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HOMILÍA DEL SR. ARZOBISPO DE MONTEVIDEO

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO MONS. MILTON TRÒCCOLI

Significado del Escudo Episcopal


 

FUE ORDENADO UN NUEVO OBISPO PARA URUGUAY: MONS. MILTON TRÓCCOLI

 

“EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA”

 

En una Misa presidida por Mons. Nicolás Cotugno, Arzobispo de Montevideo y concelebrada por los Obispos en Uruguay, el pasado domingo, 20 de diciembre, fue Mons. Milton Tróccoli como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo.

 

Oficiaron de Co-ordenantes el Nuncio Apostólico, Mons. Anselmo Guido Pecorari y el Obispo de San José, Mons. Arturo Fajardo ante una Catedral colmada de sacerdotes, religiosos, diáconos, fieles, familiares y amigos de Mons. Milton.

 

En su homilía, Mons. Cotugno explicó la liturgia de la ordenación episcopal a la vez que destacó las tres características principales del Ministerio Episcopal: la fidelidad, la prudencia y la bondad. Tras  detallar las funciones del Obispo Auxiliar destacó que el “sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio bautismal de la vida santa a la que todos estamos llamados, también nosotros que hemos recibido la plenitud del sacerdocio jerárquico de Cristo en la sucesión apostólica”.

 

Señaló que la Virgen de Nazaret es “la encarnación del sacerdocio de la vida santa en el servicio de la vida cotidiana entregada totalmente a Jesús su Hijo y a José su esposo. Allí, en Nazaret, se llevó a cabo la existencia prototípica del ser humano amasado en el misterio de Dios en ese Verbo hecho carpintero, celebrando el pontifical más auténtico de la historia, quemando el incienso de la entrega familiar cotidiana ofrecida en la convivencia hecha sacerdocio de alabanza a nuestro Dios y Padre”.

 

“María pasó toda su vida ‘sirviendo’ a Jesús y a José. Vivió su sacerdocio sirviendo toda su vida.  Imitando a Jesús como nadie jamás podrá hacerlo, vive el sacerdocio de la vida santa encarnando en su cotidianeidad rutinaria el hecho extraordinario del sacerdocio de Cristo inaugurado y consumado en el altar de la cruz y glorificado en la resurrección. María es la más grande entre todas las personas humanas de todos los tiempos porque sirvió a Jesús, como Jesús sirvió al Padre”, sostuvo el Arzobispo de Montevideo.

 

PRIMER MENSAJE DEL NUEVO OBISPO

 

En sus primeras palabras, tras recibir por imposición de manos de Mons. Cotugno la ordenación episcopal, Mons. Milton adelantó las claves de su tarea como Pastor:” el deseo profundo de evangelizar, animar para crecer en la fe, trabajar en equipo, y acompañar para discernir la voluntad de Dios”.

 

Explicó que el lema elegido: “Caritas Christi urget nos”, “el Amor de Cristo nos apremia”, nos urge, “quiere expresar mi motivación más honda al comenzar este ministerio. Que sea el amor de Cristo, su amor de Buen Pastor, su amor hasta dar la vida por el rebaño, el que me mueva a entregarme, y a dejar lo mejor de mí para servirlos a todos. Que sea Él, el que se transparente en cada palabra y en cada gesto”.

 

“En estos días de retiro y de preparación para la ordenación he tenido presentes de un modo especial a Mons. Pironio, y al querido, hoy Venerable, Juan Pablo II, a quienes les he pedido, como el profeta Eliseo a Elías, el don de la paternidad espiritual, y el incansable espíritu sacerdotal y misionero”, confesó el flamante Obispo.

 

Señaló que “estamos en tiempo de misión, y el amor de Cristo quema nuestro corazón para que su Vida llegue a cada rincón de la diócesis, humanizando, y devolviendo alegría y dignidad, allí donde se ha perdido”.

 

“En un mundo herido y tensionado, con nostalgia de paz y de reconciliación, con una profunda nostalgia de Dios, queremos ser testigos de esperanza, y testigos esperanzados, con aquella esperanza que no defrauda, la esperanza en el Hombre que humaniza, Jesucristo”, destacó Mons. Tróccoli.

 

En www.iglesiacatolica.org.uy está disponible la homilía del Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, el saludo del flamante Obispo Auxiliar, Mons. Milton Tróccoli, imágenes y audio de estos mensajes.

 

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HOMILÍA DEL SR. ARZOBISPO DE MONTEVIDEO

MONS. NICOLÁS COTUGNO, SDB

 

ORDENACION EPISCOPAL

DE MILTON TROCCOLI

IV DOMINGO DE ADVIENTO

MONTEVIDEO, 20 de noviembre de 2009

 

 

 

Introducción

 

Con gran alegría y afecto saludo y doy la bienvenida a todos los hermanos y hermanas convocados por el Señor esta tarde para la celebración eucarística en esta Iglesia Matriz, en la que nuestro hermano Milton recibirá la ordenación episcopal. Un saludo especial para el Sr. Nuncio Apostólico a quien manifestamos, para que se lo transmita al Santo Padre, nuestro agradecimiento por el don del Obispo Auxiliar; un saludo especial también para todos los hermanos Obispos presentes, a los presbíteros y diáconos, a todos los seminaristas, a los integrantes de la Vida consagrada y a todos los hermanos y hermanos en la fe.

 

LA PALABRA DE DIOS

 

Estamos en el IV Domingo de Adviento a pocos días de la celebración del misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Dios se nos acaba de comunicar a través de su Palabra.

 

Nos dice, a través del profeta Miqueas, que cuando dé a luz la que debe ser madre, nacerá el que debe gobernar a Israel y el mismo Dios lo apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios  y Él mismo será la paz”.

 

Por otro lado, la carta a los Hebreos nos dice que el que va a nacer de mujer y gobernará a Israel, el Mesías, Cristo Jesús, viene al mundo para hacer la voluntad de Dios, quien ya no mira con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Pero le ha dado un cuerpo, por cuya inmolación, hecha de una vez para siempre, quedamos santificados.

 

Y en el evangelio de Lucas, contemplamos a María que después de haber recibido en la anunciación el pedido de ser la madre del Hijo de Dios y habiéndose abandonado a su voluntad, parte sin demora para ir a auxiliar a su prima Isabel. En la maternidad de ambas y en el encuentro de Jesús y de Juan Bautista se experimenta la alegría de la salvación. Y María, por haber creído, es proclamada feliz y ella canta dichosa la grandeza del Señor.

 

 

LA ORDENACIÓN EPISCOPAL DE MILTON TROCCOLI

 

En este contexto, nuestro hermano Milton recibe el Espíritu Santo que entregándole la plenitud del sacramento del Orden, lo incorpora al Colegio episcopal que sucede al Colegio apostólico, transformándolo en verdadero sucesor de los Apóstoles.

 

También nuestro hermano, hoy, al decir, como Jesús, VENGO PARA HACER TU VOLUNTAD, entra en ese conjunto de intervenciones de Dios en la historia por las que Jesús, Verbo eterno encarnado, Sumo y Eterno Sacerdote, dispone de su persona como lo hizo en relación a su cuerpo, a los Apóstoles y a los discípulos y sobre todo en relación a María, la Mujer de quien nació el Mesías, el redentor del hombre, el principio y fin de la Iglesia y del mundo.

 

Querido hermano Milton, ya eres sacerdote. Sin embargo, hoy Jesús te dona su Espíritu para establecer una relación nueva de Él para contigo e de ti para con la Iglesia. Permítenos acompañarte con todo nuestro cariño y meditar y agradecer juntos lo que estás llamado a ser y a vivir.

 

Nada mejor que dar una mirada a lo que se hace en la liturgia de la ordenación episcopal que estamos realizando.

 

LA IMPOSICIÓN DE MANOS Y LA ORACIÓN

 

Hay dos elementos que merecen, entre otros, ser destacados: la imposición de manos y la oración en silencio.

 

El primer elemento: la imposición de manos. “Según la Tradición apostólica – afirmó el Papa Benedicto XVI - este sacramento (la ordenación episcopal) se confiere mediante la imposición de manos. La palabra humana enmudece. El alma se abre en silencio a Dios, cuya mano se alarga hacia el hombre, lo toma para sí y, a la vez, lo cubre para protegerlo, a fin de que, a continuación, sea totalmente propiedad de Dios, le pertenezca del todo e introduzca a los hombres en las manos de Dios.

 

El segundo elemento: la oración en silencio.  La ordenación episcopal es un acontecimiento de oración. Ningún hombre puede hacer a otro sacerdote u obispo. Es el Señor mismo quien, a través de la palabra de oración y del gesto de la imposición de manos, asume a ese hombre totalmente a su servicio, lo atrae a su propio sacerdocio. El mismo consagra a los elegidos. El mismo, el único Sumo Sacerdote, que ofreció el único sacrificio por todos nosotros, le concede la participación en su sacerdocio, para que su Palabra y su obra estén presentes en todos los tiempos.

 

EL EVANGELIARIO

 

         Por esta conexión entre la oración y la actuación de Cristo sobre el hombre, la Iglesia en su liturgia ha desarrollado un signo elocuente. Durante la oración de ordenación se abre sobre el candidato el Evangeliario, el libro de la Palabra de Dios. El Evangelio debe penetrar en él; la Palabra viva de Dios debe, por así decirlo, invadirlo. Cristo mismo es el Evangelio. Con la Palabra, la vida misma de Cristo debe invadir a aquel hombre, de manera que se convierta totalmente en una sola cosa con él, que Cristo viva en él y dé a su vida forma y contenido. De esta manera debe realizarse en él lo que se presenta como la esencia del ministerio sacerdotal de Cristo. El consagrado debe ser colmado del Espíritu de Dios y vivir a partir de él. Debe llevar a los pobres el alegre anuncio, la verdadera libertad y la esperanza que permite vivir al hombre y lo sana. Debe establecer el sacerdocio de Cristo en medio de los hombres, el sacerdocio según el modo de Melquísedec, esto es, el reino de la justicia y de la paz. Como los setenta y dos discípulos enviados por el Señor, debe llevar curación, ayudar a sanar la herida interior del hombre, su lejanía de Dios. El bien primero y esencial del que tiene necesidad el hombre es la cercanía de Dios mismo.

 

HE VENIDO A SERVIR Y A DAR MI VIDA

 

Jesús sintetizó todos estos múltiples aspectos de su sacerdocio en una frase: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10,45). Servir y en ello donarse uno mismo, ser no para uno mismo, sino para los demás, de parte de Dios y con vista a Dios; este es el núcleo más profundo de la misión de Jesucristo y, a la vez, la verdadera esencia de su sacerdocio. Así, él hizo del término “siervo” su más elevado título de honor. Con ello llevó a cabo un vuelco de los valores; nos donó una nueva imagen de Dios y del hombre: Jesús no viene como una de los señores de este mundo, sino que él, que es el verdadero Señor, viene como siervo. Su sacerdocio no es dominio, sino servicio: este es el nuevo sacerdocio de Jesucristo al modo de Melquísedec.

 

San Pablo formuló la esencia del ministerio apostólico y sacerdotal de forma muy clara.   “Es preciso que los hombres vean en nosotros a siervos de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Por lo demás lo que, en fin de cuenta, se exige de los administradores es que sean fieles” (1Co 4,1-2).

 

TRES CARACTERÍSTICAS DEL MINISTERIO EPISCOPAL

 

Jesús subrayó tres características del modo en que se debe servir, en las que se concreta también la imagen del ministerio sacerdotal, episcopal.

 

Así las presenta el Papa Benedicto XVI en la homilía de la ordenación episcopal de cinco obispos en la basílica de san Pedro el sábado 12 de setiembre de este año:

 

La primera característica que el Señor pide al siervo es la FIDELIDAD. Le ha sido confiado un gran bien que no le pertenece. La Iglesia no es nuestra Iglesia, sino su Iglesia, la Iglesia de Dios. El siervo debe dar cuenta sobre la gestión del bien que se le ha encomendado. No atamos a los hombres a nosotros; no buscamos poder, prestigio, estima para nosotros mismos. Conducimos a los hombres hacia Jesucristo y así hacia el Dios vivo. Con ello los introducimos en la verdad y en la libertad, que deriva de la verdad. La fidelidad es altruismo, y precisamente así es liberadora para el ministro mismo y para cuantos le son confiados. Sabemos cómo las cosas en la sociedad civil, y no raramente también en la Iglesia, sufren por el hecho de que muchos de aquellos a quienes les ha sido conferida una responsabilidad trabajan para sí mismos y no para la comunidad, por el bien común.

En griego la palabra que indica “fidelidad” coincide con la que indica “fe”. La fidelidad del siervo de Jesucristo consiste precisamente también en el hecho de que no busca adecuar la fe a las modas del tiempo. Sólo Cristo tiene palabras de vida eterna, y debemos llevar estas palabras a la gente. Son el bien más precioso que se nos ha confiado. Esta fidelidad no tiene nada de estéril ni de estático; es creativa…  El dueño alaba al siervo que ha hecho fructificar sus bienes. La fe requiere que sea transmitida (recordemos lo de Juan Pablo II: “La fe se enriquece dándola”): no se nos ha entregado sólo para nosotros mismos, para la salvación personal de nuestra alma, sino para los demás, para este mundo y para nuestro tiempo. Debemos situarla en este mundo, para que en él se transforme en una fuerza viva; para que aumente en él la presencia de Dios.

 

La segunda característica que Jesús pide al siervo es la PRUDENCIA. Aquí es necesario eliminar inmediatamente un malentendido. La prudencia es algo distinto de la astucia. Prudencia, indica el primado de la verdad, que se convierte en criterio de nuestra actuación. La prudencia exige la razón humilde, disciplinada y vigilante, que no se deja ofuscar por prejuicios; no juzga según deseos y pasiones, sino que busca la verdad, también la verdad incómoda. Prudencia significa ponerse en busca de la verdad y actuar conforme a ella. El siervo prudente es ante todo un hombre de la verdad y un hombre de la razón sincera. Dios, a través de Jesucristo, nos ha abierto de par en par la ventana de la verdad que, ante nuestras solas fuerzas, se queda con frecuencia estrecha y sólo en parte transparente. Él nos muestra en la Sagrada Escritura y en la fe de la Iglesia la verdad esencial del hombre, que imprime la dirección justa a nuestra actuación. Así, la primera virtud cardinal del sacerdote, ministro de Jesucristo, consiste en dejarse plasmar por la verdad que Cristo nos muestra. De esta manera nos transformamos en hombre verdaderamente razonables, que juzgan según el conjunto y no a partir de detalles casuales. No nos dejamos guiar por la pequeña ventana de nuestra astucia personal, sino desde la ventana que Cristo nos ha abierto sobre toda la verdad, contemplamos el mundo y a los hombres y reconocemos así qué es lo que cuenta verdaderamente en la vida.

 

La tercera característica de la que Jesús habla en la parábola del siervo es la BONDAD: “Siervo bueno y fiel…entra en el gozo de tu señor” (Mt 25,21.23). Se nos puede aclarar lo que se entiende con la característica de la “bondad” si pensamos en el encuentro de Jesús con el joven rico. Este hombre se dirigió a Jesús llamándolo “Maestro bueno” y recibió la sorprendente respuesta: “¿Porqué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios” (Mc 1,17s). Bueno, en sentido pleno, es sólo Dios. Él es el Bien, el Bueno por excelencia, la Bondad en persona. Por lo tanto, en una criatura – en el hombre – el ser bueno se basa necesariamente  en una profunda orientación interior hacia Dios. La bondad crece uniéndonos interiormente al Dios vivo. La bondad presupone sobre todo una viva comunión con Dios, el Bueno, una creciente unión interior con él. En efecto, ¿de quién más se podría aprender una bondad sino de Aquel que nos ha amado hasta el final, hasta el extremo? (Cf Jn 13,1). Nos convertimos en siervos buenos mediante nuestra relación viva con Jesucristo. Solo si nuestra vida se desarrolla en el diálogo con él; sólo si su ser, sus características, penetran en nosotros y nos plasman, podemos transformarnos en siervos verdaderamente buenos.

 

EL SERVICIO DEL OBISPO AUXILIAR EN MONTEVIDEO

 

Querido hermano Milton Obispo, el Señor te ha hecho Obispo Auxiliar de Montevideo, colaborando en la tarea pastoral de su pastor, el Arzobispo: serás mi ‘auxilio’.

 

1.     Además de desempeñar el oficio de Vicario General, en conformidad con lo establecido en CJC,

 

2.     acompañarás y animarás la VIDA CONSAGRADA en sus múltiples expresiones, valorizando la riqueza de los carismas que el Espíritu Santo distribuye en el tiempo a su Iglesia . Te pido que ayudes a toda la comunidad eclesial a asumir la VC, en todos sus expresiones, como algo que debe se valorado, impulsado, promovido en función de la Iglesia en su misterio de comunión, acentuando de una forma particular el servicio prestado por la misma, desde la fidelidad a la consagración, que de por sí, a la manera de María, se transforma en irradiación de la presencia de Cristo el Señor en la plenitud de su transfiguración. María sale de su casa de Nazaret para ir a visitar y auxiliar a su prima Isabel, movida por lo que el Espíritu Santo obró en ella en el misterio de la anunciación. NO HAY VISITACIÓN SIN ANUNCIACIACIÓN. En la anunciación el Espíritu CONSAGRA A MARIA, que se deja poseer por el MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN que podía hacerse historia a partir de su disponibilidad para la realización del designo de salvación del Padre.

 

Por otro lado, históricamente, a la anunciación le siguió la VISITACIÓN. Es un hecho: cuando Dios se nos comunica en las variadísimas formas que él solo conoce, le sigue siempre la realización de una tarea que tiene como fin la manifestación del amor de Dios a los hermanos. Es así que por ser discípulos, necesariamente somos misioneros: tal vez podríamos sintetizar Aparecida en una Iglesia que, como María, quiere vivir por desborde de alegría y gratitud los misterios de la Anunciación y de la Visitación: en la Anunciación el Espíritu nos hace discípulos; en la Visitación nos envía como misioneros. 

 

3.   Tu consagración episcopal es como una anunciación de la presencia particular del Espíritu en ti y que te capacita para salir de ti visitando a tus hermanos en la Iglesia que se nos ha confiado para ser promotores del quehacer pastoral de toda la Iglesia que peregrina en Montevideo, en el Uruguay y en el mundo entero. Hasta ahora fuiste un celoso Vicario Pastoral de la Arquidiócesis. De ahora en adelante serás Obispo y auxiliarás la pastoral de la Iglesia montevideana desde tu ser Pastor, sucesor de los Apóstoles. La MISIÓN CONTINENTAL ocupará, como hasta ahora y de una forma nueva, toda tu vida de Pastor. Caritas Christi urget nos: podrás sembrar amor a lo largo y ancho de la Arquidiócesis y de las Iglesias de todo el mundo.

 

4.   En ella tendrá un lugar muy especial el cuidado de las vocaciones a la vida sacerdotal que el Señor Jesús sigue enviando a su Iglesia, porque sabe que la mies es mucha y no puede echarse a perder por falta de obreros. Sabemos que la mejor pastoral vocacional es la vida cristiana fervorosa de nuestras comunidades eclesiales. La presencia del Espíritu Santo encontrará de una forma nueva en tu persona consagrada con la plenitud del sacerdocio de Cristo Jesús el modo de concretar el VEN Y SIGUEME DE JESÚS que continúa llamando a sus discípulos para que lo sigan en su entrega total por medio del ministerio sacerdotal conformándolo a su ser de BUEN PASTOR.

 

El irradiarse de nuestra vida desbordante de alegría y de fervor, respaldado por el testimonio de un presbiterio unido y fiel en el servicio del sacerdocio ministerial, será la mediación concreta para muchos jóvenes que, llamados por el Señor, podrán percibir la verdad de que quien deja padre, madre por el reino de los cielos, recibirá el céntuplo ya en esta vida.

 

EL SACERDOCIO DE LA VIDA SANTA

 

Queridos hermanos y hermanas, nuestro sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio bautismal de la vida santa a la que todos estamos llamados, también nosotros que hemos recibido la plenitud del sacerdocio jerárquico de Cristo en la sucesión apostólica. Cómo no volver a esa ciudad de Nazaret, donde María, José y Jesús han vivido la casi totalidad de su vida terrena…Cómo no ver en la Virgen de Nazaret la encarnación del sacerdocio de la vida santa en el servicio de la vida cotidiana entregada totalmente a Jesús su Hijo y a José su esposo. Allí, en Nazaret, se llevó a cabo la existencia prototípica del ser humano amasado en el misterio de Dios en ese Verbo hecho carpintero, celebrando el pontifical más auténtico de la historia, quemando el incienso de la entrega familiar cotidiana ofrecida en la convivencia hecha sacerdocio de alabanza a nuestro Dios y Padre.

 

MARIA

 

Así como María, en previsión de los méritos de su Hijo Jesús, en el comienzo de su existencia, fue concebida sin el pecado original, así también a lo largo de su vida en Nazaret, la pequeña y desconocida aldea de Galilea, por el sacerdocio de su Hijo llevado a cabo en la Cruz con su pasión y muerte y glorificado en su resurrección, vive concretamente la vida nueva de los redimidos por la sangre del Cordero: en la naturalidad de la vida nazarena se celebra el sacerdocio de la vida santa en su máxima pureza, en su insuperable coherencia con la Nueva y Eterna  Alianza, como profecía de esa Iglesia sacramento del Reino de Dios en la historia: desde María, la perfecta discípula y misionera comprendemos cuáles deben ser los rasgos fundamentales de nuestro sacerdocio en la participación del único sacerdocio de Jesucristo el Señor.

 

María pasó toda su vida “sirviendo” a Jesús y a José. Vivió su sacerdocio sirviendo toda su vida.  Imitando a Jesús como nadie jamás podrá hacerlo, vive el sacerdocio de la vida santa encarnando en su cotidianeidad rutinaria el hecho extraordinario del sacerdocio de Cristo inaugurado y consumado en el altar de la cruz y glorificado en la resurrección. María es la más grande entre todas las personas humanas de todos los tiempos porque sirvió a Jesús, como Jesús sirvió al Padre.

 

Querido hermano Milton, Obispo: ¡sé lo que eres! Vicario de Cristo Pastor, por eso transparencia de Él. Y auxilia también a tu hermano mayor a hacer lo mismo.

 

“Nos ayude la compañía siempre cercana, llena de comprensión y ternura, de María la Madre de Jesús y Madre nuestra, pide Aparecida por todos nosotros. Que nos muestre el fruto bendito de su vientre y nos ayude a responder como ella lo hizo en el misterio de la anunciación y de la encarnación. Que nos enseñe a salir de nosotros mismos en camino de sacrificio, amor y servicio, como lo hizo en la visitación a su prima Isabel, para que, peregrinos en el camino, cantemos las maravillas que Dios ha hecho en nosotros conforme a su promesa” (A 553).

 

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO MONS. MILTON TRÒCCOLI

Bendito sea Dios, Padre de misericordia, que nos ha llamado a la vida, nos ha elegido por amor,  y nos ha regalado la fe. 

Bendito sea Jesucristo, nuestro salvador, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, que entregó  su vida por nosotros, y nos comunica su alegría. 

Bendito sea el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, que nos reúne en un solo cuerpo, y nos regala la unidad en el amor. 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo... 

Es justo que las primeras palabras del nuevo obispo sean una acción de gracias a Dios, del que procede todo bien y todo ministerio. 

Agradecimientos 

Quiero expresar mi gratitud al Papa Benedicto XVI por haber depositado su confianza en mí, al elegirme para el orden de los obispos, y por sus paternales palabras expresadas en la Bula Apostólica. 

Gracias al Señor Nuncio Apostólico, aquí presente, Mons. Guido Pecorari, que me comunicó esta decisión del Santo Padre, y que con afecto y buen humor sobrellevó mis primeras reacciones, y me aconsejó sabiamente.  

A Mons. Nicolás Cotugno, nuestro Arzobispo, que me ha conferido el orden episcopal, y quien tiene ahora la misión de enseñarme a ser obispo.

A Mons. Carlos Collazzi, presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, a Mons. Fajardo, amigo y compañero de camino, que junto con el Nuncio ha sido co-ordenante en esta celebración, y a todos los obispos del Uruguay que me han recibido con afecto y alegría en el orden episcopal, y que se han hecho presentes en esta celebración, (han mandado sus saludos Mons. Bodeant, y Mons. Bonino). 

Quiero tener presente, de un modo particular, a alguien que me recibió en el Seminario Interdiocesano, me impuso las manos para ordenarme de diácono, ungió  mis manos con el Sto. Crisma en la ordenación presbiteral, y ahora de nuevo me impuso las manos para ordenarme obispo, con sus más de veinticinco años de episcopado, el querido Mons. Scarrone. 

Gracias a todos los presbíteros y diáconos presentes, especialmente a los que me guiaron en el camino del seguimiento de Jesús, y  marcaron mi ministerio sacerdotal. Tendría muchos nombres para dar, pero hay uno que no puedo omitir, porque es padre de muchos, el querido P. Elizaga.  

Gracias al Sr. Embajador ante la Santa Sede, el Dr. Mario Cayota, profesor y amigo, que ha tenido la gentileza de estar aquí. Y a todos los representantes de las autoridades civiles y religiosas que han tenido la amabilidad de participar, o enviar sus saludos. 

Finalmente, y no menos importante, gracias a todos ustedes hermanas y hermanos aquí presentes, sabiendo que algunos han venido de lejos para estar aquí, gracias a mi familia tan querida, gracias a todos, porque su fe y su afecto me han alentado, y me siguen alentando en el ministerio. Hoy puedo decir con el Apóstol: “los quiero tiernamente en Cristo Jesús”.

Gracias a todos los que han preparado esta celebración, y trabajaron para que todo salga bien.  

Reflexión 

Cuando asumí como Vicario Pastoral citaba unas palabras del teólogo Urs. Von Balthasar, que en estos días han resonado nuevamente en mi corazón: "El Espíritu del Señor, que anima al hombre renovado en Cristo, cambia sin cesar los horizontes donde su inteligencia quiere encontrar su seguridad, y los límites donde su acción se encerraría de buena gana." 

Repasando este tiempo en la Vicaría, en el que he tenido oportunidad de conocer y ser conocido, puedo reconocer algunas constantes que, pienso, tienen que permanecer en esta nueva etapa: el deseo profundo de evangelizar, animar para crecer en la fe, trabajar en equipo, y acompañar para discernir la voluntad de Dios. 

El lema elegido: “Caritas Christi urget nos”, “el Amor de Cristo nos apremia”, nos urge, quiere expresar mi motivación más honda al comenzar este ministerio. Que sea el amor de Cristo, su amor de Buen Pastor, su amor hasta dar la vida por el rebaño, el que me mueva a entregarme, y a dejar lo mejor de mí para servirlos a todos. Que sea Él, el que se transparente en cada palabra y en cada gesto. 

En estos días de retiro y de preparación para la ordenación he tenido presentes de un modo especial a Mons. Pironio, y al querido, hoy Venerable, Juan Pablo II, a quienes les he pedido, como el profeta Eliseo a Elías, el don de la paternidad espiritual, y el incansable espíritu sacerdotal y misionero. 

Cómo no recordar, en esta catedral, a Mons. Jacinto Vera, Mons. Mariano Soler, y una larga lista de obispos santos y entregados que han dado su vida en la evangelización de nuestra patria. 

Estamos en tiempo de misión, y el amor de Cristo quema nuestro corazón para que su Vida llegue a cada rincón de la diócesis, humanizando, y devolviendo alegría y dignidad, allí donde se ha perdido.

En un mundo herido y tensionado, con nostalgia de paz y de reconciliación, con una profunda nostalgia de Dios, queremos ser testigos de esperanza, y testigos esperanzados, con aquella esperanza que no defrauda, la esperanza en el Hombre que humaniza, Jesucristo. 

Que Sta. María Virgen, madre de Jesús y madre nuestra, madre del amor hermoso, mujer de la Pascua, capitana y guía, nos proteja con su manto y con su intercesión maternal.  

Que este ministerio que hoy se me confía sea para la mayor gloria de Dios y el bien de la Iglesia. Amén. Dios los bendiga. 
 

Lectura del Mandato Apostólico (Padre Juan González, Secretario Canciller del Arzobispado)


 
Acción de Gracias de Mons. Milton Tróccoli, Obispo Auxiliar de Montevideo

Escudo Episcopal


En campo azul un pez en plata, símbolo de Cristo Vivo,

tres panes recuerdan el obrar de Cristo en la multiplicación de los panes y la Presencia Eucarística.

La estrella en la plata es símbolo de María "estrella de la Evangelización".

Una franja superior en oro contiene siete llamas como símbolo del Espíritu Santo y sus dones.

La mitra y el pastoral, insignias episcopales, significan al Buen Pastor y el cuidado encomendado al obispo de velar su grey.

Dicha misión se expresa en el lema: "Nos apremia el Amor de Cristo".
 


 

EL 20 DE DICIEMBRE SERÁ LA ORDENACIÓN EPISCOPAL DE MILTON TRÓCCOLI

 

El recientemente designado por el Santo Padre Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo, Milton Tróccoli celebrará su ordenación episcopal el 20 de diciembre en la Catedral Metropolitana.

 

La concelebración Eucarística tendrá lugar a las 17 hs y luego de la misma se ofrecerá un ágape en las instalaciones del Colegio de las Hermanas del Huerto.

 

NUEVO OBISPO PARA URUGUAY

Milton Tróccoli, Obispo Auxiliar de la Aquidiócesis de Montevideo

 

El Papa Benedicto XVI designó al sacerdote diocesano Milton Luis Tróccoli Cebedio Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo.

 

El Pbro. Tróccoli  es oriundo de Montevideo y tiene 45 años de edad. Actualmente se desempeña como Vicario Episcopal para la Pastoral y para la Pastoral Vocacional, y como Párroco  de la Parroquia “Nuestra Señora de la Merced”, en la Arquidiócesis de Montevideo.

 

El nuevo Obispo fue ordenado sacerdote el 8 de mayo de 1988, en Florida, por el Papa Juan Pablo II, en el marco de su visita a Uruguay.

 

El  nombramiento del Pbro.Tróccoli como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo, asignándole la sede titular de Munaziana, fue publicado hoy en L’ Osservatore Romano, a las 12 hs de Roma (9 hs de Uruguay).

 

Con este nombramiento, el episcopado uruguayo quedará conformado por 9 Obispos (uno de los cuales es además Administrador Apostólico de la Diócesis de Minas),  2 Obispos Auxiliares (Montevideo y Canelones) y 3 obispos eméritos (2 en Melo y 1 en Florida).

 

 

 

Pbro.  MILTON  LUIS  TRÓCCOLI  CEBEDIO

 

Currículum vitae

 

El Presbítero Milton Luis Tróccoli Cebedio nació en Montevideo el 3 de marzo de 1964.

 

Estando en el Seminario Mayor de Montevideo, cursó sus estudios filosóficos y teológicos en el entonces Instituto Teológico del Uruguay Mons. Mariano Soler (ITUMS), hoy Facultad de Teología, donde obtuvo el Bachillerato en Teología.

 

Fue ordenado sacerdote en Florida, el 8 de mayo de 1988, por el Santo Padre Juan Pablo II, siendo incardinado en la Arquidiócesis de Montevideo.

 

En 1995 obtuvo la Licenciatura y especialización en Teología Espiritual, en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Título de la Tesis: “Los tiempos de elección en los Ejercicios Espirituales de S. Ignacio de Loyola”.

 

Entre 1993 y 2003: Realizó cursos en el exterior en Orientación Vocacional, Acompañamiento Espiritual, y Formación para Seminarios (Argentina, Brasil y Colombia), y obtuvo el Post-Grado en Análisis Institucional en el Instituto Santo Tomás de Aquino de Belho Horizonte en Brasil (2003).

 

Ha desempeñado los siguientes cargos pastorales en la Arquidiócesis de Montevideo y otros Organismos Eclesiales.

 

-   1988:  Vicario parroquial en “Nuestra Señora del Sagrado Corazón y Santa Rita”;

 

-    1990:  Administrador parroquial de  “Nuestra Señora del Sagrado Corazón y Santa Rita”;

 

-    1992:  Párroco de “Nuestra Señora de Pompeya” y Asesor diocesano de la Pastoral Vocacional;

 

-   1996:  Rector de la Iglesia Santísimo Sacramento de Montevideo y Secretario Adjunto del Arzobispado de Montevideo; Docente de Teología Espiritual en la Facultad de Teología Mons. Mariano Soler; Profesor de Historia de la Salvación en el Seminario Mayor Interdiocesano Cristo Rey;

 

-    1997:  Rector de la Iglesia Santísimo Sacramento de Montevideo; Miembro del Equipo de Formadores para la Filosofía en el Seminario Mayor Interdiocesano Cristo Rey; Docente de Teología Espiritual y Sacramento de la Reconciliación en la Facultad de Teología Mons. Mariano Soler;

 

-    2002-2005: Rector del Seminario Mayor Interdiocesano Cristo Rey, en Montevideo.

 

-    2006:  Párroco de “Nuestra Señora de la Merced”; Vicario Pastoral de la Arquidiócesis de Montevideo; Vicario para la Pastoral Vocacional; Docente en la Facultad de Teología Mons. Mariano Soler.

 

27 de noviembre de 2009: nombrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo y titular de Munaziana.

 

 

 
NOMINA DELL’AUSILIARE DI MONTEVIDEO (URUGUAY)

Il Santo Padre ha nominato Vescovo Ausiliare di Montevideo (Uruguay) il Rev.do Sacerdote Milton Luis Tróccoli Cebedio, Vicario Episcopale per la pastorale e Parroco a Montevideo, assegnandogli la sede titolare di Munaziana.

Rev.do Milton Luis Tróccoli Cebedio

Il Rev.do Milton Luis Tróccoli Cebedio è nato a Montevideo il 3 marzo 1964.

Ha compiuto gli studi di filosofia e teologia presso il Seminario Maggiore di Montevideo (già Istituto Teologico dell’Uruguay) dove ha ottenuto il Baccalaureato.

È stato ordinato sacerdote l’8 maggio 1988 in Florida, dal Santo Padre Giovanni Paolo II.

Nel 1995 ha conseguito la Licenza in Teologia Spirituale presso la Università Gregoriana.

Durante il suo ministero sacerdotale ha ricoperto i seguenti incarichi: Vicario Parrocchiale nella Parrocchia "Nuestra Señora del Sagrado Corazón y Santa Rita"; Parroco delle Parrocchie "Nuestra Señora de Pompeya" e "Nuestra Señora de la Merced", docente di Teologia Spirituale presso la Facultad de Teología Mariano Soler e Rettore del Seminario Maggiore Interdiocesano "Cristo Rey" a Montevideo.

Attualmente è Vicario Episcopale per la Pastorale e Vicario Episcopale per la Pastorale Vocazionale dell’arcidiocesi di Montevideo.
CIUDAD DEL VATICANO, 27 NOV 2009 (VIS).-El Santo Padre nombró a don Milton Luis Tróccoli Cebedio obispo auxiliar de Montevideo (superficie 540, población 1.381.000, católicos 871.800, sacerdotes 245, religiosos 751, diáconos permanentes 35) en Uruguay. El obispo electo nació en Montevideo en 1964, fue ordenado sacerdote en 1988 y actualmente era vicario episcopal para la pastoral.
 
Milton Tróccoli, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo
“UN NUEVO SÍ PARA COMUNICAR A TODOS EL AMOR DE CRISTO”
 
Minutos después de haber trascendido el anuncio de la designación por parte del Santo Padre Benedicto XVI del Pbro. Milton Tróccoli como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo fue entrevistado en Radio María.
 
Entrevistado por el Pbro. Fabián Róvere, Director de Radio María,  el Obispo electo señaló que este nombramiento implica un nuevo sí a Dios para que “el amor de Cristo siga comunicándose y llegando a todos”. Destacó que esta nueva responsabilidad “amplía” el ámbito pastoral  en el que se viene desempeñando y que procurará encarar con cariño, fraternidad, con mucho espíritu evangélico y sin retacear nada para sí mismo.
 
Anticipó que la fecha de su consagración episcopal será definida en acuerdo con los restantes Obispos pero que, seguramente, se concretará antes de fin de año.
 
Tróccoli manifestó, asimismo, su gratitud hacia el Santo Padre “que ha tenido esta confianza en mí” a la vez que aseguró sus “muchas ganas” de servir y de entregarse para todos también.
 
“Las tareas de pastorear y acompañar siguen estando presentes y ahora con más fuerza”, enfatizó.
 
El Obispo designado encomendó su Ministerio como Pastor  para ser entregado, fiel y perseverante, a San Juan María Vianney, quien se “entregó tanto a su parroquia y a su comunidad que hasta perdió su nombre”.

 

Milton Tróccoli, Obispo Auxiliar designado de Montevideo  entrevistado en Radio Oriental

 

“ME ORDENÓ UN SANTO”

 

Bienvenido a AM 770 OrientalA pocas horas de ser anunciada su designación como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo, Milton Tróccoli, entrevistado por el conductor del noticiero central de Radio Oriental (CX 12) Daniel Bianchi, sostuvo que el principal desafío para la Iglesia en Uruguay es “llevar esa luz que no es propia, sino que es la luz de Jesús a todas las mentes, los corazones, las conciencias y poder estar bien cerca de las alegrías y tristezas, de las búsquedas, del dolor y de las esperanzas de toda la gente”.  

 

Luego de expresar su gratitud hacia el Santo Padre por la confianza que le dispensa al nombrarlo Obispo Auxiliar, explicó que “la primera tarea del Obispo Auxiliar es colaborar estrechamente con el Arzobispo en toda la tarea pastoral, y en el acompañamiento de todas las funciones que tienen que ver con llevar adelante la Arquidiócesis”.

 

Al evocar su ordenación sacerdotal durante la visita del Papa Juan Pablo II a Uruguay en 1988, señaló que ahora que el Papa está en proceso canonización “podré decir con alegría que me ordenó un santo”.

 

Consultado sobre la falta de vocaciones en nuestro país, recordó que “ya desde los tiempos de Mons. Jacinto Vera, el primer Obispo de Montevideo, faltaban sacerdotes para la demanda que había”. No obstante, aclaró que “siempre tenemos las vocaciones necesarias, también en este momento”.

 

“Siempre la preocupación nuestra es estar muy cerca de los jóvenes para suscitarles ese sentido de trascendencia y la pregunta por una búsqueda profunda de la propia vocación. Pero desde la perspectiva de que todos tenemos una vocación, un llamado en la vida. Y lo importante es descubrir el que cada uno tiene, para llevarlo adelante y en el que se va a sentir feliz”, precisó.

 

Refiriéndose al nuevo servicio pastoral que asumirá al ser consagrado Obispo, manifestó que “ahora no se restringe sólo a una Parroquia, sino que se extiende a toda la Arquidiócesis de Montevideo. Y el mismo servicio de acompañar, de animar, de predicar el Evangelio ahora se extiende también a todas comunidades de la diócesis”.

 

En el próximo número del Quincenario Entre Todos (219) se publica una extensa entrevista al Obispo designado.

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