|
FELIZ NOCHEBUENA
Augurios
del obispo a la comunidad diocesana
Que
el Niño Jesús haya nacido en la noche, según el texto evangélico,
tiene un significado esperanzador. Desde los inicios de la creación
oscuridad y luz son un binomio inseparable. Como el vaivén de
la vida humana, entre certezas e incógnitas.
Cuánto desearíamos que la luz de la Nochebuena trajera certezas a
los legisladores para que no duden en defender la vida humana desde
la concepción. La ciencia lo afirma. Salvo que sea en defensa
propia, matar es una violencia que no debería quedar impune. Asombra
que algunos integrantes de la comisión de salud del senado
argumenten a favor de “permitir”
matar vidas humanas hasta la semana duodécima. ¡Lógica absurda, que
lo que un día es lícito al día siguiente sea asesinato! ¿Acaso no
era vida humana 24 horas
antes?
Cuando se viola el primero de los derechos, nacer, los demás
palidecen. ¿Entenderá un niño que no debe matar a palos a un perro?
Comparado con una vida humana que se elimina fácilmente, verá esto
como un juego inocente! Además, un niño pequeño conoce
intuitivamente, después que su mamá le hace ver una ecografía, que
pronto se agrandará la familia.
Hay una
historia que se repite. Cuando el nacimiento de Jesús, rey, llegó a
oídos del macabro Herodes, que había asesinado, entre muchos, a su
esposa, a su madre, a su hijo mayor y a dos hijos de éste, ordenó
matar a todos los niños de dos años para abajo en Belén y
alrededores. Cuando prevalecen los totalitarismos ideológicos, la
vida humana vale poco o nada, la ciencia no sirve y las
declaraciones y convenciones de derechos son letra muerta.
La misma historia. No faltan lugares para divertirnos. Pero para una
madre embarazada los brazos de una sociedad envejecida se encogen.
Al niño más esperado en la historia del pueblo elegido no lo
reconocieron. Todos esperamos a Dios, al Mesías, pero ¡que avise el
día, la hora y el modo en que va a llegar! De
lo contrario, será ignorado y hasta perseguido y crucificado.
¡Qué extraño! El Dios de los cristianos, todopoderoso, se hace
pequeño, vulnerable y mendiga nuestro amor. No entra al mundo con la
parafernalia de un show televisivo sino en la noche oscura y con
olor de animales. Hay silencios que hablan y que no conviene tapar
con estruendosos ruidos, como los de algunos espectáculos deportivos
de donde se sale aturdido por las bombas.
Días de movimiento, despedidas, encuentros familiares y emociones.
Pero oportunidad para cada uno, de escuchar a quien pide un
lugar porque quiere nacer, mirar y escuchar, sonreír y llorar. Hoy
enseña con su vida, mañana lo hará también con su palabra y sus
milagros, mostrando que es el Hijo de Dios.
Extraño este mundo del revés: Dios no atropella; algunos imaginan
que puso en marcha el mundo y ahora descansa como un anciano de
barba blanca. A veces nos preguntamos por qué no interviene cuando
muere gente por hambrunas y guerras, cuando niños inocentes son
asesinados antes de nacer, cuando la violencia golpea a mujeres o
cuando en un matrimonio el amor se enfría y cada uno arranca para su
lado…
Días navideños en que aumenta la agitación y aparecen ausencias y
nostalgias y hasta nos brota una lágrima ante un pesebre, o revivido
por la magia ingenua de los niños, o al escuchar una melodía
navideña.
Tanta pureza en tanto barro. Tanta paz entre tantos conflictos.
Tanta verdad junto a tantas mentiras, las de cada uno en primer
lugar.
Jesús mendiga un lugar para nacer, en cada comunidad, en cada
familia. Muchos lo hemos percibido en los días del Adviento. Otros
quizás, al llevar la mano al corazón donde asoman rostros en el
espejo del alma. Quizás comprobemos su ausencia o lejanía y la
necesidad de hacerlos presentes, mediante el agradecimiento o el
perdón, como vivencia entrañable de tantas Nochebuenas felices.
Cada Navidad es una oportunidad en la vida personal y de cada
comunidad. ¡Feliz noche mala que se vuelve buena! Agarremos esa
mano, está desarmada, es de un niño; dejémonos mirar por ese mendigo
que se nos acerca. El cuenta conmigo para lavar la cara y el corazón
al mundo, que a veces funciona como máquina trituradora pero
necesita un abrazo de paz!
Feliz Nacimiento del rostro luminoso y la mano amistosa que invitan
a la alegría porque ha nacido el Salvador! ¡Y quiere que lo gritemos
al mundo!
Con mi bendición navideña,
+Pablo, obispo de Salto
|