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24 de diciembre de 2011 |
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LES DESEAMOS UN AÑO 2012 PLENO DE BENDICIONES DEL SEÑOR!
Nos reencontramos el primer viernes de febrero!
SUMARIO
ULTIMAS NOTICIAS aclara información
errónea que involucra a la CEU
Precisiones del Pbro. Miguel
Pastorino sobre versiones periodísticas
Ministro de Economía entrega
Diplomas de Capacitación Laboral en el Centro Educativo Los
Pinos
Premio Nova 2011 al Centro
Educativo Los Pinos
VIDA DIOCESANA
Misa de Reconciliación en la Catedral
Despedida en la Catedral
Párroco de Catedral predica en Capítulo de
Campamento Diocesano de Jóvenes
Curso de formación para catequistas en febrero de 2012
DE LA SANTA SEDE
Mensaje de Benedicto XVI en
Navidad: el Príncipe de la paz conceda paz y estabilidad a
la tierra
Mensaje de Su Santidad Benedicto para la celebración de la XLV
Jornada Mundial de la Paz, 1 de Enero de 2012
EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ
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“En el día de los Santos Inocentes: Digamos ¡Sí a la Vida!”
Reflexión del Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, publicada
en el blog
http://dar-y-comunicar.blogspot.com/
De esta forma, la legislación uruguaya se alejaría, y en un tema
sumamente grave, de la moral.
En mis años liceales, vividos en el ámbito de nuestra educación
pública laica, había una materia que se llamaba Educación Moral
y Cívica. Recuerdo un esquema de las relaciones entre Derecho,
Moral y Costumbre, mostrando como había aspectos en que los tres
(o dos) coincidían y aspectos propios de cada uno.
De aquello me quedó lo bueno de la triple coincidencia, que no
puede darse en todo, pero ha de darse precisamente en las cosas
más fundamentales para el ser humano, como es el derecho a la
vida.
Sería una muy feliz coincidencia:
·
que la Moral nos lleve a considerar el valor de la vida humana
como el más alto, que debe ser cuidado y protegido.
·
que la Ley establezca formas concretas de protección y sancione
como delito las acciones que procuren la destrucción de la vida
humana.
·
que sea Costumbre, socialmente aceptada, la acción en favor de
la vida y el rechazo a todo atentado contra ella.
Vivimos en un tiempo en que la vida humana, no sólo la del niño
por nacer, está amenazada por múltiples formas de violencia y
descuido. Con derecho se pide protección y seguridad. Pero el
niño no nacido no tiene voz para reclamar su derecho.
La legalización del aborto, me dicen, apunta a evitar que se
haga en condiciones de riesgo para la mujer. La práctica del
aborto es un hecho. La Ley asume ese hecho, que por su extensión
puede ser considerado Costumbre y lo legaliza.
Pero hacerlo legal no cambia la realidad: se está quitando una
vida humana. Una vida inocente e indefensa, una vida con todas
sus potencialidades y su derecho a desarrollarlas. Decidir que
algo malo sea legal no lo hace bueno. Tampoco el que algo malo
se haga Costumbre hace que sea bueno.
En este día en que la Iglesia recuerda a los Santos Inocentes,
nuestra palabra no puede ser otra que ¡Sí a la Vida!
Decir "¡Sí a la Vida!" es decir sí a la esperanza para todas las
uruguayas y todos los uruguayos, nacidos y por nacer, para
encontrar en nuestra tierra, bastante despoblada, la posibilidad
de un pleno e integral desarrollo humano.
Sé bien que ese "Sí" muchas veces no es fácil. Pero el "No"
tiene siempre dolorosas consecuencias. No quiero recordarlas
ahora. Me quedo con los rostros felices de quienes superaron
tragos amargos y se jugaron para decir "¡Sí!". Y tengo presentes
no sólo los rostros de mamás y de papás: también los de quienes
nacieron porque ellos supieron dar ese "¡Sí!".
+
Heriberto
Homilía de la Santa Noche de Navidad del Obispo de Canelones,
Mons. Alberto Sanguinetti
“EL EVANGELIO DE JESÚS ES LUZ IMPRESCINDIBLE PARA EL FUTURO DE
NUESTRO PUEBLO”
Sea alabado y bendito Jesucristo.
Sea por siempre bendito y alabado. Él Hijo Eterno del Eterno
Padre, quien si dejar de ser Dios nació en el tiempo de Santa
María Virgen.
Allí se une lo humano y lo divino, lo temporal y lo eterno, no
como una combinación de contrarios, sino en la unidad
maravillosa de la misericordia de Dios que se nos ha manifestado
plenamente.
Acerquémonos, pues, a esa luz que brilla sin apagarse, que
ilumina sin tiniebla y sin encandilar, para que nos guíe, nos
ilumine y nos vuelva un poco más radiantes con el fulgor de la
gracia de Dios.
Que cada uno se deje iluminar por la Palabra de Dios, que cada
cual atienda a lo que el Espíritu le dice en su corazón: quien
es llamado a la conversión y el arrepentimiento, oiga la gracia
de ese llamado, a quien se le enardece el fuego del amor divino,
que se deje quemar por él. A quien el Señor lo sube a la
contemplación de su gloria, déjese llevar por su gracia, a quien
lo llama a entregarse al amor del prójimo, actúe según las
inspiraciones del Espíritu.
Pero también hagamos juntos una contemplación del misterio, para
que también celebremos juntos.
1) En primer lugar reconozcamos el acontecimiento y quién es el
que entra en el mundo. Iluminados por la Palabra de Dios, todos
confesamos en la fe, que el que nace Niño de la Virgen María es
personalmente el Hijo Eterno de Dios humanado, encarnado.
Por eso, como nos lleva la Iglesia en su santa liturgia:
confesemos gozosos nuestra fe en Jesucristo, alabemos su
grandeza, adoremos a quien es nuestro Dios, demos gracias de
todo corazón.
2) Aquello que aconteció hace más de dos mil años, sigue actual,
en primer lugar, porque los designios de Dios son eternos, y la
humanidad que el Verbo del Padre tomó de la Virgen inmaculada,
sigue siendo suya: es su misma humanidad en que se nos
manifestó, con la que subió a la cruz, en la que resucitó
glorioso, con la que subió a los cielos y está sentado a la
derecha del Padre.
En segundo término e inseparablemente la Navidad es hoy, porque
Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, es el Salvador, el Mesías, el
Señor, que obra, vive y reina en medio de nosotros, en su santa
Iglesia.
3) Con esta luz, empleando las palabras del Mensaje que he
escrito para esta Navidad, les deseo a Uds. los católicos de
nuestra Iglesia canaria, en este Año Jubilar Diocesano, que
descubran en Cristo niño, el comienzo de la Iglesia, el
nacimiento de su cabeza, la fuente de su luz y de toda gracia.
La Iglesia, que recibimos agradecidos en nuestra Diócesis, tiene
todo su ser, su existir, su santidad y su poder, de la humanidad
del Hijo de Dios. Si confesamos a la Iglesia una y santa, es
porque la santidad y unidad le vienen de su cabeza, de su
origen, de su esposo, Cristo el Señor.
Agradecidos por el don de la Iglesia, descubramos en el Niño que
nace nuestra vocación cristiana. El bautismo que nos hace
miembros de la Iglesia, es la unión con el cuerpo de Cristo, con
su pasión y resurrección, con su obediencia y humildad.
Por eso, dejemos que Cristo habite por la fe en nuestros
corazones y podamos comprender con todos los bautizados la
inconmensurable riqueza del amor de Cristo y cómo da vida a su
Iglesia y a cada uno en ella. Así, la Navidad revela la vocación
de hijos de Dios para la que fuimos creados.
Queramos tener las palabras, los sentimientos, las acciones de
la Santa Iglesia para con su cabeza, su esposo, su salvador. Es
la Iglesia la que en nosotros sus miembros quiere amar y seguir
a Jesús.
4) La Navidad es también para todos los hombres una invitación
buscar la verdad que da sentido a la vida humana, a sus logros,
a sus dolores, a la vida y a la muerte. Sólo buscando la verdad,
con humildad y sinceridad, realizamos dignamente nuestra
existencia.
Por cierto, hermanos míos, esa búsqueda de la verdad requiere la
humildad de seguirla, de acatarla, de intentar vivirla. En esa
búsqueda, la Navidad nos llama a ir tras la verdad acerca de
Dios. No es un tema más, es la pregunta radical. Dios que viene
a nosotros con su luz, nos invita a buscar esa luz y a seguirla.
La Iglesia nos entrega a Jesucristo, camino, verdad y vida.
Queramos, hermanos míos, conocer más a Jesús, amándolo con todo
el corazón, entregándole nuestra vida, suplicándole que haga de
nosotros lo que él quiera, que venga en nosotros a obedecer
plenamente la voluntad del Padre y hacernos uno con su propio
sacrificio.
La luz del Niño Dios débil en Belén ilumina la dignidad de cada
ser humano desde que comienza a existir. Ello implica la
valoración, el respeto y el cuidado de toda vida humana desde su
concepción hasta su muerte. Por el contrario, justificar la
destrucción del ser humano indefenso e inculpable es el
desconocimiento del fundamento de todos los derechos, es
implantar la violencia contra el más débil. Que el Dios débil en
la carne de un niño, lleve a todos – incluidos los que detentan
los poderes del Estado – a respetar y defender toda vida humana
y a procurar servirla para que se desarrolle física, moral y
espiritualmente.
En el pesebre Jesús, cuidado por María y José, ilumina la verdad
sobre la familia, de acuerdo a como Dios ha creado la naturaleza
humana. Más allá de todas las situaciones dolorosas, que piden
comprensión y ayuda, necesitamos reconocer, valorar y ayudar a
formar familias según el plan de Dios. Es decir familias
fundadas en el matrimonio fiel de varón y mujer – y para los
cristianos en el sacramento del matrimonio que une en la misma
alianza y carne de Cristo. Matrimonios abiertos a la ley moral,
generosos para comunicar la vida, atentos a educar en la
obediencia a los mandamientos.
Estamos dentro de la celebración del Bicentenario del proceso de
nuestra emancipación. Para la vida de nuestro pueblo, es
imprescindible que asumamos los fundamentos de nuestra cultura,
el sustento de la moral pública y privada. Desde los comienzos
ha sido relevante el reconocimiento de Dios, creador y redentor,
la aceptación de las verdades y exigencias morales, el respeto
de la dignidad de cada ser humano y el valor de la familia. La
Patria sólo puede ser edificada sobre esos principios. La
educación reclama estos fundamentos. El Evangelio de Jesús es
luz imprescindible para el futuro de nuestro pueblo.
El misterio de la Navidad se hace presente en cada Eucaristía.
En ella escuchamos el pregón de Dios, que nos da su misericordia
en la carne de su Hijo, en ella hacemos memoria y experimentamos
la fuerza redentora de su carne entregada y su preciosa sangre
derramada. En el Santo Sacrificio obra el poder del Resucitado,
con la gracia del Espíritu Santo. Reconozcámoslo en la profesión
de fe. Oremos por y con él por la salvación nuestra y del mundo
entero. Elevemos la acción de gracias con toda la Iglesia, en
nuestra Iglesia local, porque hemos conocido a Dios
visiblemente, para que nos lleve al amor de lo invisible.
Entreguémonos con Cristo al Padre y, al comulgar en su cuerpo
bendito, recibamos con él, el perdón y la paz, la misericordia y
la caridad sin límites.
Volvámonos al portal de Belén, escuchemos a los ángeles que nos
proclaman la pascua de Navidad. Con los pastores acerquémonos al
Niño envuelto en pañales, que José nos guíe y que la Virgen
Madre nos dé su fe, su esperanza y su caridad, para entregarnos
a la adoración de nuestro Salvador, nacido del Padre antes de
todos los siglos, Dios verdadero de Dios verdadero, que por
nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se
hizo hombre, y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Tomado de:
http://diocesiscanelones.com/iglesiacatolica/homilia-de-la-santa-noche-de-navidad#more-1509
“Sentir vergüenza”
Reflexión del Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes publicada en
su blog
http://www.desdelverdun.org/
Ayer de mañana leí que el senado uruguayo aprobó legalizar el
aborto, es decir, que está de acuerdo en dar licencia para matar
a los niños en el vientre de sus madres. La decisión tomada,
además de legalizar un crimen abominable empuja al país a un
deterioro moral definitivo.
Aparte de otros libros, en este viaje traje conmigo “Tierra y
tiempo”, de Morosoli. De a ratos leo sus cuentos, que en
realidad son retratos de la gente de nuestros campos:
mujeres y hombres buenos, faltos por completo de instrucción,
pero con una rara conciencia de su propia dignidad. Sacrificados
sin límite, leales, pasan por la vida orientándose por su
conciencia, poco o nada formada.
Se reproducen –procrear, en este caso, puede que sea un verbo
excesivo-, tienen hijos que encontrarán no pocos hermanos
desconocidos, van de aquí para allá deambulando con su instinto,
sin medir las consecuencias…
Acerca de si hay un Dios, si hay algo después de la muerte y qué
será, no piensan nada: simplemente, porque nunca oyeron hablar
de ello. No obstante, no pocos de estos hombres y mujeres saben
distinguir entre lo que está bien, lo que está mal y lo que está
muy mal.
Hoy leí el cuento La señora. Ella acababa de terminar el luto
por su marido muerto: seis años había vestido de negro por él,
cuando decide poner el punto final y vestirse de color. Ahora va
por la calle del pueblo, con cola de paja, acompañada… Copio:
Caía la tarde cuando empezaron a sentir la angustia del tiempo
sin destino.
Pasaron frente a la iglesia.
-
Vamos a entrar –ordenó la señora.
Fueron. Salieron casi enseguida.
-
A veces da vergüenza estar en la iglesia –dijo ella.
Pocas veces se han descrito con mayor precisión los sentimientos
colectivos de los uruguayos, después de la decisión del senado
de legalizar el crimen del aborto. Ultrajando la dignidad de la
persona humana, le han dado el toque final a la angustia que
padecen tantas y tantos de vivir sin destino. Nadie podrá
sorprenderse de que aumente entre nosotros la violencia, en las
formas más crudas: si la vida más indefensa ya no cuenta, vale
todo.
Por lo demás, aunque haya responsables a los que les importa un
pito Dios y entran en la iglesia sólo por compromisos sociales,
es de esperar que al menos sientan vergüenza de estar en ella.
ULTIMAS NOTICIAS aclara información errónea que involucra a la
CEU
El Diario “
El siguiente es el texto de la aclaración publicada por ULTIMAS
NOTICIAS:
ACLARACIÓN
En la página 3 de la edición de ayer, bajo el título "Iglesia
comparó a legisladores oficialistas con el rey Herodes",
Las afirmaciones fueron presentadas como parte del 130° boletín
de la CEU, cuando en realidad perte nece a una organización
religiosa denominada Population Research Institute (PRI) y fue
divulgado en internet el viernes 23 de diciembre. Durante la
sesión del Senado del martes 27, la senadora frenteamplista
Mónica Xavier, impulsora del proyecto de ley de interrupción
voluntaria del embarazo, mencionó el documento y responsabilizó
del "agravio" a la Iglesia Católica. Ello indujo a
En realidad, el "130° boletín" pertenece a la otra organización
y da cuenta de una carta enviada por los obispos uruguayos a la
Comisión de Salud del Senado de la República cuyo texto aparece
entrecomillado. El resto de las expresiones, que incluyen la
comparación de los senadores frenteamplistas con Herodes y
acusaciones de "engaño" y "desinformación", son responsabilidad
del Population Research Institute. Además, en la nota
publicada ayer se dijo que el documento estaba firmado por los
obispos de las nueve diócesis, cuando en realidad al final del
texto aparecen los nombres y correos electrónicos de los
religiosos precedidos del siguiente mensaje: "Es necesario que
ahora los apoyemos y los felicitemos por su valentía".
Solicitamos a los involucrados y a los lectores las disculpas
correspondientes.
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Información adicional de Noticeu:
la crónica a la que se hace referencia y que el medio de prensa
ya la eliminó de su archivo, es la siguiente:
Iglesia comparó a legisladores oficialistas con el rey Herodes
En el boletín,
firmado por los titulares de nueve diócesis, incluida la de
Montevideo, también se calificó al aborto como una “enfermedad”.
La Iglesia insistió en que el proyecto para la despenalización
no es iniciativa de ningún legislador sino que “proviene de
gente de países ricos que quieren que haya menos pobres”. Sin
embargo, culpó a los “abortistas” del Frente Amplio (FA) por su
votación.
Por último,
argumentó en que la “causa” de la “enfermedad” del aborto es su
legalización. “Debatir sin este dato es perder el tiempo
tontamente, es dar carta abierta a los manipuladores de
conciencias.
Todos sabemos
que para curar hay que atacar la causa y eso es justo lo que la
Conferencia Episcopal Uruguaya ha hecho”, concluyó.
El
Boletín 130 al que se alude está disponible en
http://www.lapop.org/index.php/boletines/393-boletin-130-conferencia-episcopal-uruguaya-reitera-que-organizaciones-internacionales-promueven-el-aborto
Comunicado de prensa
del Arzobispado de Montevideo
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© Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Uruguaya