Espontánea vigilia de oración en explanada de barrio
de Melo
En la noche previa a la celebración de la Beatificación del Papa
Juan Pablo II, más de un centenar de personas se congregó en la
explanada del Barrio La Concordia de Melo, lugar donde el hoy Beato
pronunciara el 8 de mayo de 1988 su homilía al mundo del trabajo.
Los fieles se congregaron “sin más publicidad previa que el aviso de
persona a persona” según lo informó el Obispo de Melo, Mons.
Heriberto Bodeant en su blog dar-y-comunicar.blogspot.com
En ese lugar tan significativo para los melenses los presentes se
reunieron a rezar el Rosario en espera de la Beatificación de Juan
Pablo II.
Monseñor Bodeant destacó la gratitud, el cariño y el reconocimiento
al Papa Juan Pablo II expresado por laicos de las cinco parroquias
de Melo, religiosas y sacerdotes. El Obispo Diocesano acompañó en la
hora de oración cargada de intensos sentimientos de afecto.
El Pastor dirigió la palabra a la concurrencia, invitando a invocar
con fe la intercesión del nuevo Beato, pidiendo al Señor las Gracias
que cada uno necesitara para sí o para sus seres queridos sin
olvidar pedir por la propia conversión.
Columna del Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti
Un
rasgo muy destacado en la vida del Papa Juan Pablo II fue su
acercamiento con los jóvenes. Era un gusto ver su comunicación con
ellos con palabras o gestos, sin importar si eran cien, mil o un
millón. Lo pude comprobar directamente en la Jornada Mundial de
Jóvenes realizada en Toronto, en el 2004, la última que presidió
antes de su muerte. Combinaba simpatía y verdad. No era la simpatía
cómplice de quien arranca fáciles aplausos silenciando verdades que
contradicen deseos inmediatistas de los jóvenes. Es la secreta ley
de la evolución propiamente humana, enunciada así por un hombre que
alcanzó las cumbres de la evolución espiritual: “Niega tus deseos y
hallarás lo que desea tu corazón” (San Juan de la Cruz, Dichos de
luz y amor).
Cada uno reproduce lo que ha aprendido de sus maestros. El joven
Karol, como lo señala el historiador George Weigel en la magnífica
biografía del Papa, recibió de su padre enseñanzas y ejemplos que
imprimieron huellas luminosas en su camino. De él y otros maestros
recuerda Juan Pablo II cómo desde joven quedó muy impresionado por
las palabras de Cristo a los discípulos: “No temas, pequeño rebaño,
porque el Padre de ustedes ha querido darles el reino” (Lucas
12,32). “El Evangelio no es la promesa de fáciles éxitos. No promete
a nadie una vida cómoda. Plantea exigencias. Y al mismo tiempo es
una gran promesa: la promesa de la vida eterna para el hombre,
sometido a la ley de la muerte; la promesa de la victoria mediante
la fe, al hombre amenazado por tantas derrotas”, escribe Juan Pablo
II.
Esta idea volvió a proponerla en Salto: “¡No tengan miedo a las
dificultades ni a las incomprensiones tantas veces inevitables que
produce en el mundo el esfuerzo por ser files al Señor! Ya sabemos
que el cristianismo nunca fue un camino cómodo. Y también sabemos
que vale la pena gastar la vida, día a día, en un trabajo constante
por ser coherentes con la fe que hemos recibido.” (9/05/88)
Junto al llamado a ser valientes y no sumisos ante el miedo o el
ambiente hostil, Juan Pablo exhortó a llamar a las cosas por su
nombre, sin traicionar el silencioso clamor de la verdad. Lo propuso
también en Salto: “Sin juzgar las intenciones ajenas debemos llamar
bien al bien y mal al mal. Es de sobra sabido que desfigurando la
verdad no se solucionan los problemas.”
A los jóvenes “amigos míos”, congregados en multitudinaria
concentración en Paris en 1997 les decía: “Este mundo es maravilloso
y rico, despliega ante la humanidad sus maravillosas riquezas,
seduce, atrae la razón tanto como la voluntad. Pero, al fin de
cuentas, no colma el espíritu. El hombre se da cuenta de que este
mundo, en la diversidad de sus riquezas, es superficial y precario;
en un cierto sentido, está abocado a la muerte. Hoy tomamos
conciencia cada vez más de la fragilidad de nuestra tierra,
demasiado a menudo degradada por la misma mano del hombre a quien el
Creador la ha confiado”.
En la historia del joven sacerdote Karol Wojtyla hay una anécdota
que muestra a las claras su estilo cercano hacia los jóvenes. Los
reunía en redes o grupos juveniles que llamaba la “pequeña familia”;
era un ambiente de intercambio, debate sobre temas de interés,
tiempos de oración y canto, alternando con salidas fuera de la
ciudad, a la montaña. Invitaba a incorporar a todo joven que veía
necesitado de amistades. La atmósfera informal que reinaba entre los
miembros del grupo y la franqueza que caracterizaba sus discusiones
estaban en claro contraste con el clima dominante en la universidad
y en el politécnico, en donde ninguno, por miedo de los informantes,
hablaba libremente. Esa sana camaradería, dice el historiador Weigel,
se convirtió en una alternativa a la hipocresía de la sociedad
comunista.
Después de la excursión para festejar la Pascua de 1952 los jóvenes
comenzaron a llamarlo Wujek, que en polaco significa “tío”, una
especie de nombre de batalla para evitar las sospechas de la era
staliniana”. Más allá de ser un nombre para no llamar la atención en
un régimen totalitario, la expresión no deja de tener su significado
familiar y de indicar confianza. Un claro anticipo del futuro Papa
hacia los jóvenes.
Columna publicada en diario “Cambio” del 6 de mayo de 2011
Obispo de Bagé evocó al Beato Juan Pablo II en Aceguá
Como
todos los años, la comunidad parroquial de Aceguá recibió el 1 de
mayo la visita de la imagen de Nuestra Señora Conquistadora. La
Parroquia Cristo Rey tiene territorio sobre Uruguay y Brasil, en las
diócesis de Melo y Bagé, respectivamente.
La visita de Nuestra Señora Conquistadora es un momento fuerte de
encuentro, en el cual suelen darse cita, como ocurrió el año pasado,
los obispos de las dos diócesis. Este año, los acontecimientos del 1
de mayo determinaron que Mons. Heriberto Bodeant permaneciera en
Melo, de modo que el Obispo de Bagé, Dom Gilio Felício, presidió la
Eucaristía junto con el párroco, el P. Thomas.
En su homilía, Dom Gilio hizo referencia a la beatificación de Juan
Pablo II y al camino misionero señalado por la Conferencia de
Aparecida.
“Todos estamos llamados a la santidad, la santidad es
posible y está al alcance de todos”
El
Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, presidió el domingo 1 de
mayo una Eucaristía celebrada en la Catedral en acción de gracias
por la beatificación de Juan Pablo II.
Compartimos la homilía pronunciada por Mons. Bodeant:
Queridas hermanas, queridos hermanos:
¡Cuántos acontecimientos confluyen en este día! El Uruguay y muchos
países del mundo recuerdan hoy el Día de los trabajadores. En
relación con ello, la Iglesia celebra la fiesta de San José Obrero,
y esta mañana, aquí en Melo, la parroquia a él dedicada vivió su
fiesta patronal.
La coincidencia de este primero de mayo con el segundo domingo de
Pascua nos pone frente a otra fiesta litúrgica: es el domingo de la
Divina Misericordia, establecido por el Papa Juan Pablo II. La
oración con la que se abre la Misa nos lo hace presente, invocando
al Padre como “Dios de eterna misericordia”.
Este día, tan cargado, pues, de significados, es el día que la
Iglesia ha elegido para celebrar la Beatificación de Karol Wojtiła,
el querido Papa Juan Pablo II.
¿Qué significa una beatificación?
En primer lugar, cuando la Iglesia celebra una Beatificación o,
luego, una Canonización, lo que hace es reconocer la santidad de
vida de una persona. La Iglesia declara Beato a Juan Pablo II porque
está convencida de su santidad de vida y tiene la certeza de que
está junto a Dios.
Beato significa feliz, bienaventurado: es la palabra que está en las
Bienaventuranzas que pronuncia Jesús. En el evangelio de Mateo Jesús
proclama bienaventurados, felices, o sea beatos, a los pobres de
espíritu; los mansos; los que lloran; los que tienen hambre y sed de
justicia; los misericordiosos; los limpios de corazón; los que
trabajan por la paz; los perseguidos por causa de la justicia… Todos
ellos lo son porque han seguido fielmente a Jesús como discípulos,
han perseverado con Él en sus pruebas, y por eso “de ellos es el
Reino de los Cielos” (cf. Mateo 5,3-10).
Así, cuando la Iglesia dice Beato Juan Pablo II, está afirmando con
certeza que él ha entrado definitivamente en el Reino de Dios, que
él ya está, para siempre, en la presencia de Dios.
En segundo lugar, algo que tal vez pueda sorprendernos…
Pensando en la vida de Juan Pablo II, uno no puede menos que quedar
admirado de sus obras: la entrega generosa de 26 años, 5 meses y 17
días de pontificado vividos hasta el final, hasta el último aliento.
El ardor misionero desplegado en 250 viajes apostólicos en los que
visitó 129 países. Un frondoso magisterio en el que relucen 14
encíclicas y 15 exhortaciones apostólicas. Una profunda convicción
en la vocación a la santidad de todo el Pueblo de Dios que lo llevó
a impulsar las beatificaciones, de las que celebró 1340 y las
canonizaciones, que fueron 483 en su pontificado. ¡Y cuántas cosas
más podríamos decir!
Recordemos también su relación con Uruguay. Sus dos visitas, en
1987, en su 33º viaje ¿traído por la Virgen de los Treinta y Tres? y
en 1988, cuando llegó hasta nuestra Diócesis, y estuvo aquí mismo,
en esta catedral, orando de rodillas junto con Mons. Cáceres.
Pero hay más aún en esta relación con Uruguay: el 10 de octubre de
1993, al proclamar beata a una religiosa nacida en Italia,
sorprendió a muchos diciendo: “Yo te saludo, primera beata del
Uruguay”. La nueva beata era la Madre Francisca Rubatto, fundadora
de las Hermanas Capuchinas, que vivió sus últimos años en
Montevideo, donde murió el 6 de agosto de 1904 y donde tiene su
santuario.
Pero este no fue su último regalo: el 11 de marzo de 2001, dos
laicas uruguayas, Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz, mártires en
la Guerra Civil española, fueron beatificadas también por Juan Pablo
II. Sus restos son venerados en la catedral de Montevideo.
Viendo tantas obras, de las que apenas he dado unos números y unos
pocos ejemplos, puede sorprendernos, como les decía, lo siguiente:
al declarar a alguien beato o santo, lo que la Iglesia reconoce, más
que lo que la persona ha hecho, es lo que Dios ha hecho en esa
persona.
Eso lo tenían claro nuestros abuelos, los que nos daban la bendición
poniéndonos la mano sobre la cabeza y diciendo: “Que Dios lo haga un
santo, m'hijo”. Tenían razón. Sólo Dios es santo, sólo Dios
santifica. Sólo Dios nos hace santos, y nos llama a todos a la
santidad. Nuestra santificación es su obra. Nuestro trabajo, nuestro
esfuerzo, es dejar a Dios actuar. Es dejar que su Gracia, que su
Amor atraviese nuestra vida. Un santo es como un vitral, que deja
pasar la luz. Si miramos un vitral sin que la luz lo atraviese, no
tiene gracia. Los colores son opacos, sin vida. Cuando la luz lo
atraviesa, resplandece. Todas las cualidades humanas de una persona,
que son igualmente don de Dios, resplandecen cuando la luz de la
Gracia las atraviesa y llegan así a tocar la vida de los demás.
Todos estamos llamados a la santidad, y la santidad está al alcance
de todos, porque es Dios el que la hace posible, si lo dejamos
actuar… pero ¡cuántas resistencias tenemos que vencer!
Ahora bien, ¿Cómo llega la Iglesia a esa certeza, cómo puede la
Iglesia estar segura de que alguien está ya junto a Dios?
Esa certeza llega a través de un proceso estricto, que tiene varias
etapas:
Primero, la presentación del candidato, que tiene que ser una
persona que haya fallecido en “fama de santidad”. Se escribe su
biografía, se ubican testigos, se recopilan sus escritos, inclusive
aquellos de carácter personal como sus cartas, su diario. Cuando la
causa ha quedado presentada y aceptada, la persona recibe el título
de Siervo de Dios. Para Juan Pablo II, esto sucedió el 18 de mayo de
2005, por edicto del Cardenal Ruini, Vicario General de la Diócesis
de Roma.
Segundo, a partir de allí se investiga la vida de la persona para
ver si vivió las virtudes cristianas en forma heroica. Se examinan
todos sus escritos para ver si no hay nada contrario a la fe o las
buenas costumbres y, sobre todo, se recogen declaraciones de
testigos que puedan hablar no sólo de su conducta pública, visible,
sino también de cómo era en su vida cotidiana. ¿Qué quiere decir
heroicidad de virtudes? Quiere decir vivir la fe, la esperanza, y
sobre todo la caridad, el amor, de un modo que se destaca
notablemente.
Para comprobar eso, en el proceso de beatificación de Juan Pablo II
se escuchó a 122 testigos, de entre las personas que mejor lo
conocieron y lo trataron más. 35 cardenales, 20 obispos, 36 laicos y
laicas, 19 sacerdotes, 6 religiosos, 3 cristianos no católicos y un
judío.
Para muestra, dos testimonios.
Su secretario, el padre Stanislaw Dziwisz, explica cómo la fe
llevaba a Juan Pablo II a un gran optimismo y abandono en Dios:
Veía todo en modo positivo, no era pesimista, creía que Dios lo
gobierna todo, confiaba en la acción del Espíritu Santo en el mundo
y abandonaba todo en las manos de la Madre Santísima. Esta era su
fuerza. Nunca se abatía ni se dejaba condicionar por las
contrariedades. Ante las noticias adversas que le llegaban
reaccionaba con la oración, poniendo todo en las manos de Cristo
(Summarium, II, p. 808)
Una amiga suya de Polonia y que continuó la amistad en Roma, Luzmila
Gryegel, explica:
Ejercitó la virtud de la esperanza en grado heroico durante toda su
vida. Se le notaba especialmente en los momentos difíciles y durante
los acontecimientos trágicos, sea en su historia personal, sea en la
historia de Polonia, y después en el mundo entero. Nunca perdía la
serenidad y la tranquilidad. Tenía una enorme confianza en la
intervención de la Divina Misericordia en la historia del mundo y de
la Iglesia y sabía transmitirla tanto a cada persona como a la
multitud de los fieles (Summarium, II, p. 847).
Con estos, y muchos otros testimonios, el 19 de diciembre de 2009,
el Papa Benedicto XVI declaró a Juan Pablo II Venerable.
¿Qué faltaba entonces para su beatificación? La comprobación de un
milagro sucedido por su intercesión.
Quienes están junto a Dios interceden por nosotros. Toda Gracia
viene de Dios: la conversión, el consuelo, la curación, el milagro,
todo es obra de Dios. Todo se lo podemos pedir a Él directamente;
pero la Iglesia, desde los primeros tiempos, tiempo de los mártires,
confió también su oración a los intercesores: a la Santísima Virgen
María, a los mártires, a los santos. ¿Qué le decimos a la Virgen?
“Ruega por nosotros, pecadores…” Le pedimos que interceda por
nosotros. Lo mismo le pedimos a los santos.
La Hermana Marie Simon-Pierre, una religiosa francesa, tenía 40 años
en 2001, cuando se le diagnosticó el mal de Parkinson. Ella era
enfermera y su servicio a los enfermos se le hizo cada vez más
difícil. Su Parkinson era doloroso, afectaba el lado izquierdo de su
cuerpo… y ella era zurda. Ella cuenta que le costaba mirar a Juan
Pablo II en la televisión, verlo enfermo, con el mismo mal que ella
sufría e imaginar que algún día ella quedaría también en ese estado.
Después de la muerte del Papa, su comunidad y su congregación
empezaron a pedir para ella la curación por la intercesión de Juan
Pablo II. La noche del 2 de junio de 2005 ella se sentía
especialmente mal. Su enfermedad se había agravado. Al irse a
descansar, su superiora la animó a seguir confiándose a la
intercesión de Juan Pablo. Esa noche durmió bien. A la mañana
siguiente se levantó curada. Su neurólogo constató que habían
desaparecido todos los síntomas. El hecho fue investigado por otros
médicos y se verificó que no había explicación natural. Es así que
en enero de este año el Papa Benedicto XVI autorizó la Beatificación
de Juan Pablo II y se fijó la fecha de hoy.
Y a partir de hoy, continúa el proceso para su canonización. Un
nuevo milagro, que pueda ser comprobado de aquí en adelante es lo
único que se necesita para que un día, Dios mediante, podamos decir
“San Juan Pablo II”.
El Evangelio de hoy también nos ha presentado una bienaventuranza, y
una dirigida especialmente a todos nosotros: “¡Felices los que creen
sin haber visto!” (Jn 20, 29).
Es que, como decía antes, todos estamos llamados a la santidad, y la
santidad es posible. Está al alcance de todos. Hace poco lo
recordaba el Papa Benedicto:
¿cómo podemos recorrer el camino de la santidad, responder a esta
llamada? ¿Puedo hacerlo con mis fuerzas? La respuesta es clara: una
vida santa no es fruto principalmente de nuestro esfuerzo, de
nuestras acciones, porque es Dios, el tres veces santo (cf. Is 6,
3), quien nos hace santos; es la acción del Espíritu Santo la que
nos anima desde nuestro interior; es la vida misma de Cristo
resucitado la que se nos comunica y la que nos transforma.
(Audiencia General, 13 de abril de 2011).
La oración, la meditación de la Palabra de Dios, la participación en
la Misa dominical, el sacramento de la Reconciliación, son todos
medios a través de los cuales nos llega la vida de Cristo
Resucitado, la fuerza que transforma nuestra vida.
Junto con eso, el “secreto” de Juan Pablo II: su confianza en María.
Su lema era Totus Tuus, Todo Tuyo, tomado de la oración de san Luis
María Grignion de Monfort. Junto al Beato Juan Pablo II, hagamos
nuestra esa oración, uniéndonos a él y a María, para más unirnos a
Cristo (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n.
266):
Guzmán Carriquiry: “Juan Pablo II fue el más grande
líder de los últimos 30 años del siglo XX”
Entrevista emitida en Radio EL ESPECTADOR, programa En PERSPECTIVA
del miércoles 4 de mayo de 2011
A
tan solo seis años de su muerte, Juan Pablo II fue proclamado beato
por el papa Benedicto XVI. La velocidad del proceso causó asombro ya
que, anteriormente, las etapas de beatificación y la posterior
santificación podían llegar a tardar un siglo cada una. Consultado
por En Perspectiva, el doctor Guzmán Carriquiry, subsecretario del
Pontificio Consejo para los Laicos del Vaticano, consideró que los
27 años de pontificado de Juan Pablo II fueron “de una densidad
impresionante de entrega a la misión que Dios le había encomendado”
y que el papa polaco “fue una figura propositiva a nivel mundial que
superó todos los confines de la Iglesia católica”. Carriquiry
sostuvo que Uruguay necesita una “revolución espiritual” y agregó:
“Yo diría, parafraseando a Juan Pablo II, que no tengamos miedo los
uruguayos a abrir las puertas de nuestro corazón a Cristo [...] que
ciertamente viene a nuestro encuentro como respuesta razonable y
totalmente satisfactoria de esos anhelos de verdad, de amor, de
justicia, de felicidad que llevamos en el corazón”.
EMILIANO COTELO:
Este domingo 1° de mayo de 2011, Juan Pablo II dio el segundo paso
hacia la santidad, seis años después de su muerte.
En la plaza de San Pedro, el papa Benedicto XVI proclamó “beato” a
su antecesor durante una ceremonia que congregó a más de un millón
de personas provenientes de todo el mundo.
El papa, que llevaba la casulla y la mitra de Juan Pablo II,
pronunció la solemne fórmula en latín con la que oficializó la
beatificación.
EC - “Concedemos que el venerado siervo de Dios, Juan Pablo II,
papa, sea de ahora en adelante llamado beato”, proclamó Benedicto
XVI.
Esta mañana les proponemos analizar esta novedad, en diálogo con el
doctor Guzmán Carriquiry, abogado uruguayo, subsecretario del
Pontificio Consejo para los Laicos del Vaticano, alguien que trabajó
junto a Juan Pablo II durante casi todo su pontificado.
Empecemos con una pregunta básica, que quizás para los católicos sea
una obviedad pero quizás no tanto para quienes no lo son. ¿Qué es la
beatificación?
GUZMÁN CARRIQUIRY:
La Iglesia proclama beata a una persona, la reconoce como beata por
haber vivido su fe cristiana en un modo muy ejemplar, una vida
transformada por Cristo y conformada a Cristo. No es como decimos en
términos vulgares un “santurrón”, sino quien es testigo de una
humanidad sorprendente. Y tan ejemplar, tan consustanciado con
Cristo que la Iglesia lo sabe cerca de Dios, lo sabe en la gloria de
Dios. Por eso un beato es un ejemplo para la vida de todos los
cristianos. Y no solo para la vida de los cristianos, sino que
también es alguien a quien se le pueden confiar las penas, los
sufrimientos, las peticiones, las esperanzas, porque se sabe que es
un intercesor cercano a Dios.
EC - ¿Qué requisitos deben cumplirse para que una persona sea
nombrada “beata”?
GC - La Iglesia tiene un proceso normativo muy escrupuloso para
llegar a proclamar una persona beata. Se estudian su vida, sus
escritos, se recogen numerosísimos testimonios, se pulsa esa fama de
ejemplaridad que la persona tiene en el pueblo cristiano. Y después
se tiene que comprobar fehacientemente, escrupulosamente un milagro
que le haya sido solicitado a la persona beatificada y que más allá
de todos los estudios médicos y de todas las consideraciones
científicas no tenga explicación directamente racional.
EC - ¿Todos los beatos terminan siendo nombrados “santos”?
GC - No, no, no. Hay muchísimos beatos que no han sido nombrados
santos. La canonización, es decir, la proclamación de santidad es un
paso todavía mucho más solemne de la Iglesia, en el que la Iglesia
empeña mucho más su autoridad. Cuando alguien es proclamado santo en
el calendario litúrgico de la Iglesia se establece un culto público
a ese santo para toda la Iglesia universal.
EC - La agencia EFE recordaba el domingo que el proceso de
beatificación de Juan Pablo II se abrió en junio de 2005, dos meses
después de su fallecimiento, y que eso ocurrió por deseo expreso de
Benedicto XVI, sin haber transcurrido los cinco años de la muerte,
como establece la legislación canónica...
GC - [Es poco habitual] ...que en tan poco tiempo una persona sea
proclamada beato. Y es muy impresionante que lo haya hecho su
sucesor mismo, que fue su más inmediato, más leal, más íntimo
colaborador durante su pontificado.
EC - Benedicto XVI dio ese paso sin que hubieran transcurrido los
cinco años del fallecimiento. Podía hacerlo, ya que la norma le
atribuye al papa la potestad de acelerar el proceso para que
comience el estudio de la eventual beatificación.
GC - Pero fue declarado en el sexto año después del fallecimiento;
de todas maneras en tiempo récord. Cierto que Juan Pablo II ya había
beatificado y canonizado a personas que habían fallecido
relativamente recientemente. Son los casos del padre Pío de
Petrelcina, de la madre Teresa de Calcuta. Pero este es un caso
sorprendente, quiere decir que había en el pueblo de Dios una
expectativa muy grande, había mucha gente que lo tomaba como gran
testigo y ejemplo de vida cristiana.
EC - ¿Por qué se da en este caso un proceso tan rápido? Antes estas
etapas en el proceso hacia la beatificación y luego a la
santificación podían llegar a demorar cada una 100 años. ¿Cómo se
entiende esto?
GC - El proceso normativo se ha seguido escrupulosamente, como dijo
Benedicto XVI, no se han salteado etapas, pero ha comenzado poco
tiempo después de su muerte, quizás por esa fama de santidad que
Juan Pablo II tenía en el pueblo de Dios. Cuando la autoridad de la
Iglesia se compromete y proclama un beato y después canoniza a una
persona no lo hace arbitrariamente, tiene que seguir ese proceso
normativo, pero tiene que hacerlo sobre la base del sentido de fe
del mismo pueblo de Dios, que de alguna manera señala con su
devoción a la persona que va a ser beatificada o después canonizada.
EC - ¿Qué hay que entender? ¿Que también los tiempos han cambiado,
que la época es otra, que las posibilidades hoy de las
comunicaciones, por ejemplo, permiten que los trámites, los
estudios, las investigaciones se hagan de manera más rápida que
antes?
GC - Los últimos papas nombraron más beatos y santos que los papas
anteriores en los cuatro siglos precedentes. Hay una aceleración de
los tiempos también.
EC - En el caso concreto de Juan Pablo II, ¿cuáles fueron los
méritos que la Iglesia encontró para nombrarlo beato?
GC - Fueron 27 años de una densidad impresionante de entrega a la
misión que Dios le había encomendado, fueron 27 años de una densidad
enorme de enseñanzas, de viajes apostólicos, de encuentros, de
imágenes, de iniciativas.
De este pontificado algunos decían “pontificado magno”, como se ha
dicho de muy pocos pontificados en la historia de la Iglesia. Creo
que el papa Juan Pablo II ha suscitado esa respuesta impresionante
en el pueblo de Dios especialmente porque el pueblo de Dios se ha
sentido abrazado por el amor de Dios a través del testimonio de Juan
Pablo II. La repuesta de los pueblos que han acogido a Juan Pablo II
ha sido extraordinaria.
Por otra parte, fue una figura propositiva a nivel mundial que ha
superado todos los confines de la Iglesia católica. Una figura
propositiva a nivel mundial, el más grande líder de los últimos 30
años del siglo XX, precisamente mientras los dos grandes centros del
poder mundial no ejercitaban ya ninguna atracción y comenzaban a
descomponerse. Hasta la última gota de sus energías en esos largos
años sufridos de enfermedad expuesta públicamente a nivel mundial el
papa dio muestras de entregar toda su vida al servicio de su pueblo,
del pueblo cristiano, pero al servicio de la humanidad entera.
EC - ¿Hubo una decisión expresa de Juan Pablo II de mostrar esa
enfermedad de la forma como él la llevaba?
GC - Ciertamente, porque hemos asistido tantas veces al ocultar la
enfermedad de personalidades importantes en la historia. Juan Pablo
II la expuso, mostraba hasta físicamente esa fuerza de su
personalidad poliédrica, incluso de deportista, que comienza a
sufrir la humillación de una enfermedad que lo limita enormemente,
que lo limita en sus gestos, en su voz, en sus movimientos. Los
medios de comunicación de nuestro tiempo nos presentaron durante los
últimos años esa imagen del papa sufriendo pero de pie y capaz de
seguir al firme, al pie de la cruz, digamos, en el servicio que el
Señor le había encomendado.
EC - Junto con los milagros, ¿qué se ha investigado en el caso de
Juan Pablo II?
GC - La Iglesia ha comprobado el milagro de la religiosa francesa
que sufría el mal de Parkinson, que prácticamente no podía ya
moverse y que de la noche a la mañana apareció totalmente curada
después de participar en la eucaristía del domingo.
Pasa a revisión muy radical y muy escrupulosa también por colegios
de médicos en los que intervienen médicos cristianos y médicos que
no cuentan con la fe cristiana. Es decir, se hace un análisis,
cuando hay alguna posibilidad indirecta de que la curación podría
haber sucedido por causas naturales jamás se declara un milagro.
EC - ¿Por qué se eligió el 1º de mayo para la beatificación de Juan
Pablo II? Es el Día Internacional de los Trabajadores y además día
de san José Obrero. ¿Cómo juega eso?
GC - El papa Juan Pablo II impuso una novedad en el calendario
litúrgico, impuso el 1º de mayo como la Fiesta de la Divina
Misericordia, vinculada a una santa polaca; es el primer domingo
después del domingo de Pascuas, y al papa Juan Pablo II esa fiesta
le llegaba muy hondo en su corazón cristiano. La fiesta de la
misericordia, el amor de Dios que nos abraza y que nos perdona
setenta veces siete, el pontífice que tuvo la libertad y el coraje,
como ninguna otra institución a nivel mundial, de saber pedir perdón
públicamente por los pecados de los hombres de Iglesia. Esa Iglesia
si no es una comunidad de pecadores reconciliados solo por la gracia
de Dios. Y esa fiesta de la misericordia que el papa integró dentro
del calendario litúrgico pareció la más adecuada para la fiesta de
la beatificación.
EC - Desde la audiencia, María de San José quiere que usted repita
el nombre de la santa polaca de la que Juan Pablo II era devoto.
GC - Santa Faustina. Tuvo visiones especiales sobre el Cristo como
la encarnación del Dios de la misericordia.
EC - Usted es subsecretario del Pontificio Consejo para los Laicos
del Vaticano. ¿Qué es esta institución?
GC - Yo soy subsecretario en uno de los ministerios del gobierno
universal de la Iglesia que trabajan con el papa. Usted haga la
analogía con el subsecretario de un ministerio del país, pero es a
nivel del gobierno universal de la Iglesia. Es un cargo de confianza
designado por el papa por cinco años que son renovables.
Yo tuve el honor y la gracia de ser nombrado subsecretario por Juan
Pablo II, a quien conocíamos yo, mi señora, mis hijos pequeños desde
antes de que fuera papa, cuando era cardenal Wojtyla de Cracovia.
Trabajé en los últimos años del pontificado de Pablo VI, en el
intervalo brevísimo de Juan Pablo I y después hice los 27 años del
pontificado de Juan Pablo II. Me da mucha emoción y mucha impresión
el hecho de haber estado cerca de Juan Pablo II, ahora beato.
EC - ¿Qué recuerdos tiene de él? Alguno en particular a propósito de
ese trabajo que compartían.
GC - Son tantos los recuerdos… Compartí la mesa del papa muchas
veces, año por año, el papa nos acogía siempre a mí, a mi señora, a
mis hijos; a veces cuando mis hijos se acercaban a llevarle las
ofrendas en una misa, el papa viéndolos acercarse les decía “¿cómo
está papá?, ¿cómo está mamá?”. Después el regalo más grande que me
hizo fue cuando tres días antes de hacer el primer viaje al Uruguay
me llamó para decirme que me había incorporado en el séquito
oficial. Imagínese llegar en el avión a Montevideo, porque las
raíces están allí, los afectos están allí, con el papa, en el mismo
avión del papa, y pensando que mi madre, mis hermanos, algunos
amigos iban a estar allí esperándome.
Fueron 27 años tan llenos de actividades, de empeños, de
compromisos, que los custodio y los saboreo en el corazón.
EC - El papa Juan Pablo II visitó Uruguay en dos oportunidades, ha
sido el único papa que pisó suelo uruguayo, y usted, como lo
recordaba, formó parte de la comitiva oficial de aquellas visitas.
¿Algún episodio en particular que tenga grabado en la memoria?
GC - Recuerdo la primera visita, el primer viaje, llegamos en medio
de una gran tormenta, recuerdo el recorrido del papa por toda la
rambla hasta la catedral en medio de lluvia, pero lleno de
uruguayos. En nuestro país, tradicionalmente muy laicista, había una
expectativa, creo que afloraba una fe religiosa del pueblo uruguayo
muy grande. Yo mismo como uruguayo quedé impactado por esa acogida
del papa en el Uruguay, por su pueblo y por los Gobiernos del
Uruguay. Recuerdo la misa, después de una tarde y una noche de
lluvia salió el sol y tuvimos en Tres Cruces una eucaristía
extraordinaria, para seguir después el viaje, muy difícil, a Chile,
y terminar, también en un viaje difícil, en Argentina, donde se
realizó la segunda gran Jornada Mundial de los Jóvenes con el papa.
Creo que debo de ser uno de los pocos, pocos, si no el único, en la
Iglesia católica que hizo todos los encuentros mundiales de los
jóvenes con el papa que se realizan cada dos años, con Juan Pablo II
y después con Benedicto XVI, que son manifestaciones impresionantes.
EC - El papa Juan Pablo II significó para la Iglesia católica un
cambio muy importante en materia de comunicación, en materia de
llegada a la gente. ¿Cómo lo examina usted?
GC - Ciertamente que fue un grandísimo comunicador, tenía el don de
comunicar a través de la palabra, del gesto, de los silencios, del
canto, una capacidad y un don especial de comunicarse, pero pienso
que más que el cantor importaba la canción y que sabía comunicarla
adecuadamente. Yo recuerdo aquel resonar impresionante de su primer
discurso en la misa inaugural, “abrir las puertas a Cristo, abrir
las puertas a Cristo, del corazón, de las personas, los sistemas
políticos, económicos”. Era un pontificado que ayudaba a los
cristianos a recuperar, a redescubrir la libertad, el coraje, la
fuerza, la alegría de ser cristianos y de expresar el cristianismo
no dentro de los templos sino en vinculación con todo lo humano, con
todo lo verdaderamente humano, más allá de los confines de la
Iglesia. Pienso que esa capacidad de abrazar todo lo humano desde
Cristo con un amor impresionante que la gente sentía palpablemente
fue lo que le dio un grado exponencial muy especial a la
comunicación del papa.
EC - En estos días, a raíz del acto de beatificación, se ha escrito
y se ha hablado mucho sobre Juan Pablo II en todos los medios de
comunicación del planeta. Y en esas notas han figurado también
objeciones. Veía por ejemplo un cable de la Agencia France Presse
que en un pasaje señala:
“La principal sombra que pesa hoy en día sobre su papado es que no
haya usado contra los curas condenados por pedofilia, entre ellos el
fundador de los Legionarios de Cristo, el mexicano Marcial Maciel,
la misma intransigencia que aplicó a los sectores más progresistas
de la Iglesia, como la Teología de la Liberación, que apartó sin
titubear de América Latina”.
¿Qué dice usted sobre ese tipo de cuestionamientos?
GC - Fíjese que los pueblos han dado su veredicto con Juan Pablo II.
Siempre va a haber quien se coloque como inquisidor según los
propios criterios y las propias medidas para juzgar a todos, incluso
a Juan Pablo II. Ese cable olvida que fue el más directo inmediato
colaborador de Juan Pablo II, el cardenal Ratzinger, quien durante
los últimos años del pontificado de Juan Pablo II inició el juicio
al padre Marcial Maciel, y ciertamente lo inició en comunión y unión
perfectas con Juan Pablo II. Con Juan Pablo II funcionó muchas veces
una esquizofrenia, hacía un gesto y decían que era conservador,
decía otra palabra y decían que era progresista, categorías que
muchas veces no se aplican y resultan anacrónicas para juzgar a
grandes personalidades de la Iglesia.
El papa ciertamente no condenó la teología de la liberación, el papa
condenaba y repudiaba las deudas que tenían ciertas corrientes de la
teología de la liberación con el marxismo, el marxismo que estaba
haciendo agua por doquier, que se estaba resquebrajando como se
resquebrajaban los muros y se derrumbaban los regímenes del
socialismo real. Pero retomaba todas las intuiciones proféticas
también de esa teología, gran defensor de la dignidad de la persona,
hablando con mucha fuerza y con mucha valentía sobre las injusticias
y las miserias y las formas de opresión que vivían muchos sectores
en nuestros países en cada uno de los viajes latinoamericanos.
EC - ¿Qué implica esta beatificación para la Iglesia católica? ¿Qué
mensaje trata de enviar la Iglesia a quienes no pertenecen a ella,
por ejemplo?
GC - Yo quiero enviarles un mensaje a los uruguayos. Porque yo
diría, parafraseando a Juan Pablo II, que el Uruguay no tenga miedo,
que no tengamos miedo los uruguayos a abrir las puertas de nuestro
corazón a Cristo, que él sabe lo que hay en el corazón del hombre,
sabe lo que hay en el corazón de los uruguayos, y que ciertamente
viene a nuestro encuentro como respuesta razonable y totalmente
satisfactoria de esos anhelos de verdad, de amor, de justicia, de
felicidad que llevamos en el corazón.
Yo advierto desde lejos, porque sigo siendo sobre todo uruguayo,
rioplatense, mercosureño, latinoamericano, advierto gracias a Dios
que el Uruguay está creciendo muy bien económicamente, crecen las
inversiones, los empleos, las exportaciones, ahora se puede
enfrentar mejor la cuestión de la equidad. Pero todo esto no basta,
el Uruguay necesita una revolución cultural, espiritual. ¿Quién
puede alimentar grandes ideales y esperanzas fundadas en la juventud
uruguaya? ¿Acaso tienen fuerza educativa y movilizadora los restos
agotados de ideologías que se van quedando cada vez más anacrónicas?
Por eso la beatificación invita a los uruguayos a hacer la prueba de
abrir las puertas a Cristo. Al vino bueno para saber que es bueno
hay que probarlo.
P. Tomás Tadeo
sdb
La Beatificación de Juan Pablo II vista por un
uruguayo en Roma
"ABRE TU CORAZÓN DE PAR EN PAR! NO TENGAS MIEDO! TE PRESENTO UN GRAN
AMIGO, QUE HA SIDO Y ES MI FUERZA: CRISTO JESÚS”
El religioso salesiano Tomás Tadeo se encuentra desde el año pasado
residiendo en Roma y con la espontaneidad que lo caracteriza nos
hizo llegar unas líneas para compartir sus vivencias de la
beatificación del Papa Juan Pablo II con quienes debimos seguirla a
través de la TV.
“El sábado 30 volvíamos de compartir ejercicios espirituales un
grupo de 60 compañeros y llegando a Roma nos pusieron el CD de la
vida de Juan Pablo II. ¡Qué de desventuras tuvo ese Karol! Cuántos
sufrimientos e injusticias le tocó afrontar y hasta explicar a sus
compañeros! Podríamos decir con mezquindad que tuvo una ‘triste
juventud’! En Roma el tiempo estaba lluvioso y fresco, y
experimentaba un gran cansancio por el viaje así que como la Noche
Blanca se llevaba a cabo en 8 Iglesias y lugares de Roma, y se
transmitía por Internet, me quedé en casa algo cansado, pero con
internet al lado. Qué sublime que fueron esos espectáculos! en
especial el del Circo Máximo.
Italia es cuna del arte: el Himno a Juan Pablo, cantado por la Santa
Cecilia; las entrevistas al Secretario de JP, y a tantas otras
personas y ,sobre todo, la calidad de los que presentaban, hacía que
el tiempo no se sintiera... y así, esa velada de preparación, llegó
hasta las 6 hs del domingo 1º de mayo.
Quedaba poco para dormir...y no antes de las 8 hs. me dirigí hacia
el Vaticano. No quise rebuscarme con ninguna entrada especial, sino
"estar con el pueblo" de a pie. Bajar del Metro en Ottaviani, y
después de caminar la primera cuadra, ver que los innumerables
Carabinieri, muy educadamente te decían: "no hay más lugar..." “no
entra ni un alfiler...” “vaya al Circo Máximo que hay una Pantalla
gigante donde podrá ver”…. No convencía mucho.
Tomé el Metro y me fui a Santa María la Mayor, lugar donde recé mi
primera Misa. También había una Pantalla Gigante que aprovechando la
escalinata y el declive de la calle ver la transmisión a muchísima
gente. Comodidades cero! Paraditos, y con el sol que comenzaba a
picar; los más precavidos con su sillita plegable.. Y a las 10 hs
comenzó la ceremonia. La Beatificación, son apenas unos 7 minutos de
oración, al comienzo de la Misa! y yo veía cerca de mí sillas de
ruedas, con alguien que no quería perderse esa vivencia; matrimonios
que habían viajado con el coche del bebè... y luego se veía el
innumerable grupo que pasó la noche, al aire libre “tirados en el
piso" apenas sobre una colchoneta..
¿Qué vino a ver esa gente?, ¿esos 7 minutos de oración? No, algo
mucho más profundo: la alegría de ver que un amigo, un hombre bueno,
al que conocieron, vieron, hablaron y quizá tocaron, es propuesto
como modelo mundial de la bondad; del amor al hermano, del perdón
incluso a su asesino, de querer llevar su palabra y consuelo a todo
el mundo, y por eso viajar, aún cuando daba lástima verlo!!!
Roma es una ciudad muy especial: acostumbrada a las riquezas de los
Césares, a las persecuciones; a las visitas de personajes y
reuniones de alto vuelo... y también apta paracomer un pedacito de
pizza en la vereda!! Por eso a este Papa lo han amado como nunca:
los afiches de él lo muestran con toda la ternura que fue capaz de
manifestar.
Me acordé mucho y recé por cada uno de los uruguayos "de ese país el
más laico de América Latina" para que todos nos esforcemos en
levantar un poco más la vista arriba...
No es con una ley más fuerte contra la delincuencia; no es con
mayores inversiones para Industrias, no es tampoco con el solo
progreso económico como podremos mejorar..
Ojalá que aquel Buen hombre que en dos ocasiones nos visitó, y de
quien se guarda tan buen recuerdo, nos diga: "Abre tu corazón de par
en par! No tengas miedo! te presento un gran Amigo, que ha sido y es
mi fuerza: Cristo Jesús. El se preocupará de tí durante toda tu
vida... y hasta después de tu muerte! Que así sea!"
Se conmemoran 130 años de la Pascua del Siervo de
Dios Jacinto Vera
Se
conmemoran hoy, 6 de mayo, los 130 años de la muerte en Pan de
Azúcar del Siervo de Dios, Mons. Jacinto Vera, Primer Obispo de
Montevideo y de todo el país.
El Obispo de Maldonado, Mons. Rodolfo Wirz, presidirá una Misa en la
Iglesia Parroquial de Pan de Azúcar a las 16 hs. Posteriormente,
tendrá lugar una procesión hasta el Museo y lugar del deceso del
Siervo de Dios. La conmemoración culminará con una convivencia en
ese lugar histórico.
En todas las Misas que se celebran este día en todo el país será
evocado Mons. Vera.
El 6 de mayo de 1881, en una posada del pueblo Pan de Azúcar, moría
Jacinto Vera, el primer obispo uruguayo. Estaba lejos de su sede de
Montevideo, en uno de sus numerosos viajes misioneros. Había nacido
el 3 de julio de 1813 durante el viaje en el que sus padres,
provenientes de las islas Canarias, venían como inmigrantes al
Uruguay, en busca de una tierra para su familia. La de Vera fue una
vida de peregrino; una peregrinación espiritual que incluyó junto a
los viajes misioneros, el destierro y la marginación.
A los 19 años, después de una tanda de Ejercicios espirituales,
sintió el llamado al sacerdocio. Luego de los estudios de Teología
en el seminario de los jesuitas en Buenos Aires, en 1841 es ordenado
sacerdote. De regreso a su patria, es nombrado teniente cura y
después párroco de Canelones. En 1859 es designado Vicario
Apostólico de Montevideo y empieza una difícil tarea de organización
de la Iglesia uruguaya. En 1865 es consagrado obispo pero recién en
1878 se crea la diócesis de Montevideo y Mons. Vera es nombrado su
primer obispo. En 1870 participa en el Concilio Vaticano I; diez
años después inaugura el primer Seminario de Montevideo. Recorrió
varias veces el país con sus viajes misioneros.
Su profunda unión con Dios, la prioridad por el sacramento de la
reconciliación, su adhesión al Papa (Pío IX y León XIII), su pasión
por la Virgen del Carmen, una preocupación constante por las
vocaciones sacerdotales, su estímulo por la participación del
laicado (fue fundador del Club Católico) y su interminable
peregrinar hasta el último rincón del país, hicieron que, al morir,
Mons. Jacinto Vera fuera proclamado santo por su pueblo.
En 1935 se inició el camino ante el Vaticano para elevar a Mons.
Vera a los altares como beato primero y como santo finalmente.
Actualmente es Siervo de Dios (rango previo a la beatificación y a
la canonización).
ARQUIDIÓCESIS DE MONTEVIDEO
El Arzobispo de
Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno presidirá una Misa en acción de
gracias por el beato Juan Pablo II el domingo 1 de mayo, a las 11
hs, en la Catedral Metropolitana.
Cardenal Marc Ouellet
El 15 de mayo se
celebrará a las 16 hs. una Misa Campal en la Cruz de Tres Cruces
(erigida para la primera visita de Juan Pablo II a Uruguay en 1987),
que presidirá el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación
para los Obispos de la Santa Sede. En la oportunidad se ordenarán 3
sacerdotes y tres diáconos en camino al sacerdocio y al finalizar se
tributará un homenaje al Beato Juan Pablo II.
MINAS
En la Diócesis de Minas. A las19.00 horas, el Obispo Mons. Jaime
Fuentes celebrará la Santa Misa Solemne del Domingo de la Divina
Misericordia, uniéndose toda la comunidad a la alegría por la
beatificación de Su Santidad Juan Pablo II.
El sábado 7 de mayo, a las16.00 horas, en el Teatro Lavalleja,
homenaje al Beato Juan Pablo II. El Obispo de Minas pronunciará una
conferencia sobre "El mensaje de Juan Pablo II al Uruguay". A
continuación actuará el Coro "Cantares 10" y posteriormente se
proyectará la película "Karol, el hombre que llegó a ser Papa".
DIÓCESIS DE MELO
Domingo1º de mayo,
Segundo Domingo de Pascua, Domingo de la Misericordia
15:00- Catequesis sobre
la Divina Misericordia, seguida de la Exposición y Adoración del
Santísimo Sacramento
17:00- Eucaristía
presidida por Mons. Heriberto Bodeant, Obispo de Melo
DIÓCESIS DE MERCEDES
Con motivo de la
Beatificación en Roma el próximo domingo 1º de mayo, a la hora 19,
en la Iglesia Catedral "Nuestra Señora de las Mercedes", el Obispo
Diocesano, Mons. Carlos María Collazzi, presidirá la Misa de Acción
de Gracias.
DIÓCESIS DE SAN JOSÉ
El Obispo Diocesano,
Mons. Arturo Fajardo (Ordenado sacerdote por Juan Pablo II en la
Misa celebrada en la ciudad de Florida durante su segundo viaje
apostólico al Uruguay, el 8 de mayo de 1988) presidirá la Santa Misa
en Acción de Gracias en la Catedral de San José a las 19:30 hs.
ACTIVIDADES en las Parroquias y Capillas
Parroquia Nuestra Señora de Fátima | Barrio Colón
El sábado 30 de abril
alas 18.30 hs. en la parroquia se realizará el "Via Lucis" (Camino
de la luz) en el Templo Parroquial y después la Santa Misa.
El Domingo a las 10 hs.
celebraremos la Misa en Acción de Gracias por la beatificación de
Juan Pablo ll y rezaremos la coronilla a la Divina Misericordia al
culminar la Eucaristía
Dalmanutá TRINIDAD
Se han publicado unos
fascículos sobre el Papa Juan Pablo II, en este momento se está
imprimiendo el segundo y se piensa continuar con la publicación.
Durante el tiempo de Cuaresma las homilías en Capilla Santa Teresita
han sido como catequesis con textos y pensamientos de Juan Pablo II.
El próximo martes 3 de
mayo se celebrará una Misa de Acción de Gracias en la Capilla Santa
Teresita, Trinidad a las 19 hs.
El miércoles 4 y
jueves5 de mayo, se proyectará la película “Karol, el hombre
devenido Papa” a las19:30 horas en el Cine Plaza. Estas funciones
son con Entrada libre. Durante la función se distribuirá a la gente
algún material sobre la persona de Juan Pablo II.
Parroquia de Luján | Trinidad
En la Parroquia Nuestra
Señora de Luján se celebrará la Santa Misa de la XV Peregrinación a
la cruz de los Cerros de Ojozmín en Acción de Gracias por la
Beatificación de Juan Pablo II.
SALTO
Celebración de la Beatificación de Juan Pablo
II en la Parroquia Nuestra Sra. del Carmen, Salto
Con motivo de su Beatificación, Juan Pablo ll será evocado con
alegría, este domingo 1º de mayo en el lugar donde estuvo en Salto,
zona conocida desde entonces como “del Altar del Papa”. La
concentración será a las 11 horas y se anuncia puntualidad en un
acto que se adelanta será breve. En la tarde, en el templo
parroquial se celebrará a las 19:30 una Misa en acción de gracias
por la beatificación.
En tal sentido el párroco de Nuestra Señora del Carmen, P. José
María Acuña SDB, dijo en la mañana de este viernes que “el domingo a
las 11 de la mañana en el mismo lugar, hoy poblado y antes un gran
descampado, es que vamos a recordar aquellas más de 100.000 personas
que vibraron con el papa Juan Pablo II. Tiene que ser un acto
significativo, un dar gracias a Dios, y escuchar aquello que el Papa
dijo hace 23 años a todos los salteños y a todo el Uruguay”.
Y prosiguió: “Juan Pablo II estuvo en tantas partes del mundo y
estuvo en nuestro pequeño paisito por lo que vamos a hacer un acto
conmovedor y a las 19 y 30 en la Eucaristía de ese domingo vamos a
presentar un hermoso “copón” y la estampa que nos mandó el Papa en
ese momento, que ahora la convertimos en mural. Por eso hacemos la
invitación a todos, este Papa tuvo ese gran abrazo de llegar a
todos, creyentes y no creyentes para transmitirle esa fuerza de
Cristo resucitado”.