CUARESMA 2007
Tiempo de  Oración, Ayuno y Caridad

Mensaje de BENEDICTO XVI para la
CUARESMA 2007


"
Mirarán al que traspasaron" (Jn 19,37)



Qué es la Cuaresma

Preguntas frecuentes sobre la Cuaresma

Desde el 21 de Febrero hasta el 31 de Marzo de 2007

NOTICIAS

MENSAJE DE MONS. RAÚL SCARRONE · CUARESMA 2007 | "Cuaresma, tiempo propicio para convertirse al amor"

Aportes de Mons. Orlando Romero, Obispo de Canelones para la Cuaresma (1er, 2º y 3er. Domingo de Cuaresma)

CUARESMA Y POSESIÓN DE NUEVOS PÁRROCOS EN DIÓCESIS DE MERCEDES

Especiales dedicados a la CUARESMA: Catholic net | Aci Prensa
 

Cuaresma 2006 Todas las noticias de la Iglesia en Uruguay: NOTICEU Cuaresma 2005

 

MENSAJE DE MONS. RAÚL SCARRONE · CUARESMA 2007

CUARESMA TIEMPO PROPICIO PARA CONVERTIRSE AL AMOR

QUERIDOS DIOCESANOS:

Con estas palabras del Papa Benedicto XVI: “La cuaresma como tiempo de escucha de la verdad, es un momento propicio para convertirse al amor, pues la verdad profunda, la verdad de Dios, es al mismo tiempo amor”, deseo enviaros este saludo al comienzo de la Cuaresma 2007 e Inicio del Año
Pastoral en la Diócesis.

También han de resonar en nuestros corazones las palabras del Profeta Joel que proclamamos el Miércoles de Cenizas: “Vuelvan a mi de todo corazón” (Joel 2,12) o las del apóstol San Pablo que nos invita “a no recibir en vano la gracia de Dios en este tiempo favorable”, (2Cor. 5, 20).


“Vuelvan a mi de todo corazón” dice el Señor. No podemos regresar auténticamente a Dios si no es desde nuestro corazón. Dios llama a la puerta de nuestro corazón porque respeta nuestra libertad. En un mundo como el nuestro, en el cual fácilmente hemos dejado a Dios de lado o lo hemos olvidado, en un mundo egoísta y sin corazón, nos cuesta llegar al corazón.
Por eso, que la Palabra de Dios nos invita a no recibir en vano la gracia de Dios, en este tiempo favorable de Cuaresma. Dios nos está llamando allí en la parte más interior, única e irrepetible de nuestro yo, el corazón.

Al llamarnos al corazón, Dios anhela que volvamos a la dimensión interior y espiritual de nosotros mismos, para que seamos personas auténticas y para que no vivamos con un corazón alejado de Él o con un corazón distraído en las mil cosas pasajeras que nos ofrece nuestro mundo.

Dios quiere que volvamos al corazón para experimentar su presencia en nuestra vida y vivamos en sintonía con Él aprendiendo a valorar las cosas y los acontecimientos según su dimensión espiritual y trascendente y no según las conveniencias o apariencias.

Recordemos que la Cuaresma es la ocasión para encontrarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Es a través de la Cuaresma que el espíritu humano busca encontrarse con su Señor o intensificar su relación con Él.

Por eso, que quien quiera encontrarse con Dios tiene que encontrarse consigo mismo, quitando en primer lugar todos los obstáculos y quitarse las caretas con las que ocultamos fácilmente nuestra verdad.

Hemos de aprender a descubrir dentro de nuestro corazón la voz y la mirada de Dios. En cada uno de nosotros hay un corazón que está esperando llenarse con el amor de Dios, por eso que “en este tiempo favorable” que es la Cuaresma cuando Dios nos invita por medio del Profeta Joel a volver a Él con todo el corazón , volvamos a nuestro interior y descubramos allí el llamado de Dios a una entrega más generosa, a un compromiso más audaz y a descubrir la hermosura de la vocación cristiana que hemos recibido en el Bautismo en todas sus dimensiones, logrando de esta manera ser auténticos “discípulos y misioneros de Jesús para que en Él todos tengan vida”.

+ Raúl Scarrone
Obispo de Florida y Durazno

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APORTES DEL OBISPO DE CANELONES
MONS. ORLANDO ROMERO PARA LA
CELEBRACIÓN DE LA CUARESMA EN LAS COMUNIDADES.
 

I Domingo II Domingo III Domingo IV Domingo V Domingo

 

APORTES DEL OBISPO DE CANELONES, MONS. ORLANDO ROMERO PARA LA CUARESMA 

I D0MINGO DE CUARESMA

Comenzamos este tiempo privilegiado de la Cuaresma para profundizar, celebrar y comprometernos a renovar nuestra condición de discípulos y misioneros de Jesucristo Muerto y Resucitado. Es el camino pascual del discípulo. Cada domingo la Liturgia nos ofrece un Mensaje, con el matiz propio del Evangelio de San Lucas, para recorrer el camino que nos entrene en el

“Acompañar en comunidad para ser discípulos y misioneros de Jesús”.

Me dirijo a los hermanos sacerdotes, diáconos y ministros de la Palabra, acercándoles algunos comentarios  para las “homilías” dominicales que con los aportes bíblicos y pautas del P. Max y las sugerencias del CLAM, puedan ayudarles a elaborar las propias.

***

La Cuaresma  es como un despertador en la ruta.  Cuando los automovilistas se  desplazan por las rutas, confiados en una determinada velocidad, al pasar por los pueblos o por los lugares donde se aglomera mucha gente, los despertadores  alertan al conductor para aminorar la velocidad y hacerlo tomar conciencia del peligro cercano. En la vida nos desplazamos con determinada monotonía, llevados por las reiteradas experiencias de ocupaciones, de trabajo, acaparados por las preocupaciones inmediatas que nos hacen perder las perspectivas de un más allá o no prevenir los peligros.

La Cuaresma es un tiempo de detenernos espiritualmente como comunidad para reflexionar y confrontar nuestra vida con la experiencia de Él expresada en su Palabra. Como discípulos de Jesús aprendemos a vivir y a sentir como El, a pensar como El…

Nos dice el Evangelio de Lucas que después del bautismo “Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días”. El desierto nos hace imaginar un lugar inhóspito, de fieras salvajes, árido, inseguro, lugar de desafíos, riesgos y de pruebas pero también de recónditas riquezas y sueños. Es una imagen de la vida… de nuestra vida. Quzás la pregunta oportuna: ¿cuáles son las experiencias que hace de nuestra vida algo semejante al desierto?

Jesús fue al desierto. Allí experimenta tentaciones muy nuestras.  La primera tentación es creer que se logra la felicidad con tener cosas y más cosas para satisfacer nuestras apetencias, e incluso manipular a Dios mismo en beneficio propio. Muchos de los que no tienen se desviven por tenerlas,  y las que las tienen se desviven por que no les alcanzan. Pero Jesús no se deja engañar y nos dice: “El hombre no vive solamente de las cosas”. Como discípulos suyos nos invita a mirar nuestra vida desde Dios, desde Él. ¡Cuántos desengaños cuando creímos que el tener cosas nos acarrearía fecididad  y bienestar!. Hay otras muchas formas de tentación a la que el discípulo de Jesus se ve expuesto a ser dominado por otros dioses como el dinero, el dar rienda suelta al placer: sexo, droga, alcohol, el dominar a los demás. Son dioses explotadores insaciables que nos exigen un culto humillante. El disgusto y el vacío que provocan  se vuelven insoportables. Jesús por experiencia propia del amor de Dios, su Padre, nos invita: “Adorarás al Señor, tu Dios y a Él solo rendirás culto”.  El es el centro de la plenitud del corazón humano.

La tentación de la figuración, del aparecer, cueste lo que cueste, simulando el egoísmo, la soberbia y la debilidad propia  pidiendo la ayuda espectacular de Dios, que constituye  de hecho un modo de hacer uso de su poder en propio beneficio. Actitud típica de los fariseos a los que tantas veces fustiga Jesús duramente “No tentarás al Señor, tu Dios”. 

La Cuaresma, como un gran despertador, hace resonar en el corazón del discípulo que “va detrás del Maestro” para que despierte y cambie del apego a las cosas (Lc.12,13-21) al desapego (Lc. 12,23-33); del imponer y dominar (Mt.21,33-45) al  servir (Jn.13,1-16);   del figurar (Mt.23,1-11 y Mc. 12,38-40) al ser auténtico y trasparente  (Mt.23,8-12).

+Orlando Romero
Obispo de Canelones

II DOMINGO DE CUARESMA

“Acompañar en comunidad para ser discípulos y misioneros de Jesús”

 

A los hermanos sacerdotes, diáconos y ministros de la Palabra,

paz y alegría:

 

“El Evangelio de este segundo domingo de cuaresma nos presenta la Transfiguración de Jesús. Dios se manifiesta, resplandece en el hombre Jesús, mostrando un anticipo de su gloria. Este acontecimiento situado por el Evangelista Lucas inmediatamente después del anuncio de la pasión, ilumina las perspectiva desde la que tenemos que mirar  “la subida a Jerusalén” (Max).

 

Ante la pregunta de Jesús a sus discípulos “¿Quién dice la gente que soy yo?”, Pedro, tomando la palabra, respondió: “Tu eres el Mesías de Dios”. Jesús continuó y les dijo: “El Hijo del Hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día” y “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”. La reacción de los discípulos fue naturalmente de turbación y desasosiego…

 

Ocho días después, Jesús subió al monte a orar. Es fundamental para Jesús y sus discípulos ya que Dios Padre se le revela como Padre: “Este es mi Hijo, el elegido, escúchenlo”. Este Jesús es la revelación de Dios como Padre, es todo lo que el Padre tiene que darnos y que decirnos. En una palabra, es el misterio de Dios manifestado a la humanidad, es el colmo del amor del Padre, la plenitud de su existencia. Este reconocimiento del Padre inunda de profundo gozo a Jesús y, se siente animado a emprender el camino de la cruz en la seguridad del amor de su Padre; es el anuncio de esperanza que quiere compartir con sus discípulos que lo quieren seguir. Nuestra transfiguración se realiza precisamente cuando nos descubrimos hijos en el Hijo. “Escúchenlo”, es decir recíbanlo, acójanlo, hagan lo que les dice, déjense modelar por él, conformar por él, porque esta este es el camino para llegar a la cima de la divinización y transfiguración del hombre que nos propone Dios Padre, llamándonos a estar en él, como Jesús está en el Padre y con el Padre.

La cuaresma es el camino que Jesús nos invita a seguir para ser su discípulo y su testigo en la comunidad y con la comunidad.  Seguirlo por este camino es comprender “cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo”.

 

Los discípulos, dice San Lucas, estaban “cargados de sueño”, con el deseo de dejarlo todo. Sin embargo,”se mantuvieron despiertos”, luchando contra los párpados que se cerraban y sobre todo contra la depresión interior, y “vieron la gloria de Jesús”. Este es el camino de nuestra propia transfiguración que pasa por momentos amargos. Es indispensable que cada discípulo desde la oración penetre en el alma de Jesús y descubra y discierna su propia vocación cada vez con mayor claridad, para que la comunidad sea el lugar, en que de modo convincente,  se transfigure el amor de Dios y se anuncie en nuestro secularizado mundo.

 

“Dios nos eligió para mostrarnos unos a otros el rostro de su amor.

Somos lenguaje de Dios; palabras vivas para dar voz a su bondad con nuestra propia bondad, para dar voz a la compasión, la ternura, la solicitud y la fidelidad de Dios con las nuestras propias”.

 

Para mayores elementos en la confección de nuestras propias Homilías ver los comentarios y pautas del P. Max y las sugerencias del CLAM.

 

+Orlando Romero

III DOMINGO DE CUARESMA

“Acompañar en comunidad para ser discípulos y misioneros de Jesús”

 

A los  hermanos sacerdotes, diáconos y ministros de la Palabra,

paz y alegría:

 

Los “por qué” que nos asedian

 

Los titulares de los diarios, los informativos de las radios o de la televisión nos golpean el corazón por las mil y una tragedias del mundo en que vivimos. Ante lo que surge la pregunta espontánea y angustiosa: ¿por qué?

 

¿Porqué un alud destruye una humilde familia? ¿Por qué este joven, la única esperanza del hogar, muere en un accidente? ¿Por qué a mí, que trato de ser bueno y justo, todo me sale mal? ¿Por qué el tumor sí resultó maligno? ¿Por qué nos pagan mal aquellos a quienes hemos ayudado? ¿Por qué aquel hijo tan deseado ha nacido deforme? ¿Por qué tantos niños y ancianos que viven en la calle?...

Jesús también escuchó planteos similares sobre el problema del mal como recoge el Evangelio, que hoy hemos escuchado, de los ajusticiados inocentes por Pilato o el derrumbe de la torre de Siloé que aplastó a 18 personas.

 

Jesús afirma que el mal no es un castigo por culpas personales ni achacables a Dios, porque el Dios, que nos muestra Jesús, no es un Dios feroz y sanguinario que se complace en las desgracias humanas, o por lo menos, no se preocupa en impedirlos.

Tampoco remediamos el problema descargando que la culpa la tiene el hombre. Somos frágiles, débiles, de mirada corta y muchas veces, interesada y sin las posibilidades de prevenir las catástrofes naturales.

 

Jesús a través de la parábola de la higuera nos revela a un Dios que es Padre, es paciente, es amor sin límites. Es un Dios que quiere trabajar en equipo con el hombre y la naturaleza.

 

Sufrimos nosotros y la naturaleza que, como consecuencias de nuestro pecado, echamos a perder con frecuencia sus planes. La ausencia de fraternidad, la discriminación, la prescindencia en la que “cada uno se arregle como pueda”, en el trato injusto con los demás, en el acaparar las riquezas en perjuicio de los pobres, en la explotación del débil, en el dejarse atrapar por el vicio, el uso destructor de la naturaleza, desajusta la convivencia humana y con la misma creación.  Es del corazón humano de donde surge el mal en todas sus manifestaciones.

 

Pero Dios es el viñador paciente y restaurador silencioso que se pone en obra en cada uno para iniciar desde ya la creación de “la tierra nueva y el cielo nuevo” que vislumbramos en el triunfo definitivo, anunciado en la Pascua de Jesús.

 

Para ser discípulos de Jesús es necesario acompañarlos en comunidad para que den frutos que todos tienen derecho a buscarlos en el árbol de nuestra vida.

 

Son los frutos del amor, de la solidaridad y la misericordia, ante los sufrimientos y necesidades de los que están cerca y de los que están lejos. Dios nunca se cansa de nuestras esterilidades, a lo contrario, se siente urgido a ponerse en obra removiendo y abonando la tierra de nuestra vida. “Yo he visto la opresión de mi pueblo…por eso he bajado a librarlo” (1ª. lectura). Jesús se anonadó hasta morir en la Cruz porque cree en el vencimiento y en la liberación del mal. En la esperanza del fruto soñado: “déjala todavía este año, yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos”. Con Jeremías el profeta humildemente suplicamos: “Conviérteme, Señor, y me convertiré”

 

Para mayores elementos en la confección de nuestras propias Homilías ver los comentarios y pautas del P. Max y las sugerencias del CLAM.

 

+Orlando Romero

IV DOMINGO DE CUARESMA

“Acompañar en comunidad para ser discípulos y misioneros de Jesús”

A los hermanos sacerdotes, diáconos y ministros de la Palabra, paz y alegría:

En el Evangelio de Lucas, el Evangelio de la misericordia, percibimos a un Jesús muy humano, lleno de “ternura solidaria” y defensor de los derechos humanos; descubrimos que son muchas las señales con las que Jesús proclama la gratuidad del amor y la fuerza de entrañable ternura. En la parábola, llamada también del “padre misericordioso y de sus dos hijos”, Jesús nos quiere mostrar el rostro de Dios, tan bueno, indulgente, lleno de ternura y misericordia, tan rebosante de amor. El personaje central de la parábola es el padre, en ella se presenta la figura de Dios con rostro paternal, quien cuando ve a lo lejos venir a su hijo se conmueve profundamente, sus entrañas se llenan de gozo y de alegría. Su amor paterno se transforma en acogida  gozosa, la cual se consuma en el perdón que recrea nuevamente la vida del hijo.

Esta parábola, a Jesús le sale del corazón, de una experiencia profunda e íntima de Quien le dijo: “Este es mi hijo, el elegido, escúchenlo” que lo guió en todos los pasos de su vida, la luz con la que discierne las tentaciones  a las que se verá expuesto en el anuncio del Reino; la que lo sostendrá en momentos de oscuridad: “Padre, pase de mí este caliz…”, “Padre en tus manos encomiendo mi espírtu…” Por esto, Jesús es sacramento de ternura y de misericordia.

Jesús nos muestra al padre que no puede contener su alegría, de tal modo que sale corriendo al encuentro del hijo para darle todo su amor, lo abraza y efusivamente lo cubre de besos, lo recibe nuevamente como hijo en su casa, desbordando sus expectativas que a lo más aspiraba a ser un jornalero entre tantos de la casa de su padre; se siente inmensamente gratificado porque le ha sido devuelto por encima de todas las posibles leyes el gozo de la vida, todas las prerrogativas que manifiestan su filiación: el vestido nuevo, el anillo con el sello de la familia y las sandalias y una gran fiesta para compartir la alegría con toda la familia y los vecinos. Esta es la muestra patente de la ternura paterna de Dios que saliendo al encuentro borra al instante el pasado del hijo.

Jesús nos muestra al Padre respetuoso de la decisión de su hijo, que a pesar de todo lo espera porque cree en él, más que los hijos en el padre. Casi no le da tiempo al hijo pedirle perdón ya que  es tanto la ansiedad del padre encontrarse con su hijo que con sus abrazos y besos ahogan las palabras del hijo pidiendo perdón.

La experiencia  y la imagen que tenemos de Dios favorece o desfavorece  nuestra relación con él y nuestro compromiso transformador del mundo.

En una realidad de horfandad, de intolerancia, de agresividad, de violencia, de perfeccionismos voluntaristas que surgen, ¡qué buena noticia  nos da Jesús del amor apasionado del Padre!. Esta actitud tierna y acogedora contrasta con la del hermano mayor que no espera a ningún hermano; al referirse a su hermano que motiva la fiesta y la alegría, se dirige al padre con desagrado “ese hijo tuyo, que ha gastado tus bienes con mujeres…”. Su interesada fidelidad y la no apreciación  del amor gratuito y generoso del padre lo han conducido a carecer de las actitudes propias de hijo y de hermano.

Ser discípulos y misioneros de Jesucristo es reproducir los sentimientos de misericordia y ternura en una comunidad llamada a  ser sacramento de amor, de misericordia, de alegría, según el estilo de las primeras comunidades cristianas. Ellas contagiaban  y despertaban el atractivo de sumarse a ser seguidores de Jesús. (Hechos 2,42-47). (Cfr. Hacia una Pastoral de la ternura, Medellín, Nº 127;  Comentarios y aportes del P. Max y del CLAM para confeccionar nuestras propias homilías).

+Orlando Romero

V DOMINGO DE CUARESMA

“Acompañar en comunidad para ser discípulos y misioneros de Jesús”

 

Lapidamos, a menudo, con mucha facilidad

 

A los hermanos sacerdotes, diáconos y ministros de la Palabra,

Paz y alegría:

 

El episodio presentado por Lucas en este 5to. Domingo de Cuaresma está encuadrado en el creciente antagonismo de los judíos contra Jesús. Se aproxima el desenlace fatal tantas veces pronosticado por la enconada actitud confabuladora de grupos de escribas y fariseos ya desde el comienzo de la misión de Jesús.

 

El relato del Evangelio  señala a una mujer que era acusada de ser culpable de adulterio. Se les presenta una oportunidad para comprometer a Jesús y poder descalificarlo. Si la condena, pierde popularidad y no es cierto su mensaje de amor y de misericordia. Si la absuelve va contra la Ley sagrada que manda matar a tales mujeres. Pero Jesús ha venido precisamente a perdonar, a salvar a los enfermos más que a los sanos.

 

La escena está vivamente narrada: los acusadores, la gente curiosa, la mujer avergonzada. Ante la insistencia de los acusadores,  Jesús, que garabateaba en el polvo, se enderezó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra” y siguió como escribiendo en el suelo. Un gran desconcierto cunde entre ellos. Uno tras otro comienzan a escabullirse discretamente. Jesús la mira, con ternura y respeto le pregunta: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?¿Nadie te ha condenado?” Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno. Vete, no peques más en adelante”.

 

Esta página evangélica interroga comportamientos de nuestra vida cotidiana en los que se esconde la incoherencia. Condenamos a otros con la ley en la mano y silenciamos que nosotros también albergamos situaciones, sentimientos y culpas  a las condenadas en los otros. No soportamos el pecado de los otros, y estamos cargados de ellos nosotros mismos.

 

En todo este camino cuaresmal resuena la denuncia  de la vida infecunda como en la situación de la higuera que no da higos, como en la actitud orgullosa y exigente del hermano mayor en la parábola del padre misericordioso o de los acusadores intransigentes de la parábola de la adúltera; pero también resuena el anuncio de la misericordia y la ternura de un Dios, que se hace audible, palpable y trasparente en Jesús de Nazareth.

 

En el recorrido de este camino nos vamos haciendo discípulos y seguidores de Jesús, sintiendo, viviendo y amando como Él en medio de una comunidad que acompaña y anima.

 

Jesús es amenazado de muerte no porque sea pecador, sino porque anuncia la verdad y se muestra misericordioso con el hombre pecador. Molesta a los que están acostumbrados a pisar a los otros. En la vida diaria no es que “matemos” físicamente sino que perjudicamos sutilmente tendiendo trampas e insidias contra el otro, aplicando la ley como nos conviene y cuando nos conviene.  Jesús, portador y apasionado por la vida del otro, mira más a la persona que el mal que la persona haya realizado. Nos muestra al Padre exigente pero al mismo tiempo paciente e incansable trabajador en la espera de los frutos, removiendo y abonando la tierra de nuestra vida, humedeciéndola con el rocío del Espíritu. Es el Padre que espera porque cree en el hijo que se fue y cuando lo ve venir  se conmueve, sale corriendo, lo abraza, lo besa  y hace una fiesta borrando el pasado de su vida y reintegrándolo a su condición filial. Este camino desemboca en la Pascua de Jesús que es la pascua del discípulo, convirtiéndolo en el mensajero apasionado de la Vida.

 

+Orlando Romero

 

P.D. Me alegro de haberlos acompañado en esta Cuaresma compartiendo con muchos de ustedes estas  sugerencias, junto a las del Padre Max y las del CLAM,  a fin de confeccionar nuestras propias Homilías, adaptadas al camino de nuestras propias Comunidades. Con fraterno abrazo les deseo ¡UNAS MUY FELICES PASCUAS! +OR

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CUARESMA Y POSESIÓN DE NUEVOS PARROCOS EN DIOCESIS DE MERCEDES

INICIO DE LA CUARESMA  

El próximo miércoles 21 comienza la Cuaresma. A la hora 20:30 el Obispo Diocesano, Mons. Carlos María Collazzi, presidirá en la Iglesia Catedral "Nuestra Señora de las Mercedes" la Eucaristía donde tendrá lugar la bendición e imposición de las cenizas.

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MENSAJE DE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2007


«Mirarán al que traspasaron» (Juan 19,37)

¡Queridos hermanos y hermanas!
«Mirarán al que traspasaron» (Jn 19,37). Éste es el tema bíblico que guía este año nuestra reflexión cuaresmal. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la Cruz consuma el sacrificio de su vida para toda la humanidad (cf. Jn 19,25). Por tanto, con una atención más viva, dirijamos nuestra mirada, en este tiempo de penitencia y de oración, a Cristo crucificado que, muriendo en el Calvario, nos ha revelado plenamente el amor de Dios. En la Encíclica Deus caritas est he tratado con detenimiento el tema del amor, destacando sus dos formas fundamentales: el agapé y el eros.

El amor de Dios: agapé y eros
El término agapé , que aparece muchas veces en el Nuevo Testamento, indica el amor oblativo de quien busca exclusivamente el bien del otro; la palabra eros denota, en cambio, el amor de quien desea poseer lo que le falta y anhela la unión con el amado. El amor con el que Dios nos envuelve es sin duda agapé . En efecto, ¿acaso puede el hombre dar a Dios algo bueno que Él no posea ya? Todo lo que la criatura humana es y tiene es don divino: por tanto, es la criatura la que tiene necesidad de Dios en todo. Pero el amor de Dios es también eros. En el Antiguo Testamento el Creador del universo muestra hacia el pueblo que ha elegido una predilección que trasciende toda motivación humana. El profeta Oseas expresa esta pasión divina con imágenes audaces como la del amor de un hombre por una mujer adúltera (cf. 3,1-3); Ezequiel, por su parte, hablando de la relación de Dios con el pueblo de Israel, no tiene miedo de usar un lenguaje ardiente y apasionado (cf. 16,1-22). Estos textos bíblicos indican que el eros forma parte del corazón de Dios: el Todopoderoso espera el «sí» de sus criaturas como un joven esposo el de su esposa. Desgraciadamente, desde sus orígenes la humanidad, seducida por las mentiras del Maligno, se ha cerrado al amor de Dios, con la ilusión de una autosuficiencia que es imposible (cf. Gn 3,1-7). Replegándose en sí mismo, Adán se alejó de la fuente de la vida que es Dios mismo, y se convirtió en el primero de «los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud» (Hb 2,15). Dios, sin embargo, no se dio por vencido, es más, el «no» del hombre fue como el empujón decisivo que le indujo a manifestar su amor en toda su fuerza redentora.

La Cruz revela la plenitud del amor de Dios
En el misterio de la Cruz se revela enteramente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. Para reconquistar el amor de su criatura, Él aceptó pagar un precio muy alto: la sangre de su Hijo Unigénito. La muerte, que para el primer Adán era signo extremo de soledad y de impotencia, se transformó de este modo en el acto supremo de amor y de libertad del nuevo Adán. Bien podemos entonces afirmar, con san Máximo el Confesor, que Cristo «murió, si así puede decirse, divinamente, porque murió libremente» (Ambigua, 91, 1956). En la Cruz se manifiesta el eros de Dios por nosotros. Efectivamente, eros es —como expresa Pseudo-Dionisio Areopagita— esa fuerza «que hace que los amantes no lo sean de sí mismos, sino de aquellos a los que aman» (De divinis nominibus, IV, 13: PG 3, 712). ¿Qué mayor «eros loco» (N. Cabasilas, Vida en Cristo, 648) que el que trajo el Hijo de Dios al unirse a nosotros hasta tal punto que sufrió las consecuencias de nuestros delitos como si fueran propias?

«Al que traspasaron»
Queridos hermanos y hermanas, ¡miremos a Cristo traspasado en la Cruz! Él es la revelación más impresionante del amor de Dios, un amor en el que eros y agapé, lejos de contraponerse, se iluminan mutuamente. En la Cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: Él tiene sed del amor de cada uno de nosotros. El apóstol Tomás reconoció a Jesús como «Señor y Dios» cuando puso la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor. Se podría incluso decir que la revelación del eros de Dios hacia el hombre es, en realidad, la expresión suprema de su agapé. En verdad, sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. Jesús dijo: «Yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por Él. Aceptar su amor, sin embargo, no es suficiente. Hay que corresponder a ese amor y luego comprometerse a comunicarlo a los demás: Cristo «me atrae hacia sí» para unirse a mí, para que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor.

Sangre y agua
«Mirarán al que traspasaron». ¡Miremos con confianza el costado traspasado de Jesús, del que salió «sangre y agua» (Jn 19,34)! Los Padres de la Iglesia consideraron estos elementos como símbolos de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. Con el agua del Bautismo, gracias a la acción del Espíritu Santo, se nos revela la intimidad del amor trinitario. En el camino cuaresmal, haciendo memoria de nuestro Bautismo, se nos exhorta a salir de nosotros mismos para abrirnos, con un confiado abandono, al abrazo misericordioso del Padre (cf. S. Juan Crisóstomo, Catequesis, 3,14 ss.). La sangre, símbolo del amor del Buen Pastor, llega a nosotros especialmente en el misterio eucarístico: «La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús… nos implicamos en la dinámica de su entrega» (Enc. Deus caritas est, 13). Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo ‘eucarístico’, en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y palabra. De ese modo contemplar «al que traspasaron» nos llevará a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas. Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que por nuestra parte cada día debemos «volver a dar» al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente de la alegría de la Pascua. Que María, la Madre del Amor Hermoso, nos guíe en este itinerario cuaresmal, camino de auténtica conversión al amor de Cristo. A vosotros, queridos hermanos y hermanas, os deseo un provechoso camino cuaresmal y, con afecto, os envío a todos una especial Bendición Apostólica.

Vaticano, 21 de noviembre de 2006
BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]

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Qué es la Cuaresma

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

40 días

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Fuente: www.aciprensa.com

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Preguntas Frecuentes sobre la Cuaresma

Las 29 preguntas más comunes con las respuestas que te harán comprender mejor el sentido de la cuaresma.

¿QUÉ ES LA CUARESMA ?

Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (cuadragésima) reservado a la preparación de la Pascua , y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.

¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA ?

Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia , con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA ?

" La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma , al Misterio de Jesús en el desierto" (n. 540).

¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA ?

Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia , proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

¿QUÉ ES LA PENITENCIA ?

La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA ?

"La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.)." (Catecismo Iglesia Católica, n.1434).

¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?

"Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia." (Código de Derecho Canónico, cánon 1249). ¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?

"En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma." (Código de Derecho Canónico, cánon 1250).

¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?

En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz , "todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal ; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo." (Código de Derecho Canónico, cánon 1251).

¿CUÁNDO ES CUARESMA?

La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:

1)El Miércoles de ceniza,

2)Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,

3) La Misa Crismal y

4)Las ferias.

¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA?

Es el principio de la Cuaresma ; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA ?

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la

ceniza y ayuno riguroso.

¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA ?

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa , después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura : Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA ?

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA ?

El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA ?

La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.

¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA ?

Si se vive bien la Cuaresma , deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN ?

Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN "TIEMPO FUERTE" Y UN "TIEMPO PENITENCIAL?

"Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras)." (Catecismo Iglesia Católica, n. 1438)

¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?

De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:

1.Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.

2.Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.

3.Practicando las Obras de Misericordia.

¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?

Las Obras de Misericordia espirituales son:

· Enseñar al que no sabe.

· Dar buen consejo al que lo necesita.

· Corregir al que yerra.

· Perdonar las injurias.

· Consolar al triste.

· Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo.

· Rogar a Dios por los vivos y los muertos

Las Obras de Misericordia corporales son:

· Visitar al enfermo.

· Dar de comer al hambriento.

· Dar de beber al sediento.

· Socorrer al cautivo.

· Vestir al desnudo.

· Dar posada al peregrino.

· Enterrar a los muertos.

¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?

Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA , así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.

¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO?

El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.

¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO?

Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. (cfr. CIC, c. 1252).

¿QUÉ ES LA ABSTINENCIA ?

Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).

¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA ?

La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años.(cfr. CIC, c. 1252).

¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA ? " La Conferencia Episcopal de cada País puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad." (Código de Derecho Canónico, cánon 1253).

¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINECIA ?

Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.

¿QUÉ ASPECTOS PASTORALES QUE CONVIENE RESALTAR EN LA CUARESMA ?

El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales. La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia , son sus grandes coordenadas.

Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:

1)La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;

2)La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el cánon. 767, & 3, 3).

3)La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del sacramento de la penitencia: "son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia " (CEC, n. 1438), haciendo notar que "junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"; y,

4)El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras.
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