Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2011

 

Cuaresma 2011

Qué es la Cuaresma

Preguntas frecuentes sobre la Cuaresma

Cuaresma junto al Santo Padre

 

PISTAS DE REFLEXIÓN SOBRE EL MENSAJE DEL SANTO PADRE
Mensaje de los Obispos
Carta Pastoral de Cuaresma Mons. Alberto Sanguinetti
CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE MINAS, MONS. JAIME FUENTES CON MOTIVO DE LA CUARESMA 2011
Catequesis de Mons. Alberto Sanguinetti, miércoles 16 de marzo, en la Capilla San Francisco (Lagomar)

 

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Volvámonos a Cristo y a su Iglesia

A todos los fieles cristianos de Canelones, en comunión con los presbíteros y diáconos, abundancia de luz y paz del Espíritu Santo, d e parte de Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.

La providencia de Dios nos ha concedido la gracia de poder celebrar el Jubileo de Oro de la Iglesia de Canelones, con un Año Jubilar que confiamos será fuente de bendiciones abundantes, de fortalecimiento en la fe, constancia en la esperanza, ardor de la caridad, con fecundos frutos de conversión, obras de santificación e impulso misionero para proclamar el Evangelio.

En el centro de nuestra celebración está siempre Jesucristo nuestra esperanza. Por eso, todo nuestro esfuerzo se dirige a dejarnos iluminar por Cristo en su Iglesia, que es luz viva en Canelones.

Volvamos nuestros ojos a Jesús, que se entrega por nosotros. Él, que ahora está glorioso en los cielos, nos atrae hacia su bendita pasión y muerte. Se cumple así lo que dijo: elevado en la cruz, atraeré a todos a mí (cf. Jn.12,32). María, la madre de todo discípulo, y Juan, el discípulo amado, personifican a la Iglesia. Volvámonos, pues, a la Iglesia, para que ella nos lleve a Jesús, el Señor.

1. Volvámonos a Cristo que nos llama, nos salva y nos da vida.

Les escribí en la carta de apertura de este año de gracia: El Año Jubilar, antes que nada, nos hace atender a la Historia de la Salvación, obrada por Dios Padre, por medio de la muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo, y la efusión del Santo Espíritu en y por su Iglesia. El acontecimiento de gracia, la irrupción del Reino de Dios en la Pascua del Señor y su glorificación a la derecha del Padre, se actualiza constantemente en su Iglesia.

Por eso, el primer paso de la vida cristiana, el fundamento al que debemos siempre volver es a Cristo, acogido en la fe. De aquí la invitación para cada uno de nosotros: ¡VOLVÁMONOS A CRISTO!, giremos hacia él, pongamos toda nuestra atención en él. Dios está en Cristo reconciliando al mundo consigo, por eso, como embajadores de Cristo, en nombre de Cristo les suplicamos: ¡déjense reconciliar con Dios! (cf. 2 Cor., 5,20). El llamado a la conversión, a volvernos hacia Cristo, es antes que nada un llamado de Dios a dejarnos querer, a dejarnos perdonar, a dejarnos abrazar por el Padre, que sale a nuestro encuentro, a arrojarnos en sus manos, como niños en brazos de su madre (cfr. Sal.130, 2).

Volvámonos a Cristo, vuélvete a Cristo. El llamado es para cada uno.  Estás alejado,  te agobia  el  peso  de  tus pecados: escucha el llamado  a   creer en el amor de Dios, a dejarte perdonar por él, a recibir la santidad de él. Has avanzado en el seguimiento de Cristo: oye la invitación a reconocer la bondad del Señor y a dejar que él obre nuevas maravillas en tu vida. Cada uno de nosotros, herido por el pecado, perdonado por el amor de Dios, santificado por la gracia del Espíritu Santo, atienda a la invitación del Señor y renueve su fe, para abandonarse en la caridad del Padre, que con incomparable ternura y caridad entregó a su propio Hijo por nosotros.

VOLVÁMONOS A CRISTO, por la fe:

a) la fe es abandonarse totalmente en Dios que se nos revela y nos salva. Dios nos invita por el profeta: “la salvación de ustedes está en convertirse y en tener calma; su fuerza en confiar y estar tranquilos. El Señor espera para apiadarse, aguarda para compadecerse; porque el Señor es un Dios recto: dichosos todos los que esperan en él” (Is.30, 15.18).

La fe supone la humildad de reconocerse pecador ante Dios, necesitado de él, y la confianza en su perdón y su gracia. El perdón de los pecados es la gracia de Dios por excelencia; su consecuencia es el camino de santidad.

Volvámonos a Cristo, con una fe que se confía totalmente en él, se abandona en él. Digamos con el salmista, dejándonos conducir por el Espíritu Santo: “Sólo en Dios descansa mi alma, porque de él viene mi salvación; sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré” (Sal.61, 2-4).

b) la fe es confesar, reconocer la verdad de Dios revelada en Cristo. La fe cristiana no es la proyección de nuestros deseos y nuestras ideas. La fe cristiana reconoce lo que Dios es, ha hecho y Él revela. “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rom.10,9).  San Pablo les recordaba a los Corintios: “les hago saber, hermanos, el Evangelio que les prediqué, que han creído y en el cual permanecen firmes, por el cual también son salvados, si lo guardan tal como se lo prediqué” (1 Cor.15,1). E insistía que ese anuncio era el mismo que él y los otros apóstoles habían predicado.

Volvámonos a Cristo, en este año de gracia, conociendo mejor la fe católica. La fe de la Iglesia conserva y hace fructificar todo lo que Jesús enseñó, sin olvidar ni perder nada. A partir del Credo de nuestro bautismo, volvámonos a Cristo y a su Iglesia buscando conocer y comprender más ampliamente la fe católica. Digamos: “creo, Señor, aumenta mi fe” (Mc. 9,24)

c) la confesión de la verdad y la confianza en Dios hacen que la fe sea obediencia a Dios, seguimiento de Cristo. Al Dios que nos habla, corresponde el acatamiento de la inteligencia y la voluntad. Al Dios que nos ama y en quien confiamos corresponde la obediencia a su palabra y el seguimiento de Cristo.

Volvámonos a Cristo, con una fe obediente, siendo discípulos, seguidores de Jesús. Volvámonos a Cristo y dejemos que él nos lleve al Padre. Nuestra conversión nos llevará así a crecer en el amor a Dios sobre todas las cosas, con todo el corazón.

2. Cristo nos da su salvación en su Iglesia.

La fe en Cristo incluye inseparablemente el reconocimiento de la Iglesia. Siguiendo el plan de Dios desde la elección de Abraham, todo el Nuevo Testamento proclama que Cristo, muerto, resucitado, glorioso junto al Padre, obra en y por la Iglesia.

La Iglesia es la comunidad de salvación. Participando de ella recibimos el perdón y la vida, que Jesucristo nos entrega por medio de ella. Nada quiere hacer Jesucristo sin su Iglesia. Él es el único salvador, el único Sumo y Eterno Sacerdote, él único revelador del Padre, como lo cantamos en la Misa: “tú solo eres santo, tú solo Señor, tú solo altísimo, Jesucristo”. Y Él mismo ha unido consigo a la Iglesia. En ella y por ella proclama el Evangelio de la Verdad, nos da el perdón y la gracia, por los sacramentos, nos une con su oración y ofrenda en el Santo Sacrificio de la Misa. Por eso pedimos: “no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia”. Todo esto lo confesamos en el credo cuando decimos que creemos en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

El año jubilar, por los 50 años de la Iglesia de Canelones, es entonces también una invitación reconocer a Cristo en su Iglesia. VOLVÁMONOS A CRISTO Y A  SU IGLESIA. No separemos nunca a Jesucristo de su Iglesia, porque Él no hace nada sin unir consigo a su Iglesia, su Esposa, su Cuerpo, su plenitud. Este año de gracia es un llamado a profundizar cómo la fe en Cristo incluye a la Iglesia. Es un llamado a reconocer la gracia de la Iglesia como don de Dios, en el cual recibimos todo perdón, gracia y santificación. Por un lado hemos de remover cuanto nos separa de la Santa Iglesia, sea en pensamientos o en afectos, para participar en ella humilde, agradecida y activamente, para tener un solo corazón con ella, ser parte de sus acciones y celebraciones.

3. El ejercicio de la Santa Cuaresma.

El Señor en su Iglesia nos regala un especial camino para que nos volvamos a Cristo y a su Iglesia: la Santa Cuaresma.

Entre nosotros tiene sus dificultades propias: toma parte del verano, hay un carnaval interminable, el ambiente no ayuda, etc. Sin embargo, de todas formas, es éste un llamado a cada uno y a todos juntos como comunidad a recorrer con verdadera entrega y fidelidad el camino cuaresmal. El seguimiento de Cristo en su Iglesia también tiene sus opciones y rupturas.

En la Cuaresma se nos proclama con especial intensidad: conviértanse, crean en el Evangelio, volvámonos a Cristo y a su Iglesia. En el centro de la Cuaresma está la consideración de la obra salvadora de Jesús, por  su muerte y resurrección, se nos exhorta a la conversión a la fe y a la vida de la gracia, se nos llama al camino de la  santificación, que es un don y también trabajo, ejercicio, combate.

La Cuaresma es el camino hacia la Pascua, en la que se preparan los que buscan la gracia de Cristo en la Iglesia por el bautismo y toda la comunidad profundiza el don de Cristo, por la escucha de la palabra, para renovar la alianza bautismal. Volvámonos a Cristo y a su Iglesia, renovando el bautismo.

Los instrumentos de este ejercicio cuaresmal son.

a. la oración: de escucha y meditación de la Palabra de Dios, por la cual el Espíritu Santo convierte el corazón y da la fe; de súplica personal y comunitaria; de de acción de gracias y alabanza a Dios; de contemplación, y silencio; de adoración de Dios y ofrenda de nosotros mismos unidos a Jesús.

b. la penitencia: la palabra penitencia en el lenguaje cristiano no significa castigo; significa conversión y acciones para cambiar la vida, volviéndonos a Cristo y dirigiéndonos al amor de Dios y sus mandamientos. Así como a una operación que nos cura le siguen ejercicios y esfuerzos para recuperarse, así al perdón dado por la gracia de Dios, le sigue el ejercicio de la penitencia. Son obras de penitencia las acciones concretas para apartarnos del pecado y obtener mayor libertad para entregarnos a Dios, para restablecer la justicia y reordenar lo que destruyó el pecado. Con las prácticas penitenciales buscamos dominar los malos deseos que anidan en el corazón y ejercitarnos en morir con Cristo, para amar mejor.

c. la caridad: el crecimiento en el amor a Dios y al prójimo, en el corazón y con obras concretas. La caridad en lo concreto y chico de la vida, la caridad en su dimensión social y en servicio al prójimo. El tiempo de Cuaresma es ocasión especial para las obras de misericordia: visitar presos, enfermos, los que están solos, acompañar en toda necesidad.

De un modo especial, en esta Cuaresma, somos invitados a reconciliarnos: reconciliación en las familias, entre conocidos y vecinos. Reconciliación en las comunidades cristianas, en el presbiterio diocesano, en toda la Iglesia de Canelones. Reconciliación con nosotros mismos, con el llamado de Dios, buscando su perdón en la Iglesia. Esta Cuaresma jubilar trae consigo la responsabilidad y la gracia de reconciliarnos los unos con los otros, para vivir la reconciliación que Dios nos ha regalado en Cristo. Seamos compasivos, perdonémonos unos a otros como Dios nos perdonó en Cristo (cf. Ef. 4,32).

4. El camino de la Cuaresma Diocesana.

Es la Iglesia la que celebra la Cuaresma, la que transita el camino cuaresmal y cada uno de nosotros en ella. De aquí la importancia de participar en las celebraciones comunitarias.

El ejercicio cuaresmal lo seguimos en cada comunidad. Una visibilización particular de este camino eclesial, es la Cuaresma Diocesana, que nos ayuda a vivir especialmente que la Iglesia de Canelones en su conjunto, con el obispo y los presbíteros a la cabeza, responde al llamado: VOLVÁMONOS A CRISTO Y A SU IGLESIA.

Las principales celebraciones presididas por el Obispo serán ‘estaciones’ en que la Iglesia de Canelones se detiene y se congrega. Empezarán con una asamblea litúrgica, seguida de la procesión penitencial y la Misa Estacional.

Miércoles 9 de marzo, de Cenizas (en Canelones). 19: asamblea litúrgica en la capilla del Colegio María Auxiliadora; catequesis. A las 19.40, oración y procesión a la Catedral, Misa estacional con imposición de cenizas (tramite Radio María).

Domingo 13 de marzo  (en Las Piedras). 11 hs.: asamblea litúrgica en Colegio María Auxiliadora; Misa estacional en la Iglesia S. Isidro.

Domingo 20 de marzo (en Pando). 10.30: asamblea litúrgica en el Colegio San Luis; Misa estacional en la Iglesia de la Purísima Concepción (trasmite Radio María).

Domingo 27 de marzo (en Santa Lucía). 10.00: asamblea litúrgica en el Colegio Inmaculada Concepción; Misa estacional en la Iglesia San Juan Bautista (trasmite Radio María).

Domingo 3 de abril (en Estación Atlántida): asamblea litúrgica ante la capilla antigua;  Misa estacional en la Iglesia de Cristo Obrero.

Domingo 10 de abril (Santa Rosa) 10.30: asamblea litúrgica en el Colegio; Misa estacional en la Iglesia Santa Rosa de Lima (trasmite Radio María).

La Misa Crismal será el lunes 18 de abril a las 10 hs. en San Isidro de Las Piedras.

Además, los miércoles de Cuaresma, habrá una catequesis cuaresmal a las 19 hs. y Santa Misa a las 20 hs. (trasmitidas por Radio María):

16 de marzo en San Francisco (Lagomar), 23 de marzo en Santísimo Salvador (Tala), 30 de marzo en S. Antonio Mª Claret (Progreso), 6 de abril  en San Alfonso (R. 8 k.28), 13 de abril en San Miguel (Los Cerrillos).

La culminación del camino cuaresmal es la participación en las principales celebraciones de la Semana Santa.  El Domingo de Ramos en la Pasión del Señor. El Santo Triduo Pascual: el Jueves Santo, en la Misa de la cena del Señor; el Viernes Santo en la Celebración Vespertina de la Pasión y Muerte de Cristo, en la noche del sábado (comienzo del Domingo de Pascua), la Vigilia Pascual y Misa de Resurrección.

5. El Sacramento de la Reconciliación, o Penitencia o Confesión.

Antes que nada hemos de reconocer este sacramento como un regalo exquisito del amor de Jesús para con los bautizados. Su deseo es que no pequemos una vez recibida la gracia del bautismo. Pero él nos ha dejado en su Iglesia este don del perdón de los pecados cometidos después del bautismo, como una actualización de la primordial gracia del perdón.

El nombre de sacramento de la reconciliación indica el perdón, la reconciliación con el Padre y, simultáneamente, con la Iglesia de cuya santidad el pecado nos aparta. Es un don inmerecido y gratuito que proviene de la muerte y resurrección del Señor y que Él nos otorga por el ministerio de la Iglesia. Por eso, la acción principal de la celebración de este Sacramento es la absolución, la oración por la que Cristo por su Iglesia nos regala el perdón.

Confesión indica la parte de reconocimiento humilde de nuestra realidad pecadora; supone el esfuerzo por aclarar la conciencia ante la ley de Dios. El Señor, conocedor del corazón humano, sabe que el arrepentimiento para ser sincero y profundo requiere ese sometimiento a otro, como instrumento de nuestro sometimiento a Jesucristo. El acto de confesar los pecados ante la Iglesia, bien preparado con la reflexión de los mandamientos y con el arrepentimiento, es parte de la sanación que produce este sacramento.

La penitencia, como lo expresamos más arriba, es la conversión y los ejercicios para  lograr el cambio de mente, sentimientos y conducta. Si bien el perdón es totalmente gratuito y hecho sólo por Dios, la restauración de lo que el pecado afeó requiere de la gracia de Dios y la colaboración de la voluntad humana. La penitencia la hace cada uno – el penitente -, ayudado por el auxilio divino, por la oración de Cristo y de su Iglesia.

6. La gracia de la Santa Indulgencia.

En el proceso de conversión se ubica la gracia de la Indulgencia. Con esta palabra se entienden aquellas acciones penitenciales, que la Iglesia, unida a Jesucristo, acompaña de modo especial con su oración y mediación. Por eso, la Indulgencia está ligada a diversos actos penitenciales; actos interiores de arrepentimiento con detestación del pecado y de querer amar a Dios hasta la muerte; un proceso sacramental del sacramento de la Reconciliación y de la  comunión eucarística; una específica comunión eclesial en la oración por las intenciones del Papa y la ejecución de la obra penitencial señalada por la Iglesia (p.e. una determinada celebración o una peregrinación, etc.).

Como parte del sentido comunitario eclesial de las indulgencias es que también, como una súplica (sufragio), podemos ofrecerla por los hermanos difuntos, que estuvieran en su purificación (purgatorio).

Por medio de la Penitenciaría Apostólica, el Santo Padre, nos ha concedido “la gracia del Año Jubilar con la correspondiente Indulgencia plenaria, cumplidas las condiciones acostumbradas (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) para aquellos fieles cristianos que verdaderamente arrepentidos la quieran recibir para sí mismos o la puedan ofrecer, a modo de sufragio, para las almas de los fieles que se encuentran en el Purgatorio, si participaran de alguna de las celebraciones jubilares o de ejercicios de piedad o al menos permanecieran un tiempo en consideraciones piadosas y concluyan rezando la Oración Dominical, el Símbolo de la Fe y algunas invocaciones a la Santísima Virgen María, en los siguientes lugares: en la Santa Iglesia Catedral y en el Santuario de la Virgen de Lourdes (Decanato Canelones), en el Santuario Eucarístico del Monasterio de la Visitación (Decanato Piedras), en el Santuario de la Virgen de las Flores (Decanato Playas), en las Parroquias Inmaculada Concepción (Decanato Pando) y Santa Rosa de Lima (Decanato Centro).

Se declaran como principales celebraciones jubilares los siguientes días:

-       día 27 de febrero de 2011, en el que será abierto solemnemente el Año Jubilar,

-       día domingo 17 de julio de 2011, Aniversario de la Dedicación de la Iglesia Catedral

-       día 27 de noviembre de 2011, Quincuagésimo Aniversario de la Diócesis

-       día 25 de marzo de 2012, Quincuagésimo Aniversario de la toma de posesión de la Diócesis por el primer Obispo Diocesano

-       día 20 de mayo de 2012, en el que será concluido el Año Jubilar.

Los ancianos, los enfermos y todos aquellos que por causa grave no puedan salir de su casa, igualmente podrán recibir la gracia de la Indulgencia plenaria siempre que, teniendo el ánimo de odiar cualquier pecado y la intención de cumplir apenas les sea posible con las tres condiciones acostumbradas anteriormente dichas, se unan espiritualmente a las celebraciones y peregrinaciones jubilares, ofreciendo al Dios de la misericordia sus oraciones y dolores por medio de María Santísima” (se puede leer todo el documento en la página web diocesana: http://diocesiscanelones.com/ ).

Habiendo sido exhortados: VOLVAMOS A CRISTO Y A SU IGLESIA, expresamos vivamente el deseo de buscar ser ayudados por las santas indulgencias.

El decreto de la Penitencia Apostólica agrega: “Los fieles cristianos también podrán recibir la Indulgencia parcial todas las veces que, con el corazón arrepentido, realicen piadosamente las obras de misericordia, o de penitencia o de evangelización propuestas por el Excelentísimo Obispo de Canelones”. Por ello, entre esas obras indico ahora las siguientes, que se han de acompañar siempre por una oración por las intenciones del Papa, y por la Iglesia de Canelones y por las intenciones de su indigno obispo:

-        Las obras de misión que organicen las parroquias: en especial señalamos el pedido de que en el mes de marzo, los miembros de todas las comunidades visiten las casas, dando testimonio de su fe, y particularmente inviten a los niños para la catequesis.

-        La visita a los enfermos, en la cual se ore por ellos, y se les invite a orar y ofrecer sus dolores por la Iglesia Católica y particularmente por nuestra Iglesia de Canelones.

-        los encuentros jubilares que tendrán lugar este año.

-        Todo el que dé una contribución notable para obras de caridad o para el sostenimiento de los seminaristas de la diócesis.

Por medio de Santa María, Ntra. Señora de Guadalupe, imploro sobre toda nuestra Iglesia y cada uno de ustedes abundantes gracias en esta Cuaresma y los bendigo de corazón

Alberto, Obispo de Canelones
 

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CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE MINAS, MONS. JAIME FUENTES
CON MOTIVO DE LA CUARESMA 2011


 


 

Muy queridos hermanos de la Diócesis de Minas:
 
 Hoy, Miércoles de Ceniza, comienzan a correr cuarenta días, que bien pueden ser los más importantes del año. ¿Por qué? Porque, si aprovechamos bien la gracia de Dios que traen consigo, podremos terminar este tiempo de Cuaresma percibiendo, radiantes, que Jesucristo vive, que me quiere, que dio su vida por mí. En pocas palabras: la Cuaresma bien vivida nos llevará a saborear el sentido de esta sublime exclamación: ¡Felices Pascuas!
 
 ¿Qué debemos hacer, pues, para sacarle el máximo partido a este tiempo litúrgico, que termina con la celebración incomparable de la resurrección de Jesús? En primer lugar, someter el alma a un “chequeo” para decirle sinceramente al Señor, con el Salmo que recitamos en la Misa de hoy: “Yo reconozco mi delito, y mi pecado está de continuo ante mí. Contra Ti, contra Ti sólo he pecado y he hecho lo que es malo a tus ojos” (Salmo 50). A continuación, pedirle humildemente con el mismo Salmo: “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme. Lávame y quedaré más blanco que la nieve”.
 
 Implorando esta gracia de conversión –sin ella, sin el auxilio divino, no podemos dar ni un paso-, insistiremos: “Ten misericordia de mí, Dios mío, según tu bondad; según tu inmensa compasión borra mi delito. Lávame por completo de mi culpa, y purifícame de mi pecado”.
 
 PARA HACER UN CHEQUEO
 
 En este itinerario de conversión, de acercamiento a Dios, la dificultad mayor la tendría una persona que, haciendo su “chequeo” espiritual, dijera que no encuentra nada de qué arrepentirse, que él o ella es “buena gente”, que nunca mató a nadie, que nunca robó, que… ¡Pobre!, habría que ayudarla. Un modo puede ser ir desmenuzando cada uno de los siete pecados capitales:
 
 - La soberbia, para empezar, con sus innumerables expresiones: incomprensiones puramente imaginarias, silencios amargos, ofensas inventadas, quejas, discusiones inmotivadas…
 - La avaricia, el apegamiento a lo que se tiene, aunque no sea mucho en cantidad, que lleva a faltas de caridad elementales, de generosidad, de preocupación por los otros…A tener como norma de conducta el “yo-mi-me-conmigo”…
 - La lujuria: actos contrarios a la castidad, dentro y fuera del matrimonio; deseos consentidos, miradas televisivas y en vivo y en directo, faltas al pudor… y un largo etcétera.
 - La ira: ¡ay la violencia doméstica, verbal y también física!; en la familia y también en el trabajo, en el tránsito, en la calle…
 - La gula: borracheras, comilonas, excesos permanentes que llevan a otras faltas, porque los pecados están todos hermanados y se ayudan entre sí.
 - La envidia, que aliada con la soberbia tiene efectos desastrosos: críticas, difamaciones, verdaderas calumnias, chismes, divisiones…
 - La pereza, que está metida en todo: nos da pereza rezar, trabajar con responsabilidad, hacer un favor…
 
 En fin, estos son apenas unos pocos ejemplos, que pueden servir para conocernos mejor y reconocer la necesidad que tenemos de purificación: este caer en la cuenta es el principio de la conversión, de comenzar a sentir que somos hijos de Dios y que debemos empeñarnos en desarraigar de la propia vida lo que no condice con lo que somos. Después, en el silencio acompañado de la oración personal, nos conmoveremos meditando el capítulo 15 del evangelio de San Lucas: cada uno es ese hijo que, volviendo a casa, ve que el Padre sale a su encuentro, se le echa al cuello y se lo come a besos.
 
 Durante el tiempo de Cuaresma, especialmente, hay que darle mucho trabajo a los sacerdotes, acercándonos al confesonario para abrir el propio corazón y descargar en el de Jesús –es el mismo Cristo quien por medio del sacerdote nos perdona- toda la basura que, al terminar la confesión, será triturada y enterrada para siempre: en la presencia de Dios, ¡“eso” nunca existió!
 
 Entonces comienza la nueva vida, el vivir en gracia de Dios, que es vida gratuita, regalo divino: Dios empieza nuevamente a habitar en nuestra alma y a hacer que nuestra existencia tenga un relieve insospechado.
 
 Hace pocos días fui con un amigo por la ruta 12, desde Minas hasta Pan de Azúcar, regresando luego por Valle Edén. Me quedé extasiado. Más de una vez me habían hablado de la belleza de ese paisaje, pero hasta ahora no había podido disfrutar de él: cerros y quebradas, montes de eucaliptos, inesperados horizontes que cambian en cada curva… Una delicia.
 Vivir en gracia de Dios, ser de verdad sus amigos, saberse hermanos de Jesucristo y experimentar su presencia; empeñarse en sintonizar en Él los propios pensamientos y acciones… Todo esto es infinitamente más valioso que Valle Edén o, si se quiere así, es un volver al Edén, cuando el hombre y la mujer vivían en perfecta amistad y amor con su Creador.
 
 Que nadie piense que estoy hablando de poesía o para místicos cultivadores de la vida espiritual: ser hijos de Dios y conformarse con “ir tirando”, con “la vamos llevando”, es inaceptable. La Cuaresma nos ofrece un año más la posibilidad de recomenzar a tener conciencia de nuestra dignidad.
 
 LA CUARESMA DE MARTÍNEZ
 
 “Hazme sentir gozo y alegría”, se lee también en el Salmo 50. “Aparta tu rostro de mis pecados y borra todas mis culpas”. Es el ruego lleno de esperanza que brota del corazón arrepentido. Y, junto con la humilde petición de perdón, el hombre siente necesidad de demostrar con hechos la sinceridad de su arrepentimiento.
 
 Un mes atrás llevé casi hasta la cumbre del Verdún, en el auto –pequeño “privilegio” del Obispo- a un amigo que de otra manera no podía subir. Llegamos, rezamos, admiramos el precioso panorama que se ofrece a la vista, y emprendimos el descenso. Era domingo, y me encantó encontrar a unas cuantas personas subiendo el Cerro. En un momento, por la impresión que me causó, paré el auto: una mujer mayor, morena, voluminosa, con pelo entrecano, llevaba de la mano a dos niños y, supongo que eran sus nietos, otros dos iban también con ella. Subía lentamente, con dificultad. Y subía descalza.
 
 Estuve pensando mucho en esa abuela, en su fe y en la transmisión de la fe a sus nietos que, estoy seguro, nunca olvidarán su ejemplo. La fe, como el amor, es sacrificada. Y se entiende sin dificultad que, durante el tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos anime especialmente a mostrar con nuestras obras la hondura del arrepentimiento por nuestros pecados.
 
 Desde siempre, la oración, el ayuno y la limosna son los medios privilegiados para demostrarlo. ¡Qué oración la de esa mujer! Cada uno tiene que encontrar sus propios modos –cómo, cuándo, dónde- de expresar a Dios lo que lleva en su alma.
 
 Quizás convenga aclarar que el ayuno no es un régimen para adelgazar. Estamos en un nivel diferente: se ayuna para manifestarle a Dios el arrepentimiento por haberlo ofendido; lo hago porque sé que estoy excesivamente apegado a la comida y/o a la bebida; se ayuna porque está experimentado que el alma aspira a volar muy alto… pero le gana lo que le pide el cuerpo. Entonces se entiende que hay que “domarlo”.
 
 No obstante, es necesario actuar con sentido común, no vaya a ser que a uno le pase lo de Martínez, un personaje de José María Pemán que en una Cuaresma decidió ofrecerle a Dios el sacrificio de no fumar.
 
 Que le costó, y mucho, lo supo Martínez y también su esposa. El hombre anduvo muy nervioso, se irritaba por cosas mínimas y, más de una vez, por cumplir su propósito penitencial, perdió la paciencia, levantó la voz…
 
 El caso es que al terminar la Cuaresma, Martínez consiguió su objetivo y, vaya uno a saber si no fue por eso mismo, Martínez se murió. En las puertas del Cielo lo recibió San Pedro.
 
 - ¿Tú quién eres?, le preguntó.
 - Soy Martínez, contestó. ¿Cuándo puedo entrar?, preguntó impaciente.
 - Veamos, veamos cuáles son tus méritos, dijo San Pedro mientras consultaba el gran fichero de los admitidos al Cielo.
 - ¡Acabo de pasar toda la Cuaresma sin fumar!, exclamó Martínez con orgullo.
 
 San Pedro buscaba y buscaba y no parecía encontrar la ficha.
 
 - No te encuentro, le dijo mientras revisaba una vez más.
 - ¿Cómo es posible?, se intranquilizó nuestro amigo. ¡Con el trabajo que me costó!
 - No, no encuentro tu ficha, concluyó San Pedro.
 - ¡Debe ser un error!, se quejó Martínez. ¿No podrías buscar por última vez?, le rogó.
 
 San Pedro accedió. Tomó el gran fichero y comenzó a pasar las fichas una por una. Finalmente exclamó:
 - ¡Aquí está!
 - ¡Ya sabía yo que era una equivocación!, dijo Martínez. ¡Cómo no se me iba a tener en cuenta, con lo que me costó!...
 - No, lo siento, aclaró San Pedro; en realidad, no es tuya la ficha, fue una confusión. Lo que dice es: SEÑORA DE MARTÍNEZ. Y te voy a leer lo que está anotado en ella: “Su esposo pasó una Cuaresma sin fumar”.
 Más allá de la broma, es importante enfocar bien el ayuno, tratando de detectar cuáles son los apegamientos a los que uno debería renunciar: más difícil que el ayuno corporal, y más importante, será, por ejemplo, renunciar a un programa de televisión que impide conversar en familia o en el cual y con el cual se ofende y ofendo a Dios. O, yendo a un terreno que nos resulta muy costoso, a lo mejor es necesario proponerse renunciar a UN mate, que puede ser la causa por la que se dilata, o no se hace, un rato de oración. En fin, la casuística resultaría interminable.
 
 El profeta Daniel le dijo al rey Nabucodonosor: - Majestad, acepta de buen grado mi consejo: expía tus pecados con limosnas, y tus iniquidades socorriendo a los pobres (Daniel 4, 24). Es un consejo de validez permanente, muy a tener en cuenta en este tiempo de purificación: ¿cómo pretender vivir en paz con Dios y con uno mismo, mientras otros hermanos míos no tienen nada de lo que a mí me sobra? ¿Cómo es que tanto se endurece el corazón, que se hace insensible a las necesidades más elementales de los demás? ¡Hay tanto para rectificar en nuestra vida!...
 
 Le pido al Señor, por intercesión de su Madre Santísima, que en esta Cuaresma queramos dar un paso adelante en nuestra vida de hijos de Dios, Padre nuestro. Es mucho lo que Él tiene derecho a esperar de cada uno de nosotros y no podemos defraudarlo.
 
 Los bendigo con todo afecto en el Señor,
 
 
 + Jaime Fuentes
 Obispo de Minas

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Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2011

PISTAS DE REFLEXIÓN SOBRE EL MENSAJE DEL SANTO PADRE

PARA LA CUARESMA 2011“Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado” (cf.Col 2, 12). Estas palabras de san Pablo a la comunidad cristiana de Colosas hacen referencia al tema del Bautismo, que el Papa Benedicto XVI ha elegido para su Mensaje de Cuaresma de este año. El Santo Padre cita un pasaje del Apóstol de los Gentiles como síntesis de la finalidad de este sacramento: “conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte” (Flp 3, 10-11).
   
El Consejo Pontificio Cor Unum es el Dicasterio de la Santa Sede encargado de la presentación del Mensaje de Cuaresma. La principal tarea de Cor Unum es difundir la catequesis de la Iglesia sobre la caridad y las iniciativas caritativas concretas de nuestro Santo Padre. Para ayudar a dar a conocer este Mensaje cuaresmal anual en vuestras Iglesias, comunidades y organizaciones locales Cor Unum ofrece las siguientes claves de comprensión de este vínculo evidente entre Bautismo y caridad que el Papa Benedicto XVI desea subrayar:

1. Frente al auténtico sufrimiento que encontramos a nivel global – desastres naturales, enfermedad, hambruna, guerra – estamos obligados a dar respuesta a las necesidades inmediatas y a buscar soluciones concretas para aliviar la miseria (cf. Deus Caritas est,31a). Pero, aunque es importante proveer a las necesidades materiales, de por sí esto nunca puede garantizar la felicidad y la paz duraderas. Cristo fundó la Iglesia para dar mucho más. El sufrimiento, tanto global como personal – enfermedad, soledad, penurias financieras, problemas familiares y, en última instancia, el mayor enemigo de todos, la muerte – requiere una respuesta que sólo el hecho de poseer la vida eterna puede dar: conocer a Cristo, “conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos, hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos”.

2. Este don se nos promete en nuestro Bautismo. En efecto, en el diálogo que forma parte del Rito, las preguntas y respuestas hacen hincapié en el don de la “fe” y en la promesa de la “vida eterna”. El sacramento del Bautismo tiene este significado y realiza este don: “Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, «al participar de la muerte y resurrección de Cristo»”, escribe el Papa en su Mensaje de Cuaresma. La palabra griega “bautizar” (báptizein) significa inmersión o sumergir en las aguas bautismales lo que el Apóstol Pablo llama el “hombre viejo” o el hombre que vive según la carne (cf. Col 3, 9). Se trata del hombre que vive sólo para sí mismo, separándose arrogantemente de su Creador y cerrando egoístamente los ojos ante las necesidades de su prójimo. No se trata de una simple descripción teológica: todos entendemos perfectamente lo que es el “hombre viejo” porque hacemos experiencia de los efectos directos de esta índole dentro de nosotros, sintetizados en los siete pecados capitales: ira, avaricia, pereza, soberbia, lujuria, envidia y gula.

3. El Bautismo es el “encuentro con Cristo”, escribe el Papa Benedicto XVI en su Mensaje. Nos lava del pecado original que heredamos de nuestros primeros padres y del resultado de todos sus pecados, e imparte una naturaleza nueva, permitiéndonos entrar en “la mentalidad de Jesucristo”. Este “hombre nuevo” vive según los sentimientos de Jesús por la “vida eterna” que recibe ya ahora del Espíritu Santo. San Pablo enumera los frutos del espíritu de Dios que habita en nosotros: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí (Ga 5, 22). En lo hondo del corazón de la persona – bautizada y no bautizada – yace el deseo de recibir y vivir estos frutos. Sólo el hecho de poseer esta vida es un remedio duradero para todo sufrimiento, tanto personal como universal.

4. La nueva naturaleza que recibimos en el Bautismo es la fuente para las obras de caridad específicas por amor de Dios y del prójimo, el primer y mayor mandamiento de la nueva Ley y compendio de todo el Evangelio (cf. Mt 22, 34-40). El ayuno, la limosna y la oración son una ayuda para que muera nuestra vieja naturaleza y abramos nuestro corazón al Señor y a nuestros hermanos y hermanas necesitados.

La fe, junto con la promesa de “vida eterna” que se nos hace en el Bautismo, debe crecer, ser constantemente alimentada (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1254). Esta Cuaresma el Papa Benedicto XVI propone un itinerario o “hoja de ruta” para ayudarnos en esta tarea. Tres elementos pueden ser especialmente útiles para proponer a las comunidades parroquiales, a las instituciones (como las escuelas católicas y las universidades) y a los fieles:

1. Primero, el Santo padre fija para nosotros citas concretas con personas y acontecimientos específicos en los cinco domingos de Cuaresma. Nos pone ante la Palabra de Dios que se proclama en esos domingos. De este modo desea que hagamos la experiencia de un encuentro personal con Cristo, la respuesta a los anhelos más profundos de la persona humana y del mundo. Este encuentro se puede concretar en el tiempo que dedicamos personalmente o con otros a la lectura de estos pasajes de la Escritura y que durante estos cuarenta días nos permiten escuchar, contemplar y poner en práctica la Palabra de Dios.

2. Segundo, el encuentro con Cristo a través de su Palabra y los sacramentos se manifiesta en obras concretas de misericordia. También aquí, en nuestras parroquias, comunidades, instituciones educativas o de otro tipo, al igual que cada uno de nosotros personalmente, tenemos la oportunidad en este tiempo favorable, con la ayuda de la gracia de Dios, de dejar de vivir para nosotros mismos y de orientar nuestros corazones al amor a Dios y a nuestros hermanos necesitados. Este es también el ímpetu de las campañas cuaresmales que organizan las Conferencias Episcopales y otras entidades.
   
3. Tercero, el Papa nos presenta el tiempo de Cuaresma como un “camino” o “itinerario”, un arco de tiempo para que dé fruto la semilla plantada en el Bautismo. Este, nos indica el Papa, refleja la entera existencia de cada persona, vivida entre la resurrección de Cristo y la nuestra; este definitivo ofrecimiento de comunión con Dios para la eternidad conforma desde dentro nuestra vida actual, tanto en el ámbito social como individual. Este tercer elemento subraya la necesidad de alentar a vivir este itinerario con la ayuda de la gracia, particularmente mediante los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.

 

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Qué es la Cuaresma

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

40 días

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Fuente: www.aciprensa.com

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Preguntas Frecuentes sobre la Cuaresma

Las 29 preguntas más comunes con las respuestas que te harán comprender mejor el sentido de la cuaresma.

¿QUÉ ES LA CUARESMA ?

Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (cuadragésima) reservado a la preparación de la Pascua , y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.

¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA ?

Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia , con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA ?

" La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma , al Misterio de Jesús en el desierto" (n. 540).

¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA ?

Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia , proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

¿QUÉ ES LA PENITENCIA ?

La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA ?

"La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el AYUNO, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.)." (Catecismo Iglesia Católica, n.1434).

¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA?

"Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia." (Código de Derecho Canónico, cánon 1249). ¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES?

"En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma." (Código de Derecho Canónico, cánon 1250).

¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO?

En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz , "todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal ; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo." (Código de Derecho Canónico, cánon 1251).

¿CUÁNDO ES CUARESMA?

La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:

1)El Miércoles de ceniza,

2)Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,

3) La Misa Crismal y

4)Las ferias.

¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA?

Es el principio de la Cuaresma ; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA ?

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la

ceniza y ayuno riguroso.

¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA ?

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa , después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura : Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA ?

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA ?

El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA ?

La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.

¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA ?

Si se vive bien la Cuaresma , deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN ?

Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN "TIEMPO FUERTE" Y UN "TIEMPO PENITENCIAL?

"Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras)." (Catecismo Iglesia Católica, n. 1438)

¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN?

De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:

1.Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.

2.Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.

3.Practicando las Obras de Misericordia.

¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA?

Las Obras de Misericordia espirituales son:

· Enseñar al que no sabe.

· Dar buen consejo al que lo necesita.

· Corregir al que yerra.

· Perdonar las injurias.

· Consolar al triste.

· Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo.

· Rogar a Dios por los vivos y los muertos

Las Obras de Misericordia corporales son:

· Visitar al enfermo.

· Dar de comer al hambriento.

· Dar de beber al sediento.

· Socorrer al cautivo.

· Vestir al desnudo.

· Dar posada al peregrino.

· Enterrar a los muertos.

¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA?

Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA , así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.

¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO?

El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.

¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO?

Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. (cfr. CIC, c. 1252).

¿QUÉ ES LA ABSTINENCIA ?

Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).

¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA ?

La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años.(cfr. CIC, c. 1252).

¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA ? " La Conferencia Episcopal de cada País puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad." (Código de Derecho Canónico, cánon 1253).

¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINECIA ?

Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.

¿QUÉ ASPECTOS PASTORALES QUE CONVIENE RESALTAR EN LA CUARESMA ?

El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales. La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia , son sus grandes coordenadas.

Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:

1)La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;

2)La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el cánon. 767, & 3, 3).

3)La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del sacramento de la penitencia: "son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia " (CEC, n. 1438), haciendo notar que "junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"; y,

4)El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras.
 

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