EL PARLAMENTO HOMENAJEO A MONS.
PARTELI
A 10 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO

Diputado
Roballo: “SU LEGADO SIGUE VIGENTE”
Al
conmemorarse el próximo 26 de mayo 10 años del fallecimiento de
Mons. Carlos Parteli, el 13 de mayo
pasado, la Cámara de Representantes tributó un homenaje en su
memoria.
A las 14:15
hs., se inició la sesión de la
Cámara, con unos 60 diputados en sala y más de 60 personas en
las barras. Asistieron al homenaje el Arzobispo de Montevideo,
Mons. Nicolás Cotugno y el Obispo de
Maldonado y Vicepresidente de la CEU, Mons. Rodolfo
Wirz, acompañados por los
Presbíteros Jorge Techera, Javier
Galdona y Juan González. Desde las
barras siguieron la sesión varios sacerdotes, laicos de
diferentes parroquias y representantes de organismos católicos.
En 35 minutos, el
Diputado de Alianza Progresista (FA), Juan Andrés
Roballo, efectuó una completa y
emotiva semblanza de quien fuera el primer Obispo de Tacuarembó
y Arzobispo de Montevideo en el período 1976-1985.
El Representante Nacional justificó este homenaje destacando que
el legado de Mons. Parteli “sigue
vigente” y que los valores que sostuvo lo “trascendieron su
condición de Pastor de la Iglesia Católica para constituir una
referencia para todos los uruguayos”.
“Fue un vigía de la realidad en la que le tocó vivir.
Escudriñaba sin cesar los acontecimientos y las tendencias.
Preguntaba y escuchaba a todos. Verificaba escrupulosamente
datos, cifras y fuentes. Reflexionaba largamente, hablaba poco y
escribía con mucho cuidado”, señaló.
“Fue con ese trato directo con la gente y con sus sacerdotes que
ejerció su vocación clarísima de constructor de convivencia, de
solidaridad y de esperanza”, subrayó
Roballo.
Además de repasar algunas intervenciones de Mons.
Parteli en momentos clave en la
historia de nuestro país (dictadura) y de la Iglesia (Concilio
Vaticano II), el Diputado Roballo
remarcó su “concepción avanzada y
propositiva de la relación entre la Iglesia y el mundo,
la vida en la comunidad política”.
“Sin dejar de llamar a la esperanza,
Parteli nunca dejó de lado la compasión, esa capacidad
humana de ponerse en el lugar del otro, de vivir, de alegrarse,
pero también de sufrir con el otro”, manifestó el legislador en
otra parte de su oratoria.
Compartimos el texto de la oratoria del Diputado Juan Andrés
Roballo:
SEÑOR
ROBALLO.- Señor Presidente: en primer lugar, quiero agradecer a
los colegas legisladores porque han acompañado con su voto la
solicitud de homenajear a una figura insigne de nuestro país,
como fue y diría que es, porque está presente Monseñor Carlos
Parteli. También quiero agradecer la
iniciativa y el impulso de diversas personas para la realización
de este homenaje, especialmente a Néstor Da Costa, quien nos ha
acercado abundante material.
El momento es oportuno, no sólo por cumplirse el próximo 26 de
mayo diez años de su partida, sino porque su legado sigue
vigente.
La personalidad de don Carlos como lo llamaban, así como los
valores que siempre sostuvo, trascendieron
su condición de Pastor de la Iglesia Católica para constituir
una referencia para todos los uruguayos.
Lo conocí pero no tuve trato con él. Cuando me integré a los
grupos de jóvenes, a la Pastoral Juvenil,
Parteli se encontraba acompañando activamente el proceso
de retorno a la democracia, y poco después se retiró. De manera
que me basé en testimonios y escritos sobre su figura. Quiero
agradecer especialmente al Padre Paul
Dabezies por su aporte, y las
anécdotas del Padre Techera.
Vida de
peregrino
Monseñor Carlos Parteli nació en la
ciudad de Rivera el 8 de marzo de 1910. Era hijo de inmigrantes
tiroleses y en el año 1923 ingresó al Seminario con tan solo
trece años de edad. Tres años después fue enviado a Roma, donde
cursó estudios superiores, estudió Filosofía y Teología, y el
Sábado Santo de 1933 fue ordenado sacerdote en la iglesia de San
Juan de Letrán.
De regreso a Uruguay, ocupó el cargo de Teniente Cura en la
Catedral de Florida. En 1942 fue trasladado a Rivera y en el año
1958 fue designado Párroco.
El 27 de diciembre de 1960, en la Catedral de Florida, Carlos
Parteli fue consagrado Obispo de
Tacuarembó, una de las diócesis creadas precisamente ese año.
En febrero de 1966, Pablo VI lo designó Administrador Apostólico
Sede Plena de Montevideo y, posteriormente, se lo nombró IV
Arzobispo de Montevideo.
En julio de 1985, a los 75 años de edad, presentó renuncia
después de un duro y a la vez fructífero período conduciendo a
la Iglesia.
La marca de
tiempos agitados
Para entender sus preocupaciones, decisiones y acciones es
necesario contextualizar su experiencia vital. En ese sentido,
recordamos que vivió la asunción de Hitler
en Alemania, las movilizaciones obreras generalizadas en toda
Europa, las místicas de Lenin y
Trotsky.
Parteli leía y absorbía todo lo que podía. Siempre estuvo
especialmente atento a todo lo que estaba viviendo.
Contemporáneamente a estos hechos políticos, fue apareciendo una
cantidad de eminentes teólogos cuyas enseñanzas fue absorbiendo,
con lo que comenzó a formar parte de las corrientes que iban
abriendo surcos de esperanza de una renovación eclesial que
culminó pocos años más tarde, cuando el Papa Juan XXIII convocó
el Concilio Vaticano II. Volvió a su tierra con preocupaciones
litúrgicas, bíblicas y sociales.
Desde mediados de los años cincuenta, pasando por el año 1973 y
hasta el año 1985, asistimos a un escenario regional y nacional
convulsionado. Se dio la consolidación de la dictadura de
Stroessner en Paraguay, la
intervención de Estados Unidos de América en Guatemala y la
revolución cubana. En los años sesenta fueron los golpes
militares en Argentina y Brasil, la intervención de Estados
Unidos de América en República Dominicana y la muerte del Che
Guevara en Bolivia. El año 1968 estuvo cargado de episodios
violentos: el Mayo Francés, la Invasión de la Unión Soviética a
Checoslovaquia, el asesinato de Martin
Luther King,
la revolución social encabezada por el General Juan
Velazco Alvarado en el Perú. En los
años setenta tuvieron lugar las luchas sociales y la Asamblea
Popular en Bolivia y la intervención de la CIA en Chile,
fenómenos que alcanzan a Uruguay y tienen su expresión más
triste en la suspensión de las instituciones en el año 1973 con
el golpe militar.
Este fue el mundo, el continente y el país donde
Parteli desarrolló su actividad
pastoral comprometida.
Pastor
comprometido
Fue un vigía de la realidad en la que le tocó vivir. Escudriñaba
sin cesar los acontecimientos y las tendencias. Preguntaba y
escuchaba a todos. Verificaba escrupulosamente datos, cifras y
fuentes. Reflexionaba largamente, hablaba poco y escribía con
mucho cuidado, corrigiendo una y otra vez los borradores hasta
estar seguro de que, efectivamente, expresaba lo que quería
decir de manera directa, sin clichés ni retóricas.
Como Pastor de su Iglesia, Parteli
fue un maestro desde la cátedra y, a la vez, un amigo cercano a
la gente, a la que visitaba constantemente, en particular a la
gente humilde, hasta del último rincón de la ciudad. Fue con ese
trato directo con la gente y con sus sacerdotes que ejerció su
vocación clarísima de constructor de convivencia, de solidaridad
y de esperanza.
Sensible
ante los más olvidados:"Los problemas del agro"
Así, en el año 1961 trascendió los límites de su diócesis en el
norte del país a través de una Carta Pastoral sobre los
problemas del agro, documento donde reflexionaba sobre el peón
de estancia, la familia rural, la explotación de la ciudad y el
mal sistema de distribución de tierras. Se trató de un documento
impactante que se extendió, inclusive, fuera de fronteras.
Cabe resaltar que en diciembre de 1961 estas reflexiones fueron
presentadas en el Parlamento Nacional e incorporadas a la
versión taquigráfica de la Cámara de Representantes.
Inmediatamente, estas preocupaciones también fueron presentadas
en el Concilio Vaticano II, cuando expuso sobre el problema del
agro en América Latina, ponencia que fue publicada por la FAO.
Resulta muy revelador y valiente para aquellos tiempos los
términos de la citada Carta Pastoral. Además de oficiar de
denuncia, también sembraba un paradigma, una clave de lectura de
la realidad social a luz del evangelio, y así expresaba: "El
bienestar material es el primer paso. Sin él no son posibles ni
siquiera aquella cultura y aquellas virtudes naturales, sobre
las que asienta el edificio espiritual.- ¿Qué virtudes
patrióticas, qué amor a las instituciones, qué solidaridad
social, qué alicientes para una vida honrada pueden sentir
quienes nada tienen y nada reciben ni esperan de una sociedad
que pasa a su lado mirándolos con indiferencia o desprecio,
cuando no provocando su ira o su envidia, con el lujo, el
derroche y el hartazgo? No es admisible que los ganados de
adentro (de los campos) tengan mejor trato que los enjambres de
niños tristes y ojerosos que pueblan los ranchitos de afuera.-
Para una reestructuración social que erradique la miseria y
levante de su postración a los miserables no basta la justicia
conmutativa que regula las relaciones de hombre a hombre. Es
indispensable la justicia social.- Son las estructuras las que
deben sufrir un cambio profundo hasta quedar adecuadas a las
exigencias reales de hoy.- Los pueblos que sienten en sus carnes
el dolor de la miseria y en sus almas la amargura de la
discriminación económica, no pueden, lógicamente, sentir amor
por las instituciones que así los desamparan.- No se puede
exigir demasiado idealismo con los estómagos vacíos".
Padre
Conciliar consecuente
Estaba convencido y fue protagonista de la línea esencial del
Concilio Vaticano II, en cuanto a que no se puede hablar de Dios
sin hablar del hombre, y que no se puede proponer el Evangelio
de Jesús sin desarrollar sus consecuencias prácticas, a nivel de
los individuos y también de la sociedad, particularmente donde
hay pobres, oprimidos y excluidos.
Fue un decidido impulsor de la tarea comprometida de los
cristianos laicos en su propio lugar, en la vida de la sociedad,
impulsando los valores cristianos profundizados incesantemente
en la comunidad eclesial y expresándolos según su propia
conciencia, a través de los instrumentos de análisis, de
propuesta y de acción que la propia sociedad aporta. Eso implica
una superación radical del dualismo y de la separación entre
vida social y vida cristiana; esboza el camino de una síntesis
dinámica, una interpelación recíproca entre el Evangelio y la
vida concreta del hombre y de la sociedad toda. Además, supone
algunos criterios básicos que poco a poco van conquistándose y
afirmándose; entre otros, el respeto de la libertad de
conciencia política desde la comunidad eclesial, la tolerancia y
la paciencia en los procesos de búsqueda por parte de todas las
orientaciones y sectores, de los caminos sociales y políticos de
construcción de una sociedad más humana.
También conlleva una autocomprensión
de la Iglesia, no como una institución de poder o legitimadora
del poder, sino como servidora del proceso de humanización en la
historia. Entendía al Evangelio como un anuncio de libertad, de
justicia y de paz en todas las dimensiones humanas.
Unos meses antes de participar en el Concilio Vaticano II
expresaba su visión de lo que iba a vivir, y esta expectativa
nos dice mucho de lo que será su acción pastoral y su compromiso
social. Decía: "El caso es que los cambios habidos en el mundo
en los últimos tiempos, son tan profundos que la Iglesia se
siente urgida a adecuar a ellos sus estructuras temporales [...]
El Concilio se esforzará en que la Iglesia tenga más audiencia
en el mundo de hoy, y su presencia en el seno de la sociedad, en
las relaciones de los hombres y los pueblos sea cada vez más
viva [...]".
En sus memorias también reflexiona sobre el Concilio cuando
expresa: "Al cabo de cada una de las cuatro sesiones, cuando
volvía a mi casa con los textos con olor de tinta fresca, me
preguntaba: ¿Qué será de todo esto? ¿Serán textos para los
seminaristas del futuro? ¿Será una brisa que apenas rizará las
aguas tranquilas? ¡Pronto supe que era mucho más que eso! Era un
soplo que hacía caer muchas hojas secas; era el Espíritu que se
hacía sentir con fuerza".
Y
vaya si Parteli logró, con
propuestas concretas y con el impulso del trabajo, revolucionar
la labor pastoral. Voy a mencionar algunas de sus obras o
propuestas principales: la Pastoral de conjunto, su preocupación
constante por los jóvenes y su acompañamiento. Decía: "El
trabajo con los jóvenes es una tarea de siembra incesante porque
si bien la juventud es permanente, los jóvenes pasan. Pero es
una siembra indispensable; de ella depende el futuro mejor que
todos soñamos". Dedicaba mucho tiempo y mucho trabajo a estas
áreas
También podemos mencionar los grupos de reflexión de vida.
Pastor que
defendió su rebaño
A
propósito de este homenaje, nuestro Embajador ante la Santa
Sede, Mario Cayota, hacía referencia
a estos grupos en un contexto histórico de suspensión de las
libertades y de prohibición del derecho de reunión. Adhiriendo
al homenaje escribe unas líneas, y voy a citar solo un par de
párrafos. Dice Mario Cayota: "Pero
sí; Monseñor Parteli fue un hombre
de amplias miras, también lo fue de gran firmeza, aun a costa de
lo que ello podría significarle. Durante su episcopado, los
grupos de reflexión, animados por el espíritu del Vaticano II,
se habían desarrollando grandemente en la Arquidiócesis de
Montevideo. En ellos se examinaban los acontecimientos a la luz
de la lectura del evangelio, y por supuesto se reafirmaban
valores tales como los derechos humanos, la dignidad de la
persona humana, la libertad, la paz y la democracia.- En las
mencionadas circunstancias, la dictadura de la época conminó a
Monseñor Parteli a que entregara la
nómina de los integrantes de los grupos de reflexión, exigencia
a la que Don Carlos, en decisión histórica, se negó
terminantemente. Permítaseme recordar la instancia precisa en
que Don Carlos tomó esta decisión ya que me encontraba presente,
y debo decir que ante el nerviosismo de muchos la actitud de Don
Carlos fue un ejemplo de serenidad y valentía, a la par que de
firmeza. Estoy convencido que esta resolución resultó un valioso
aporte, no siempre reconocido, para la restauración de la
democracia, ya que estos grupos, de integración plural, se
constituyeron en una verdadera escuela de humanismo y generaron
una clara alternativa a los proyectos autoritarios que querían
imponérsele a la ciudadanía".
La Iglesia y
el Mundo
La coherencia y la sensibilidad lo acompañaron siempre. Ya en la
Carta Pastoral de Adviento de 1967 denuncia la situación de
violación de derechos básicos de buena parte de la población y
llama la atención a todos los uruguayos, especialmente a los
católicos, expresando que ante esa penosa situación "[...] los
católicos pecaríamos de omisión si dejáramos de poner el máximo
empeño en corregirla". Luego dice claramente que "la Iglesia
como institución debe desvincularse de toda atadura concreta con
cualquier clase de poder público, económico o social, corriendo
aun el riesgo de ser perseguida y criticada". Más adelante
expresa: "Nada más alejado del espíritu de pobreza indispensable
para ser auténticamente cristiano que el acaparamiento de los
bienes que la población necesita. Lo superfluo, lo que no es
requerido por la propia necesidad, no puede ser retenido en
forma improductiva para el bien común, y menos cuando la
angustia y hasta la desesperación muerden el corazón de muchos
hermanos nuestros".
Tenía una concepción avanzada y propositiva
de la relación entre la Iglesia y el mundo, la vida en la
comunidad política. A la luz de los documentos de la Iglesia,
siempre propiciaba la importancia de la participación en la vida
y en el ordenamiento de la comunidad política. En ese sentido,
en un mensaje radial antes de las elecciones de 1971, afirmaba
la necesidad de una participación continuada de todos en la
acción política, que apuntara más directamente al bien común. Al
mismo tiempo, hacía un llamado a la unidad en la diversidad de
opciones partidarias.
Quiero hacer un paréntesis y decir que nunca se dejó encasillar
con ninguna opción política; acompañado siempre de diversos
líderes políticos de los diferentes partidos jamás permitió que
se lo encasillara en una sola expresión política.
Los años
oscuros
Cuando el país se internó en el oscuro período de la dictadura,
los mensajes de Parteli llegaron
hondamente a todos los uruguayos, en especial, a quienes más
sufrían la persecución y la represión. Su palabra atravesó el
cerco del miedo y de la censura, para llegar, inclusive, hasta
las cárceles, transmitida por los familiares de quienes allí
padecían; fue un mensaje de esperanza para creyentes y ateos,
para quienes necesitaban reafirmarse en la convicción de que no
todo estaba perdido.
Solo por citar algunos de sus mensajes, diré que en la Navidad
de 1979 expresaba, dando cuenta de su alta sensibilidad y
compromiso: "Como señalamos en Puebla los Obispos, no puedo
dejar de recordar en este día de alegría, que hay muchos rostros
tristes cerca de nosotros, los rostros de los inquietos por la
duda, que le buscan sentido a sus vidas, los rostros de los que
tienen hambre de pan y de consuelo, los rostros de nostalgia de
los que lloran la ausencia de sus seres queridos, los rostros
apagados de los niños sin hogar y sin afectos [...]".
Podemos recordar también la Navidad de 1980, cuando llamaba a
trabajar por la verdad y la justicia, o la Misa de Gallo de
1982, cuando llamaba a tener presentes "(...) a todos los que no
están hoy con ánimo de fiesta [...]".
La despedida
Sin dejar de llamar a la esperanza, Parteli
nunca dejó de lado la compasión, esa capacidad humana de ponerse
en el lugar del otro, de vivir, de alegrarse, pero también de
sufrir con el otro. Esto tuvo como consecuencia la incomprensión
y la persecución. Él mismo recordó estos hechos al despedirse,
el 12 de julio de 1985, en la Catedral Metropolitana de
Montevideo, cuando expresaba: "La profunda crisis y las
tensiones ideológicas que radicalizaron posiciones, hicieron que
algunos gestos míos no fueran entendidos en su significación, ni
que mis palabras fueran reconocidas como un simple eco del
evangelio y del Magisterio de la Iglesia. Urgido por el deber de
decir lo que como pastor no podíamos callar, tuve que referirme
a la situación que se vivía, haciéndome portavoz de los que no
podían hacerse escuchar". Y al mismo tiempo recordaba con dolor:
"Aquella oposición, tanto adentro de la Iglesia como fuera de
ella, no quedó solo en palabras, sino que se tradujo en
incesante hostigamiento. [...] Fueron muchos los momentos de
sufrimiento al tener que afrontar en silencio y en soledad la
dura prueba, si bien sabía que me acompañaban un gran número con
su oración, su apoyo, e incluso compartiendo la cruz [...]".
Pese a todo esto se mantuvo firme en lo que él mismo llamó "el
duro camino de la fidelidad".
Y
en este devenir de cuestionamientos e intentos de
encasillamiento, Parteli lograba una
claridad excepcional. Contestando a un amigo una serie de dudas
planteadas, decía, entre otras cosas, en una carta del 22 de
marzo de 1971, publicada en el Órgano de la Arquidiócesis: "Sé
muy bien cuán ardua es la tarea de juzgar con objetividad sin
despojarnos de los sentimientos de simpatía o antipatía que
podamos tener. Hay sin embargo una guía evangélica que nos ayuda
a ser ecuánimes: estar con los más pobres y más débiles;
ponernos en su lugar para poder saber y sentir la angustia de su
impotencia, solos, sin derechos, sin abogados, inermes, e
incluso sin voz porque no saben o no los dejan hablar".
Quiero recordar algunos hechos que dan muestra de que los
valores que sostenía y proponía los llevaba
a la práctica y trascendía los límites que se le querían
imponer.
(Ocupa la Presidencia el señor Representante
Salsamendi)
El valor de
los gestos
Entre otras decisiones que tomó se destaca la de ser el primer
Obispo uruguayo en ingresar a un local político de una
organización marxista, el Partido Comunista; lo hizo para orar
ante los féretros de los ocho militantes de ese Partido
fríamente asesinados en aquella infame madrugada de abril de
1972 y para acompañar en esa situación por demás dolorosa.
Imaginemos por un momento el contexto social y político para
entender cabalmente la valentía y coherencia evangélica de
Parteli. Todavía hoy, quienes
estuvieron allí en estos días me comentaban esa anécdota, me
hablaban de lo impactante y, a la vez, consolador que resultó,
en aquel momento de dolor, ver a Parteli,
con su sotana negra, ingresar a ese local acompañado de otros
sacerdotes.
Con este espíritu se transformó en un referente no sólo para los
cristianos, sobre todo en los tiempos de dictadura, que lo
enfrentó a una disyuntiva que hace unos días comentábamos con
otro compañero: hacer frente al régimen dictatorial en forma
pública y agresiva, corriendo el riesgo de que le cercenaran aún
más las posibilidades de acción en tiempos especiales,
difíciles, al estilo de lo que sucedía en Chile, o, sin dejar de
oponerse al régimen, concentrarse en transformar a la Iglesia en
el espacio último de libertades que habían sido cercenadas por
los Poderes públicos, abriendo las parroquias para que se
llevaran a cabo reuniones, encuentros, cuando no para refugiar a
los perseguidos, abriendo tras los muros parroquiales espacios
de libertad que no existían en la sociedad. Y optó por este
camino.
Son muchos los hechos y las anécdotas. Ayer me comentaba el
entonces Presidente de la Asociación Estudiantil ASCEEP, Jorge
Rodríguez, que las puertas de la Parroquia y las instalaciones
de Conventuales habían sido abiertas para las reuniones de esta
organización, así como para los familiares de presos, exiliados
y desaparecidos. Me comentaba acerca de las personas con las que
se cruzaba en los corredores de ese edificio. También me hablaba
de la Parroquia de Tierra Santa, y además recordaba el 1º de
mayo de 1980, en San Antonio, donde la celebración de la
eucaristía por los trabajadores se transformó en el acto del 1º
de mayo. Rememoraba, asimismo, el 1º de mayo de 1983, cuando se
le acercaron innumerables personas para agradecerle; muchas le
expresaban que no eran católicas ni cristianas, pero le
agradecían mucho lo que había hecho por ellos y sus familiares.
Por supuesto, siempre tuvo una actitud humilde; no se subía a
los estrados; estaba con su boina, entreverado entre la gente,
casi que para pasar inadvertido.
Cuando a la salida de la dictadura el diálogo en el Parque Hotel
entre las Fuerzas Armadas que estaban en el poder y los partidos
políticos estaba interrumpido y se temía un desastroso bloqueo,
recibió oficialmente, en histórica audiencia lo que da cuenta de
su amplitud , por primera vez en el
país, al Gran Maestre de la Masonería, con algunos de los más
cercanos colaboradores de ambos, para buscar acercar posiciones
que ayudaran a la salida democrática.
En este punto hago un paréntesis, porque toda su vida fue en ese
sentido. La lista de interlocutores debería estudiarse con
cuidado; había muchas personas de la vida nacional e
internacional cuando en aquel momento eso era inédito; hoy este
tipo de encuentros podría parecer cotidiano, común, pero para
ese entonces no lo era tanto e, inclusive, resultaba hasta
escandaloso. Dio su saludo de paz a los judíos, visitó la
Asociación Cristiana de Jóvenes, oró públicamente en la Iglesia
Metodista Central, recibió a sindicalistas en conflicto.
Volviendo a su actitud a la salida de la dictadura, buscando
acuerdos, mesas de diálogo, contribuir al proceso de la apertura
democrática, junto a sus Obispos auxiliares publicó una carta
instando a la búsqueda de espacios de comunicación y expresión,
la que decía: "No hay diálogo real ni consenso social legítimo
sin un respeto escrupuloso a la voluntad de las mayorías,
especialmente cuando sus pronunciamientos son inequívocos. Son
los deseos populares, libremente expresados, los que confieren
la base de legitimidad a las normas de derecho y a las
instituciones. Solo así se supera la violencia declarada o
latente". Más adelante, decía: "[...] al servicio de todos los
que, aun sin compartir nuestra fe, sienten con nosotros el
respeto por la dignidad del hombre y buscan el camino de un
reencuentro de la gran familia oriental".
El final
Se mantuvo activo hasta sus últimos días, junto a quienes
crecieron como cristianos con su magisterio y siguió siendo
punto de referencia insoslayable dentro y también fuera de la
Iglesia.
Falleció el 26 de mayo de 1999, a los ochenta y nueve años, no
sólo rodeado del amor de la grey
católica, sino también del respeto y admiración de quienes no
profesan su fe, inclusive de muchos de aquellos católicos o no
que no compartieron o no entendieron siempre su interpretación
audaz, pero legítima, de la doctrina social de la Iglesia.
Entonces, hoy recordamos a Monseñor Carlos
Parteli. En este tipo de intervenciones siempre me gusta
usar este término, recordar, que proviene del latín, que
significa volver al corazón. Precisamente, esa es la propuesta
de hoy que hacemos en este humilde homenaje: volver al corazón
el pensamiento, las propuestas, el compromiso, la vida de
Monseñor Carlos Parteli porque sin
duda constituye un aporte muy rico para la sociedad toda.
Muchas gracias.
(Aplausos en la Sala y en la barra)
Agradecemos la información aportada por la Prof. Beatriz
Torrendell; a Magdalena Montero por
el texto de la exposición del Diputado Juan Andrés
Roballo, así como por la fotografía
del Diputado durante su oratoria.
Los subtítulos fueron aportados por Mons. Heriberto
Bodeant (tomados de su
blog
http://dar-y-comunicar.blogspot.com:80/)