| Mensaje de PASCUA del Obispo de Mercedes Mons. Carlos María Collazzi | |
|
|
Carta
Episcopal con motivo del Jueves Santo
(Mons. Daniel Gil y Heriberto Bodeant - Obispos de la Diócesis de Salto) |
| Saludo PASCUAL del Obispo de San José de Mayo Mons. Pablo Galimberti | |
| MENSAJE PASCUAL 2004 de Mons. Nicolás Cotugno - Arzobispo de Montevideo | |
| MENSAJE DEL ARZOBISPO DE MONTEVIDEO |
|
Queridos hermanos laicos y laicas:
Les escribimos esta carta para ustedes, pero es sobre los sacerdotes de la diócesis, que los sirven con tanta dedicación y entrega. Dentro del camino común que Dios nuestro Padre nos indicó a todos en lo que llamamos el Plan Pastoral Diocesano, los sacerdotes tenemos un caminito específico junto a todos. Es el objetivo específico, el camino particular o, mejor, la senda que va por el camino de todos. Y ese objetivo específico dice así:
Asumir en nuestro presbiterio la mística de la pastoral de conjunto Desde una espiritualidad sacerdotal de comunión y cercanía con Dios, entre nosotros y con nuestro pueblo para un proyecto común en orden a la misión evangelizadora.
Como pueden ver, esta gracia que el Señor nos indica para recorrer y recibir en estos años del Plan repite casi la misma afirmación: primero hay un punto de partida, puesto en “la mística” o en “la espiritualidad sacerdotal de comunión” y después un complemento que especifica el sentido de lo anterior: en la “pastoral de conjunto” o el “proyecto común”. Es decir, lo que el Señor quiere de los sacerdotes es simultáneamente una actitud del corazón (“mística”, “espiritualidad”) para una misión de servicio (“pastoral”, “misión”).
Mística del corazónLos sacerdotes hemos estado muchos años estudiando y practicando la técnica de la pastoral de conjunto. Se trata de saber cómo se organiza una pastoral diocesana de conjunto, con la participación de todos (laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes), a través de diferentes organismos (consejo pastoral parroquial, consejo pastoral diocesano, diferentes equipos de animación pastoral, etc.). Saber acompañar los procesos que se van haciendo, animando y trabajando, evaluando y corrigiendo. Ahora se trata de que cada sacerdote ponga en su corazón toda esa actividad. Que no sea sólo un ejecutor, sino que ponga lo más profundo de su vida en sintonía con esa vida diocesana desde la cual el Señor salió y sale a su encuentro. El Señor no necesita nuestro trabajo, el Señor quiere nuestro corazón. A eso le llamamos “mística”.
La pastoral de conjuntoEs la acción que el Espíritu Santo va desarrollando en nuestra Iglesia diocesana, dándonos a cada uno la gracia de poder colaborar en la historia de salvación de cada día. Es el camino de Dios Padre para su Pueblo, auténticamente proclamado por el Obispo.
Espiritualidad sacerdotal de comuniónLa mística del corazón, de la que hablábamos más arriba, se expresa en lo que hoy se llama “espiritualidad de comunión”. Las palabras espiritualidad y comunión indican lo más real y profundo de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cristo, gracias a la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Y siendo sacerdotal esa comunión y esa espiritualidad son especiales.
Cercanía simultáneaLos sacerdotes estamos procurando una mayor cercanía en tres direcciones: hacia Dios, hacia el presbiterio y hacia nuestro Pueblo. La cercanía personal con Dios nuestro Señor se tiene de muchas maneras. El sacerdote recibe al Señor que se le acerca cuando hace oración, especialmente de los Salmos, que rezamos en nombre de toda la comunidad. Y también cuando volvemos al abrazo reconciliado con el Padre, al confesarnos. Al meditar la Palabra de Dios. Y, sobre todo, en la celebración de la Eucaristía. La cercanía entre nosotros sacerdotes, en el Presbiterio, es también una cercanía especial, pues los sacerdotes somos hermanos no por tener los mismos padres, sino por haber recibido el mismo Sacramento del Orden Sagrado. Somos una hermandad, una fraternidad sacramental. Cuanto más unidos estemos, mejores sacerdotes seremos. Y la cercanía con nuestro Pueblo es la cercanía pastoral, humana y cálida, en el servicio de la unidad y la santificación de todos. Así pues los sacerdotes estamos aceptando la gracia del Señor para vivir esa cercanía con Dios nuestro Creador (¡nada menos!), entre nosotros sacerdotes en el Presbiterio (los sacerdotes son hermanos entre sí, son prójimos entre sí) y con nuestro pueblo (para eso estamos en la vida).
Proyecto común: misión evangelizadoraLa dirección en que se mueve la espiritualidad de comunión y cercanía es ésta: para el proyecto común del Plan Pastoral Diocesano que expresa auténticamente la misión evangelizadora que el Señor nos indicó para este tiempo. Jesús nos enseñó qué es la evangelización: Jesús evangelizó por sus palabras y sus acciones y, fundamentalmente, por su vida, su pasión, su muerte y su gloriosa resurrección. Todo lo que Jesús habló enseñando, y los milagros y acciones con los que ilustraba su enseñanza, eran una manifestación de lo que Jesús era, de lo que Jesús iba viviendo. La historia de la vida de Jesús y de su pasión y su muerte, se resume en que siempre hizo la voluntad del Padre y, aunque fuera una vida extraña a los ojos de los hombres, Jesús no se apartó nunca de la voluntad del Padre. Y esa vida humana vivida en total conformidad con la voluntad del Padre es el Evangelio y la evangelización, es la santidad y la salvación.
Es decir, los sacerdotes estamos consagrados por el Espíritu Santo expresamente para evangelizar. Unidos al único Sacerdote, Jesús, hacemos siempre presente en la historia lo que hizo Jesús. ¿Y cómo fue que evangelizó Jesús?
Es importante esta pregunta y, sobre todo, la respuesta. Jesús no hizo la evangelización como algo que estaba fuera de Él, así como un fabricante de ladrillos produce ladrillos, pero él no es un ladrillo. No fue así que Jesús “produjo” la salvación, la evangelización. Jesús “fabricó” la salvación de la humanidad haciendo su propia vida, su pasión, su muerte y su resurrección. La salvación no está “afuera” de Jesús, sino que la salvación es Jesús mismo: por eso cantamos “Él es nuestra salvación”, “el Señor es mi fuerza, mi roca y salvación”.
Nosotros estamos salvados tanto cuanto participamos de esa humanidad de Jesús resucitado: por la fe y el Bautismo somos hechos miembros suyos, y recibimos de Él todos las gracias. La “gracia” es eso: participar de la humanidad resucitada de Jesús, nuevo Adán.
La misión evangelizadora, pues, de nosotros sacerdotes es, en primer lugar, dejar que el Espíritu Santo reproduzca en nosotros la vida de Jesús. No somos productores de algo que está fuera de nosotros, o fuera de las personas a las que servimos. La Iglesia diocesana no “produce salvación” ni “produce evangelización”, como si fuera producir ladrillos; o es ella misma salvación, Sacramento de salvación, o estamos perdiendo el tiempo. Los sacerdotes estamos en esta misión. No es fácil, pero como dice el lema del obispo Heriberto “nada es imposible para Dios”.
Recemos por nuestros sacerdotes
Este
es, pues, queridos fieles, el camino que estamos recorriendo los
sacerdotes en el desarrollo del Plan Pastoral, y el camino en el que otros
van siendo llamados por el Señor a acompañarnos. Como ven es una
hermosura de vida que nos regala el Señor. Y con las oraciones de
ustedes, especialmente el Jueves Santo, seguiremos recorriéndolo, y el Señor
hará que otros se agreguen también a nuestra marcha, felices todos de
estar al servicio del Pueblo
de Dios. Con cariño, los bendecimos de corazón,
Salto, 21 de marzo de 2004 |
| Mensaje de Pascua del Obispo de Mercedes |
|
“El
primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al
sepulcro..encontraron removida la piedra y entraron, pero no hallaron el
cuerpo del Señor Jesús...se les aparecieron dos hombres...ellos les
preguntaron ¿Por
qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha
resucitado”
(Lucas 24,1-6)
Lo
buscan, pero no lo encuentran: ya no está donde había sido sepultado. De
aquello solo quedan las señales: la tumba vacía, vendas, sábana... La
noticia es desconcertante: “No
está aquí. Ha resucitado”
Noticia que resuena de generación en generación; anuncio de hace casi
dos mil años y siempre nuevo. Anuncio que en estos días se está
difundiendo, una vez más, en toda la tierra. ¡Queremos que también
resuene en todo Soriano y Colonia!
Si
Cristo hubiera quedado prisionero del sepulcro, la vida de los hombres y
mujeres de este mundo no tendría sentido. Con su Resurrección se cumplen
las Escrituras. Lo viejo se renueva, lo antiguo da lugar a lo nuevo. Es un
nuevo comienzo de la historia, porque Cristo ha resucitado, primicia de
todos los que han muerto” (1 Co 15,20) Se cumplen las promesas de los
Profetas: “les infundiré mi
Espíritu y haré que caminen” (Ezequiel 36,27)
Nace
en la Pascua el nuevo Pueblo con el que Dios ha sellado
una Alianza eterna en la Sangre de Cristo, crucificado y
resucitado. De este Pueblo formamos parte mediante el Bautismo. Por este
Sacramento nos incorporamos a Él y a su Familia la Iglesia. Nos recuerda
el apóstol San Pablo”así como Cristo fue despertado de entre los
muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros andemos en una vida nueva” (Romanos
6,4)
Haré
que caminen...andemos en una vida nueva!!!
Con nuestra mirada centrada en el Señor y nuestras manos muy
comprometidas para construir un Mundo Nuevo. Nos alegra y anima ver como
crecen los testimonios de hombres y mujeres que caminan siguiéndolo al
Resucitado y tratan de construir el mundo desde lo sencillo de todos los días.
Al mismo tiempo nos desafían a buscar caminos de respuesta el crecimiento
de las señales de una cultura de muerte que no tiene en cuenta los
valores que el Maestro nos enseñó. Queremos como Iglesia Diocesana
“asumir con esperanza el desafío pastoral del empobrecimiento
generalizado y de la crisis de valores...”(Plan Pastoral Diocesano,
Prioridad Diocesana)
Siendo
Testigos de la Resurrección queremos construir el Mundo
según el Evangelio. En el Documento de la Conferencia Episcopal para el
presente año, decimos. “Cuanto más fuertes sean los vínculos con el
Señor Jesús, es claro que crece la sintonía y el discípulo se
capacita, en el ámbito de la Iglesia, para vivir y actuar en coherencia
con su Maestro. Esta es la fuente de un compromiso al que invitamos a
todos los cristianos de nuestras comunidades” (Documento: “Católicos-Sociedad-Política”
p.24)
¡Qué
María haga cada vez más viva nuestra fe en la Resurrección del Señor y
nos guíe en nuestro compromiso de testimoniar el mensaje gozoso y
fundamental de la Pascua a nuestras familias y vecinos, habitantes de
nuestra Diócesis.
Con mis mejores augurios de muy ¡¡¡FELICES PASCUAS!!!
+
Carlos María Collazzi
Obispo
Diocesano |
|
|
|
En estos días de la Pascua, en la sociedad y en la iglesia, se entrecruzan varias preocupaciones: la sequía, la aridez de nuestros campos con profundas grietas y el deseo de muchos expresado en la mirada hacia el cielo; el aumento de accidentes de tránsito causados en el 90% por “fallas humanas”; los robos y rapiñas en particular contra personas mayores; la despenalización del aborto planteada como falso dilema, en nombre de otros derechos que quieren imponerse con violencia, atropellando la vida de los más indefensos; las acciones y reiteradas amenazas del terrorismo internacional que ponen en jaque la paz; la carrera electoral; el mensaje de la película de Mel Gibson La Pasión; entre otros.
La
Iglesia por su parte concentra su atención y su fe en los pasos de Jesús,
que “pasa” de la Muerte a la Vida a través de una entrega apasionada
y libremente asumida. Acontecimiento que entra en el alma y nos roba el
corazón : me
amó y se entregó por mí.
Jesús
desarma la violencia dejando al desnudo su esterilidad; transforma llantos
en victoria y la humillación
de la Cruz en testamento de amor eterno.
Más
que preguntarnos quién lo hirió, lo más importante es percibir que son
heridas fruto de amor, dolor, traición y fidelidad. Son dolores del que
ama a fondo y hasta el final. Pero gracias a esas “heridas” obtenemos
vida purificada y reconciliada, capacidad de vivir con una conciencia
nueva, con el Espíritu de Jesucristo, que ahonda en nosotros las huellas
de una sociedad fraterna y solidaria.
Los
pasos de Jesús, su Pascua, abren la gran puerta de la Misericordia del
Padre, hogar simbólico de la plena libertad de los hijos de Dios, donde
el amor, la verdad y la justicia se dan la mano en un mundo reconciliado.
Ese “paso” de muerte a vida lo seguimos dando y eligiendo en cada
hora. Si Cristo resucitó también nosotros podemos caminar confiados y
seguir en carrera hacia esa meta que marcó un norte luminoso en las páginas
grises o negras de la historia.
Esa
es la certeza que renovamos estos días y compartimos con los hermanos en
la misma Fe. Jesús Resucitado nos convoca para abrir horizontes cerrados
y curar heridas abiertas que lastiman a muchos compatriotas en estos días.
Les deseo una feliz Pascua junto a sus familias y comunidades. +Pablo Galimberti Obispo de San José y Flores |
|
|
|
|
|