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::: Especial: ADVIENTO :::

En su 44ª Carta Pastoral el Obispo aboga por una evangelización más decidida y convencida  CARTA PASTORAL NR. 44 A LA COMUNIDAD DIOCESANA DE MALDONADO Y ROCHA.  A LOS 25 AÑOS DE ESTAR ENTRE USTEDES... RENUEVO MI DISPONIBILIDAD A LO QUE EL SEÑOR QUIERA Y HASTA CUANDO QUIERA.
Primera Carta Pastoral del Obispo de Canelones - Mons. Alberto Sanguinetti Jesucristo nuestra esperanza Carta Pastoral de Adviento de Mons. Alberto Sanguinetti Montero, Obispo de Canelones, del 28 de noviembre de 2010
Mensaje de Adviento de Mons. Julio César Bonino
Subsidio para Adviento preparado por el Presidente del Departamento de LITURGIA, Mons. Orlando Romero

Mensaje de Navidad del Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay
Mons. Carlos María Collazzi 

 

Mensaje de Navidad de Mons. Carlos Collazzi
“Viene a traernos la paz”
Mensaje de Navidad del Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno
Saludo de Navidad del Obispo de San José, Mons. Arturo Fajardo - “Levántate y resplandece que llega tu Luz” Mensaje de Adviento de Mons. Julio Bonino
“Jesús nacido de María, nos compromete a trabajar por una vida digna para todos”
Carta del Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes con ocasión de la Navidad Mensaje de Navidad del Obispo de Florida, Mons. Martín Pérez Scremini
Saludo de Navidad del Obispo de Salto a la familia diocesana Mensaje de Navidad del Obispo de Canelones
Mons. Alberto Sanguinetti Montero
Carta Pastoral de Adviento de Mons. Rodolfo Wirz

CARTA PASTORAL NR. 44 A LA COMUNIDAD DIOCESANA DE MALDONADO Y ROCHA.  A LOS 25 AÑOS DE ESTAR ENTRE USTEDES... RENUEVO MI DISPONIBILIDAD A LO QUE EL SEÑOR QUIERA Y HASTA CUANDO QUIERA.

Mensaje de Navidad del Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant


 

COLUMNA | Navidad desde el corazón
Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti

 

Mons. Bodeant en Radio Monte Carlo habló sobre la Navidad

La Navidad tiene siempre una serie de grandes contrastes, dijo a radio Monte Carlo el secretario general de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Monseñor Heriberto Bodeant.

Dijo que más que todas las connotaciones, lo importante es que en esta fecha en el corazón de cada uno exista un rincón donde Jesús quiere nacer.

Bodeant señaló que también hay un mensaje para los que naufragan en el alcohol o se deprimen en estas fiestas…

 

 

 

Mensaje de Navidad de Mons. Carlos Collazzi
“Viene a traernos la paz”
  
Querida Familia Diocesana:

En las fiestas que se acercan fijamos una vez más nuestra mirada en el enorme misterio del amor de Dios. El Niño que ha nacido en Belén es el Dios-con-nosotros, es el Mesías, es el Salvador.
  
La celebración de la Navidad “nos pone frente al misterio de Dios que se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra. Esta palabra, que permanece para siempre, ha entrado en el tiempo. Dios ha pronunciado su palabra eterna de un modo humano; su Verbo “se hizo carne” (Jn 1,14). Ésta es la buena noticia. Éste es el anuncio que, a través de los siglos, llega hasta nosotros” (Benedicto XVI, V.D. 1)
  
La grandeza de Dios se ha hecho pequeñez; tan pequeño como para estar en un pesebre. Se hace niño para que la Palabra esté a nuestro alcance. Tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret.
  
Celebramos alegremente la primera venida del Señor y nos renovamos en la actitud de vigilancia esperando su gloriosa y definitiva venida al final de los tiempos.
  
Viene a traernos la Paz!!! Paz anunciada en su Nacimiento, predicada con sus palabras y gestos, y comunicada enseguida de su Resurrección. Paz que no se identifica con blandura ni conformismo, sino que es reconciliación y compromiso, unión con el Padre y caridad fraterna entre las personas, pueblos y naciones.
  
Para establecer su Reino de Paz, habrá que hacer frente, como Él, con decisión y valentía, al pecado, al egoísmo, a la dureza del corazón, a la injusticia. El que ha nacido en Belén nos trae la justicia del Reino, es decir: la santidad. Son felices quienes tienen hambre y sed de esa justicia y quienes son perseguidos por tratar de establecerla. Justicia que, además de exigirnos a cada uno vivir la voluntad de Dios, exige también trabajar para que se establezca en la sociedad. Justicia que junto a la verdad, la libertad y el amor serán los cimientos para la construcción de un mundo nuevo.
  
Concluimos un año muy especial para la Iglesia que está en Soriano y Colonia. El Año Jubilar llega a su término marcado por tantas celebraciones, acontecimientos, reflexiones…y nuestros encuentros en la tercera Visita Pastoral que he realizado a la Diócesis.
  
Doy gracias a Dios por lo que han sido esos encuentros. He tenido el regalo de “ver” como Dios va obrando en medio de su Pueblo, despertando la fe, la esperanza y la caridad en tantos corazones. He tenido la gracia de compartir con todas las comunidades y grupos, la Palabra de Dios, escuchar juntos qué nos dice Dios y qué nos pide. He tenido también la oportunidad en el trato directo de dejar mis recomendaciones pastorales a fin de que se viva más intensamente la vida cristiana y se despierte cada vez más la misión evangelizadora que el Señor nos confía a todos y cada uno de los bautizados.
  
Alabamos y agradecemos al Señor por el puesto que su Palabra hoy ocupa en las Comunidades, y a la vez por la invitación que nos hace al compromiso diario por la construcción del Reino. Es necesario crecer en nuestros esfuerzos por la educación en la fe para la madurez cristiana, para que todo lo que hacemos a diario quede impregnado por la Luz del Evangelio de Aquel que ha nacido en Belén y que es la Luz del mundo.
  
Comenzaremos el nuevo año, marcado por ser el Bicentenario del proceso de emancipación del Pueblo Oriental. Nos auguramos continuar construyendo la Patria en el respeto de todos y cada uno, en todas y cada etapa de la vida que nos encontremos, asumiendo la tarea que estamos llamados a desarrollar responsablemente.
  
A Todos de corazón muy FELIZ NAVIDAD y un 2011 pleno de Bendiciones.

 

+ Carlos María Collazzi
Obispo de Mercedes
  
Mercedes, 16 de diciembre de 2010

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Mensaje de Adviento de Mons. Julio Bonino
“Jesús nacido de María, nos compromete a trabajar por una vida digna para todos”
 
Queridos hermanos y hermanas:
  
Escribo esta Carta de Adviento teniendo muy presente todas las instancias que el Jubileo de la Diócesis nos permitió para Hacer Memoria, Pedir Perdón y Dar Gracias.
  
Cuando tenemos la oportunidad de juzgar el hoy de nuestra vida eclesial intuyendo a quienes, antes de nosotros y con nosotros, han cultivado las realidades presentes, podemos sentirnos más seguros de acertar en nuestro juicio.
  
El pasado domingo 28 de noviembre nos hicimos eco de la proclama del regalo de un nuevo Adviento, de empeñarnos en hacer lugar a la celebración de una nueva Navidad para con Jesús nacido en Belén, abrir un año que procuraremos vivir con su gracia.
  
Una nueva propuesta de Palabra de Dios se nos ofrece para que iluminemos en el camino de un nuevo Año Litúrgico el acontecer de nuestra vida. Nuestra madre Iglesia nos propone que en este año sea el Evangelista Mateo el que nos acompañe de domingo a domingo. Es un propósito de nuestra Pastoral Diocesana intentar que la Palabra de Dios sea el principal elemento de animación de todas las actividades que nos propongamos.
  
En el mensaje que los obispos elaboramos proyectándonos a un nuevo año decimos: “En 2011 celebramos en el Uruguay el Bicentenario del Inicio del Proceso de Emancipación. Los hombres y mujeres que participaron en el proceso de emancipación eran en su inmensa mayoría católicos. La visión que tenían acerca del hombre y su existencia, de los pueblos y los derechos, de la vida y de la muerte, estaban profundamente iluminados por la fe católica y su cultura, con diversos enfoques y diferentes aportes ideológicos. La Iglesia, tanto en sus fieles laicos como en sus sacerdotes, formó parte activa del proceso de forja de nuestro pueblo desde el principio de su constitución en el período colonial, durante la gesta emancipadora y a lo largo de los dos siglos siguientes. Hoy como ayer, la Iglesia con todos sus miembros participa activamente en la construcción de la patria”.
  
En esta Navidad que llega tenemos la oportunidad de renovar nuestro compromiso de recrear la Comunidad Cristiana, para que los valores de justicia y paz que nos trajo Jesús nacido en Belén impregne todos los ámbitos de nuestra vida eclesial y social.
  
Una vez más quiero repetirlo: “Si Dios visitó la tierra, si por nosotros murió, la vida de cada hombre, es de infinito valor”.

En el año del Bicentenario con Jesús nacido de María nos comprometemos a trabajar por una vida digna para todos,

 

Mons. Julio César Bonino
Obispo de Tacuarembó - Rivera

 

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Saludo de Navidad del Obispo de San José, Mons. Arturo Fajardo
 
“Levántate y resplandece que llega tu Luz”
 
Queridos hermanos:

Reciban mi saludo con motivo de la Navidad. Estos son días de fiesta, de alegría, gozo y esperanza, más allá de aquellas pruebas y dificultades que todos experimentamos.
 
En la noche de la humanidad, en medio de la dura realidad que sigue siendo injusta, donde la vida no es siempre respetada, donde la creación sufre la consecuencia de la depredación; brilla la Luz de Jesús, es la Luz que ilumina todas las oscuridades, es la Luz que da sentido a nuestra vida.
 
Ser cristianos es encontrarse con Jesús, el Señor, que es la Luz del mundo, el camino, la verdad y la vida. Debemos alegrarnos pues, con la certeza de que el Señor viene a salvarnos, comuniquemos esa alegría tratando de vivir el sentido de la Navidad más allá de la fiebre de consumo.
 
“La Palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el Evangelio que les anunciamos”. Esta frase de la Primera carta de San Pedro, que retoma las palabras del profeta Isaías, nos pone frente al misterio de Dios que se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra. Esta palabra, que permanece para siempre, ha entrado en el tiempo. Dios ha pronunciado su palabra eterna de un modo humano; su Verbo “se hizo carne”. Ésta es la buena noticia. Éste es el anuncio que, a través de los siglos, llega hasta nosotros.” (Verbum Domini, 1)
 
Que no nos cansemos de ser testigos de esta Buena Noticia.
 
Que llegue mi saludo a todos, de modo especial a los enfermos, a los que sufren, a los que han perdido algún ser querido, a los que están sin trabajo, a los que están solos y viven momentos de dificultad.
 
Con mi saludo y mi bendición,
 
+Arturo
 

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Mensaje de Navidad del Obispo de Florida, Mons. Martín Pérez Scremini

“Un acontecimiento que nos cambió la vida: Dios en medio de nosotros”

Como todos los años estamos en un momento de intenso movimiento, exterior e interior. Despedidas, cierre de actividades, compras…el año que se nos va… cosas que nos gustaría se hubieran resuelto y quedan pendientes como desafío o preocupación…

Todo eso nos “atropella” y atenta contra la manera como nos gustaría vivir este tiempo. Y aunque nos proponemos vivirlo distinto, pasan los años y poco podemos cambiar. Y terminamos aceptando que el fin de año es así.

Pero ese “poco” puede ser más importante de lo que pensamos y hacer la diferencia. Hay cosas que dependen de nosotros: para lo importante siempre hacemos un espacio.
Y lo importante de este tiempo no lo podemos dejar pasar. De eso depende la calidad con que vivamos en medio de este ruido.

¿Qué es lo importante? Un acontecimiento que nos cambió la vida: Dios en medio de nosotros. En su Hijo, Jesús. Desde El nos entendemos, con El la fuerza para vivir con esperanza.

Recordar y agradecer cada año su venida, renovar y preparar el corazón para su constante llegada, no debe ser ensombrecido por nuestras nostalgias y preocupaciones de fin de año. Hay cosas que se acaban… otras, permanecen para siempre… Optemos por éstas.

Recordar, celebrar, van siempre de la mano con un compromiso: vivir de acuerdo
con lo que recordamos y celebramos, junto a Aquel que es luz para nuestro camino,
en sintonía con su mismo proyecto.

Abrirnos al diálogo con esa Palabra de vida, invitar a todos a ponerse bajo su luz, será siempre nuestra tarea y desafío.

Que este tiempo de Navidad nos devuelva la paz interior, un sentido agradecimiento y la alegría de sentirnos amados inmensamente.


+ Martín
 

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Carta del Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes con ocasión de la Navidad

Muy queridos hermanos de la diócesis de Minas:

Quiero desearles a todos una Muy Feliz Navidad. Me gustaría que este deseo, que repetiremos muchas veces durante los próximos días, resonara en el corazón de cada uno dejándole como regalo una alegría nueva y duradera.

¿Se han fijado cómo expresan las madres, sobre todo, la alegría que sienten cuando nace un niño? Siempre dicen lo mismo: “¡es divino!”. Y tienen razón: un niño que viene al mundo trae consigo la imagen de Dios y es un misterio, que provoca un gran asombro y una enorme alegría, expresadas de esa forma tan cierta.

Cuando nació Jesús, su Madre, la Santísima Virgen, y San José, su esposo, con toda seguridad también dijeron: “¡es Divino!”. Esa exclamación tuvo entonces, tiene hoy y tendrá siempre un sentido lleno de real misterio y verdad: porque ese Niño que nació en una gruta de Belén es el mismo Dios que creó el cielo y la tierra, el único Dios verdadero. ¿Cómo no desearnos, entonces, Feliz Navidad, Feliz Nacimiento?

Lo haremos con mayor razón si comprendemos bien por qué Dios se hizo uno de nosotros. En el Catecismo de la Iglesia Católica –aprovecho para recomendarles vivamente que de a poco lo lean, porque así podemos profundizar en el contenido de nuestra fe- se encuentran cuatro motivos por los cuales Dios se encarnó: el primero, como explica san Juan, es éste: “el Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo” (1 Jn 4, 14). A su vez, Dios se hizo hombre como nosotros, sin dejar de ser Dios, para que conociéramos definitivamente el amor que nos tiene. Es el mismo apóstol quien dice: “tanto amó Dios al mundo, que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).

Por dos motivos más Dios se hace un Niño: para ser nuestro modelo de santidad – “¡escúchenlo!”, dirá Dios Padre (Mc 9, 7); “hagan todo lo que Él les diga”, nos insistirá la Virgen (Jn 2, 5)- y para hacernos participar de la naturaleza divina: porque Jesús vino al mundo y dio su vida por nosotros, somos ¡hijos de Dios! Si meditamos en estas verdades, seguramente podremos desearnos de corazón una Muy Feliz Navidad.

Meditar en el nacimiento de Jesús es una preciosa tarea en la que intervienen la imaginación, la inteligencia y la voluntad de quien intenta revivir en lo más íntimo de su alma lo que ocurrió hace más de dos mil años. Para esto hace falta leer despacio el relato del Evangelio y, empezando por el relato de su nacimiento, seguir contemplando la vida entera de Jesús. En esta, mi primera Navidad minuana, quisiera animarlos a hacer cada día este ejercicio: leer y meditar unos minutos la vida de Jesús. Si somos perseverantes, no duden que llegaremos a experimentar y a hacer nuestro lo que san Pablo escribió emocionado: Él “me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20).

Mientras una madre espera la llegada de su hijo, la atención de sus parientes y amigos está centrada en ella. Una vez que da a luz, el interés se traslada a la criatura que acaba de venir al mundo. Esto le sucedió también a María, aunque en el momento del nacimiento de Jesús estuvo sola. Cuando el ángel les da la noticia a los pastores, habla solamente del niño: “Vengo a anunciarles una gran alegría, que será para todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre” (Mt 2, 10-12). La Virgen es el centro del Adviento. Cuando llega la Navidad, Ella es la primera que, mirando a Jesús, exclama: “¡es Divino!”, y nos anima a contemplarlo y a adorarlo: ojalá se mantenga en todos los hogares la costumbre de hacer el pesebre, que nos ayuda mucho a revivir el insondable misterio de amor que es el nacimiento de Dios hecho Niño.

Es por este camino de la meditación y contemplación de la vida de Nuestro Señor como podemos, con la ayuda de la gracia de Dios, aspirar a “tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” (Fil 2, 5): la comprensión con todos, la entrega a todos, el olvido de sí, la alegría, el empuje apostólico, la valentía…y estaremos en condiciones de ayudar a purificar nuestro ambiente con “el buen olor de Cristo” (2 Cor 2, 15).

Les confieso que me siento abrumado por tantas demostraciones de afecto con que me han recibido en la diócesis y por las oraciones -¡siento sus efectos!- que han elevado a Dios por mí: ¡muchas gracias!


+ Jaime Fuentes

Minas, Navidad 2010
 

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Mensaje de Navidad del Obispo de Canelones

Mons. Alberto Sanguinetti Montero

 

A los hermanos en  Cristo

A  todos los habitantes de Canelones.

 

Gracia y paz en esta Navidad.

 

En  medio  de la oscuridad de la noche, en el mundo entero  brilla la luz que nace de lo alto: Jesús Niño en el portal de Belén. Él es la luz verdadera que, viniendo a este mundo, nos ilumina a todos y nos invita a dejarnos  alumbrar por  su gracia y verdad, su bondad y belleza.
 

A cada cristiano lo exhorto a que, fiel a la gracia de su bautismo, reconozca su dignidad de hijo de Dios, y se abra al don que nos ofrece Jesús. Acojamos su perdón, procuremos llevar una vida  sobria, honrada y religiosa, amémonos los unos a los otros y queramos conocer y querer más al Señor que se nos ha manifestado.

 

A todo hombre y toda mujer, niño, adolescente y joven,  adulto y mayor, le deseo que escuche el llamado a la humildad, a la reconciliación con Dios y con los demás. Que en las personas y las familias, en los campos y las ciudades, que en las instituciones privadas y públicas, en todos haya un cambio. Que nadie se sienta ajeno a la luz que lo invita a ser más veraz, más bueno, más honesto y más generoso.

 

La Navidad nos invita a confiar en la verdad de la existencia humana. En primer lugar a creer que, con la ayuda de Dios, es posible vivir el orden moral y que es valioso cumplir con las obligaciones éticas en la vida personal y colectiva. Es una invitación a apreciar nuestra vida por lo que realmente vale.

 

En el tiempo en que vivimos la Navidad ilumina especialmente la verdad sobre la familia,  fundada sobre el matrimonio como alianza indisoluble de varón y mujer. Escuchamos un llamado a fortalecer la familia, con las medidas sociales, con los apoyos que sostengan el matrimonio, con el  estímulo a los esfuerzos morales que hacen posible la vida familiar.

 

Al mismo tiempo el Niño recién nacido proclama el carácter sagrado de la vida humana, desde su concepción hasta la muerte, por ser creados por Dios, hermanos en Jesús, y llamados a la vida eterna. Este derecho a la vida es la fuente de todos los derechos.

 

El regalo de la Navidad es también una invitación a comunicar la vida humana. La primera generosidad es colaborar con Dios en la procreación y educación de más invitados al banquete de la vida. Es necesario un cambio cultural que ponga como  valor social la familia numerosa.

 

Desde el pesebre de Belén, el Hijo de Dios hecho hombre, dignifica toda condición humana. Él trae consuelo  y fuerza a los que sufren, al tiempo que muestra su predilección por los pobres, los enfermos, los  abandonados.

 

Que a cada uno llegue un rayo de luz desde el Niño recostado en el pesebre y así tengamos una verdadera feliz Navidad

 

 

+Alberto Sanguinetti Montero

Obispo de Canelones  

 

Canelones, Navidad de 2010.

 

 

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Saludo de Navidad del Obispo de Salto a la familia diocesana

En Navidad revivimos el nacimiento de Jesús, Hijo de Dios y Salvador, que al entrar visiblemente en este mundo introduce una secreta atracción en cada habitante de este planeta. Junto al Año Nuevo ofrece momentos propicios para reuniones familiares, reencuentros, balances y augurios.

1. Una pregunta que podemos hacernos es la siguiente: ¿qué frutos, plantados y cosechados en el año que termina podemos regalar al Niño Dios, que se nos regala de modo tan asombroso?

Parece una pregunta infantil pero no está de más hacer un repaso sincero del año 2010, para rescatar algunos hechos más significativos, logros y metas cumplidas, pérdidas que nos llegaron de sorpresa o que elegimos, tensiones sufridas y cómo las hemos encarado. Se trata de una mirada personal que, naturalmente, se alarga a los ambientes donde cada uno se mueve: familia, vecindario, trabajo, organizaciones solidarias, ciudad y comunidad cristiana de referencia, sin olvidar a los que no pertenecen a ningún grupo, los excluidos, que comen de lo que sobra de nuestras mesas.

2. Ante el pesebre, es muy saludable dejar que brote un gracias grande desde lo más profundo del alma, no importa si está sucia o con deudas de diverso tipo. Pensemos qué sería de  nuestra vida sin ese Amor de Dios Padre que se hizo humilde, visible y pobre para que nadie se sienta aplastado por un oscuro pasado o perplejo ante los enigmas del futuro.

En ese pesebre hay que entrar sin pretensiones ni títulos, sin orgullos que cierran las manos y el corazón, impidiendo recibir ese regalo tan necesario para una vida digna y un crecimiento sustentable. Lo más aconsejable sería encontrar un lugar en la cola de los pobres pastores.

3. Termina un año con problemas de convivencia de distinta gravedad: en el hogar, en las calles, entre vecinos, en las empresas. Un año donde muchas veces han prevalecido los intereses de grupo, impidiendo atacar de lleno las causas de los problemas, como por ejemplo el abandono de los estudios por parte de adolescentes y jóvenes o la desestructuración de la familia, o la defensa del derecho a nacer o el modelo de joven que hoy se perfila con su inseparable celular y computadora que lo abre a una red sin límites ni fronteras.

4. “En sus bracitos lleva una cruz”, dice una canción. Lleva la mía y de mi familia, la de los problemas no resueltos, de las rupturas que he provocado y de la cobardía para perdonar y recibir perdón. Son las páginas dolorosas que a diario escribe la vida social o las memorias recientes de nuestra sociedad o los pecados   de la propia iglesia, que esperan un amor más fuerte, al que no le asuste la cara y el alma sucia. Allí está la puerta de la misericordia, la de un amor que no te va a pedir que primero tramites el certificado de buena conducta para poder entrar al pesebre. A ese espacio se entra con el alma que sangra y se sale con una estrella en el corazón para sembrar esperanzas y ver huellas en la noche.

Que la  Paz del Señor Jesús, que alumbró la oscuridad de Belén, llegue, con ayuda de las manos de María, a la comunidad diocesana, a las iglesias hermanas y a los hogares uruguayos.

+Pablo Galimberti, obispo de Salto.

Navidad 2010 

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Mensaje de Navidad del Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant

 

“El nacimiento de Jesús es el mensaje de amor del Padre”
 

Queridas hermanas, queridos hermanos:


Llega a su fin este tiempo de Adviento que nos ha ayudado a prepararnos a la Navidad. Para ello, la Palabra de Dios nos fue proponiendo distintas actitudes.

“Estén prevenidos, estén preparados” nos decía el mismo Jesús en el primer domingo de Adviento, recomendándonos estar atentos y vigilantes para esperar su llegada. Efectivamente, Él se nos fue manifestando en estos días “en cada persona y en cada acontecimiento” en los que, con los ojos de la fe, pudimos descubrir su presencia.

Habiéndolo encontrado de esa forma, pudimos atender mejor al llamado que Juan el Bautista hizo el segundo domingo: “Conviértanse”. Movidos por esa palabra fuerte, buscamos darle a nuestra vida un giro que nos pusiera en dirección al Señor y al hermano, procurando dejar atrás nuestros egoísmos, injusticias y maldades.

Así, en el tercer domingo pudimos sentir que la palabra de Isaías: “regocíjense” era para nosotros. ¿Cómo no alegrarnos si hemos descubierto a Jesús viniendo hacia nosotros y hemos puesto nuestra vida hacia Él?

José, esposo de la Madre del Salvador, nos mostró en este cuarto domingo una nueva actitud: comprometernos decididamente al servicio del proyecto salvador del Padre Dios, que va a cumplirse por medio del Niño que espera María.

Y ahora, nos disponemos a celebrar la Navidad… a celebrar que, naciendo como un niño, Dios ha entrado en nuestra historia, ha acampado entre nosotros, se ha hecho verdaderamente hombre, sin dejar de ser Dios.

El nacimiento de Jesús es el mensaje de amor del Padre. Más aún, ese Niño mismo es el mensaje, la palabra viviente de amor que nos envía el Padre Dios. Toda la vida de Jesús, desde su concepción en el seno de María y su nacimiento en Belén, hasta su pasión, muerte y resurrección, es una sola Palabra por la que Dios nos dice a todos su Amor.

¡Felices nosotros, si no pasamos de largo, indiferentes!

¡Felices nosotros, si abrimos nuestro corazón a ese mensaje!

¡Felices nosotros, si la celebración del nacimiento de Jesús cambia nuestra vida, llenándola de amor, de sentido, de alegría, de ganas de hacer algo bueno por los hermanos!

Los bendice de corazón,

 

+ Heriberto

 

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Mensaje de Navidad del Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno
 

 

 

 

 

CELEBRACIONES LITÚRGICAS NAVIDEÑAS DEL PAPA EN INTERNET E IPHONE

Con motivo de las fiestas navideñas, los sitios Internet de Radio Vaticana www.radiovaticana.org del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales www.pccs.va y el sitio www.pope2you.net , en estrecha colaboración con el Centro Televisivo Vaticano (CTV) y gracias al acuerdo con Telecom Italia ofrecerán a los usuarios de Internet un nuevo servicio: la posibilidad de seguir en directo las celebraciones litúrgicas presididas por el Santo Padre en esas fechas.

Las celebraciones presididas por Benedicto XVI: la Santa Misa del Gallo -viernes 24 de diciembre, a partir de las 22,00; el Mensaje de Navidad con la bendición "Urbi et Orbi", del 25 de diciembre a las 12,00 y la Santa Misa por la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero, serán transmitidas en directo audio/vídeo en Internet en seis idiomas: italiano, francés, inglés, alemán, español y portugués. La Misa del Gallo se transmitirá también en chino y la celebración del 1 de enero en árabe. Además habrá un canal de audio sin comentarios, solamente con las imágenes en directo.

El servicio es posible gracias la plataforma tecnológica Content Delivery Network de Telecom Italia, que permite la distribución rápida y eficaz de los contenidos multimedia a través de la web y del iPhone en todos los países del mundo.

Actividad del Papa Benedicto XVI en Navidad

 MENSAJE DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI PARA LA CELEBRACIÓN DE LA XLIV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ (1 DE ENERO DE 2011) "LA LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO PARA LA PAZ
"

 
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