Carta Pastoral de los Obispos uruguayos en ocasión del Bicentenario

"Nuestra Patria: gratitud y esperanza"

 

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La Carta Pastoral de los Obispos del Uruguay en ocasión del Bicentenario “Nuestra Patria: gratitud y esperanza” que acaba de ser presentada a las comunidades católicas y a la sociedad en general, se puede adquirir en las Curias de las 10 Diócesis del Uruguay.

El documento consta de más de 50 páginas y su precio es de $ 25

Compartimos el capítulo en el  que los Obispos reflexionan sobre la educación hoy:

V. Hacia adelante: enseñanza y educación

Vivimos en un mundo de grandes cambios y desafíos culturales. Esta situación con consecuencias diversas, hace de la educación un tema dominante, de tal modo que hoy se habla de “emergencia educativa”.

En este contexto, queremos dar un aporte al servicio de todos, en la búsqueda común para el mejoramiento de la enseñanza de las nuevas generaciones.


Una mirada histórica

Con motivo del Bicentenario, es razonable que miremos los esfuerzos que se llevaron a cabo a lo largo de los siglos, para ir mejorando la educación de nuestro pueblo. La atención a la educación ha sido una constante en nuestro país, en búsqueda de la formación de su gente, de la integración de la sociedad, del desarrollo de las personas. Por cierto, ha habido momentos de mayor desarrollo y situaciones más pobres.


En el lapso de siglos, en la enseñanza han intervenido actores diversos. Si miramos la historia en nuestro país, vemos la participación de muchos particulares, de distintas instituciones privadas, un esfuerzo estatal grandísimo y, por cierto, un generoso servicio de la Iglesia.


Es justo que nosotros recordemos que desde los comienzos de nuestra historia patria la Iglesia se ha preocupado por la educación de quienes habitaban estas tierras, aportando desde sus posibilidades y recursos.


Antes que nada la comunidad cristiana da su aporte propio con la luz de la Palabra de Dios, que educa iluminando sobre el sentido del ser humano y su existencia, sobre el mundo y sobre Dios, que se ha manifestado plenamente en Jesús. En este sentido el Evangelio, el ejemplo de los santos, el llamado a la vida santa, han sido la matriz de la educación de nuestro pueblo.


Por su valoración de las realidades creadas y del hombre, la cultura católica integró y potenció el desarrollo del conocimiento y la interrelación de las ciencias, al punto de crear la universidad como integración del saber.

Una visión integrada nos lleva a tener en cuenta y a rescatar en nuestra memoria las Universidades de Lima, Chuquisaca (Charcas), Córdoba, y otros colegios en diversas ciudades de la región en los que se fue formando la sociedad criolla. No podemos olvidar las diferentes misiones de indígenas, entre las cuales destacamos los pueblos que formaron el conjunto de las misiones jesuitas: allí está una buena parte del sustrato de nuestra cultura.


Atendiendo a nuestras ciudades, ya en 1680 con la fundación de la Colonia del Sacramento se creó la escuela de primeras letras “San Francisco Javier”, que fue un pequeño colegio de los Padres Jesuitas. 48

En plena revolución, Artigas se preocupó por la educación y, en nota que dirigió el 10 de setiembre de 1815 al Cabildo de Montevideo, solicitó fundar en Purificación, donde estaba instalado, la “escuela de la patria”, una escuela de primeras letras para la enseñanza de los jóvenes, siendo confiada al sacerdote José Benito Lamas. Éste fue el primero de los maestros patriotas.49


Nuestro primer Obispo, Mons. Jacinto Vera, tuvo gran preocupación por la educación. Incentivó a los sacerdotes del clero a promoverla y trajo varias congregaciones religiosas para que se establecieran en nuestra patria y se dedicaran, según su carisma, a la enseñanza. 50


La enseñanza católica no se limitó a los colegios de enseñanza primaria o secundaria. En 1893 se fundaron los Talleres Don Bosco, como escuela de artes y oficios. Esta institución, aún hoy vigente, fue seguida de otras que formaron a muchos adolescentes y jóvenes para el mundo del trabajo: la Escuela-Taller María Auxiliadora, el Magisterio de las Salesianas, la escuela de Artes Gráficas Don Orione, la escuela de Oficios Banneux en el barrio Marconi, la Escuela de oficios “La Casilla” en La Teja, entre otras.51


La formación superior tuvo en la Iglesia una protagonista de primer orden. La ley de creación de la Universidad de la República fue redactada por el Pbro. D. A. Larrañaga. Su sucesor, como Vicario Apostólico del Uruguay Mons. Lorenzo Fernández, fue el primer Rector de la misma (1849). En 1877 el entonces Pbro. Mariano Soler fundó el Liceo de Estudios Universitarios. En 1954 se fundó el Instituto de Filosofía, Ciencias y Letras que dio lugar a la Universidad Católica del Uruguay en 1985. En 1967 inició sus cursos el Instituto Teológico del Uruguay, que desde el año 2002 tiene el reconocimiento de la Santa Sede como Facultad de Teología, y desde el año 2004 reconocido como Instituto Universitario por el Estado.


Muchas parroquias e institutos de Vida Consagrada han creado, y siguen manteniendo, a lo largo de nuestro territorio numerosas escuelas, y también centros de educación no formal.


La enseñanza católica realiza enormes esfuerzos a favor de la integración social. Casi la tercera parte de los aproximadamente 160 colegios que funcionan en el país son pequeños establecimientos con menos de 200 alumnos. Casi las dos terceras partes tienen menos de 400. La mayoría de ellos son de bajo costo.


Se hacen además grandes esfuerzos para ofrecer becas. En el nivel escolar, el 30 por ciento de los alumnos recibe una beca total o parcial. Lo mismo ocurre con la cuarta parte de los alumnos en el Ciclo Básico de Secundaria, y con el 19 por ciento de los de Bachillerato. Todo esto ocurre pese a que, a diferencia de lo que pasa en casi toda América Latina, la educación católica no recibe ningún tipo de asistencia económica por parte del Estado. Creemos que mediante un diálogo sereno y creativo con el Estado, podemos encontrar caminos que faciliten y garanticen este derecho


Una obra especial se está llevando adelante con el Liceo Jubilar Juan Pablo II, en Montevideo, donde actualmente estudian gratuitamente más de doscientos adolescentes pertenecientes a la zona de Cuenca Casavalle, con grandes logros educativos.


No queremos omitir una mención especialmente agradecida a los numerosos maestros y maestras católicas que han servido en la enseñanza pública estatal y en ella se han prodigado en la formación de niños y jóvenes.


Dos dimensiones de la educación

Sin dejar de reconocer cuanto de bueno se hace en la enseñanza, sea de gestión estatal, sea de gestión privada, es perentorio mirar las dificultades presentes.


Entre ellos se destacan, por un lado, las dificultades en el aprendizaje, especialmente en el dominio de los instrumentos básicos del conocimiento, el lenguaje y las matemáticas, imprescindibles para el desarrollo de todo saber. Por otra parte, es generalizada la conciencia de que es necesaria una mayor educación en valores y en la formación para un comportamiento ético y responsable, que aparece más urgente ante diversos problemas de conductas sociales.


Estas dimensiones de la educación no se oponen. Sin embargo parece conveniente distinguir, sin separar radicalmente, una dimensión de la educación, que está al servicio de que el estudiante adquiera conocimientos y habilidades, para desenvolverse en el mundo adulto, con inserción en la cultura que se comparte y con cierta disposición que lo prepare para el trabajo futuro. Podemos decir que en este aspecto predomina la enseñanza, que, por cierto, puede llevarse a cabo con muy diversas pedagogías, que no es el caso exponer.


Por otra parte, sin oponerse a ello, se puede subrayar la otra dimensión que va orientada a la formación de la persona, que incluye una concepción del hombre, del mundo, de la existencia, de Dios, y que apela a la formación de la conciencia, la voluntad, los valores morales, y las opciones filosóficas y religiosas.


Atender a la distinción de estas dimensiones, puede ayudar a una mirada más atenta de la educación, sus problemas, sus soluciones y de los diferentes derechos que han de respetarse. La calidad de la educación debe mejorar en ambos aspectos.


Los derechos humanos en la educación

Con respecto a la educación debemos recordar que hay un conjunto de actores y de derechos. Intervienen en la educación en primer lugar los padres y la familia, las instituciones de enseñanza de gestión estatal o privada, los variados medios de comunicación, las redes sociales, la llamada educación no formal, las religiones y otras fuentes de saber y de sentido.

Antes que nada, está el niño, joven, adulto, que tiene derecho a recibir aquella enseñanza y educación que lo prepare mejor para llevar adelante su vida, que le haga posible desarrollar sus talentos y virtudes, que lo habilite para su desarrollo individual y social.


Tratándose de menores, son los padres los que tienen el primer deber de educar y el primer derecho de elegir la concepción filosófica o religiosa que ellos quieren transmitir a sus hijos.


El inciso 3 del artículo 68 de la Constitución de la República prescribe que “todo padre o tutor tiene derecho a elegir, para la enseñanza de sus hijos o pupilos, los maestros o instituciones que desee”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948 en París por las Naciones Unidas, expresa que “los padres tienen derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos” (art.26 § 3).

En este sentido el Estado, no sólo ha de tolerar las diversas creencias, sino que tiene el deber de garantizar el ejercicio concreto del mencionado derecho, facilitando que las familias puedan elegir el centro de enseñanza y respetando la identidad de dichos centros52.


El Estado tiene una función subsidiaria en cuanto a la educación y la enseñanza. Subsidiaria no significa irrelevante. Al contrario, es importantísima esa función, en primer lugar en cuanto esa subsidiariedad obliga al Estado a respetar los derechos humanos y a velar para que se dé cumplimiento a todos los derechos de los que han de acceder a la educación, entre ellos los de los padres a elegir para sus hijos la educación conforme a sus opciones religiosas, filosóficas o ideológicas.


El Estado tampoco tiene por qué favorecer las propias instituciones de enseñanza de gestión estatal, porque los ciudadanos tienen derecho a elegir las instituciones según su convicción.


También existe el derecho de las diversas asociaciones religiosas o filosóficas –incluida la Iglesia– a proponer a los padres que lo deseen una educación según sus principios. Estas instituciones de enseñanza no deben ser discriminadas en los apoyos estatales a la educación, sino apoyadas, de acuerdo con la elección de los padres.

Esta libertad de elección debe favorecerse sobre todo en los más pobres, con subvenciones u otras formas que permitan que los menos afortunados puedan verdaderamente elegir la educación que prefieren para sus hijos.

Hemos de ser sinceros y reconocer que en nuestro país aún no se han encontrado las formas más adecuadas para compatibilizar estos dos derechos fundamentales: el derecho a la educación y el derecho de los padres a elegir la enseñanza para sus hijos. Ambos derechos hacen a la dignidad y la libertad de la persona; por ello son ampliamente reconocidos en las leyes nacionales e internacionales. A ellos se une –como fue mencionado en el capítulo II– el derecho de manifestar la religión por la enseñanza, que no debe ser penado con una discriminación económica, porque unos institutos sean totalmente pagos por lo recaudado por los impuestos del pueblo y otros deban ser costeados por los padres.

Cómo se entiende la laicidad en la enseñanza

No ha sido una solución justa la forma de laicidad de la enseñanza que impide toda presencia de lo religioso en el ámbito de los institutos de gestión estatal, porque es discriminatoria con los derechos de los padres, con los derechos de las religiones y con la apertura del conocimiento a todos los saberes y creencias53.

No hace justicia al derecho de elección de los padres, ni el Estado lo garantiza y promueve, el que simplemente se toleren instituciones privadas de enseñanza, cuyo sostenimiento económico recae en los mismos padres.

Somos conscientes de que volvemos a plantear el tan debatido tema de la laicidad de la enseñanza, dentro de la concepción de laicidad del Estado.

En una concepción no dogmatizante de la laicidad, teniendo en cuenta la libertad de conciencia y de religión expuesta anteriormente, creemos que la opción de que el Estado no sostenga los actos de culto de una religión, no significa que ignore, restrinja o prohíba la presencia de las religiones en el ámbito de la enseñanza. De esta forma ha de entenderse un sentido amplio de laicidad o laicidad positiva. El Papa Benedicto XVI retomó el concepto de una laicidad positiva afirmando que: “... es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad”.54


El Estado también debe cuidar que en todas las instituciones docentes se atienda especialmente la formación del carácter moral y cívico de los alumnos55. Hay consenso en que se deba introducir a los educandos en aquellas doctrinas que sustentan los derechos humanos, y, por ende, el respeto fundamental por cada ser humano56.


Para ello, las religiones, y en particular la Iglesia, tienen mucho para aportar. Así lo afirma el Papa Benedicto XVI: “El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana. La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad”57.


Educación para todos

Sin lugar a dudas es obligación de toda la sociedad, y por lo tanto del Estado, atender a la universalidad de la enseñanza, con particular cuidado por los menos favorecidos, para que tanto por medio de instituciones estatales como privadas tengan a su alcance la educación adecuada.

Según el parecer general, también se requiere de todos, y con una particular acción del Estado, la búsqueda de aquella enseñanza que logre el desarrollo de los conocimientos y habilidades que hagan posible la inserción de los educandos en la sociedad y el mundo de los adultos. Las deficiencias comúnmente notadas en el manejo de la lengua materna, de la comprensión de textos, de la expresión oral y escrita, junto con los límites en el dominio de la matemática, reclaman una atención prioritaria.


Con todo cabe preguntarse si junto con las herramientas colectivas, no sería bueno pensar en una organización de la enseñanza no tan centralizada como la tradicional y que dé más libertad a las instituciones.

Al mismo tiempo, es oportuno que se ofrezcan posibilidades –incluso de apoyo económico– para que haya centros que llevados adelante por su personal docente, ofrezcan sus planes, tengan el consentimiento de los padres a su ideario, e integren mejor a los educandos.


Mirando al futuro

En el presente valoramos los esfuerzos que se están realizando desde el Estado en la educación, con escuelas de tiempo completo, planes especiales para escuelas en contexto crítico, proyectos para que los adultos puedan culminar la enseñanza media, convenios para facilitar la enseñanza no formal y el apoyo escolar.


Múltiples son las instituciones que en la educación formal y no formal se dedican con generosidad a la educación y cuidado de las nuevas generaciones.


En todo esto, antes que nada está la entrega y dedicación de maestros y docentes, tanto en la enseñanza de gestión estatal como en la privada, que con un compromiso vocacional dan lo mejor de sí mismos en la tarea educativa.


En estos momentos se hacen muchas propuestas con referencia al futuro de la educación; unas son más técnicas y pedagógicas, algunas varían según como se aprecia la sociedad actual y futura, otras difieren de acuerdo con la concepción ideológica.

La urgencia del tema pide un gran esfuerzo de todos, a fin de que la educación de las futuras generaciones mejore en múltiples aspectos. Es imprescindible la grandeza y rectitud de ánimo para que no primen los intereses particulares o de grupos, ni la búsqueda del poder, sino que se busque el bien común, el desarrollo de los educandos y se atienda a los derechos y deberes de todos. En todo esto, especialmente se debe mirar a las necesidades de los más pobres y excluidos.


Es de vital importancia que las nuevas generaciones se integren y adhieran al ciclo de educación y enseñanza. Esto obliga a buscar comprender por qué gran número de jóvenes abandona el estudio y tampoco trabaja. Ciertamente las causas son múltiples, porque hablan también de carencias en la familia, la sociedad y la enseñanza.


Por mucho tiempo en nuestro país se eligió un modelo centralizado y muy uniforme del sistema de enseñanza pública, centrado en los organismos de gestión estatal y con poco interés en los de gestión privada.


Proponemos que se abra el sistema de enseñanza a una mayor pluralidad de formas y centros. Que se conciba que toda enseñanza es pública, pero de gestión estatal o privada. Que se defienda el derecho de los padres para elegir escuelas y liceos de gestión privada, con claros idearios definidos, para que la opción sea consciente. Es muy probable que una cierta diversidad de experiencias ayude más fácilmente a encontrar soluciones para el futuro, que la imposición de planes únicos y demasiado uniformes.


Creemos que para defender este derecho en los padres de ingresos menores o medios, es oportuno repartir lo recaudado por los impuestos a favor de ellos. Hay muchas experiencias en el mundo de esta forma de distribución de la riqueza: otorgando bonos a los padres, o pagando parte de los gastos de las escuelas de gestión privada –por ejemplo, el salario de los docentes– de acuerdo al número y condición de los alumnos.


Una opción de este tipo, es más respetuosa del derecho de elección según las propias convicciones. Además hace más fácil la formación en valores –de acuerdo con el sistema elegido por los padres– porque éstos se explican según una concepción unitaria, que, por cierto, debe incluir el conocimiento respetuoso de otras ideas.


De acuerdo a las experiencias positivas realizadas las instituciones de enseñanza de gestión privada en medios más carenciados permiten una mayor integración de docentes, padres, alumnos y el mismo barrio, lo que colabora con una mejor educación y una menor deserción.


Nuestros niños, jóvenes y adultos, merecen la mayor entrega de la sociedad toda, el mejor esfuerzo del Estado, para que puedan desarrollarse y crecer como personas, como ciudadanos.


Con firme esperanza nos unimos a todos los sectores de la sociedad que quieren renovar nuestra educación y nuestra enseñanza. La Iglesia ofrece su colaboración por medio de sus propias instituciones, y también por la presencia de sus miembros en los diferentes ámbitos educativos. En diálogo con todos, buscamos lo que nos es común y aportamos nuestra luz, proveniente del Evangelio y de una gran historia de servicio a la cultura y la educación.

48. En la época colonial, (1746) se instalaron en Montevideo los jesuitas, en la Residencia San Estanislao de Kostka. A los tres años, se mudaron a la actual plaza Matriz, donde comenzó a funcionar la primera escuela de Montevideo. En 1760, en el Hospicio de los Franciscanos, se constituyó el Convento San Bernardino de Siena, casa que cumplió posteriormente una importante actividad religiosa y cultural, y donde se creó una escuela. Cf. Conferencia Episcopal del Uruguay, Criterios orientadores para la Pastoral Educativa en Uruguay, Montevideo 2009, p. 9 ss.

49. Más adelante, como Vicario Apostólico, trajo a las Hermanas de la Visitación (Salesas), monjas de clausura que abrieron un colegio de niñas, y a las Hermanas del Huerto, que, además de atender el Hospital Maciel, abrieron el primer colegio para niñas (1861). También las Conferencias Vicentinas crearon escuelas gratuitas.

50. Respondieron a su llamado los padres del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram (Vascos), los Salesianos, las Vicentinas, los Jesuitas, las Hijas de María Auxiliadora, las Dominicas. El segundo Obispo, Mons. Inocencio María de Yéregui, invitó a los Hnos. de la Sagrada Familia. Es de destacar, también, la importante obra de los laicos en la Educación católica. Junto al Pbro. Nicolás Luquese, se reunió un grupo de señoritas y formaron “La Asociación de la Enseñanza Católica” donde, a partir de 1885, se desplegaron fundando y sosteniendo diecisiete colegios católicos.

51. A este tipo de enseñanza podríamos sumar muchas academias y pequeños talleres que en las diversas parroquias fueron surgiendo como modo de poder formar a las clases populares. Las escuelas gratuitas vicentinas, la educación en y para el trabajo que hoy se continúan en experiencias novedosas de educación no formal como es el caso del Movimiento Tacurú y el Proyecto Gurisaes, obras educativas para jóvenes en situación de riesgo social. También los hogares para niños y jóvenes en dificultad, como las actuales obras de los Cottolengos masculino y femenino.

Ha sido relevante en la educación la edición de libros de texto que formaron a generaciones uruguayas en muchos colegios. Recordamos entre otros esfuerzos, los libros elaborados bajo la dirección del Hermano Damasceno, de la Sagrada Familia, para las más diversas asignaturas: Matemática, Idioma Español, Ciencias, pero especialmente los libros de Historia Nacional, popularizados con la sigla HD.

Para la formación de educadores, las Hijas de María Auxiliadora fundaron en 1905 el Instituto Magisterial María Auxiliadora que ha formado a generaciones de maestras.

Fue también importante el aporte eclesial a la enseñanza agrícola: la Escuela Agrícola Jackson (1905-1995) del Manga; la Escuela Agraria San Javier, en Tacuarembó; Paso de la Horqueta, en Colonia; Paiva en Durazno, Don Orione en Floresta, fueron centros que formaron centenares de jóvenes para el agro.

52. Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 18.4 “Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Pacto de San José de Costa Rica, art. 12. Libertad de Conciencia y de Religión. Numeral 4. “Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.”

53. Ley General de Educación, Nº 18.437, 16 de enero de 2009, art.17 (De la laicidad) “El principio de laicidad asegurará el tratamiento integral y crítico de todos los temas en el ámbito de la educación pública, mediante el libre acceso a las fuentes de información y conocimientos que posibilite una toma de posición consciente de quien se educa. Se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de saberes y creencias”.

54. Cfr.  Benedicto xvi, Discurso en el encuentro con las autoridades del Estado. París, Palacio del Eliseo, 12 de setiembre de 2008. Cf. Conferencia Episcopal del Uruguay, Criterios orientadores para la Pastoral Educativa en Uruguay, Montevideo 2009, p. 916-20.

55. Cf. Constitución de la República Oriental del Uruguay, art.71.

56. Cf. Ley General de Educación, Nº 18.437, 16 de enero de 2009, art. 4: “(De los Derechos Humanos como referencia del ejercicio del derecho a la educación). La Educación tendrá a los Derechos Humanos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Constitución de la República y en el conjunto de los instrumentos internacionales ratificados por nuestro país, como elementos esenciales incorporados en todo momento y oportunidad a las propuestas, programas y acciones educativas, constituyéndose en un marco de referencia fundamental para la educación en general y en particular para los educadores en cualquiera de las modalidades de su actuación profesional”.

57. Benedicto xvi, Mensaje para la celebración de la XLIV Jornada Mundial de la Paz. La libertad religiosa, camino para la paz, 9.

Mons. Bodeant entrevistado en El País de Montevideo

"Planteamos una especie de Fonasa de la educación"

 

Tras un año de elaboración, los obispos presentaron esta semana la Carta Pastoral en ocasión del Bicentenario. Monseñor Bodeant, secretario general de la Conferencia Episcopal del Uruguay, se mostró conforme con la repercusión que tuvieron algunos puntos del documento. En una entrevista con El País el obispo de Melo consideró que hubo una "apertura" en Uruguay en cuanto al "laicismo militante", pero opinó que aún resta darle un espacio a lo religioso dentro de la educación pública, modelo que, dijo, otros países laicos como Francia aplican. 

 

DÉBORAH FRIEDMANN


- ¿Cómo evalúa la receptividad de la Carta Pastoral del Bicentenario presentada por los obispos esta semana? 


- No puedo responder en plural porque no he estado con otros obispos. Lo primero que veo es que ha despertado interés, en la prensa, en las personas de la Iglesia a las que se las estuvimos presentando en otros momentos. Es un documento extenso, que se abre sobre una gran cantidad de temas y alguno, por ejemplo, tuvo mucha repercusión como la validez civil del matrimonio religioso, que, en definitiva, está planteado como pregunta. Hubo respuestas, incluso de autoridades del Registro Civil, de legisladores muy rápidas y más bien negativas. Pero bueno, está siendo considerado lo que está planteado, lo cual me parece bueno. Triste sería que ni siquiera se le prestara atención.


- Usted decía que la idea de dar validez civil al matrimonio religioso está planteada como pregunta. ¿Eso implica que no prevén hacer una propuesta formal sobre el tema? 


- Por el momento no. Vamos a tratar de entender un poco el espíritu con que fue hecha esta carta. Fue elaborada a lo largo de un año con distintos obispos, fuimos pasando borradores, corrigiendo. Entonces, es un documento fundamentalmente de reflexión. Desde luego, una reflexión lleva a hacernos planteos de tipo práctico, operativo. Entonces, algo de lo que aparece es eso. Me parece que el tema de fondo, es el de la validez del matrimonio y la familia
. (1)

- ¿Cuál es el espíritu del planteo entonces? 


- Lo que estamos planteando es que sería interesante para los católicos o para otras iglesias cristianas o para otras religiones. No está ahí pero está en el espíritu. Es decir no estamos haciendo una especie de reivindicación de que los católicos queremos un estatuto aparte sino un reconocimiento amplio de la libertad religiosa que puede estar reflejada de esta forma
. (2)


- Mencionaba la libertad religiosa. ¿Cómo observa el estado de situación en ese aspecto?

 
- Desde luego, estamos en un país donde hay libertad de cultos. Ahora, ¿qué límites hay en ese sentido y que están planteados también en la Carta? Están en la manera de entender la laicidad, que ha sido bastante tradicional en el Uruguay, como una prescindencia absoluta de lo religioso y a veces con un espíritu de laicismo muy militante de rechazo también a lo religioso como algo un poco oscurantista y que se puede tolerar en el ámbito privado, pero no tiene ningún lugar en lo público
. (3) 


- ¿Cree que eso es así hoy?

 
- Creo que en alguna época tal vez fue una marca muy fuerte de la cultura uruguaya. Fui maestro, profesor, y bueno, uno sabía que tenía que cuidarse mucho, que una mención a Dios estaba totalmente fuera de lugar y le podía valer por lo menos una observación. Eso se ha ido matizando mucho. Quizás un gobernante creyente o no creyente puede hacer una mención de Dios, participar de un acto que tiene algún carácter religioso
. (4)


- Entonces ve una evolución


- Creo que ha ido abriéndose en ese sentido, sí. Pero no se ha dado ese paso que sería integrar de alguna manera la formación religiosa o el conocimiento al menos de lo religioso como dimensión de la cultura, de la persona humana en los programas educativos. Eso me parece que es uno de los aspectos donde todavía no tenemos algo del todo feliz. 

- ¿Hay países laicos que tengan esa integración a la que usted hace referencia?

 
- Francia, que fue un país muy marcado por la laicidad, evolucionó mucho en ese sentido. Fue un país que copiamos mucho en otra época, que ha ido dando un espacio a lo religioso dentro de la educación pública, manteniendo de todos modos el respeto a las distintas confesiones y manteniendo también la laicidad. Eso en el Uruguay es como algo impensable.


- ¿Cómo proponen llevar eso a la práctica? 


- Por ejemplo, que en un liceo haya una pequeña oficina donde un sacerdote o un religioso o un laico adecuadamente formado y reconocido por el Estado pueda recibir a estudiantes que quieran conversar con él, que quieran formar un grupo, participar de una actividad religiosa. Eso en Francia está institucionalizado desde hace muchos años y para nosotros suena como extra terrestre. Sin embargo eso existe en un país marcadamente laico, un estado para nada confesional. Le doy otro ejemplo: pensar que si un cuartel donde los soldados tienen que estar obligatoriamente un sábado y hay algunos que son del culto israelita tengan derecho a que un rabino vaya y haya una predicación o un domingo un sacerdote católico para los católicos. Eso puede hacerse sin que pasemos a ser un Estado confesional, para nada, simplemente reconocer el derecho de la práctica de la expresión religiosa, que sea contemplado.
 (5)


- ¿Cree que en Uruguay no está garantizado? 

 

- No quiero hacer una acusación porque a veces estas cosas son resultado de una historia y no nos hemos planteado alternativas. Simplemente decir, en realidad, hay otras maneras y otras posibilidades de relación entre el Estado y las religiones más incluyentes y más amplias. En ese sentido apunta esa propuesta de la validez civil del matrimonio religioso, en ese sentido apunta en el campo de educación la propuesta de un sistema integrado de educación pública con su aspecto estatal y su aspecto privado. 


-  ¿Qué implica en concreto? 


- Nosotros cuando redactábamos el documento -no lo pusimos en el documento porque, en fin, no encontramos la manera adecuada de ponerlo- pero lo que estamos proponiendo es una especie de Fonasa de la educación. El Fonasa, ¿qué es?. Es una forma de compartir recursos públicos para un servicio público como es el de la salud que tiene una parte de gestión estatal y una parte de gestión privada.


- El planteo es un fondo que distribuya recursos entonces.


- Que distribuya recursos de alguna manera que se pueda estudiar. Esto la Iglesia Católica lo ha planteado muchas veces, mirando documentos más antiguos de los obispos uruguayos, seguramente estarían más centrados exclusivamente sobre el campo católico. Hoy mirándolo desde esta perspectiva ecuménica, de diálogo interreligioso, decimos: `Bueno, si lo pedimos para nosotros, me parece que también lo tenemos que pedir para los demás`, es el mismo espíritu que se plantea en dar validez civil al matrimonio religioso.


- Usted decía que el tema de fondo es el matrimonio y la familia. En la Carta mencionan la necesidad de buscar formas que apoyen la formación de matrimonios estables. ¿Hay alguna idea en ese sentido?

 
- Ahí tengo que confesar que nos estamos marcando en primer lugar un deber a nosotros mismos, porque la Iglesia tradicionalmente pide a las parejas que desean contraer matrimonio que hagan un curso de preparación. Hay muy diferentes calidades de propuestas, desde la propuesta de dos o tres charlitas con el sacerdote que va a hacer el casamiento hasta un plan de unos seis meses. Entre lo demasiado rápido y lo que puede ser accesible para quienes estén muy motivados para hacerlo, encontrar también formas de apoyo. Nos parece que esto arranca en la educación más tempranamente. Hablamos de la necesidad de educación sexual, pero la Iglesia tradicionalmente ha hablando de educación para el amor que incluye la sexualidad, pero que también ayuda a descubrir todas las dimensiones del amor como entrega mutua, que involucra una cuota de sacrificio por el bien del otro.


- En la Carta hablan de la necesidad de tener un diálogo "fructífero" con el Estado. ¿Cómo evalúan esa relación? 


- La relación Iglesia-Estado es la relación de dos instituciones muy complejas y con mucha gente. Por un lado, hay una buena relación, digamos, del Estado al aceptar hacer convenios con instituciones de Iglesia. Hay una confianza mutua que hace posible ese funcionamiento, dentro de reglas bastante estrictas como debe ser, pero también valorando resultados. En ese aspecto creo que hay un campo donde podemos seguir profundizando. En otro campo nosotros vemos, y eso es evidente, que hay proyectos de ley con lo que no estamos de acuerdo: el aborto, el matrimonio llamado igualitario, en fin. Sobre todo nuestro rol es invitar a la sociedad a una reflexión sobre los valores en los que se está construyendo, me parece que ese es el punto, no actuar como un partido político. Respecto a las diferencias, queremos dialogar para irlas superando. Ese es el espíritu de la Carta, más allá de que algunas cosas puedan sonar un poco urticantes para algunos, como algunas cosas que plantean en la sociedad también lo son para nosotros. 
(6) 


- ¿Piensan encauzar estos temas de algún modo práctico, como pedir entrevistas, reuniones? 


- Ahí tenemos un poco la dificultad de que la Conferencia Episcopal es un organismo que se reúne en forma plenaria tres veces al año, en abril y en noviembre de una forma más extensa y en agosto como una pequeña puesta al día y nada más. No somos un organismo muy ejecutivo, por eso también esta Carta tuvo su largo tiempo de elaboración. Creo que algunas cosas podemos encontrar como canalizarlas, está el Consejo Permanente, que formamos el presidente, el vicepresidente y yo como secretario, al que le toca continuar algunas cosas que la asamblea nos plantea. 


- ¿Prevén hacer gestiones por alguno de estos temas? 


- No tenemos nada previsto. La Asamblea se va a encontrar de nuevo en abril, pienso que ahí será un momento de evaluar cómo fue recibida la Carta Pastoral y ver los temas que podemos seguir y cómo seguirlos, que también es otro punto a definir. 

"Yo tengo página en Facebook"

- ¿Cómo observó que adolescentes hayan matado, filmado y divulgado la muerte de un perro en Nueva Palmira y todo lo que luego generó ese hecho?

 
- Uno queda bastante entristecido frente a algo así. No sé la motivación que llevó a hacer eso a los chicos, lo que a uno le llama la atención es el hecho de filmarlos, porque entonces ahí entramos en esa búsqueda como de aparecer, de registrar cosas. Parece que son un poco los cambios que generan las nuevas formas de comunicación también. 

- ¿Se refiere en particular a las redes sociales?

 

- Yo tengo una página en Facebook, voy a parroquias, voy a colegios, saco fotos, después los chiquilines se etiquetan, hacen sus comentarios, a mí me da otra forma de relacionamiento también como obispo con ellos, son cosas maravillosas de la redes sociales. Podemos hacer un buen uso y también aparece esto otro. 


- Lo que cuestionaban algunas personas es que este hecho diera lugar a manifestaciones, cuando en la misma semana dos mujeres fallecieron por violencia doméstica y no hubo repudio de ese tipo. 


- A veces hay como un desequilibrio en la sensibilidad. Pero bueno, si una cosa no significa negar la otra me parece bien…Todos los que hemos tenido animales en casa y los hemos hecho parte de nuestra vida, somos sensibles a eso. Pero también un animal es un animal y un ser humano es un ser humano, es una diferencia de la que no nos podemos olvidar por más sensibles que nos pongamos al respecto. 

"Queremos recuperar el vínculo con el Círculo"

- La Iglesia anunció que apelaría la decisión del Ministerio de Educación, que convalidó la asamblea en que el Círculo Católico decidió desligarse. ¿Qué pretenden?

- Lo que nosotros quisiéramos es recuperar el vínculo con el Círculo, que lleguemos de nuevo a una forma que puede ser la que había antes u otra pero en la que se restablezca un vinculo entre Iglesia Católica con esta institución, que siga siendo católica. Por eso el camino que se sigue es la apelación a esa resolución para que se revise lo que ocurrió en esa asamblea donde se modificaron los estatutos. Por ese camino se va a seguir hasta agotar las posibilidades. El Círculo tiene 125 años y la vida da muchas vueltas. Hoy no estamos en una actitud de ruptura, decimos es una institución tradicionalmente católica, en este momento hay una situación de ruptura de la forma en que se da ese vínculo, queremos trabajar para restituirlo. (7)


De Mons. Bodeant:  Algunas acotaciones a la entrevista


Para el lector que quiera profundizar en los temas planteados, indico algunos pasajes de la Carta Pastoral a los que me refiero en la entrevista, y me extiendo un poco más sobre algunos ejemplos.

(1) "En el año 2011, igual que hace 200 años, Uruguay continúa basando su identidad como nación en la familia. En los sucesivos textos constitucionales que nos hemos dado, ha sido reafirmada la familia como “la base de nuestra sociedad”. Esta convicción de quienes formaron nuestra patria, es hoy también el valor primordial al que aspiran la inmensa mayoría de nuestros hombres y mujeres: formar una familia. Del tesoro de valores que hemos recibido en herencia, el aprecio por la familia unida brilla como un diamante en nuestra sociedad uruguaya." (p. 25)

"Queremos ofrecer a nuestros compatriotas la experiencia, el compromiso y el esfuerzo cotidiano, como Iglesia Católica, a favor de una vida más digna, basada en el respeto de la persona humana y sus derechos, orientada a la familia como ámbito de realización de las más íntimas aspiraciones del corazón humano: al
matrimonio como vocación enaltecedora del varón y la mujer en su diferenciación complementaria, a los hijos como apuesta generosa y esperanzadora del futuro de nuestra Patria." (p. 29)


(2)
 "¿Por qué en nuestro país no se reconoce, como sucede en muchas otras naciones, la validez del matrimonio contraído en presencia del ministro religioso? ¿Por qué, en tiempos en que se da cierto reconocimiento al concubinato, se sigue desconociendo el derecho de los ciudadanos a que se reconozca la validez del matrimonio celebrado públicamente, de acuerdo con las religiones establecidas en el país?" (p. 27).


(3) "la Iglesia Católica, en diálogo sincero, pide que se dé un tratamiento verdaderamente respetuoso a la pregunta y a las respuestas sobre Dios. Proscribir y obligar de hecho al desconocimiento del pensamiento católico, e impedir que sea presentado por quienes verdaderamente lo conocen y comprenden –la llamada “ignorancia religiosa obligatoria”– ha sido una causa notable de nuestra decadencia cultural. Creemos que una mirada que integre la comprensión cristiana de la existencia elevará nuestra cultura y permitirá una mejor fundamentación de los valores, de la ética y del sentido de la vida." (p.14-15).

La expresión "ignorancia religiosa obligatoria" es de Mons. Miguel Balaguer, obispo de Tacuarembó entre 1966 y 1983.


(4)
 Pensemos en algunas expresiones del Dr. Jorge Batlle. en algunas actitudes del Dr. Tabaré Vázquez, en las palabras del Presidente Mujica, invitándonos a los creyentes a orar por los chilenos atrapados en la mina...


(5)
 Estos dos ejemplos, el de la presencia religiosa en la educación y en el ejército, están tomados de la actual realidad francesa. En el campo educativo existe la "Aumönerie de l'Enseignement Public" (AEP), literalmente "Animación de la Enseñanza Pública", organismo de la Conferencia Episcopal Francesa. Los Obispos, en sus diócesis, designan personas (fieles laicos, religosas, diáconos, sacerdotes) que son nombrados "animadores", reconocidos como tales por los establecimientos públicos de enseñanza, y que tienen un campo propio de acción dentro de escuelas y liceos, para los estudiantes católicos o los que quieran acercarse. La AEP tiene su sitio en Internet: AEP.

En el ejército, se trata de las capellanías militares. Las capellanías están regidas por distintas leyes que reconocen el derecho fundamental para cada militar de practicar su religión y las responsabilidades del comando en materia del ejercicio de cultos. Existen capellanes católicos, protestantes, israelitas y, desde octubre de 2006, musulmanes. (ver más en Wikipedia: 
Aumónier Militaire, en francés).


(6)
 "La búsqueda de la unidad no encubre las diferencias, tanto económicas y sociales, como políticas, ideológicas y religiosas. Por el contrario, en el mutuo respeto, en la sana confrontación, juntos reconocemos que el fin no es vencer al otro, sino que hay realidades superiores que, trascendiendo las diferencias, impulsan a la unidad".(p. 45).

(7) En realidad, debí decir 126 años. Ver historia del Círculo Católico.

+ Heriberto A. Bodeant

Presentación a la prensa de la Carta Pastoral de la CEU "Nuestra Patria: gratitud y esperanza"

 

Martes 15 de noviembre de 2011

 

Mons. Collazzi, presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Cotugno, arzobispo de Montevideo y Mons. Bodeant, secretario de la Conferencia, presentaron hoy en a la prensa, en la sede de la CEU, la Carta Pastoral de los Obispos uruguayos en ocasión del Bicentenario: "Nuestra Patria: gratitud y esperanza".

 


Resumen entregado a la Prensa

 

Se trata de una carta dirigida “a todos los fieles católicos y a todo el Pueblo Oriental”, que los Obispos han preparado a lo largo de este año y presentaron el pasado domingo 13 en Florida, en la Peregrinación Nacional a la Virgen de los Treinta y Tres.

 

La carta se inicia con una mirada al pasado en la que prima el recuerdo agradecido de las personas y bienes que han contribuido al desarrollo y grandeza de la Patria, con especial énfasis en quienes lo hicieron animados por su fe católica.

 

En segundo lugar, se exponen los dos focos con los que los Obispos invitan a mirar nuestra realidad. El primero es Jesucristo y su mensaje, “cuyo anuncio es el aporte específico que la Iglesia brinda a la sociedad”.

 

También se señala el centro de convergencia para la construcción de la comunidad nacional: la dignidad de la persona humana y sus derechos inalienables, con especial énfasis en el carácter natural de esos derechos, tal como están reconocidos en los tratados internacionales. El derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa tienen también un importante desarrollo.

 

A continuación, en solidaridad con quienes ansían y procuran una sociedad cada vez más justa y fraterna, los Obispos presentan algunos aspectos de la realidad social que les preocupan: el envejecimiento de nuestra población, el alto índice de suicidios, la violencia, la pobreza –especialmente en los niños–, el aumento del consumo de alcohol y drogas, la situación de las personas encarceladas y la violencia doméstica.

 

El futuro del Uruguay, hacia el cual la carta mira con esperanza, se juega en gran medida en la familia y en la educación. Cada uno de esos dos grandes temas ocupa, respectivamente, un capítulo de la carta.

 

Se destaca, así, la centralidad de la familia, “valor primordial al que aspiran la inmensa mayoría de nuestros hombres y mujeres” y se exponen algunos de sus problemas: matrimonio y divorcio, cultura de la vida, espiritualidad de la vida familiar y la vigencia de los valores evangélicos. Se propone dar validez civil del casamiento religioso, tal como se da en otras legislaciones.

 

El capítulo sobre educación comienza con las significativas palabras “hacia adelante”, subrayando el valor transformador de la enseñanza y la educación. Los Obispos recuerdan el aporte histórico de la Iglesia en el campo educativo. Reafirman el derecho de los padres, aún los de escasos recursos, a elegir la orientación de la educación de sus hijos, replanteando el tema de la laicidad y la confesionalidad. Proponen que se abra el sistema de enseñanza a una mayor pluralidad de formas y centros, entendiendo la educación como servicio público de gestión tanto estatal como privada.

 

Antes del saludo final, dirigido a todos, la carta tiene palabras para la comunidad católica, alentando a los fieles en su misión de contribuir al cambio de la sociedad, con libertad y responsabilidad personales, “trabajando con rectitud en favor del bien común de los uruguayos”.

 

La carta concluye con un llamado a la unidad de nuestro pueblo: “en el mutuo respeto, en la sana confrontación, juntos reconocemos que el fin no es vencer al otro, sino que hay realidades superiores que, trascendiendo las diferencias, impulsan a la unidad”.

 

 

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