, fraterno y en búsqueda, que podremos hacer camino común.

 

Desde hace muchos años nuestra Iglesia Diocesana optó por las comunidades eclesiales de base. Es el rostro que tiene nuestra diócesis y es nuestra preocupación y nuestro orgullo. Deseamos que te sientas en tu casa en cada una de ellas. En todas serás bien recibido, te sentirán parte de ellas y deseamos que te metas muy adentro de todas ellas.

 

Son muchas también nuestras Comunidades Religiosas. Con todas ellas intentamos caminar juntos con una misma línea general de trabajo pastoral. Cada una de ellas te espera!

 

Son muchos los barrios de nuestras ciudades que también te quieren conocer. Son más de sesenta los pequeños pueblos, caseríos o zonas rurales que también quieren sentir a su Obispo. Desde allí sentimos la voz de los que quieren encontrarse contigo como con el amigo y compañero de ruta.

 

Serás muy bienvenido en nuestras parroquias cuando vayas aún sin tener algo específico que hacer, sino gratuitamente, por puro amor y deseo de compartir la vida con nosotros.

 

Serás bienvenido cuando te sobre tiempo para gastarlo con nosotros y con el pueblo. Cuando puedas estas con nosotros y estés “sólo por estar no más”, “sólo por deseos de estar juntos y sentirnos juntos”, como estuvo muchas veces Jesús con sus discípulos, su gente y sus niños, ¡sólo por estar!

 

Bienvenido, porque necesitamos quien nos atienda, nos comprenda, busque y aprenda con nosotros.

 

Pablo, tú eres el Obispo, esta es tu diócesis y nosotros somos los que queremos ser tus amigos.

 

El nuevo obispo adelantó un claro y contundente: "No al aborto"

La vida, la familia y el trabajo, entre las premisas que defiende la Iglesia y comparte Mons. Galimberti

DIARIO EL PUEBLO - Salto. La defensa de la vida, que se resume en ¡NO al aborto!, fue identificada como una premisa clara y contundente, por parte de Mons. Pablo Galimberti, flamante Obispo de Salto, en rueda de prensa ofrecida horas antes de su asunción, como presentación ante los medios de comunicación masiva del departamento.

 

A estos objetivos prioritarios, Galimberti añadió "la defensa de la familia como núcleo esencial de la comunidad y la promoción del trabajo como elemento indispensable para el hombre y su familia".

 

LA VIDA COMO DERECHO ESENCIAL

Ante una pregunta de EL PUEBLO sobre qué antivalores de la sociedad uruguaya le preocupaban más en estos momentos, el flamante Obispo de Salto respondió: "varios. En primer lugar el primer derecho de todos. El que fundamenta "el árbol" de los Derechos Humanos: la vida. Que no se nos corte el hilo del derecho a la vida".

Mons. Galimberti no desconoció la importancia de los otros derechos, entendió que resultan relativos, frente a la importancia del derecho a la vida. "Derecho al aire limpio, es estupendo, lo aplaudo... pero (¿de qué sirve), si nos han cortado el derecho a la vida?", preguntó.

 

Por eso entiende que "necesitamos, primero apuntalarlo, defenderlo, no tergiversarlo, poniéndole otros nombres, como "interrupción", o similares. Mons. Galimberti entiende que es necesario "decir las cosas como son: NO al aborto y eso lo puede defender el ateo, el agnóstico, el no creyente por (motivos provenientes de) las ciencias. Nosotros además le ponemos toda la fundamentación cristiana.

 

LA FAMILIA Y EL TRABAJO

En segundo lugar –prosiguió Galimberti – la familia. Si la fragilidad de la familia se sigue considerando un valor meramente secundario decae la sociedad, porque tenemos que seguir alimentando niños que tienen que venir al mundo, buscándoles sustitutos, instituciones, que son siempre un gran aporte, pero son siempre algo secundario, porque los niños sufren muchos y tenemos que estar siempre cerca de este sufrimiento de los niños abandonados, de familias deshechas, de padres o madres, que se han olvidado de esa paternidad.

 

En tercer lugar (nos preocupa) el trabajo. Sin trabajo no se come. Sin trabajo no hay familia estable.

 

Como cuarto elemento de su preocupación, como evangelizador, mencionó la necesidad de defender una vocación de servicio a la sociedad "los economistas, los educadores, tienen que fomentar y trasmitir valores, porque sin valores la sociedad es meramente una guerra, es un espacio de competencia, una convivencia feroz. Entendemos que las pautas de convivencia se trasmiten en los marcos educativos, en la escuela, en los centros educativos, en el deporte y en todos aquellos factores que determinan la cultura de un pueblo.

 

Estos son los grandes capítulos que la Iglesia mira, atiende y les da una especial atención, expresó Mons. Galimberti.

 

Llega a Salto tras 22 años al frente de la Diócesis de San José

Mons. Pablo Galimberti, es el actual presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU), llega a Salto tras un período de 22 años de desempeñarse como Obispo de la Diócesis de San José de Mayo, en el Sur del país.

 

Aunque nacido en Montevideo considera que "los años de vida en San José me han dado mucha experiencia también del Uruguay "interior", la que piensa complementar "con unos cuantos años, espero, en el litoral Norte".

 

En cuanto a sus referencias sobre la diócesis de Salto, que abarca además los departamentos de Artigas, Paysandú y Río Negro, dijo que "es una zona particularmente rica en diversos aspectos, es una zona con una memoria en la que ya aparece en sus nombres, una cultura guaranítica, Arapey, Queguay, Daymán, nos hablan de una resonancia de cultura guaraní y misionera, o sea evangelizada por los jesuítas, los franciscanos que fueron los primeros evangelizadores que tocaron estas tierras.

 

TIERRA ARTIGUISTA

Es un lugar –destacó Galimberti – una tierra artiguista. Creo que en estos momentos de amenazas, de fracturas, de puentes que se interrumpen, tener el horizonte artiguista hace que nos planteemos una integración en el continentes americano, el continente Sur, pero abierto hacia lo que se ha llamado una patria grande.

 

Es la dimensión que le han dado Artigas, San Martín, Bolívar. Es la dimensión que hay que tener clara para evitar los conflictos en el vecindario.

Subrayó también que se trata de una Iglesia (diocesana), riquísima, que nació aquí hace más de cien años y su historia fue forjada por obispos de la talla de Mons. Camacho, Viola, Mendiharat, Nicolini, Gil y Mons. Bodeant. "De modo que también recojo esta antorcha, como es propio de la Iglesia, no se trata tanto de inventar. Uno recoge una antorcha y la alimenta con los datos de la realidad actual, del presente histórico del país".

Galería de imágenes de la toma de posesión del Gobierno Pastoral de la 
Diócesis de Salto por parte de Mons. Pablo Galimberti

GALERIA DE IMÁGENES

 

Mons. Janusz Bolonek dió lectura al comienzo de la Misa de la Bula Pontificia con la cual Benedicto XVI nombra Obispo de Salto a S.E.R. Mons. Pablo Jaime Galimberti di Vietri.

Así también leyó una Carta con la cual el Santo Padre expresa su sincera comunión de oración con la Comunidad de esta Diócesis del litoral norte del Uruguay

La entrega del báculo es un gesto propio de estas celebraciones. Este bastón o cayado es utilizado por los obispos como símbolo de su ministerio episcopal. Mons. Daniel Gil sj entrega el báculo a Mons. Pablo Galimberti nuevo obispo de la Diócesis de Salto.

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