Navidad 2008

Mensaje de los Obispos
del Uruguay
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Navidad junto a Benedicto XVI

Mensaje de Navidad 2008
Mons. Carlos María Collazzi, Obispo de Mercedes y
Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay

 

MONS. CARLOS COLLAZZI, OBISPO DE MERCEDES

“EL MUNDO CAMBIA SI CAMBIAMOS NOSOTROS”

MONS. FRANCISCO BARBOSA, OBISPO DE MINAS

LA NAVIDAD ES MOTIVO DE ALEGRÍA Y DE FIESTA VERDADERA PARA EL QUE TIENE UN CORAZÓN DE POBRE, DE NIÑO

MONS. RODOLFO WIRZ, OBISPO DE MALDONADO

¡QUE A NADIE LA FALTE EL REGALO NAVIDEÑO QUE ES EL MISMO JESUCRISTO!

MENSAJE DE ADVIENTO 2008 DEL OBISPO DE TACUAREMBÓ, MONS. JULIO CÉSAR BONINO

JESÚS: ROSTRO HUMANO DE DIOS, ROSTRO DIVINO DEL HOMBRE

Mons. Arturo Fajardo

Obispo de San José de Mayo

 

“La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta Noche”

Mensaje de Navidad
Pablo Galimberti, Obispo de Salto


DIOS VIENE A NUESTRO ENCUENTRO

MENSAJE NAVIDEÑO EN  2008
Mons. Orlando Romero, Obispo de Canelones

La casa de la paz es el corazón del hombre
 


Tarjeta de Navidad
de la C.E.U.


 

MONS. CARLOS COLLAZZI, OBISPO DE MERCEDES

“EL MUNDO CAMBIA SI CAMBIAMOS NOSOTROS”

“Que aportemos …la auténtica paz, espíritu de diálogo fraterno y sincero, sensatez y trabajemos todos juntos por el Bien Común”.

 

MENSAJE DE NAVIDAD DEL OBISPO DIOCESANO

 

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por El” (Lc. 2,14)

Querida Familia Diocesana:

 

Estas palabras resonaron en la noche santa de Belén y resuenan en nosotros y para nosotros hoy.

En cada persona y en cada pueblo, hay un profundo anhelo de paz, de concordia y de unidad. Se realizan muchos esfuerzos todos los días para hacerlos realidad y se necesitan muchísimos más para que se dé la paz que el Niño nacido en Belén nos trae.

Su Paz, no es como la que da el mundo (Jn.14,27) Es mucho más que ausencia de enfrentamientos, problemas, líos o traumas. “Su” paz es eso y mucho más; es plenitud de vida y de alegría, es entrega gozosa, es libertad basada en la verdad, es salvación integral de toda persona, es fraternidad y solidaridad. Él mismo es nuestra Paz (Ef. 2,14)

 

“En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio” (Aparecida 28)

 

Con su ejemplo, proclamamos que construir la Paz,  pide en todos, amor fuerte, capaz de hacerlo sin límites, hasta amar a aquellos que no nos devuelven amor; capaz de superar las categorías de “adversario” y de “enemigo”. Exige pasar de estar concentrados en nosotros mismos, nuestros intereses y sus cosas, nuestras posiciones que tanta veces se radicalizan, para ser constructores  todos los días desde las cosas pequeñas a las grandes. Sirviendo a los hermanos y hermanas. ¡Cercanía!: como lo expresamos en el Objetivo Pastoral de la Diócesis.

 

¡Dios es siempre fiel y misericordioso! Él nos ofrece su amor rico en misericordia y gozosos cantamos en estos días la Gloria de Dios.

Él nos hace el regalo grande de darnos corazones y miradas nuevas para amar y ver a todos. Forma la conciencia en la rectitud y verdad con la luz de la Palabra del que vino a salvarnos.

 

“Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (Ap.28)

El mundo cambia si cambiamos nosotros. Estamos llamados a poner en evidencia lo bueno, lo positivo, lo que nos une. Difundiendo y defendiendo valores, como los expresados hace 60 años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ellos, expresados  a lo largo de la historia con diferentes formulaciones, forman parte de la identidad de cada persona y de la sociedad, y deben ser respetados y defendidos en su totalidad.

 

La Paz que nos trae la celebración de la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo, se proyecte en el año 2009. Año que para los uruguayos será también año de opciones y elecciones. Que aportemos en el tiempo que nos tocará vivir, la auténtica paz, espíritu de diálogo fraterno y sincero, sensatez y trabajemos todos juntos por el Bien Común.

 

En el 2009, comenzaré mi tercera Visita Pastoral a la Diócesis, donde con el favor de Dios, espero visitar ocho Comunidades Parroquiales. La Diócesis se prepara a celebrar sus 50 años de Creación.

 

Si nuestras tierras están resecas y estamos pidiendo el regalo de la lluvia necesaria, pedimos más aún, el regalo de la Gracia de Dios en el corazón de cada uno de nosotros.

 

Para Todos, sin que nadie se sienta excluido: muy Feliz  Navidad y un bendecido 2009!!!

Con mi Bendición

                                                                           + Carlos María Collazzi

                                                                               Obispo de Mercedes

Mercedes, 17 de diciembre de 2008

48º aniversario de la Creación de la Diócesis

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MONS. RODOLFO WIRZ, OBISPO DE MALDONADO

 

¡QUE A NADIE LA FALTE EL REGALO NAVIDEÑO QUE ES EL MISMO JESUCRISTO!

 

“Ayudémonos unos a otros a encontrarlo y a ubicarlo en el centro de nuestra vida; lo necesitamos con urgencia, ya que sin ÉL los DERECHOS se nos hacen cuesta arriba”.

 

MENSAJE DE NAVIDAD 2008

 

Saludo de todo corazón a  las comunidades cristianas en Maldonado  y Rocha y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que por diversos caminos intentan un mundo más solidario y fraterno, una “casa común” con techo, pan  y afecto para todos.

¡QUE A NADIE LA FALTE EL REGALO NAVIDEÑO QUE ES EL MISMO JESUCRISTO!

 

A ÉL le debemos la fiesta, el feriado, el encuentro con familiares y amigos, celebraciones, un “respiro” en la dura realidad, sin olvidar a los que por diversos motivos puedan sufrir ausencias o padecer como si fuera un día cualquiera. 

 

Comprobé en días pasados, cómo en un PESEBRE VIVIENTE protagonizado por niños en un barrio muy humilde de La Capuera, en la cercanía de la Laguna del Sauce, se reflejó la alegría espontánea de los que con corazón abierto llegan a encontrar a JESÚS. 

Pero me imagino que surge con toda sinceridad la pregunta e inquietud: ¿En qué cambia de verdad nuestra vida el celebrar una NAVIDAD y en qué puede transformar  nuestra condición humana, en sus logros y fracasos?

 

Si me permiten, para entender mejor su  actualidad, les recuerdo una fecha de días pasados, el 10 de diciembre,  que no ha pasado desapercibida, si bien no tuvo el eco de 10 años atrás: el 60. aniversario de la Declaración Universal de los DERECHOS HUMANOS por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Una relectura de la vigencia de estos 30 artículos puede ser realizada desde ópticas diversas, según un análisis sociológico y cultural que abarca un espectro muy variado. Desde la NAVIDAD hay también una relectura que nos cuestiona y nos motiva con  esperanza, si dejamos que ÉL nazca en el PESEBRE de nuestra vida.

 

A modo de ejemplo, en el artículo 3 se lee: “Todo individuo tiene derecho a la  vida,  a la libertad y a la seguridad  de su persona”.    ¿Cómo  andamos  por  casa  (desde el Parlamento…pasando por todos nosotros … hasta el recién llegado )?

La desigual aceptación y vivencia de los DERECHOS HUMANOS en hogares, pueblos y países, es un “termómetro” indicador de nuestro humanismo.  Entre nosotros, desde iniciativas muy laudables en las políticas sociales sensibles a la marginación, hasta la negación al derecho elemental a la vida del ser concebido, comprobamos la ambigüedad de las marchas y contramarchas en el respeto de dichos DERECHOS.

 

Por eso considero que una nueva NAVIDAD expresa la necesidad que tenemos de ALGUIEN que pueda motivarnos a superar escollos, ser referente y modelo de entrega, amarnos hasta el límite, ser puente entre Dios el Padre y la fraternidad universal,  hacer posible nuestras legítimas aspiraciones a una vida digna. Conocer y amar a JESUCRISTO que por nosotros nació en el PESEBRE de BELEN es la clave que se nos ofrece para una vida realmente humana. Una diversidad de caminos nos llevan a ÉL, desde la búsqueda sincera en una vida coherente, hasta llegar a la culminación de adorarlo como Hijo de Dios en la comunidad eclesial, en nuestra común vocación a ser felices de verdad. Ayudémonos unos a otros a encontrarlo y a ubicarlo en el centro de nuestra vida; lo necesitamos con urgencia, ya que sin ÉL los DERECHOS se nos hacen cuesta arriba.  

 

¡ Contemplemos a MARÍA junto al HIJO que de verdad interpreta nuestros sentimientos más íntimos !. ¡UNA VEZ MÁS MUY FELIZ NAVIDAD!                                                                                                                                                        

                                                                 

+ Rodolfo Wirz

Obispo de Maldonado y Rocha

 

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MONS. FRANCISCO BARBOSA, OBISPO DE MINAS

 

LA NAVIDAD ES MOTIVO DE ALEGRÍA Y DE FIESTA VERDADERA PARA EL QUE TIENE UN CORAZÓN DE POBRE, DE NIÑO

 

“… Es la respuesta de Dios para quienes tienen necesidad de Él, de su amor que libera y salva”

 

MENSAJE DEL OBISPO DE MINAS PARA LA NAVIDAD 2008

 

Hoy celebramos el Nacimiento de Jesús; el nacimiento de un Niño que es la respuesta de Dios a la esperanza de la Humanidad. Los hombres desde siempre esperaron vivir algo nuevo, el amanecer del día en que serían libres, hermanos, felices.

Esta esperanza de la Humanidad se concentró, de un modo particular, en el pueblo de Israel, por ser éste el pueblo que más sabía de las Promesas de Dios, de su proyecto de enviar un Salvador para liberar a todos los hombres.

 

Los Profetas eran quienes mantenían siempre encendida, como un trasfoguero, esa esperanza; sobre todo en los momentos más difíciles del caminar de aquel pueblo. Y en las familias, pasaba de una generación a otra la esperanza del cumplimiento de las Promesas que Dios había hecho a sus Padres. Tanto el Cántico de María (Lc 1, 46-55) como el de Zacarías  (Lc 1,68-78) condensan esta esperanza que acompaña el caminar del Pueblo de Israel. En la Biblia, aparecen muchas expresiones de esta esperanza, que se fortalecía precisamente cuando les tocaba vivir situaciones que parecían negar el cumplimiento de aquellas Promesas. Es en el exilio que Israel cantaba, como lo evocamos tantas veces en este tiempo de Adviento: “¡Destilen, cielos desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo! Que se abra la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia” (Is 45,8).

 

La Navidad es la respuesta de Dios a esta actitud de espera, que se hace posible cuando se es pobre; es decir, cuando se vive en condiciones que llevan a esperar la respuesta anhelada.

 

El Obispo mártir, del Salvador, Mons. Oscar A. Romero decía: “Nadie puede celebrar una auténtica Navidad si no es verdaderamente pobre. Los autosuficientes, los orgullosos, los que, por tenerlo todo, menosprecian a los demás, los que no tienen necesidad ni siquiera de Dios: para ellos no habrá Navidad. Sólo los pobres, los que tienen hambre, los que necesitan que alguien les ayude, tendrán a ese Alguien. Ese Alguien es Dios, el Emmanuel, Dios-con-nosotros. Sin espíritu de pobreza no puede haber abundancia de Dios”.

La Navidad es motivo de alegría y de fiesta verdadera para el que tiene un corazón de pobre, de niño. Dios se muestra a los pobres. Sólo un pobre comprende de verdad el sentido de este Niño que nace pobre en Belén: en Él Dios se hace cercano, se hace hermano  y nos da la señal más grande de su Amor: la de estar con nosotros, para compartir nuestra vida.

 

La Navidad es la respuesta de Dios para quienes tienen necesidad de Él, de su amor que libera y salva. “Así Dios nos mostró su Amor: envió su Hijo único  al mundo, para que tuviéramos vida por medio de Él” (1 Jn 4,9).

 

“El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz (…) porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado” (Is 9,1.5). ¡Es este Niño el que cambia nuestra noche en día! Es Jesús el que nos trae la luz de un nuevo amanecer: por eso lo esperamos. Porque sabemos quien es el que viene, lo esperamos con alegría. El Papa San León Magno decía: “No puede haber tristeza cuando nace la vida”. Y nosotros proclamamos que, a pesar de las dificultades que nos toca vivir, estamos alegres y hacemos fiesta, porque ha nacido Jesús, el Salvador.

 

Pero, como el sol nace para todos, la Navidad nos compromete a hacer resplandecer la luz del Niño de Belén en la vida de los demás; sobre todo de los más pobres, los más alejados y excluidos.

 

Hay muchas personas que viven solas, son los ancianos dejados de lado; los jóvenes que están en la cárcel, los niños sin familia; los hogares quebrados por la ausencia de amor; a ellos se les hace difícil creer que Dios los quiere, porque sus vidas son un permanente caminar en la noche de la pobreza y el dolor, sufriendo la injusticia y la marginación.

 

El Niño que hoy nace en Belén un día dirá: “El Señor me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los prisioneros y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos” (Lc 4,18). Porque este proyecto es para todos, para los de ayer, los de hoy y los de mañana, Jesús nos hace participar de la misión que el Padre le encomendó realizar. En esta Navidad, cada uno de nosotros puede decir a los muchos que hoy esperan y a los que quizás ya dejaron de esperar: “les traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todos: hoy, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2, 10).

 

Con corazón de padre y pastor, de hermano y amigo, como mensajero de la esperanza, les saluda y bendice, deseándoles una Navidad Santa, su Obispo,

                                                                  + Francisco.

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MENSAJE DE ADVIENTO 2008 DEL OBISPO DE TACUAREMBÓ, MONS. JULIO CÉSAR BONINO

 

JESÚS: ROSTRO HUMANO DE DIOS, ROSTRO DIVINO DEL HOMBRE

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

El verbo se hizo carne: Dios se hizo hombre.

Como mucho de ustedes saben en el momento en que fui nombrado Obispo para Tacuarembo Rivera, como a todos, me toco elegir un lema que contuviese el rumbo, la característica de lo que intentaría en mi servicio Episcopal. No demoré en decidirlo el lema seria “El verbo se hizo carne”. Dios se hizo hombre para redimir a los hombres y esta pedagogía elegida por Él, es normativa para cada Cristiano “Lo que no es asumido no es redimido”.

 

En coherencia con este dogma de nuestra fe, la Iglesia en el Concilio proclamó: “El Gozo y la Esperanza, el Dolor y la Angustia de los hombres de nuestro tiempo sobre todos los pobres y de toda clase de afligidos, son también el Gozo y la Esperanza, el Dolor y la Angustia de los discípulos de Cristo y no existe nada verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”

Estamos una vez más preparándonos para celebrar la Navidad: la Fiesta del Nacimiento de Jesús.

 

Magistralmente San Pablo interpreta el significado del Misterio que celebramos: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo, eél cual siendo de Condición Divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojo de si mismo tomando condición de Siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y su humilló a si mismo, obedeciendo hasta su muerte y muerte de cruz”. (Fil 2, 5-8)

Esta es la alegre y esperanzadora convicción de la Iglesia, el Hijo de Dios se encarnó en la historia de todos los hombres.

 

Un nuevo Proyecto Pastoral Diocesano

En el comienzo de este año que esta culminando emprendimos el camino de elaborar, desde todas las comunidades de nuestra Diócesis, un nuevo Proyecto Pastoral Diocesano y recorrimos juntos a través de Fichas de Consulta un tramo muy importante en la concreción de este proyecto.

 

Partiendo de ese dato fundamental de nuestra fe, de que Dios Padre en Jesús está presente en el acontecer de nuestra historia, de que Él ya vino, viene y vendrá para llevar a plenitud su Reino de Justicia y de Paz, nos planteamos una pregunta fundamental: ¿Qué es lo que Él está haciendo ya en medio de las circunstancias que alegran y hacen sufrir a nuestro pueblo y qué es lo que nos está diciendo o recomendando si queremos ser sus fieles discípulos misioneros?

En nuestra última reunión de Vicaría estuvimos resumiendo lo que ustedes esforzadamente aportaron desde las parroquias y los Servicios y Organismos diocesanos y que son para todos nosotros lo que llamamos: Urgencias Pastorales.

El Niño de Belén que contemplamos en esta Navidad es el signo visible de nuestro Dios que extiende con ternura sus brazos hacia cada uno diciéndonos: ¿Estás dispuesto a colaborar conmigo en la siembra de los valores del Evangelio? ¿Estás dispuesto a ser obrero de la construcción de mi Reino de fraternidad, justicia y paz? Nuestra respuesta comunitaria será la concreción del Proyecto Pastoral Diocesano.

 

Que en esta navidad Jesús traiga para todos la gracia de una verdadera conversión pastoral que haga de cada uno de nosotros sus auténticos colaboradores. La disponibilidad, la humildad y la apertura de María, Señora del Adviento, inspire lo necesario en cada uno para poder decir con verdad: Feliz Navidad.

Los bendice en Jesús Buen Pastor

 

Mons. Julio César Bonino

Obispo de Tacuarembó – Rivera

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Mensaje de Navidad de Mons. Arturo Fajardo

Obispo de San José de Mayo

 

“La Iglesia no se cansa de cantar
la gloria de esta Noche”

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

En este tiempo de Navidad quiero hacerles llegar un afectuoso saludo, en especial a los enfermos, los que lloran la pérdida de seres queridos, los que tienen dificultades familiares o laborales.

 

“Yo, el Señor, tu Dios; te tomo de la mano y te digo: No temas que yo vengo a ayudarte” (Is. 41,13)

 

Estas palabras del Profeta nos llenan de consuelo y se cumplen plenamente en Jesús, el Emmanuel, el Dios con nosotros.

 

Dejémonos nuevamente fascinar por el Misterio de esta noche Santa, el Señor viene a nacer en nuestra tierra.

 

“Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre; unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo. La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche” (Catecismo, 525)

 

Que la contemplación llena de admiración de este Misterio nos lleve a profundizar en la Sagrada Escritura; los Obispos del Uruguay hemos invitado a poner la Palabra junto al Pesebre y leer en familia los textos que narran el nacimiento.

 

Agradezco tantos gestos de amor al Señor y solidaridad con los hermanos de los que he sido testigo este año.

 

El ángel dice a los pastores: “No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc. 2,10)

 

Pido al Niño Dios que nos regale como Comunidad Diocesana la alegría de ser testigos del Evangelio para nuestros hermanos y el agua que hoy tanto necesitan nuestros campos.

 

Feliz Navidad para todos

Con mi afecto y mi bendición

 

 

+Arturo Fajardo

Obispo de San José y Flores

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DIOS VIENE A NUESTRO ENCUENTRO  

Mensaje de Navidad

Pablo Galimberti, Obispo de Salto

 

 

A la Comunidad diocesana, sacerdotes, religiosos y fieles: que la Paz de Jesús,  el Señor, nacido en Belén en brazos de María, los colme de Bendiciones junto a sus familias y comunidades.

 

Los invito a mirar y escuchar con el corazón la escena del pesebre. Y que broten expresiones de agradecimiento y adoración al Niño en brazos de su Madre y nos dejemos envolver por ese Amor con el que Dios hoy nos abraza.

 

El Dios en quien creemos está cerca y lo expresa de muchas maneras. Pero el gran momento de su encuentro con nosotros ocurrió a partir de la Nochebuena en Belén. En el rostro humano de Jesús empezó a latir, en un cuerpo humano como el nuestro, un corazón que palpitaba con los mismos sentimientos de Dios, su  Padre y nuestro Padre.

 

Toda la Iglesia proclama con gozo, en la Nochebuena, el sentido y la pedagogía de este acontecimiento: “Gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que, conociendo a Dios visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible.”

 

¿Podríamos pensar en una persona querida sin imaginar al menos un rostro, una mirada, la voz, un cuerpo y un conjunto de detalles que nos permitan adivinar su realidad profunda y espiritual? Un día el apóstol Felipe le rogó a Jesús que le mostrara al Padre, esa secreta fuente que orientaba sus movimientos. Aquella respuesta alumbra el misterio del pesebre: “El que me ha visto, ha visto al Padre.”

 

En una humanidad semejante a la nuestra, el Amor de Dios Padre viene a nuestro encuentro. Ninguna circunstancia lo frena. Ni el censo que obligó a María y José a un imprevisto viaje. Ni el furibundo Herodes, ni el posadero ocupado en su negocio en días de temporada alta, que no buscó un lugarcito a una madre en inminente alumbramiento. Cuando quiere y como quiere, porque el mundo es su casa, Dios sigue dando pruebas que es rico en misericordia.

 

No ignoramos que la fraternidad que queremos construir está manchada con violencias y la política, el fútbol, las deudas, enfermedades, depresiones o pronósticos pesimistas siembren desaliento.

 

No ocultamos heridas y oscuridades en la vida social y familiar. Pero junto a realidades dolorosas también crecen ejemplos de buenos cristianos, testigos de la fe en medio del mundo. Muchas manos solidarias se prodigan para llevar alivio a los más pobres y consuelo a los tristes. No faltan felizmente los que quieren vivir responsablemente, sin traicionar su conciencia ni ensuciarse con sangre inocente o dinero sucio. En medio de angustias el Espíritu Santo sopla, anima y da fuerzas, como lo comprobamos en nuestras comunidades que permanecen con la antorcha de la fe encendida y activa.

 

Hoy como ayer mucha gente no reconoció al Salvador del mundo ni acudió a la cita. Sus antenas estaban orientadas hacia otras metas y expectativas:

 

Nos toca a cada uno decidir el lugar que queremos ocupar ante este acontecimiento. No alcanza decir que ese Niño cambió la historia, si en mi vida todo sigue igual.

 

Silencio, agradecimiento, adoración y súplica, para que esa alegría navideña no se borre en el nuevo año. Tanto Amor y tanta pequeñez. Tanto poder oculto en tanta humillación. ¡Qué lugar de Bendiciones y contrastes la escena de Belén!  Donde aparentemente menos se lo espera, allí está naciendo!

 

Que Jesús el Señor los bendiga a todos junto a sus familias, enfermos en el cuerpo o el alma, presos, desilusionados, sin trabajo, enemistados con vecinos o incluso con los de la propia casa o comunidad, lejanos en el espacio o en los afectos. Navidad hace posible el reencuentro con Dios y con los cercanos y lejanos. Que sea para ustedes el mejor regalo.

 

+Pablo Galimberti

Obispo de Salto

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MENSAJE NAVIDEÑO EN  2008

 

La casa de la paz es el
corazón del hombre

 

La Buena Noticia que nos trae la celebración del nacimiento de Jesús motiva alegría y esperanza para todos,  porque anuncia la paz “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

 

Dios, en la encarnación de su Hijo, se hace el aliado de los profundos anhelos de  todos los hombres y mujeres. No es con la fuerza, la prepotencia sino con la humildad y la mansedumbre, que Jesús viene y se pone en el lugar del otro: pobre, o marginado, o desechado para regalarnos su paz. Añoramos la paz en lo cotidiano, buscamos construirla, recorriendo caminos diversos pero no todos desembocan en la meta anhelada sino que nos dejan muchas veces frustrados y desengañados por la fragilidad de nuestros esfuerzos. La violencia  se  ha enseñoreado de nuestros hogares, de nuestras calles, de nuestros barrios sembrando la inseguridad, la desconfianza. La discriminación, las injusticias, las reacciones agresivas alimentan el rencor y la venganza. Hoy todo el mundo anda acelerado, nadie parece tener tempo para   sí mismo y para los demás: los hijos para los padres, los padres para sus hijos, los esposos el uno para el otro. Se ha perdido la capacidad de la escucha.  Cuanto más se grita y se trata de acallar al que piensa distinto parece que más razón se tiene.

 

La paz empieza a quebrarse en el interior de cada uno, en el interior de los propios hogares. La amenaza de la paz no está solo fuera sino prioritariamente dentro de nosotros mismos, en nuestros propios egoísmos, en nuestras ambiciones,   en las incontroladas ansias de poder. La casa de la paz es el corazón del hombre.

Mientras Jesús nos habla de humildad, de compasión, de servicio y de amor, la sociedad en que vivimos nos habla de primeros puestos, de ser grandes y famosos, de armamentos más sofisticados, de bienestar no importa a qué precio.

 

Jesús es el Evangelio de la paz, el camino que conduce a la paz. Jesús nos habla de amor y de humildad que son las llaves que nos abren a la paz. La paz no se impone, la paz se vive. La historia está sembrada de testigos, fieles discípulos de quien nos dijo: “Les dejo la paz, les doy mi paz; la paz que yo les doy no es como la que da el mundo”.

 

“Martin Luther King recibió el Premio Nobel de la Paz en 1974. El 4 de abril de 1978  vio  su vida truncada por el disparo de un arma. Sin embargo  toda su lucha a favor de los derechos civiles de los negros en EE.UU. tuvo la consigna de no usar jamás la violencia, amar a los enemigos, impedir al enemigo que hiciera el mal “sin hacerle mal”; no deteniéndolo, sino que fuera su conciencia quien  lo detuviera. El no quería una victoria con vencedores y vencidos sino la reconciliación. Todas sus marchas, sus demostraciones sentados en las plazas, los boicots, la desobediencia  a las leyes racistas… debían ser acompañados por un gran respeto para el adversario y sus cosas, un gran  aguante ante las provocaciones, la necesidad del diálogo y las armas de la paz… jamás devolviendo mal por el mal. “Sueño, decía, con el día en que los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los esclavistas se sienten juntos en la mesa de la fraternidad que Dios quiere”.

 

Así se hizo acreedor de la Bienaventuranza evangélica: “Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios”.

Es chocante hablar de paz,  promover la paz, si la violencia, la agresividad y la injusticia se anidan en el corazón. 

   

La educación para la paz de las nuevas generaciones reclama la responsabilidad de la familia, de los gobernantes, de los educadores, de los responsables en los diversos niveles  donde se regula la convivencia humana. Un clima de maltrato, de palabras hirientes, de golpes y atropellos a las personas no es ciertamente una escuela donde se eduquen las generaciones de la civilización  del amor, de la justicia y de la paz.

 

Con la oración, atribuida a San Francisco de Asis, deseo concluir este Mensaje Navideño para comenzar un año con esperanza donde todos, sin excepción, seamos instrumentos de paz:

 

“Señor,

 haz de mi un instrumento de paz:

donde hay odio, ponga yo amor,

donde hay ofensa, ponga  perdón,

donde hay discordia, ponga  unión,

donde hay error, lleve  la verdad,

donde hay duda, ponga  fe,

donde hay desesperanza, ponga  esperanza,

donde hay tinieblas, ponga  luz,

donde hay tristeza, ponga  alegría,

Amén”

 

Celebremos con alegría el Nacimiento de Jesús, acogiendo en el silencio de nuestro corazón su mensaje de paz y agradezcamos la oportunidad de un nuevo año, 2009,  para seguir construyendo una vida digna para todos.

 

                                              

                                                                                              +Orlando Romero

                                                                                           Obispo de Canelones

 

Canelones, 21 de diciembre de 2008

 

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Actividad del Papa Benedicto XVI en Navidad

1º de enero de 2009
«COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR
LA PAZ»

 
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