Mons. Bodeant en Radio Monte Carlo habló sobre la Navidad
La Navidad tiene siempre una serie de grandes contrastes, dijo a
radio Monte Carlo el secretario general de la Conferencia Episcopal
Uruguaya, Monseñor Heriberto Bodeant.
Dijo que más que todas las connotaciones, lo importante es que en
esta fecha en el corazón de cada uno exista un rincón donde Jesús
quiere nacer.
Bodeant señaló que también hay un mensaje para los que naufragan en
el alcohol o se deprimen en estas fiestas…
En
las fiestas que se acercan fijamos una vez más nuestra mirada en el
enorme misterio del amor de Dios. El Niño que ha nacido en Belén es
el Dios-con-nosotros, es el Mesías, es el Salvador.
La celebración de la Navidad “nos pone frente al misterio de Dios
que se comunica a sí mismo mediante el don de su palabra. Esta
palabra, que permanece para siempre, ha entrado en el tiempo. Dios
ha pronunciado su palabra eterna de un modo humano; su Verbo “se
hizo carne” (Jn 1,14). Ésta es la buena noticia. Éste es el anuncio
que, a través de los siglos, llega hasta nosotros” (Benedicto XVI,
V.D. 1)
La grandeza de Dios se ha hecho pequeñez; tan pequeño como para
estar en un pesebre. Se hace niño para que la Palabra esté a nuestro
alcance. Tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret.
Celebramos alegremente la primera venida del Señor y nos renovamos
en la actitud de vigilancia esperando su gloriosa y definitiva
venida al final de los tiempos.
Viene a traernos la Paz!!! Paz anunciada en su Nacimiento, predicada
con sus palabras y gestos, y comunicada enseguida de su
Resurrección. Paz que no se identifica con blandura ni conformismo,
sino que es reconciliación y compromiso, unión con el Padre y
caridad fraterna entre las personas, pueblos y naciones.
Para establecer su Reino de Paz, habrá que hacer frente, como Él,
con decisión y valentía, al pecado, al egoísmo, a la dureza del
corazón, a la injusticia. El que ha nacido en Belén nos trae la
justicia del Reino, es decir: la santidad. Son felices quienes
tienen hambre y sed de esa justicia y quienes son perseguidos por
tratar de establecerla. Justicia que, además de exigirnos a cada uno
vivir la voluntad de Dios, exige también trabajar para que se
establezca en la sociedad. Justicia que junto a la verdad, la
libertad y el amor serán los cimientos para la construcción de un
mundo nuevo.
Concluimos un año muy especial para la Iglesia que está en Soriano y
Colonia. El Año Jubilar llega a su término marcado por tantas
celebraciones, acontecimientos, reflexiones…y nuestros encuentros en
la tercera Visita Pastoral que he realizado a la Diócesis.
Doy gracias a Dios por lo que han sido esos encuentros. He tenido el
regalo de “ver” como Dios va obrando en medio de su Pueblo,
despertando la fe, la esperanza y la caridad en tantos corazones. He
tenido la gracia de compartir con todas las comunidades y grupos, la
Palabra de Dios, escuchar juntos qué nos dice Dios y qué nos pide.
He tenido también la oportunidad en el trato directo de dejar mis
recomendaciones pastorales a fin de que se viva más intensamente la
vida cristiana y se despierte cada vez más la misión evangelizadora
que el Señor nos confía a todos y cada uno de los bautizados.
Alabamos y agradecemos al Señor por el puesto que su Palabra hoy
ocupa en las Comunidades, y a la vez por la invitación que nos hace
al compromiso diario por la construcción del Reino. Es necesario
crecer en nuestros esfuerzos por la educación en la fe para la
madurez cristiana, para que todo lo que hacemos a diario quede
impregnado por la Luz del Evangelio de Aquel que ha nacido en Belén
y que es la Luz del mundo.
Comenzaremos el nuevo año, marcado por ser el Bicentenario del
proceso de emancipación del Pueblo Oriental. Nos auguramos continuar
construyendo la Patria en el respeto de todos y cada uno, en todas y
cada etapa de la vida que nos encontremos, asumiendo la tarea que
estamos llamados a desarrollar responsablemente.
A Todos de corazón muy FELIZ NAVIDAD y un 2011 pleno de Bendiciones.
Escribo
esta Carta de Adviento teniendo muy presente todas las instancias
que el Jubileo de la Diócesis nos permitió para Hacer Memoria, Pedir
Perdón y Dar Gracias.
Cuando tenemos la oportunidad de juzgar el hoy de nuestra vida
eclesial intuyendo a quienes, antes de nosotros y con nosotros, han
cultivado las realidades presentes, podemos sentirnos más seguros de
acertar en nuestro juicio.
El pasado domingo 28 de noviembre nos hicimos eco de la proclama del
regalo de un nuevo Adviento, de empeñarnos en hacer lugar a la
celebración de una nueva Navidad para con Jesús nacido en Belén,
abrir un año que procuraremos vivir con su gracia.
Una nueva propuesta de Palabra de Dios se nos ofrece para que
iluminemos en el camino de un nuevo Año Litúrgico el acontecer de
nuestra vida. Nuestra madre Iglesia nos propone que en este año sea
el Evangelista Mateo el que nos acompañe de domingo a domingo. Es un
propósito de nuestra Pastoral Diocesana intentar que la Palabra de
Dios sea el principal elemento de animación de todas las actividades
que nos propongamos.
En el mensaje que los obispos elaboramos proyectándonos a un nuevo
año decimos: “En 2011 celebramos en el Uruguay el Bicentenario del
Inicio del Proceso de Emancipación. Los hombres y mujeres que
participaron en el proceso de emancipación eran en su inmensa
mayoría católicos. La visión que tenían acerca del hombre y su
existencia, de los pueblos y los derechos, de la vida y de la
muerte, estaban profundamente iluminados por la fe católica y su
cultura, con diversos enfoques y diferentes aportes ideológicos. La
Iglesia, tanto en sus fieles laicos como en sus sacerdotes, formó
parte activa del proceso de forja de nuestro pueblo desde el
principio de su constitución en el período colonial, durante la
gesta emancipadora y a lo largo de los dos siglos siguientes. Hoy
como ayer, la Iglesia con todos sus miembros participa activamente
en la construcción de la patria”.
En esta Navidad que llega tenemos la oportunidad de renovar nuestro
compromiso de recrear la Comunidad Cristiana, para que los valores
de justicia y paz que nos trajo Jesús nacido en Belén impregne todos
los ámbitos de nuestra vida eclesial y social.
Una vez más quiero repetirlo: “Si Dios visitó la tierra, si por
nosotros murió, la vida de cada hombre, es de infinito valor”.
En el año del
Bicentenario con Jesús nacido de María nos comprometemos a trabajar
por una vida digna para todos,
Mons. Julio
César Bonino Obispo de Tacuarembó - Rivera
Reciban
mi saludo con motivo de la Navidad. Estos son días de fiesta, de
alegría, gozo y esperanza, más allá de aquellas pruebas y
dificultades que todos experimentamos.
En la noche de la humanidad, en medio de la dura realidad que sigue
siendo injusta, donde la vida no es siempre respetada, donde la
creación sufre la consecuencia de la depredación; brilla la Luz de
Jesús, es la Luz que ilumina todas las oscuridades, es la Luz que da
sentido a nuestra vida.
Ser cristianos es encontrarse con Jesús, el Señor, que es la Luz del
mundo, el camino, la verdad y la vida. Debemos alegrarnos pues, con
la certeza de que el Señor viene a salvarnos, comuniquemos esa
alegría tratando de vivir el sentido de la Navidad más allá de la
fiebre de consumo.
“La Palabra del Señor permanece para siempre. Y esa palabra es el
Evangelio que les anunciamos”. Esta frase de la Primera carta de San
Pedro, que retoma las palabras del profeta Isaías, nos pone frente
al misterio de Dios que se comunica a sí mismo mediante el don de su
palabra. Esta palabra, que permanece para siempre, ha entrado en el
tiempo. Dios ha pronunciado su palabra eterna de un modo humano; su
Verbo “se hizo carne”. Ésta es la buena noticia. Éste es el anuncio
que, a través de los siglos, llega hasta nosotros.” (Verbum
Domini, 1)
Que no nos cansemos de ser testigos de esta Buena Noticia.
Que llegue mi saludo a todos, de modo especial a los enfermos, a los
que sufren, a los que han perdido algún ser querido, a los que están
sin trabajo, a los que están solos y viven momentos de dificultad.
“Un acontecimiento que nos cambió la
vida: Dios en medio de nosotros”
Como
todos los años estamos en un momento de intenso movimiento, exterior
e interior. Despedidas, cierre de actividades, compras…el año que se
nos va… cosas que nos gustaría se hubieran resuelto y quedan
pendientes como desafío o preocupación…
Todo eso nos “atropella” y atenta contra la manera como nos gustaría
vivir este tiempo. Y aunque nos proponemos vivirlo distinto, pasan
los años y poco podemos cambiar. Y terminamos aceptando que el fin
de año es así.
Pero ese “poco” puede ser más importante de lo que pensamos y hacer
la diferencia. Hay cosas que dependen de nosotros: para lo
importante siempre hacemos un espacio.
Y lo importante de este tiempo no lo podemos dejar pasar. De eso
depende la calidad con que vivamos en medio de este ruido.
¿Qué es lo importante? Un acontecimiento que nos cambió la vida:
Dios en medio de nosotros. En su Hijo, Jesús. Desde El nos
entendemos, con El la fuerza para vivir con esperanza.
Recordar y agradecer cada año su venida, renovar y preparar el
corazón para su constante llegada, no debe ser ensombrecido por
nuestras nostalgias y preocupaciones de fin de año. Hay cosas que se
acaban… otras, permanecen para siempre… Optemos por éstas.
Recordar, celebrar, van siempre de la mano con un compromiso: vivir
de acuerdo
con lo que recordamos y celebramos, junto a Aquel que es luz para
nuestro camino,
en sintonía con su mismo proyecto.
Abrirnos al diálogo con esa Palabra de vida, invitar a todos a
ponerse bajo su luz, será siempre nuestra tarea y desafío.
Que este tiempo de Navidad nos devuelva la paz interior, un sentido
agradecimiento y la alegría de sentirnos amados inmensamente.
Quiero desearles a todos una Muy Feliz
Navidad. Me gustaría que este deseo, que repetiremos muchas veces
durante los próximos días, resonara en el corazón de cada uno
dejándole como regalo una alegría nueva y duradera.
¿Se han fijado cómo expresan las madres, sobre todo, la alegría que
sienten cuando nace un niño? Siempre dicen lo mismo: “¡es divino!”.
Y tienen razón: un niño que viene al mundo trae consigo la imagen de
Dios y es un misterio, que provoca un gran asombro y una enorme
alegría, expresadas de esa forma tan cierta.
Cuando nació Jesús, su Madre, la Santísima Virgen, y San José, su
esposo, con toda seguridad también dijeron: “¡es Divino!”. Esa
exclamación tuvo entonces, tiene hoy y tendrá siempre un sentido
lleno de real misterio y verdad: porque ese Niño que nació en una
gruta de Belén es el mismo Dios que creó el cielo y la tierra, el
único Dios verdadero. ¿Cómo no desearnos, entonces, Feliz Navidad,
Feliz Nacimiento?
Lo haremos con mayor razón si comprendemos bien por qué Dios se hizo
uno de nosotros. En el Catecismo de la Iglesia Católica –aprovecho
para recomendarles vivamente que de a poco lo lean, porque así
podemos profundizar en el contenido de nuestra fe- se encuentran
cuatro motivos por los cuales Dios se encarnó: el primero, como
explica san Juan, es éste: “el Padre envió a su Hijo para ser
salvador del mundo” (1 Jn 4, 14). A su vez, Dios se hizo hombre como
nosotros, sin dejar de ser Dios, para que conociéramos
definitivamente el amor que nos tiene. Es el mismo apóstol quien
dice: “tanto amó Dios al mundo, que dio a su único Hijo, para que
todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn
3, 16).
Por dos motivos más Dios se hace un Niño: para ser nuestro modelo de
santidad – “¡escúchenlo!”, dirá Dios Padre (Mc 9, 7); “hagan todo lo
que Él les diga”, nos insistirá la Virgen (Jn 2, 5)- y para hacernos
participar de la naturaleza divina: porque Jesús vino al mundo y dio
su vida por nosotros, somos ¡hijos de Dios! Si meditamos en estas
verdades, seguramente podremos desearnos de corazón una Muy Feliz
Navidad.
Meditar en el nacimiento de Jesús es una preciosa tarea en la que
intervienen la imaginación, la inteligencia y la voluntad de quien
intenta revivir en lo más íntimo de su alma lo que ocurrió hace más
de dos mil años. Para esto hace falta leer despacio el relato del
Evangelio y, empezando por el relato de su nacimiento, seguir
contemplando la vida entera de Jesús. En esta, mi primera Navidad
minuana, quisiera animarlos a hacer cada día este ejercicio: leer y
meditar unos minutos la vida de Jesús. Si somos perseverantes, no
duden que llegaremos a experimentar y a hacer nuestro lo que san
Pablo escribió emocionado: Él “me amó y se entregó por mí” (Gal 2,
20).
Mientras una madre espera la llegada de su hijo, la atención de sus
parientes y amigos está centrada en ella. Una vez que da a luz, el
interés se traslada a la criatura que acaba de venir al mundo. Esto
le sucedió también a María, aunque en el momento del nacimiento de
Jesús estuvo sola. Cuando el ángel les da la noticia a los pastores,
habla solamente del niño: “Vengo a anunciarles una gran alegría, que
será para todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David,
el Salvador, que es el Cristo, el Señor. Y esto les servirá de
señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y reclinado en un
pesebre” (Mt 2, 10-12). La Virgen es el centro del Adviento. Cuando
llega la Navidad, Ella es la primera que, mirando a Jesús, exclama:
“¡es Divino!”, y nos anima a contemplarlo y a adorarlo: ojalá se
mantenga en todos los hogares la costumbre de hacer el pesebre, que
nos ayuda mucho a revivir el insondable misterio de amor que es el
nacimiento de Dios hecho Niño.
Es por este camino de la meditación y contemplación de la vida de
Nuestro Señor como podemos, con la ayuda de la gracia de Dios,
aspirar a “tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” (Fil
2, 5): la comprensión con todos, la entrega a todos, el olvido de
sí, la alegría, el empuje apostólico, la valentía…y estaremos en
condiciones de ayudar a purificar nuestro ambiente con “el buen olor
de Cristo” (2 Cor 2, 15).
Les confieso que me siento abrumado por tantas demostraciones de
afecto con que me han recibido en la diócesis y por las oraciones
-¡siento sus efectos!- que han elevado a Dios por mí: ¡muchas
gracias!
En
medio de la oscuridad de la noche, en el mundo entero brilla la
luz que nace de lo alto: Jesús Niño en el portal de Belén. Él es la
luz verdadera que, viniendo a este mundo, nos ilumina a todos y nos
invita a dejarnos alumbrar por su gracia y verdad, su bondad y
belleza.
A cada cristiano lo exhorto
a que, fiel a la gracia de su bautismo, reconozca su dignidad de
hijo de Dios, y se abra al don que nos ofrece Jesús. Acojamos su
perdón, procuremos llevar una vida sobria, honrada y religiosa,
amémonos los unos a los otros y queramos conocer y querer más al
Señor que se nos ha manifestado.
A todo hombre y toda mujer,
niño, adolescente y joven, adulto y mayor, le deseo que escuche el
llamado a la humildad, a la reconciliación con Dios y con los demás.
Que en las personas y las familias, en los campos y las ciudades,
que en las instituciones privadas y públicas, en todos haya un
cambio. Que nadie se sienta ajeno a la luz que lo invita a ser más
veraz, más bueno, más honesto y más generoso.
La Navidad nos invita a
confiar en la verdad de la existencia humana. En primer lugar a
creer que, con la ayuda de Dios, es posible vivir el orden moral y
que es valioso cumplir con las obligaciones éticas en la vida
personal y colectiva. Es una invitación a apreciar nuestra vida por
lo que realmente vale.
En el tiempo en que vivimos
la Navidad ilumina especialmente la verdad sobre la familia,
fundada sobre el matrimonio como alianza indisoluble de varón y
mujer. Escuchamos un llamado a fortalecer la familia, con las
medidas sociales, con los apoyos que sostengan el matrimonio, con
el estímulo a los esfuerzos morales que hacen posible la vida
familiar.
Al mismo tiempo el Niño
recién nacido proclama el carácter sagrado de la vida humana, desde
su concepción hasta la muerte, por ser creados por Dios, hermanos en
Jesús, y llamados a la vida eterna. Este derecho a la vida es la
fuente de todos los derechos.
El regalo de la Navidad es
también una invitación a comunicar la vida humana. La primera
generosidad es colaborar con Dios en la procreación y educación de
más invitados al banquete de la vida. Es necesario un cambio
cultural que ponga como valor social la familia numerosa.
Desde el pesebre de Belén,
el Hijo de Dios hecho hombre, dignifica toda condición humana. Él
trae consuelo y fuerza a los que sufren, al tiempo que muestra su
predilección por los pobres, los enfermos, los abandonados.
Que a cada uno llegue un
rayo de luz desde el Niño recostado en el pesebre y así tengamos una
verdadera feliz Navidad
En
Navidad revivimos el nacimiento de Jesús, Hijo de Dios y Salvador,
que al entrar visiblemente en este mundo introduce una secreta
atracción en cada habitante de este planeta. Junto al Año Nuevo
ofrece momentos propicios para reuniones familiares, reencuentros,
balances y augurios.
1. Una pregunta que podemos hacernos es la siguiente: ¿qué frutos,
plantados y cosechados en el año que termina podemos regalar al Niño
Dios, que se nos regala de modo tan asombroso?
Parece una pregunta infantil pero no está de más hacer un repaso
sincero del año 2010, para rescatar algunos hechos más
significativos, logros y metas cumplidas, pérdidas que nos llegaron
de sorpresa o que elegimos, tensiones sufridas y cómo las hemos
encarado. Se trata de una mirada personal que, naturalmente, se
alarga a los ambientes donde cada uno se mueve: familia, vecindario,
trabajo, organizaciones solidarias, ciudad y comunidad cristiana de
referencia, sin olvidar a los que no pertenecen a ningún grupo, los
excluidos, que comen de lo que sobra de nuestras mesas.
2. Ante el pesebre, es muy saludable dejar que brote un gracias
grande desde lo más profundo del alma, no importa si está sucia o
con deudas de diverso tipo. Pensemos qué sería de nuestra vida sin
ese Amor de Dios Padre que se hizo humilde, visible y pobre para que
nadie se sienta aplastado por un oscuro pasado o perplejo ante los
enigmas del futuro.
En ese pesebre hay que entrar sin pretensiones ni títulos, sin
orgullos que cierran las manos y el corazón, impidiendo recibir ese
regalo tan necesario para una vida digna y un crecimiento
sustentable. Lo más aconsejable sería encontrar un lugar en la cola
de los pobres pastores.
3. Termina un año con problemas de convivencia de distinta gravedad:
en el hogar, en las calles, entre vecinos, en las empresas. Un año
donde muchas veces han prevalecido los intereses de grupo,
impidiendo atacar de lleno las causas de los problemas, como por
ejemplo el abandono de los estudios por parte de adolescentes y
jóvenes o la desestructuración de la familia, o la defensa del
derecho a nacer o el modelo de joven que hoy se perfila con su
inseparable celular y computadora que lo abre a una red sin límites
ni fronteras.
4. “En sus bracitos lleva una cruz”, dice una canción. Lleva la mía
y de mi familia, la de los problemas no resueltos, de las rupturas
que he provocado y de la cobardía para perdonar y recibir perdón.
Son las páginas dolorosas que a diario escribe la vida social o las
memorias recientes de nuestra sociedad o los pecados de la propia
iglesia, que esperan un amor más fuerte, al que no le asuste la cara
y el alma sucia. Allí está la puerta de la misericordia, la de un
amor que no te va a pedir que primero tramites el certificado de
buena conducta para poder entrar al pesebre. A ese espacio se entra
con el alma que sangra y se sale con una estrella en el corazón para
sembrar esperanzas y ver huellas en la noche.
Que la Paz del Señor Jesús, que alumbró la oscuridad de Belén,
llegue, con ayuda de las manos de María, a la comunidad diocesana, a
las iglesias hermanas y a los hogares uruguayos.
“El nacimiento de
Jesús es el mensaje de amor del Padre”
Queridas
hermanas, queridos hermanos:
Llega a su fin este tiempo de Adviento que nos ha ayudado a
prepararnos a la Navidad. Para ello, la Palabra de Dios nos fue
proponiendo distintas actitudes.
“Estén prevenidos, estén preparados” nos decía el mismo Jesús en el
primer domingo de Adviento, recomendándonos estar atentos y
vigilantes para esperar su llegada. Efectivamente, Él se nos fue
manifestando en estos días “en cada persona y en cada
acontecimiento” en los que, con los ojos de la fe, pudimos descubrir
su presencia.
Habiéndolo encontrado de esa forma, pudimos atender mejor al llamado
que Juan el Bautista hizo el segundo domingo: “Conviértanse”.
Movidos por esa palabra fuerte, buscamos darle a nuestra vida un
giro que nos pusiera en dirección al Señor y al hermano, procurando
dejar atrás nuestros egoísmos, injusticias y maldades.
Así, en el tercer domingo pudimos sentir que la palabra de Isaías:
“regocíjense” era para nosotros. ¿Cómo no alegrarnos si hemos
descubierto a Jesús viniendo hacia nosotros y hemos puesto nuestra
vida hacia Él?
José, esposo de la Madre del Salvador, nos mostró en este cuarto
domingo una nueva actitud: comprometernos decididamente al servicio
del proyecto salvador del Padre Dios, que va a cumplirse por medio
del Niño que espera María.
Y ahora, nos disponemos a celebrar la Navidad… a celebrar que,
naciendo como un niño, Dios ha entrado en nuestra historia, ha
acampado entre nosotros, se ha hecho verdaderamente hombre, sin
dejar de ser Dios.
El nacimiento de Jesús es el mensaje de amor del Padre. Más aún, ese
Niño mismo es el mensaje, la palabra viviente de amor que nos envía
el Padre Dios. Toda la vida de Jesús, desde su concepción en el seno
de María y su nacimiento en Belén, hasta su pasión, muerte y
resurrección, es una sola Palabra por la que Dios nos dice a todos
su Amor.
¡Felices nosotros, si no pasamos de largo, indiferentes!
¡Felices nosotros, si abrimos nuestro corazón a ese mensaje!
¡Felices nosotros, si la celebración del nacimiento de Jesús cambia
nuestra vida, llenándola de amor, de sentido, de alegría, de ganas
de hacer algo bueno por los hermanos!
CELEBRACIONES LITÚRGICAS NAVIDEÑAS DEL PAPA EN INTERNET E IPHONE
Con
motivo de las fiestas navideñas, los sitios Internet de Radio
Vaticana
www.radiovaticana.org del Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales www.pccs.va
y el sitio www.pope2you.net ,
en estrecha colaboración con el Centro Televisivo Vaticano (CTV) y
gracias al acuerdo con Telecom Italia ofrecerán a los usuarios de
Internet un nuevo servicio: la posibilidad de seguir en directo las
celebraciones litúrgicas presididas por el Santo Padre en esas
fechas.
Las
celebraciones presididas por Benedicto XVI: la Santa Misa del Gallo
-viernes 24 de diciembre, a partir de las 22,00; el Mensaje de
Navidad con la bendición "Urbi et Orbi", del 25 de diciembre a las
12,00 y la Santa Misa por la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de
enero, serán transmitidas en directo audio/vídeo en Internet en seis
idiomas: italiano, francés, inglés, alemán, español y portugués. La
Misa del Gallo se transmitirá también en chino y la celebración del
1 de enero en árabe. Además habrá un canal de audio sin comentarios,
solamente con las imágenes en directo.
El
servicio es posible gracias la plataforma tecnológica Content
Delivery Network de Telecom Italia, que permite la distribución
rápida y eficaz de los contenidos multimedia a través de la web y
del iPhone en todos los países del mundo.