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SIN DOBLECES |
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española COPE recuerda el paso de Juan Pablo II por Melo hace 20 años. |
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Entrevista a Mons. Pablo Galimberti Programa “Buen Día Uruguay”, Canal 4 Conductor: Daniel Vidal Miércoles 21 de marzo de 2007 |
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ENTREVISTA AL OBISPO DE SALTO, MONS. PABLO GALIMBERTI SIN DOBLECES
No le escapa al bulto, es frontal, directo, muy seguro de lo habla y defiende con una tranquilidad y suavidad en su hablar, que sorprende. El Obispo Pablo Galimberti, hijo de un marino y de una profesora de piano. El que quiso integrarse a la Escuela Naval y cambió de rumbo. El es el que tiene a su cargo nuestra Diócesis, se confiesa que falta tiempo para conocer todos los problemas, pero que se los va a hacer.
Luis a. Giovanoni.
DEL LICEO MILITAR A LA DIÓCESIS DE SALTO. CUANDO EL DESTINO CAMBIA LA VIDA. - Pablo Galimberti, ¿cuándo nació? - El 8 de mayo de 1941 - ¿Cómo era la familia Galimberti? - Mi padre era marino militar y mi madre hacía las labores en casa, había sido profesora de piano, cortó ese trabajo cuando nacimos nosotros. Éramos 6, una hermanita que murió al poco tiempo de nacer, y era una familia donde mi padre, además de tener responsabilidades en la marina, daba clases de Astronomía o Cosmografía como se llamaba en aquel entonces, para poder sostenernos, con el único ingreso de mi padre, nos educaron a los 5, en colegios católicos, así que eso había que pagarlo. Tengo un hermano que se ríe y me dice: "vos pagabas cuota entera, los otros dos pagaban media cuota y yo el último entraba gratis, con razón no aprendí nada de francés"
- Galimberti, ¿cómo surge la vocación sacerdotal? - Y yo desde chico tenía alguna inquietud pero yo nunca la manifesté, no había llegado el momento, después cuando estaba yo en cuarto año de liceo, ya había empezado a hacer el Liceo Militar, me preguntó un Párroco en Montevideo que iba a hacer y yo le dije que iba a entrar en la Escuela Naval, y me dice: "¿ya lo pensaste"?, y ahí como que me empecé a dar cuenta
- ¿De qué año hablamos? - 1958...y ahí me empecé a dar cuenta que mi yo profundo, mi identidad estaba un poco oculta, sin conocerla, entonces comencé a descubrir que había señales, algunas inclinaciones vocacionales, y ese año fue difícil, pero fue como un parto, finalmente acepté que había una inclinación, no hubo nada especial pero observe que había algunas “lucecitas” en este camino y entre en el seminario y empecé esta carrera o esta preparación para el sacerdocio.
- Y luego de eso... ¿qué fue? - Entre al seminario, allí hice 6 años, después en los últimos 4, el Obispo me mandó estudiar a Roma en el año 65, así que entre el 65 al 69 estuve en Roma, Italia estudiando en la Universidad Georgiana de Roma, internacional, con un intercambio muy rico, vivía en un ambiente universitario latinoamericano. Al regresar al País, estuve trabajando en la Parroquia El Reducto, de Montevideo, después me destinaron al Seminario, era uno de los educadores, formadores del seminario, donde se preparan los futuros sacerdotes, también daba clases, hasta que el 12 de diciembre de 1983 el Papa Juan Pablo II, me designa Obispo de San José, hasta el 12 de mayo de 2006 que me destina para Salto.
“Y EL PAPA ME DIJO… ¿Y LA FAMILIA COMO ESTA? - Desde que llegó como Obispo usted acá, ha tratado de insertarse plenamente en la comunidad, ¿cree usted que lo logró o le falta todavía? - No, falta muchísimo todavía, en muchos aspectos, en muchos campos, me hubiera gustado por ejemplo estar más cerca de la Exposición Agropecuaria, ver como son las nuevas tecnologías de trabajo de campo, la reconversión tecnológica, tantas cosas que hacen al bienestar de la gente, del país. Además en los barrios, hay una cantidad de barrios acá en Salto y en otros lugares, en Paysandú, que uno va apenas abarcando, tengo que salir más de Salto, el próximo año voy a comenzar más la visita a otros puntos de la diócesis, estando varios días por Artigas o Fray Bentos, por las puntas de las diócesis que están con menos sacerdotes. - ¿Qué significó haber estado con el Papa, fue la primera vez que estuvo con él? - Con este Papa si, personalmente fue la primera vez, había estado antes de ser Papa una vez en México, en un encuentro de tres días, así que ya lo conocía en una reunión de unos 15 Obispos. Recuerdo en México lo vi dialogar con el candidato de aquel momento a la gobernación de Guadalajara, hace unos diez años, bueno me pareció un hombre brillante intelectualmente, sereno, con mucha calma para escuchar, para reflexionar. Me preguntaba entre otras cosas, yo le hablaba acá de la situación de nuestro pueblo desde el punto de vista social y religioso, y me dijo “¿y la familia, como está?”, es una preocupación porque es el nudo donde los jóvenes, en donde los mayores, donde se traspasan las experiencias, las tradiciones, los valores o las preocupaciones de padres a hijos y de hijos a padres, donde se los vincula, bueno hablamos un rato, resultó un hombre muy atento, cercano, me hizo que le indicara en un mapa que tenía adelante donde estaba la diócesis, le mostré el lugar de Salto, le mostré también las dos fronteras que tiene la diócesis que empieza en Bella Unión en el límite con Brasil, que sigue con el límite del Río Uruguay con Argentina hasta Fray Bentos, hablamos un poco de la vinculación con los países hermanos que existe en cuanto a la Iglesia y en cuanto a lo cultural y económico.
“LE MOSTRE LOS DISTINTOS ROSTROS DE LA POBREZA” - Cuando usted le habló de la gente de Uruguay, ¿le dijo que hay gente pobre? - Expresamente le mostré distintos rostros de la pobreza, que no es solamente una pobreza económica, también es una pobreza cuando hablamos de la familia. - Usted tiene la virtud de marearme a mí, porque yo le pregunto una cosa y me lleva al tema que quiere manejar, si quiere hablar de la familia, hablamos de eso, porque me dijo acá la pobreza está en la familia. - No, la pobreza puede ser carencia económica, pero también puede ser aquel que carece de valores y herramientas para manejarse en la vida, uno dice cuando viene uno y te pide trabajo ¿qué sabés hacer? Y nada, te contesta. ¿Y fuiste a la escuela? Y no, es la respuesta. Entonces es un pobre, aunque de pronto hace una changuita y algo, aquello que decimos el acostumbramiento, ¿no es una pobreza también?, que uno se va habituando y acostumbrando, y siempre fue así; una pobreza de no tener un espíritu crítico, también es pobreza. También es pobreza obviamente no tener para comer y sostener la familia claro, para aguantar la educación de los hijos, es un concepto global, es la carencia de un desarrollo que tiene distintos aspectos. - Y cual de los dos es más fuerte, mirándolo como lo miran ustedes, si el pobre que no tiene para comer o aquel que tiene su casa y todo y no sabe hacer nada en la vida, ¿no? - Y ambas cosas, porque hay gente que se suicida y tiene muchas cosas, tiene muchos bienes materiales, pero esta ahogado, asfixiado, anestesiado con respecto a la sensibilidad de otras cosas de las razones para vivir, no encuentra alegría, no le encuentra sentido a la vida, pero tenés esto y tenés lo otro y tenés aquella casa allá. Pero no le toman el sabor, el gusto, necesitamos tomarle un poco el gusto a las cosas gratuitas que hacemos, que intercambiamos, cuando no se toma el gusto porque andamos siempre apurados, eso es una perdida también. - ¿Qué otra cosa hizo en Roma Pablo? - Y en Roma estuve esa semana y tres días más, en alguna visita, en algún otro trámite, tenía que ver algunas personas, a una comunidad que esta acá presente en Salto, que son las hermanas que atienden a los enfermos, y ahí se me fue prácticamente el tiempo, antes de esos días estuve en los lugares del Padre Pío, allá en San Giovanni Rotondo, era la primera vez que iba, fue una experiencia muy enriquecedora, ver ese lugar que levanto el Padre Pío con su vida - ¿Usted cree profundamente en Padre Pío, o no? - Si, creo si. - ¿Cree porque lo santificaron o creía de antes? - Bueno yo antes no lo conocía, cuando él murió yo era estudiante, precisamente yo estaba en Roma estudiando, no tenía un contacto, más aún he empezado a conocerlo más de cerca. Me he interesado más desde que he llegado aquí a Salto, porque he visto que acá se lo conoce, se lo aprecia, así que de alguna manera creo que no era un fantoche, creo que no era un mentiroso, creo que se ha comprobado que lo que el vivió digamos tenía su fundamento de fe, no era simplemente un neurótico, un enfermo, y aparte su santidad eso que el practicaba, el amor a Dios y el amor al hermano al prójimo, ese Hospital que levantó, que ahora han hecho uno nuevo que es un Policlínico Juan Pablo II, que dicen que es uno de los mejores de Italia; y bueno el entendía que también había que aliviar el sufrimiento espiritual y el sufrimiento corporal, que van siempre muy unidos, y bueno eso es un testimonio de la caridad cristiana, y sigue haciendo bien, porque uno ve, estuve justamente hace unos días viendo una película que me dieron allá en Italia, bueno sorprende, llama, y creo que le Santo es eso, es una luz que llama y que invita a mirar la vida con otros ojos.
LA CRISIS DEL CAPITALISMO - Cuando uno mira la crisis mundial del capitalismo, aunque alguno pensó una vez que el capitalismo iba a ser rosado, y usted vio que lejos de ser rosado, los grandes capitalistas se capitalizaron bárbaro, se sigue marcando la diferencia incluso a nivel de los más ricos, hay gente que asume poderes, que sigue comprando aun en tiempo de crisis, si estará dividido el mundo en materia económica - Pero por otra parte es bueno que haya estos equilibrios, porque sino es un quiebre fundamental de la democracia de la convivencia, cuando se pierde la confianza en las Instituciones que nos ayudan a vivir, uno ¿en quién confía?, tiene que replegarse otra vez en su casa, guardar los pocos bienes que tiene, no creer en nadie, estar siempre sospechando que los demás son avivados, es decir, creo que necesitamos salir y decir en otro puedo confiar, me puede fallar en algún aspecto, pero puedo confiar, si se pierde la confianza, no solamente en los bancos, sino también en la familia, en los comercios, en las comunicaciones sociales, lo que estamos hablando ahora, no hay credibilidad, prevalece la sospecha, la mentira, el engaño, los intereses atrás del dinero, entonces no creemos en nadie, entonces eso es terrible.
- Preocupa la realidad de los jóvenes que no trabajan ni estudian en Salto y en todo el País - Todo el sistema era ofrecer oportunidades a los jóvenes para que estudiaran y ahora no se los puede retener, cómo hacer para atraerlos, para decirles que lo que están haciendo tiene futuro, tiene porvenir, tiene algo que lo capacita, que los vincula con los docentes que son de otra generación, entones quedan un poco rezagados afuera y que difícil que es, esos que van perdiendo habilidades y entonces están para el circuito de la droga, de la violencia, van quedando al margen, pero no tienen respaldo, andan solos. - Pero, cómo lo integrás también, ¿no? Es la gran pregunta, la gran cuestión - Es un trabajo social enorme que hay que hacer, el deporte integra, bueno es cierto pero… la capacitación integra. Me decía hace unos días Ramón, un señor que es herrero y que está trabajando en la Parroquia del Carmen, de los Salesianos, y me decía no sabés la alegría que tengo, empecé a ir dos veces a la Obra Don Bosco a enseñarles a los jóvenes que están allí, a algunos con los hierros que consigue unas varillas y empiezan a hacer algo con sus manos y empiezan a construir, a hacer, ven que tienen algunas habilidades, descubren eso y van cambiándose, se entretienen y ven que son capaces de crear algo, de hacer algo. Yo creo que a veces tenemos cualidades pero que si no se les da esa paciente capacidad o educación, se creen que son inútiles que no sirven, que de pronto piensan que el estudio es demasiado teórico, para qué estar estudiando química, para que me sirve. - Ahora desapareció aquello de la “presión” entre comillas, que antes los padres nos decían, estudia o te mandamos a los talleres Don Bosco, que allá te van a enseñar oficio - Si, si, tal cual - Como que ahora eso no funciona más, no te dicen eso - Y aquellos centros o lugares que tenían los salesianos hoy ya prácticamente ya no existen, porque los muchachos aquellos que estaban en el Manga, que iban a estudiar técnicos agropecuarios por ejemplo, hoy ese sistema no aguanta, ese internado ya no es para los jóvenes de hoy. - No quieren estar ahí tampoco - Y no quieren, no les gusta.
QUÉ HACER PARA CAPTAR JOVENES PARA EL SACERDOCIO - Galimberti, una pregunta que se la debo hacer, en este mundo cada vez menos curas, incluso se van los curas, ¿cómo toma la Iglesia cuando esto ocurre, cómo toma usted también el no poder captar jóvenes para que trabajen por la Iglesia? - Creo hoy estamos en esta sociedad donde los vínculos afectivos, de lealtad, de pertenencia, hay que cultivarlos todos los días, porque las olas pasan rápidamente, las atracciones y las propuestas de hacer esto, de hacer aquello, de multiplicarnos en muchas actividades, siempre está a la mano así que uno tiene que fortalecer aquellas cosas que ha elegido hacer, así que eso requiere también que los curas de alguna manera no hagan tantas cosas o no trabajen tanto, pero que hagan mejor lo que hace, eso es una preocupación mía, tratar de que si es uno, que haga principalmente las cosas para las cuales se ha dedicado, tiene que alimentar, tiene que preparar la predicación de la palabra de Dios, tiene que visitar de pronto a familias que tienen dolores, que atraviesan dramas, tiene de pronto que hacer esa caridad que es ir a visitar un preso o estar cuando una familia tiene una situación complicada. Bueno todo eso y además de las otras cosas que también puede hacer, interesarse en todas las cosas que pasan en la ciudad, en su pueblo, en su Parroquia, así que es una vida bastante exigida, y de pronto eso hace que los vínculos se vayan perdiendo, o que haya otros atractivos que están presentes en cualquier opción, también el casado tiene su vínculo fundamental con su familia con su mujer, pero al mismo tiempo tiene que estar con su trabajo, y tiene que mantener ese barco en una dirección, porque sino el viento te lleva para un lado o para el otro, creo que eso es propio de la vida, y a veces ahí hay también fallas, debilidades, hay que preparar mejor y trabajar no tanto, de pronto decir esto no lo puedo hacer, aquello no es para mi hoy, creo que la multiplicación de las tareas complica a veces demasiado la vida de los sacerdotes en este momento. - Me quedó algo sin responder, la poca gente que se mete en la Iglesia, la poca gente que se mete en la Iglesia para tratar de ser ordenado Sacerdote, es poco atrayente, ¿no lo ve? - Poco atrayente, piensa Ud. pero sin embargo hay jóvenes como el sábado de la otra semana pasada por la noche que salieron unos 60 jóvenes a caminar y fueron hasta Corralito, de modo que ciertas propuestas muerden en la vida de los jóvenes, ahora, esto no alcanza obviamente, después tienen que prepararse, es cierto, no es que estén las listas llenas, pero hay digamos vocaciones que hay que cultivarlas, de pronto no es tan fácil, pero hay vocaciones como el que se dedica a la investigación, o a la docencia, no es fácil. Pero son vocaciones que son también necesarias, y yo confío en que las inquietudes están, los jóvenes sienten esta inquietud en su corazón, y ahí hay gente que pasa por la calle y los vemos que andan con esa inquietud vocacional, que consultan a un cura mirá yo tengo esta inquietud y participan en alguna misión en un barrio, o en las vacaciones o entregan tiempo, o entregan horas para un voluntariado, y uno dice acá hay una vocación que hay que cultivarla, que hay que formarla, y creo que hay piedras que hay que pulir para que salgan jóvenes y puedan ingresar al Seminario y puedan prepararse para ser Sacerdotes. - En algún momento usted no se puso a pensar en que si sacan el celibato puede cambiar algo, ¿no es tema de discusión ese en la Iglesia? - Bueno, hoy no lo es, se ve también en otras Iglesias, también tienen las mismas dificultades, yo estoy muy cerca también de la Iglesia de los Anglicanos - ¿Por qué está cerca de la Iglesia de los Anglicanos? - Porque tengo una cuñada que es anglicana, y es la secretaria del Obispo de la Iglesia Anglicana, así que con el Obispo tenemos una amistad y vemos también que esas dificultades existen también que esas dificultades existen también en un ministerio que es predicar el Evangelio, dar testimonio de la vida de Cristo hoy que es también salud, esperanza y vida para este Pueblo. - ¿No abre más las puertas a nuevos sacerdotes el hecho de decir se termina el celibato? - No, yo creo en fin, acepto que haya en otras Iglesias, en la anglicana o en otras esta condición de casados. Creo que mantener hoy una familia con dignidad, mantener una vida de familia enriquecedora y al mismo tiempo una tarea como la de Sacerdote, son cosas que no son fáciles de combinar, así que creo que la opción que ha hecho la Iglesia Católica, libremente aquel que elige el camino no se le obliga. Si querés hacer esto, ser sacerdote tenés necesariamente que incorporar esta vida célibe, y por lo tanto un estilo de vida, porque no puede ser que quiera ser un cura célibe, o sea no casado, y tengas una vida que no te ayude, que no te facilite, un estilo de vida tiene que acompañar porque de lo contrario no se puede soportar una vida célibe, con sus momentos de soledad si uno tiene una vida muy dispersa.
OBISPO PABLO JAIME GALIMBERTI DI VIETRI Nació en Montevideo el 8 de mayo de 1941 es el tercer hijo de 6 hermanos. Primeros años vive en el Barrio Jacinto Vera. En la Parroquia de ese barrio fue bautizado y toma la 1ª Comunión. Posteriormente vive en el Prado, en lo que actualmente se conoce como “Suárez chico”, mientras su padre (marino-militar) se desempeñaba como Director del Servicio Meteorológico Nacional. Cursa la enseñanza primaria y tres primeros años de liceo en el Colegio y Liceo Sagrada Familia (Aguada, Montevideo). Cursa 4º de liceo en el Liceo Militar y Naval Gral. Artigas. En ese año (1958) cambia de rumbo y decide ser sacerdote. Ingresa en 1959 en el Seminario Menor de Montevideo. Realiza tres años de Humanidades Clásicas y luego tres años de Filosofía. En el año 1965 el Arzobispo de Montevideo lo envía a Roma a completar los estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana. Luego de cuatro años obtiene la Licenciatura en Teología Dogmática. Durante su estadía en Europa, en los meses de verano combina actividades y estudios. Trabaja en una fábrica de vidrio en Maguncia; en Francia participa con jóvenes católicos en misiones y encuentros en la Comunidad Ecuménica de Taizé. Realiza un seminario sobre Sociología religiosa en la Universidad Católica de Lovaina. Sigue cursos intensivos de alemán, uno en la Universidad de Munich, otro en el Instituto Goethe en Brilon (Westfalia). A mediados de 1969, durante un semestre, hace una pasantía como diácono, en una Parroquia de Estados Unidos (St. Louis, Missouri). En 1970, regresa al país y el Arzobispo de Montevideo lo destina a la Parroquia del Reducto. Allí, el 29.V.1971 recibe la ordenación sacerdotal de manos de Monseñor Carlos Parteli, arzobispo de Montevideo. Enseña varios años Teología Dogmática (en el curso mayor para seminaristas y en el sector laicos) en el Instituto Teológico del Uruguay (hoy Facultad de Teología Mons. Mariano Soler) y Fenomenología de la Religión en la Universidad Católica del Uruguay Dámaso A. Larrañaga. Desde 1974 hasta 1983 integra el Equipo de formadores del Seminario Mayor Interdiocesano “Cristo Rey” (Director Espiritual y Vice-rector). Integra desde sus comienzos la Institución católica uruguaya “Dalmanutá” fundada por el sacerdote jesuita Luis Montes y el Padre Ernesto Popelka, cuyo apostolado de Dirección Espiritual busca procesar la experiencia de Dios en el hombre moderno, con ayuda de algunas corrientes psicológicas. El 12.XII.1983, el Papa Juan Pablo II lo designa Obispo de la Diócesis de San José de Mayo, que comprende los Departamentos de San José y Flores. El 12 de mayo del año 2006 se lo destina para que se haga cargo de la Diócesis de Salto. |
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Programa “Buen Día Uruguay”, Canal 4 Conductor: Daniel Vidal Miércoles 21 de marzo de 2007 |
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LA COYUNTURA EN SALTO
DV: Pablo Galimberti, Obispo de Salto, un departamento que cobró mayor notoriedad por este caso de dengue autóctono. Me imagino que la Iglesia en estos casos siempre manifiesta el pensar de un sector de la ciudadanía, por lo menos los fieles, y también del resto de los ciudadanos que han de estar preocupados...
PG: Como no! De alguna manera, las parroquias, en los barrios, toda la gente voluntaria está también colaborando para dar una mano, crear conciencia y facilitar todo lo que sea la erradicación de los focos del dengue. Se está trabajando a conciencia, con un trabajo organizado. Habrá que ver cómo evoluciona esta situación. Pero se trabaja con un enemigo un poco invisible.
DV: Esa franja del litoral a veces asoma como el “talón de Aquiles” del país, porque por allí ingresó la aftosa. Está también lo que tiene que ver con el conflicto bilateral que afecta directamente a los departamentos del litoral norte. Se hablaba de la necesidad por parte del Intendente de Río Negro de una mayor dotación económica del Gobierno Central para contemplar las dificultades fenomenales que está atravesando el comercio de Río Negro. ¿Es similar la situación en Salto a pesar de que no es el foco de tensión?
PG: Salto es un centro con una soberanía muy clara, de una memoria artiguista muy fuerte, con un vínculo cultural muy arraigado. En la literatura hay nombres que dan un perfil propio al Departamento. Evidentemente que si seguimos un poco más hacia el norte, ahí las cosas se ponen más frágiles. En Bella Unión, por ej. hay zonas que crecen, pero al mismo tiempo hay aspectos como la caminería, algo descuidados y uno piensa: por acá parece que no ha habido tanto reparto. Hay evidentemente producciones, como la caña de azúcar, el arroz... hay muchas cosas que simbolizan el aspecto productivo del país que son también importantes.
DV: Pero por ejemplo el conflicto con Argentina, ¿cómo lo vive el salteño hoy por hoy, desde su punto de vista?
PG: El salteño lo sufre porque hay vínculos familiares, vínculos por el lado de la salud. Hay buenas clínicas en Entre Ríos donde concurren muchos. Por ejemplo hay una clínica de los Adventistas donde la gente tiene la atención en el mismo día, que se coordina previamente en la ciudad de Salto. Eso se dificulta un poco pero, mucho menos de lo que está ocurriendo en Fray Bentos.
EL GOBIERNO FRENTEAMPLISTA
DV: Hay un departamento que tiene una personalidad propia con una administración ahora frenteamplista y en ese sentido... no sé si ha escuchado el discurso del Presidente Vázquez. ¿Cómo lo evalúa la Iglesia -si es competencia de la Iglesia evaluar los Gobiernos, supongo que si?
PG: Sí, hay muchos tipos de balances, está el balance político partidario, está el balance en cuanto al desarrollo de algunas áreas o dimensiones humanas y el balance de la distribución de oportunidades. Está también la preocupación por la justicia entendida como una meta pero que tiene que traducirse en oportunidades de educación, de salud… No basta que haya salud, es necesario que sea accesible y que después haya medicamentos y recursos para un tratamiento; estamos todavía muy lejos de abarcar todas estas etapas. Las soluciones que se han implementado con los sectores más vulnerables son un poco provisorias. Es un beneficio para aquellos que perciben algunas partidas pero evidentemente se está a la espera de que estas soluciones generen puestos productivos, puestos de trabajo estables, con una capacitación de la gente, por lo tanto mediante la herramienta de la educación.. En eso todavía hay redes muy frágiles...
DV: El ritmo de pronto es más lento que el que usted esperaba ¿tenía otra expectativa?
PG: No, yo creo que la evolución de los países tiene sus tiempos, sus marchas. También importa la adhesión de la gente, los cambios de mentalidad; la apertura de fuentes de trabajo no se hace de un día para otro. Hay que ir generando adhesiones de parte de la gente, capacitación para los jóvenes y radicación de las familias en sus lugares respectivos.
DV: ¿Comparte el rumbo en todo caso Galimberti?
PG: Si, me interesan sobre todo los efectos cuando se ve estabilidad de la familias, los derechos básicos respetados, el derecho a la vida, el derecho a la educación, el derecho a la salud. Luego, no nos interesa si es a través de una política concreta o de otra, estamos apoyando a la gente, a la familia en sus necesidades básicas fundamentales y allí dándoles un sentido a sus vidas. Porque de lo contrario se crece en término de cosas o cantidades, pero calidad de vida no es para nosotros igual a más teléfonos celulares (que está bien que los usemos) sino también saber para qué vivimos, para qué tenemos oportunidades, cómo educarnos mejor, cómo amar a nuestra patria, cómo amar a nuestros hijos, cómo traerlos al mundo y que encuentren un horizonte esperanzador.
LA FAMILIA
DV: ¿Le inquieta esa invasión de tecnología en lo hogares?
PG: Me inquieta cuando sustituye horas de diálogo, un debate, una discusión para la educación de un hijo y se lo deja tranquilo pensando que no molesta porque tiene un televisor en su cuarto. Creo que eso es un mal hábito. La educación es siempre confrontación, diálogo, pero si en lugar de eso cada uno está enchufado en su pequeña burbuja, el padre, la madre, el hermano, creo que más que una familia, eso es un conjunto de islas, es un núcleo doméstico donde cada uno hace su propia trayectoria. La comida no se hace juntos nunca y entonces si no hay eso, es imposible un proceso educativo.
DV: Ahora está el Evangelio del celular casi...
PG: Sí, es una cultura distinta donde cada uno tiene su propio espacio, su canal, su música, sus imágenes; pero es bueno apagarlos para escucharnos, vernos cara a cara, debatir, intercambiar. Esto es también muy bueno y muy necesario.
DV: Esa es la lucha en la que está empeñada la Iglesia desde hace tantísimos años...
PG: Humanizar el ser humano, ayudarlo a descubrir que no es únicamente un animal de consumo, sino un ser espiritual, que tiene un cuerpo que hay que cuidar pero que también tiene un alma, el espíritu, la creatividad, que es su libertad y su responsabilidad. Para poder fundamentar nuestros derechos, que no sean solamente el pedazo que uno muerde, sino que uno ya los tiene incorporados; sólo que los va descubriendo, los va cultivando y los va intercambiando en conexión con otros.
LA IGLESIA Y LA PROCLAMACIÓN DE LOS VALORES
DV: ¿Hay como una actitud de bajo perfil de la Iglesia en el último tiempo? En la Conferencia Episcopal y en los medios vinculados a la Iglesia, las publicaciones, por ejemplo ¿han relegado terreno? ¿En qué situación está la Iglesia en Uruguay en materia de comunicación de estos valores que usted proclama? ¿Se nota un decaimiento o una especie de cuestionamiento hacia adentro? ¿Hay una autocrítica?
PG: Desde mi punto de vista considero que no usamos todas las posibilidades que la tecnología nos brinda y que los medios de comunicación ofrecen. No se cultiva suficientemente la cercanía con los periodistas cuando solicitan información. Yo creo que esto requiere no un tiempito que uno se hace en el día, significa pensar una política de comunicación. Yo creo que esto no lo tenemos, no está pensado cómo deberíamos estar mucho más atentos, recogiendo interpelaciones, cuestionamientos, aprovechando también programas, los distintos géneros que ofrece un medio de comunicación, un diálogo, una película, un debate, en fin... creo que todavía tenemos que profundizar mucho más esto.
DV: O sea que desde su punto de vista hay rasgos todavía de Iglesia de puertas sino cerradas, al menos entornadas...
PG: Si, de acuerdo.
DV: ¿Y en qué temas pondría usted énfasis más allá de la consolidación de la familia, la proclamación de valores?
PG: Es fundamental que ayudemos a descubrir lo más original que tenemos, el mensaje que vivimos íntimamente, que es descubrir a Jesucristo como Alguien que camina con cada uno, como alguien que habita en nuestras soledades, que nos ayuda a afrontar decisiones, a mantener lealtades, a superar conflictos y que está en todos, al menos como posibilidad de acceder a esa experiencia.
LA IGLESIA EN URUGUAY
DV: ¿La Iglesia uruguaya es hoy una sola?
PG: Una sola en la Fe, por supuesto. Aunque muchas son las manifestaciones. Cada cristiano es un rostro o reflejo de esta única Iglesia.
DV: Pero de pronto debí haber hecho una precisión, que creo que corresponde. La Iglesia católica ¿no tiene fisuras que le impiden encolumnarse detrás de objetivos comunes?
PG: Lo que pasa es que la Iglesia no es un cuerpo militarizado, no tiene que serlo. Por ejemplo la “Parroquia” es una unidad en medio de la ciudad; significa, según la etimología, “entre las casas” (“parr-oikía”). O sea, esa iglesia barrial crece y se introduce en cada vecindario o ambiente. Este rumbo unificador es la conciencia de que todos los cristianos somos discípulos y misioneros en esta sociedad, en este tercer milenio y en este espacio de América Latina y el Caribe. Se necesita una nueva conciencia del sujeto creyente. No tenemos que tener un programa en el que todos tenemos que hacer todo y al mismo tiempo. Cada uno es libre, creativo, responsable y capaz de amar de acuerdo al amor y fe en Dios que vivencia.
DV: Mi pregunta es si hay un rumbo en el que van todos detrás...
PG: Si, siempre hay que redefinir ese rumbo unificador; esto va a estar muy presente en ocasión de la visita del Papa Benedicto XVI a Brasil a mediados de mayo. No se trata solamente de lo que tenemos que hacer, sino de quién soy yo. Discípulo no es solamente el que hace sino el que aprende y refleja esa luz de Cristo en toda su vida. De modo que esa conciencia es el hilo que unifica. ¿Cómo hay que hacerlo? El hombre y la mujer, en el trabajo, en la oficina, en la Iglesia o afuera. Ser conscientes de que somos un cuerpo y un espíritu en las diferentes funciones o lugares de la sociedad.
DV: Pero en la Iglesia uno ve modos de ver la vida tan distintos que generan incertidumbre, carencia de rumbo; hay corrientes internas tan distintas que de repente a quien trata de acercarse a la Iglesia lo asalta la incertidumbre de no saber a dónde ir.
PG: Lo importante en el cuerpo eclesial es que exista un alma, la energía de la fe que nos mueva. Una caridad común, una caridad que Cristo nos comunica y que se manifiesta de mil maneras distintas. Más allá de que uno pueda acentuar una línea de pensamiento, otro acentúa la caridad hacia el que está enfermo de Sida como la Madre Teresa, otro que es docente manifiesta la caridad hacia el estudiante que necesita aprender y saber, otro se mueve en su terreno profesional.. lo importante es ver la unidad de todos ejerciendo una idéntica misión dentro de un mundo muy complejo y con muchos desafíos. Allí estamos cumpliendo una misión que vale la pena.
DESVIACIONES EN LA IGLESIA DV: Monseñor ¿cuál es el proceso de depuración, si es que lo hay, que sigue la Iglesia católica uruguaya? Usted aludía recién a la presencia de Benedicto XVI en Brasil; una visita sumamente aguardada en un país en que ha decaído además la fe católica; viene además precedido de informes sumamente negativos respecto a la conducta de algunos sacerdotes en ese país. Según la prensa italiana el Papa envió una misión a Brasil para investigar el tema de 40 sacerdotes que estarían prófugos y 1700 sacerdotes que estarían investigados por abusos sexuales, el 50% de los curas no mantendrían el voto de castidad, 200 curas estarían en clínicas psicológicas para ser reeducados.... Son humanos, en principio, pero ¿cómo se considera este tema?
PG: Por lo que he escuchado en un informe de los propios obispos de Brasil, cuestionan las fuentes que han suministrado estas cifras. Pero evidentemente que hay sacerdotes que tienen que ser tratados en clínicas porque padecen, por ejemplo, adicción al alcohol. Hay debilidades en las que tiene que ser sostenidos y también sancionados y en el caso extremo también separados de su cargo. Siguen siendo miembros de la Iglesia, pero miembros enfermos, que no pueden cumplir una misión en el seno de una comunidad. Existe una preocupación. Actualmente se es mucho más frágil; la fragilidad aumenta de una manera alarmante, se observa muchas veces que los problemas se originan en familias muy fragmentadas. A los muchachos hay que ayudarlos a sanar heridas psicológicas y fortalecerlos en su fe. Quienes tenemos responsabilidades debemos ejercerlas para cuidar, sanar y eventualmente separar de sus funciones a los enfermos.
DV: Hubo en Uruguay situaciones muy puntuales, pero además por lógica si suceden en todos los países por qué no habría de suceder aquí, en todo caso lo importante es saber ¿qué reaseguro tiene la Iglesia como para detectar, apartar o ayudar a esta gente?
PG: Exactamente, se trata de fortalecer aquellas conductas fundamentales, afirmarnos en lo fundamental, convencernos de que esa es nuestra misión. Hoy tenemos la tentación de convertirnos en asistentes sociales, en psicólogos... tenemos que ser especialistas en el alma humana frágil que necesita experimentar el amor de Dios en su vida y armar así el rompecabezas de su existencia que se ha roto en mil pedazos. Cuanto más conscientes seamos de nuestras fragilidades, si las vamos encauzando e iluminando también desde la fe, podremos ayudar mejor a nuestros semejantes.
DV: Desde su cargo en la Conferencia Episcopal ¿le ha tocado enfrentar un número inquietante de desvíos?
PG: No, numéricamente son escasos, sobran los dedos de las manos, pero hay que encararlos, enfrentarlos, pues son situaciones complejas.
EL ABORTO
DV: Pablo ¿cómo afronta en este momento la Iglesia lo que será un “in crescendo” en el debate de la salud sexual reproductiva? Si se lanza un gran debate público, un plebiscito, la Iglesia qué postura asumirá?
PG: Los derechos humanos no se plebiscitan. Los derechos humanos son inherentes, los llevamos grabados, y aunque estemos en la cárcel sabremos que tenemos ese derecho que nos han cortado. Los derechos no dependen de los votos; si son derechos legítimos, auténticos y genuinos, son “marca de fábrica” de nuestra condición humana. Entendemos que el derecho a la vida es el primero de todos, así que no se lo puede someter ligeramente a una votación, porque si ganaran por dos votos, quedaría la gente convencida? La voz de la conciencia no se reprime así nomás.
DV: Quienes proponen esta vía dicen que lo hacen en defensa también de los derechos de la mujer, para evitar daños mayores a las personas que se someten a abortos no seguros
PG: Si, pero hay una trampa, porque el número está un poco enmascarado, aumentado y se presenta el derecho al propio cuerpo como absoluto. Y no es así, el derecho al propio cuerpo está muy bien que lo tengamos y lo usemos, pero no como para usarlo como si ese embrión, esa nueva vida fuera un pedazo del cuerpo, que se puede sacar y tirar. Hay una tendencia a la cosificación de la vida, que es un gran peligro y una gran pérdida de calidad de vida. Todos perdemos cuando una mujer no respeta o pasa por alto o no advierte que lo que hay dentro de ella es una vida distinta. Sentimos que el aborto es una herida en la historia de la mujer.
DV: Habrá tiempo para el debate. Si la Iglesia entiende que hay cifras enmascaradas deberá presentar las cifras tal cual son.
PG: No hay necesidad de quitar la etiqueta que el aborto es algo que significa una violencia a ese derecho fundamental. Que se tenga también la fragilidad y abandono de muchas mujeres a la hora de aplicar eventualmente una pena. Que aunque no se castigue, se mantenga una ley que recuerde el derecho fundamental que la vida es sagrada. Es un buen mensaje a la población en tiempos en que la vida parece que cada vez vale menos! |
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“LOS
AMBIENTES DE INSEGURIDAD CIUDADANA TIENEN SUS |
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El
Padre Gabriel Rainusso, que concurrió al Encuentro Mundial de las Familias
celebrado en Valencia (España) junto al matrimonio Matonte-Cordero de
Flores, realizó un interesante balance a su regreso, en el marco de una
entrevista concedida a ECOS REGIONALES y en la que recorre distintos
aspectos que tienen que ver, fundamentalmente, con la proyección que esa
experiencia puede tener en nuestro medio. Del extenso diálogo mantenido con
el P. Rainusso surgieron estos resultados.
-¿Qué
dejó este Encuentro Mundial de la Familia?.
-Lo
que más me dejó es seguir valorando y apostando por el trabajo en familia;
es decir, buscar e intentar que los matrimonios sigan viendo que la vida en
familia es lo más importante, que la familia es insustituible como lugar
donde nacer, donde vivir, donde educarse.
Hoy
se está viviendo una crisis, que no es una crisis nueva sino que, como decían
los que participamos en el congreso, ya el Papa Juan XXIII en los años 60
sostenía que esos tiempos eran de grandes crisis familiares. Eso se ha ido
agudizando cada vez más pero eso no quiere decir que la familia se va a
perder; toda crisis tiene cosas negativas para mejorar y cosas positivas
para seguir creciendo.
-¿Se
trata de una crisis más allá de la familia?.
-Estamos
frente a una crisis de toda la sociedad, de lo que se llama institucional,
que nos está marcando un cambio de época.
Y
en ese cambio de época, ¿qué es lo que no va a quedar y lo que va a
quedar?. De lo que estamos seguros que va a quedar es la familia, porque es
un lugar que no hay cómo sustituirlo, es decir, tanto el hombre como la
mujer, el joven, el niño sienten que el único lugar donde naturalmente está
invitado crecer y a educarse es con un padre, una madre, con otros hermanos,
con abuelos, con tíos. O sea, en un ambiente familiar donde se crece en el
amor y en el deseo de educar al otro, de favorecer los valores, las virtudes
de los demás. Eso es insustituible.
-¿Es
posible que tengamos primero que descubrir las causas profundas de esa
crisis para poder recomponer el tejido familiar?.
-Hay
varias causas, una de ellas es nuestro laicismo que dice que Dios no tiene
nada que ver con nuestra vida.
Cuando
se habla que Dios no tiene nada que ver con nuestra vida, naturalmente pasa
que el otro hombre tampoco tiene nada que ver con mi vida. Entonces, cuando
dejamos a Dios de lado dejamos también al otro hombre de lado. Esa es una
de las causas más profundas.
Otro
aspecto es que este laicismo que estamos viviendo va dejando que lo que tú
pensás, lo que tú sentís es valedero para ti pero es valedero también
para el otro, lo que él piensa y lo que él siente. Entonces, estamos
viviendo en un mundo donde lo único válido es lo que yo pienso, no lo que
el otro piensa. Este es un mundo muy individualista.
Ese
mundo individualista es lo que nos hace tener pensamientos débiles,
razonamiento y acciones que son débiles, poco profundas. Esas acciones poco
profundas son las que naturalmente nos hacen vivir en un ambiente de crisis.
La
sociedad está en crisis. Vivimos en un ambiente consumista, y ¿cómo
evitamos ese consumismo?. Sin lugar a dudas tenemos que darnos cuenta
primero qué es lo que lleva al consumismo, si el consumismo lleva a una
hipervaloración de la ciencia, de la producción pero sin valorar al ser
humano.
Esa
hipervaloración de la producción y de la ciencia dejando de lado al ser
humano nos ahoga en un consumismo en el cual donde el primer valor es tener
cosas, pero no nos estamos dando cuenta que el tener cosas nos va dejando
sin lo que realmente importa que es el ser personas.
Me
parece que esas filosofías que han ido marcando este cambio de época son
las que vamos a tener que ir transformando en otras filosofías, en otras
tendencias que irán surgiendo, que irán siendo más humanas, que irán
también abriéndose a la dimensión más trascendente de una realidad que
dice que el hombre no tiene todas las respuestas. No es que hay que dejarle
todas las respuestas a Dios, como era antes, sino que el hombre está
invitado a crecer, a investigar, a estudiar pero también a ponerse límites,
y que ante esos límites le tenemos que dejar “la derecha” a Dios como
creador de todas las cosas.
-Quienes
participaron en el Encuentro de la Familia, ¿en qué medida asumen la
responsabilidad de promover esas nuevas tendencias?.
-Para
quien participó es una gran responsabilidad, porque uno se da cuenta que lo
que antes vivíamos, lo que antes creíamos aquí en el seno pequeño de una
parroquia, de una diócesis, se ve amplificado en el sentido que eso que creíamos
y que apostábamos -por la educación, por la vida familiar, por hacer de
una parroquia una familia- es la apuesta de la Iglesia Católica. Esa es
también la apuesta de otras religiones porque hubo también aportes de
ortodoxos, evangélicos, luteranos porque ellos también apuestan a la
familia como el instrumento intermedio entre el individuo y la sociedad.
Esa
apuesta se nos hace una responsabilidad doble; es decir, no solamente
tenemos que seguir diciendo, “nos jugamos por la familia”, sino que
también nos embarcamos doblemente porque ésta es una responsabilidad de la
Iglesia, que viene de Dios. Es decirle a todas las familias que sigan
creyendo en que lo que ustedes han fundado en la base del matrimonio entre
el hombre y la mujer, en ese ser de estar abiertos a la vida y recibir la
vida de los hijos como un don maravilloso de Dios, es algo no solamente
noble sino lo más bello, que nos hace felices.
Esa
responsabilidad nos hace decir: apostamos y nos jugamos a que esto es lo que
tenemos que defender, lo que tenemos que hacer crecer y que otros sectores
de la sociedad también lo vean.
-¿Qué
otros sectores tienen que apostar a la familia desde ese punto de partida?.
-La
jurisprudencia; que se pueda ver que toda la parte legal está apostando a
la familia, y no a leyes que están en contra de la familia.
Por
ejemplo, se está viviendo un invierno demográfico. Hay lugares donde se
van a tener que afrontar situaciones especiales, como en China. Todos
sabemos que las familias en ese país pueden tener solamente un hijo; quien
tiene más de un hijo pierde derechos de ciudadanía.
Se
está viendo que en el año 2020 van a haber más varones que mujeres,
porque las mujeres son despreciadas en China. Pero no solamente en la China
y en la India se está viendo este problema, sino que en países de Europa
se están constatando situaciones más difíciles todavía, como es el
envejecimiento de la población europea.
Hoy
por hoy el nivel medio de la población europea es de 37 años; en el 2050
va a ser de 58 años. En el año 2050 van a haber ciudades alemanas como
Munich y Frankfort que van a tener la mitad de la población conformada por
inmigrantes. Entonces, ¿cuál va a ser el futuro de esa sociedad?, ¿se va
a seguir con estas leyes?.
No
está habiendo ahora una mayor fertilidad, una mayor fecundidad, sino lo que
se está viendo es un aumento de la población porque existe una mayor
expectativa de vida. Ese es un gran cuestionamiento que vamos a tener, por
lo cual las leyes sociales van a tener que ponerse a favor de la vida.
-Uruguay
no es una isla en ese sentido...
-En
Uruguay vamos a tener que encarar ese problema, porque todos sabemos que el
índice de natalidad que tiene nuestro país es muy bajo, y que el índice
de promedio de vida es muy alto. Por otro lado es muy alto el número de jóvenes
que emigran. ¿Qué va a hacer de nuestro país?. Yo creo que vamos a tener que apostar a la vida para que nuestro país pueda crecer.
Con
motivo de esta posibilidad de viajar en avión, se viven valiosas
experiencias. Cuando uno desciende en San Pablo o en Valencia ve un paisaje
de ciudad, pero cuando se desciende en Uruguay vemos campo, pero a su vez
vemos que no todo el campo está explotado como debería. Eso nos está
indicando que tenemos que apostar a cambios estructurales profundos y a
leyes sociales que favorezcan la vida, nuestro crecimiento, que los jóvenes
se puedan quedar aquí. De esa manera estaremos favoreciendo nuestro
crecimiento.
En
el congreso se decía que la cantidad de gente está en relación con el
crecimiento económico, y es lo que nosotros tenemos como problema en el
Uruguay. ¿Quién viene a invertir en nuestro país?, por ahora son
inversiones que son el resultado de estudios pero sabemos que no se puede
mirar el mercado numérico de personas. Por ejemplo, se va a invertir en
forestación porque hay cantidad de tierras, pero es muy difícil que se
invierta en fábricas textiles porque van a producir ropa pero, ¿a cuántos
se la venden?, ¿a tres millones de personas?.
Valencia
es una ciudad española con una población de dos millones, o sea más de la
mitad de toda la población uruguaya.
No
con esto estoy diciendo que las familias pobres tengan que tener más hijos,
porque ya tienen más de los que quizás puedan tener, pero creo que algunas
familias por su nivel económico pueden sentir el llamado y decir “podemos
ser más generosas”, para apostar a que el Uruguay crezca un poco más.
Ese crecimiento numérico nos va a ayudar sin lugar a dudas a que el mercado
también se dinamice. Porque el mercado se dinamiza con personas.
-Un
tema que está preocupando actualmente en Uruguay es el de la seguridad pública,
en torno al cual no está ajena la familia. ¿Qué opina sobre esta situación
a la luz de la experiencia recogida en Valencia?.
-Antes
de irme al congreso la directora de una escuela de Trinidad me decía que
casi el cien por ciento de los problemas de la escuela vienen de los
problemas de la familia, y de los problemas económicos.
Si
tenemos familias firmes, seguras, donde se respira un ambiente de amor y de
fidelidad entre los cónyuges, los hijos van a crecer con una gran fortaleza
interior. Eso no se estudia sino que se trasmite por el amor.
Cada
uno puede recordar a sus padres queriéndose, y cómo los gestos de amor de
papá y mamá nos daban seguridad. Éramos gurises que nos sentíamos en un
ambiente familiar seguro, por la seguridad que dan los vínculos afectivos.
Sin
lugar a dudas que los ambientes de inseguridad ciudadana, tienen sus raíces
más grandes en la crisis familiar.
-¿Cómo
se recompone todo eso?
-Construir
es algo que lleva un esfuerzo diario; destruir lleva un ratito. Lo que se ha
destruido en pocos años va a llevar un tiempo importante volver a
construirlo, y lo podemos hacer con el esfuerzo de todos pero
fundamentalmente con la conciencia de todos.
Uno
se pregunta, ¿qué hacemos con estos menores que provocan tanta
inseguridad?, ¿hay que reprimirlos?, ¿hay que reprimir a las familias?. ¿Será
esa la mejor respuesta?. ¿No será la mejor respuesta invertir en la
educación?.
Es
cierto que la inversión en educación no nos va a dar una rápida
respuesta, porque todos sabemos que educar a una persona es un trabajo
lento, profundo, que lleva años.
Muchas
veces sentimos “fracasos educativos”, que son esos aspectos negativos,
donde los hijos después de un traspié reorientan su vida. Entonces, me
parece que tenemos que dar a la educación su valor real. La educación
tiene un valor que comienza por ser algo interior, que va haciendo crecer a
las personas pero después eso se manifiesta en acciones concretas.
En
eso no hemos apostado, pero además el ámbito económico no ha apostado a
lo educativo; uno puede ver que los sueldos de los educadores son más bajos
que los sueldos de los economistas. Es un índice muy manifiesto.
Si
comenzamos a apostar en la educación vamos a tener mejores personas, más
seguridad.
-¿Sólo
hay que apostar a la educación para lograr ese objetivo?.
-Vamos
a tener que apostar a una cosa más también, que es algo que lo trabajé
bastante en este encuentro. Sin lugar a dudas España forma parte de lo que
podemos llamar “primer mundo”, o “mundo desarrollado”. La brecha
entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo es muy grande, es tan
grande que uno piensa en un esfuerzo gigantesco.
Yo
creo que los países en desarrollo se tienen que largar a la grandeza de
decir que apuestan a que los países que están en desarrollo crezcan. No es
que quieran seguir creciendo ellos solos, sino ayudar a crecer a los países
en desarrollo.
También
lo digo para la gente que tiene dinero en nuestra sociedad; que apuesten a
que los demás también lo tengan. Que las clases que pudientes apuesten a
la generosidad, y que la clase media y la baja haga el esfuerzo de crecer.
No es decir “somos pobres, que nos den”, sino “podemos también crecer
aunque seamos pobres”.
La
brecha entre ricos y pobres es muy grande, cada día se tiende a agrandar más
y que si los dos polos no se acercan va a ser muy difícil que disminuya.
-Como
sacerdote visitas con frecuencia la cárcel departamental. ¿Qué es lo que
fundamentalmente te plantean los jóvenes?.
-Sin
lugar a dudas que los jóvenes que están en la cárcel departamental lo
primero que manifiestan es su deseo de tener una familia, porque ellos no
provienen de una familia integrada. O sea que la gran mayoría de los que
desembocan en la cárcel vienen de familias desintegradas, por eso la célula
fundamental de la sociedad es la familia.
Eso
es lo que ellos anhelan. En el fondo cada ser humano anhela un lugar donde
querer, un ambiente donde rodearse de una amistad que ellos no tienen, y
viven en un ambiente de desconfianza unos con los otros.
Cada
vez que la Iglesia va a visitarlos ellos recuerdan el día y la hora que
fuimos. ¿Por qué lo recuerdan?; nosotros no vamos con soluciones mágicas,
solamente vamos a decirles: “La Iglesia está con ustedes”, “la
Iglesia quiere apoyarlos”, “la Iglesia quiere que se puedan reinsertar
en la sociedad y que puedan ser buenos ciudadanos”.
Eso
es lo que queremos; eso es lo que queremos, que la sociedad aporte, pero
para esto tenemos que tener en cuenta que esos jóvenes que están ahí han
cometido un delito. ¿Qué hacemos con ese delito?, ¿lo perdonamos o lo
seguimos teniendo en cuenta?.
Como
sociedad tenemos que cambiar nuestra mirada con ellos. Ellos cumplen ahí la
pena por su delito, cuando salen, ¿nosotros lo tenemos como pena saldada?,
¿o los tenemos como que todavía han cometido un delito y los seguimos
acusando?. Acá tenemos que cambiar la mentalidad nosotros, y así como en
el mundo rico y en el mundo pobre hay que cambiar las mentalidades, también
en este aspecto de lo penal hay que cambiar la mentalidad.
Tiene
que haber una mentalidad más restaurativa, es decir, un hijo de la sociedad
que cometió un delito, a un hijo de mi familia que hizo algo malo yo lo
peno, ¿pero lo voy a seguir acusando toda mi vida por ese mal, o trato de
hacer algo para que él cambie de vida?.
En
la sociedad tenemos que pensar de una manera distinta en cómo penalizamos a
los jóvenes –porque la mayoría son muchachos entre 18 a 30 años con un
medio social muy bajo-, pensar en medidas alternativas que puedan restaurar
a una persona que vive en un ambiente deficitario.
Todos
podemos colaborar para cambiar la penalidad en nuestro sistema jurídico.
-Pero
un sector de la sociedad agredida piensa, hasta con un poco de lógica, en
que la solución está por el lado de mayores penas.
-Se
puede pensar que es lógico porque es alguien que ha sido herido, y está
hablando desde su herida.
Si
a eso lo llevamos al ámbito de una familia, a veces hay hijos que son más
díscolos, ¿y cuál es el problema?, ¿tenemos que penalizar más a los más
problemáticos?, ¿o quizás les tenemos que dar más cantidad de amor?.
Llevando
este tema a la sociedad; ¿no tendremos que hacer una mayor inversión en
medidas educativas, en posibilidades de estudio, en ambientes donde estos
menores en riesgo puedan sentirse seguros porque hay allí un ámbito de
amor?.
Hay
que sacarlos de los caminos de los vicios, del alcohol, de la droga, de la
violencia doméstica donde ellos quizás más se mueven y son esos círculos
viciosos donde a ellos los invitan a incursionar con la excusa de ser
felices. Pero después quienes les facilitan la droga les comienzan a exigir
dinero, y se crean esos círculos viciosos. ¿No tendríamos que romper esos
círculos viciosos y favorecer a esos sectores de la sociedad con políticas
educativas?.
-¿Cómo
se puede trasmitir desde una parroquia la experiencia recogida en ese
Encuentro de la Familia, pensando justamente en este tipo de problemáticas?.
-Ese
es el desafío que tenemos. Lo sabíamos antes de irnos al Encuentro Mundial
de las Familias con el Papa, que no era viajar. Al menos yo lo tenía bien
clarito.
Era
ir a un encuentro a recibir experiencias, esas experiencias traerlas aquí
para ver cómo las “uruguayizábamos” o lo “trinitarizábamos” de
tal manera de encarnarlo en nuestro trabajo con los niños, con los
adolescentes, con los jóvenes, con los matrimonios, con las personas
mayores que forman parte de la sociedad. Encarnarlo también con otros
actores políticos, con los gobernantes, con los jueces, con la policía,
con los militares.
¿De
qué manera?. Eso es lo que ustedes nos irán juzgando de aquí en más. Esa
es nuestra responsabilidad, es lo que intentaremos hacer. Con la ayuda de
Dios, con la ayuda de ustedes lo vamos a poder hacer, para que las familias
puedan crecer más fuertes, más felices, más conscientes de la misión que
tienen: que el tiempo que dedican a educar a sus hijos es sumamente válido,
más válido incluso que aquel dedicado a conseguir el sueldo del mes para
mantener a la familia.
El
tiempo dedicado a educar a un hijo es la gran inversión de la familia. Y
ojalá que en esta inversión nos vayamos involucrando todos como familia y
como sociedad.
ECOS REGIONALES 18/07/2006 |
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“La
pareja, el hombre y la mujer es una unión única tan particular que no
puede ser equiparada por una unión, aunque tengan características
similares, pero no pueden ser equiparadas con las uniones concubinarias,
ya sean homosexuales o heterosexuales”, aclaró el Obispo de Canelones,
Mons. Orlando al ser consultado sobre la aprobación del proyecto de ley de Unión
Concubinaria.
En una
entrevista realizada en el programa de Radio María “Cristianos Hoy”
bajo la conducción de
Para Mons.
Romero “el hecho pasa por saber cómo regulamos, si se establece una
norma legislativa, ésta debe tener en cuenta las consecuencias que se
derivan de estas uniones estables. Yo diría que es una decisión en función
de un hecho de múltiples consecuencias”. Indicó que otro aspecto a
tener en cuenta en una legislación de esta índole reside en “no
establecer una equiparación sin más, sino, que pueda haber una inspiración
en el modo de legislar, tomando como base la estabilidad del matrimonio e
inspirar este tipo de legislación, pero estas nunca pueden ser
equiparadas”.
No obstante,
aseguró que “nuestro anuncio es algo positivo, basado en la esperanza,
que cuando el hombre y la mujer se unen por amor no quedan librados a sus
fuerzas, sino que son reflejos de ese Amor de Dios y de allí basan su
fuerza para vivir todas las consecuencias de ese amor; indudablemente esto
no quiere decir que haya dificultades y problemas, hay una fuente de energía,
que lleva a esta realización plena de la persona humana”.
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