BENEDICTO XVI

ESPECIAL de www.iglesiacatolica.org.uy

 

Síntesis de la Encíclica "Deus Caritas est"

Benedicto XVI anuncia la publicación de su primera encíclica para el 25 de enero. "DIOS ES AMOR"

MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA XL JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
"Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación"

 



Carta Encíclica
"Deus Caritas est" (Dios es amor)

Resumen



EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "SACRAMENTUM CARITATIS"

Presentación y Resumen

Documento Completo Documento Completo

 

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "SACRAMENTUM CARITATIS"

CIUDAD DEL VATICANO, 13 MAR 2007 (VIS).-Este mediodía se presentó en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la Exhortación Apostólica Postsinodal de Benedicto XVI "Sacramentum Caritatis", sobre la Eucaristía fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia. Intervinieron en la rueda de prensa el cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, relator general de la XI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y el arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos.

 

  El documento, fechado el 22 de febrero, fiesta de la Cátedra de San Pedro, es fruto de la asamblea sinodal celebrada en Roma del 2 al 23 de octubre de 2005. Se ha publicado en latín, italiano, inglés, francés, español, alemán, portugués, polaco.

 

  El arzobispo Eterovic afirmó que la exhortación apostólica forma parte de "la serie de los grandes documentos sobre el sublime sacramento de la Eucaristía, como son, por ejemplo, los del Siervo de Dios Juan Pablo II "Ecclesia de Eucharistia" y "Mane nobiscum Domine". "La "Sacramentum Caritatis" se sitúa en esta continuidad y al mismo tiempo vuelve a proponer de un modo actualizado algunas verdades esenciales de la doctrina eucarística, exhortando a una digna celebración del rito sagrado, recordando la necesidad urgente de desarrollar una vida eucarística en la vida cotidiana".

 

  El documento, añadió el secretario general del Sínodo, "presentando en modo accesible al hombre contemporáneo las grandes verdades sobre la fe eucarística, trata varios aspectos de actualidad en su celebración y exhorta a un renovado compromiso en la construcción de un mundo más justo y pacífico en el que el pan partido para la vida de todos sea cada vez más causa ejemplar en la lucha contra el hambre y contra todo tipo de pobreza".

 

  El cardenal Angelo Scola recordó que el título de la exhortación apostólica "Sacramentum Caritatis", reafirmaba "la insistencia del Santo Padre en estos dos años de pontificado sobre la verdad del amor", que indica claramente que este es "uno de los temas cruciales sobre los que se juega el futuro de la Iglesia y de la humanidad".

 

  La exhortación se basa "en el nexo inseparable de tres aspectos: misterio eucarístico, acción litúrgica y nuevo culto espiritual" y "está estructurada en tres partes, cada una de las cuales profundiza una de las tres dimensiones de la Eucaristía", es decir: "Eucaristía, misterio que se ha de creer; Eucaristía, misterio que se ha de celebrar y Eucaristía,  misterio que se ha de vivir".

 

  "La enseñanza del Santo Padre -prosiguió el purpurado- ilustra con claridad como la acción litúrgica (misterio que se ha de celebrar) sea aquella acción específica que hace posible la conformación de la vida cristiana (misterio que se ha de vivir, nuevo culto) por parte de la fe (misterio que se ha de creer)". Benedicto XVI, "con una segunda novedad doctrinal de gran importancia", resalta además "la relevancia del "arte de celebrar" para una participación activa plena y fructuosa".

 

  En la primera parte, "Eucaristía, misterio que se ha de creer", se habla al inicio del "Don de la Trinidad", y "se ilustra el misterio de la Eucaristía a partir de su origen trinitario, que asegura su carácter permanente de don. (...) En esta enseñanza se apoya la raíz profunda de cuanto enseña la exhortación acerca de la adoración y su relación intrínseca con la celebración eucarística".

 

  Refiriéndose a los lazos entre "Institución cristológica y obra del Espíritu", el Santo Padre aborda "la institución de la Eucaristía en relación con la cena pascual judía" en un "pasaje decisivo para iluminar el "novum" radical que Jesús aporta a la antigua cena ritual".

 

  "Efectivamente -comentó el cardenal- nosotros en el rito no repetimos el acto cronológicamente situado de la Última Cena de Jesús, sino que celebramos la Eucaristía como "novum" radical del culto cristiano". Jesús "nos llama (...) al misterio de muerte y resurrección, principio innovador de transformación (...) de toda la historia y del entero cosmos".

 

  "Eucaristía e Iglesia", el segundo apartado, subraya que "la Eucaristía es el principio causal de la Iglesia: "en cada celebración confesamos la primacía del don de Cristo. El influjo causal de la Eucaristía en el origen de la Iglesia revela la precedencia no sólo cronológica sino también ontológica del habernos "amado primero". (...) Benedicto XVI, mientras afirma la relación circular entre la Eucaristía que edifica la Iglesia y la Iglesia misma que celebra la Eucaristía, cumple una significativa opción magisterial por el primado de la causalidad eucarística sobre la eclesial".

 

  En "Eucaristía y septenario sacramental" se afirma que la "santísima Eucaristía lleva la iniciación cristiana a la plenitud y es como el centro y fin de toda la vida sacramental". El Papa revisa en este contexto los sacramentos de la iniciación cristiana y "respecto al sacramento de la reconciliación insiste en la exigencia de "una recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía", mientras "la Unción de los Enfermos y el santo Viático ofrecerán a los fieles la posibilidad de asociar "al que sufre al ofrecimiento que Cristo ha hecho de sí mismo para la salvación de todos".

 

  El carácter "insustituible del sacerdocio ministerial para la celebración de la santa Misa" se reafirma en el apartado "Eucaristía y Orden", donde además Benedicto XVI "subraya y profundiza la relación entre orden sacerdotal y celibato: "Respetando la praxis y las diferentes tradiciones orientales -escribe- es necesario reafirmar el sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado con justicia una riqueza inestimable".

 

  Se habla también del "fuerte redimensionamiento del clero en algunos continentes, que debe ser afrontado ante todo con el testimonio de la belleza de la vida sacerdotal" y con "una formación vocacional cuidadosa".

 

  En "Eucaristía y Matrimonio", el Santo Padre sostiene que la "Eucaristía, sacramento esponsal por excelencia, "corrobora de forma inagotable la unidad y el amor indisolubles de todo matrimonio cristiano".

 

  "A partir del carácter nupcial de la Eucaristía -explicó el patriarca de Venecia- Benedicto XVI relee el tema de la unicidad del matrimonio cristiano, haciendo referencia a la cuestión de la poligamia y a la de la indisolubilidad del vínculo conyugal".

 

  El texto contiene "importantes sugerencias pastorales" respecto a los católicos divorciados que se han vuelto a casar. La exhortación, tras reafirmar que "a pesar de su situación siguen perteneciendo a la Iglesia, que les sigue con especial atención", enumera nueve modalidades de participación en la vida de la comunidad de estos fieles que, aunque no reciban la Comunión, pueden adoptar un estilo de vida cristiano".

 

  "Se habla también de los que habiendo celebrado válidamente el matrimonio, por condiciones objetivas no pueden disolver los nuevos lazos contraídos, proponiéndoles, con una adecuada ayuda pastoral, que se comprometan "a vivir su relación según las exigencias de la ley de Dios, como amigos, como hermano y hermana", es decir, transformando su relación en amistad fraternal".

 

  En la segunda parte, "Eucaristía, misterio que se ha de celebrar", se ilustra, dijo el purpurado, "el desarrollo de la acción litúrgica en la celebración, indicando los elementos que merecen una mayor reflexión y ofreciendo algunas sugerencias pastorales de gran importancia".

 

  El Papa ofrece unas indicaciones sobre la riqueza de los signos litúrgicos (silencio, paramentos, gestos: estar de pie,  de rodillas, etc) y el arte al servicio de la celebración. En este contexto se recuerda que el sagrario debe colocarse en un lugar visible en la Iglesia, gracias también a la lamparilla encendida.

 

  La unidad entre misterio eucarístico, acción litúrgica y nuevo culto espiritual se pone de relieve "cuando el Santo Padre describe las condiciones personales para una fructuosa participación".

 

  El documento subraya algunos aspectos pastorales que favorecen una participación activa más adecuada en el rito sagrado: el uso de los medios de comunicación, la atención a los enfermos, a los presos, a los emigrantes, las grandes concelebraciones, que se deben "limitar a situaciones extraordinarias", las liturgias eucarísticas en pequeños grupos. Asimismo, propone "un recurso más habitual a la lengua latina, sobre todo en las grandes celebraciones internacionales, sin descuidar el peso del canto gregoriano".

 

  "El Papa -continuó el relator general del Sínodo- recuerda la unidad intrínseca del rito de la santa Misa", que se debe expresar también en el modo con que se cuida la liturgia de la Palabra". Benedicto XVI hace hincapié en "el notable valor educativo para la vida de la Iglesia, sobre todo en el momento histórico actual, de la presentación de los dones, el intercambio de la paz y el "Ite missa est". El Santo Padre ha confiado el estudio de posibles cambios sobre estos dos últimos puntos a los dicasterios competentes".

 

  En la tercera y última parte del documento, dijo el cardenal, "se muestra la capacidad del misterio creído y celebrado de constituir el horizonte último y definitivo de la existencia cristiana".

 

  Desde el inicio de la exhortación apostólica, constató el purpurado, "se subraya con fuerza que el don de la Eucaristía es para el hombre, responde a las esperanzas del hombre. (...) Los cristianos encuentran en la celebración eucarística al Dios vivo y verdadero capaz de salvar su vida. Y esta salvación tiene como interlocutora a la libertad humana". Benedicto XVI escribe al respecto: "Precisamente porque Cristo se ha hecho por nosotros alimento de la Verdad, la Iglesia se dirige al hombre, invitándolo a acoger libremente el don de Dios".

 

  "La relevancia antropológica de la Eucaristía emerge con toda su fuerza en el culto nuevo característico del cristiano. (...) Sobre la base de la acción eucarística, cada circunstancia de la existencia se convierte, por decir así, en "sacramental". "Regenerado por el Bautismo e incorporado eucarísticamente a la Iglesia, el ser humano puede finalmente realizarse en plenitud, aprendiendo a ofrecer el "propio cuerpo", es decir, todo su ser, como sacrificio vivo santo y agradable a Dios".

 

  El patriarca de Venecia señaló que "cada fiel está llamado a una profunda transformación de la propia vida", que es, como escribe el Papa, "un deseo cordial de corresponder al amor del Señor con todo el propio ser, no obstante la conciencia de la propia fragilidad".

 

  "En este contexto -continuó-, cobra especial importancia la responsabilidad de los cristianos que desempeñan cargos públicos y políticos". Concretamente, los políticos y legisladores católicos deben "presentar y apoyar -escribe el Santo Padre- leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía".

 

  En otro apartado del documento se habla del testimonio como forma de misión. "La misión primera y fundamental que recibimos de los santos Misterios que celebramos es la de dar testimonio con nuestra vida".

 

  "La exhortación -añadió el purpurado- recomienda vivamente a todos, pero en particular a los fieles laicos, "cultivar el deseo de que la Eucaristía influya cada vez más profundamente en su vida cotidiana, convirtiéndolos en testigos visibles en su propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad".

 

  El cardenal Scola afirmó que el documento "no duda en afirmar que "la Eucaristía impulsa a todo el que cree (...) a hacerse "pan partido" para los demás, y por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno".

 

  Tras poner de relieve que la celebración eucarística "implica la oferta del pan y del vino, fruto de la tierra, de la vid y del trabajo del hombre", el purpurado afirmó que "el tema de la salvaguardia de la creación se desarrolla en relación con el designio bueno de Dios sobre toda la creación. La realidad no es mera materia neutra que puede ser fácilmente manipulable por la técnica y la ciencia, sino que es querida por Dios en vista de la recapitulación en Cristo de todas las cosas. De ahí la responsabilidad en la salvaguardia de la creación propia del cristiano que se alimenta de la Eucaristía".

 

  El cardenal Scola manifestó la convicción de que "en la autenticidad de la fe y del culto eucarístico se halla el secreto de un renacimiento de la vida cristiana capaz de regenerar al Pueblo de Dios. En el misterio de la Eucaristía se accede a la realidad de Dios que es amor".

 

  Al inicio y al final del documento, Benedicto XVI subraya la relación entre la Eucaristía y la Virgen: "En María Santísima vemos perfectamente realizado el modo sacramental con que Dios, en su iniciativa salvadora, se acerca e implica a la criatura humana. De Ella hemos de aprender a convertirnos en personas eucarísticas y eclesiales".

 

Benedicto XVI publica primera Encíclica: "Deus caritas est"
Síntesis de la Encíclica

CIUDAD DEL VATICANO, 25 ENE 2006 (VIS).-Ofrecemos a continuación una síntesis de la primera encíclica de Benedicto XVI, "Deus caritas est" (Dios es amor), sobre el amor cristiano. Está fechada el 25 de diciembre, solemnidad de la Natividad del Señor. 

  La encíclica está articulada en dos grandes partes. La primera, titulada: "La unidad del amor en la creación y en la historia de la salvación", presenta una reflexión teológico- filosófica sobre el "amor" en sus diversas dimensiones -"eros", "philia", "ágape"- precisando algunos datos esenciales del amor de Dios por el ser humano y del ligamen intrínseco que ese amor tiene con el amor humano. La segunda, titulada: "Caritas, el ejercicio del amor por parte de la Iglesia como "comunidad de amor", trata del ejercicio concreto del mandamiento del amor hacia el prójimo.

 

PRIMERA PARTE

El término "amor", una de las palabras más usadas y de las que más se abusa en el mundo de hoy, posee un vasto campo semántico. En esta multiplicidad de significados, surge, sin embargo, come arquetipo del amor por excelencia aquel entre hombre y mujer, que en la antigua Grecia era definido con el nombre de "eros". En la Biblia y sobre todo en el Nuevo Testamento, se profundiza en el concepto de "amor", un desarrollo que se expresa en el arrinconamiento de la palabra "eros" en favor del término "ágape", para expresar un amor oblativo.

 

  Esta nueva visión del amor, una novedad esencial del cristianismo, ha sido juzgada no pocas veces, de forma absolutamente negativa, como un rechazo del "eros" y de la corporeidad. Si bien haya habido tendencias de ese tipo, el sentido de esta profundización es otro. El "eros",  puesto en la naturaleza del ser humano por su mismo Creador, tiene necesidad de disciplina, de purificación y de madurez para no perder su dignidad original y no degradarse a puro "sexo", convirtiéndose en mercancía. 

 

  La fe cristiana ha considerado siempre al hombre como un ser en el que espíritu y materia se compenetran uno con otra, alcanzando así una nobleza nueva. Se puede decir que el reto del "eros"  ha sido superado cuando en el ser humano el cuerpo y el alma se encuentran en perfecta armonía. Entonces sí que el amor es "éxtasis", pero éxtasis no en el sentido de un momento de embriaguez pasajera, sino como éxodo permanente del yo encerrado en sí mismo hacia su liberación en el don de sí, y de esa forma hacia el reencuentro consigo mismo, mas aún, hacia el descubrimiento de Dios: de este modo el "eros" puede elevar al ser humano en "éxtasis" hacia lo Divino. 

 

  En definitiva, "eros" y "ágape" exigen no estar nunca separados completamente uno de otra, al contrario, cuanto más -si bien en dimensiones diversas-, encuentran su justo equilibrio, más se cumple la verdadera naturaleza del amor. Si bien el "eros" inicialmente es sobre todo deseo, a medida que se acerque a la otra persona se interrogará siempre menos sobre sí mismo, buscará cada vez más la felicidad del otro, se entregará y deseará "ser" para el otro: así se adentra en él y se afirma el momento del "ágape". 

 

  En Jesucristo, que es el amor de Dios encarnado, el "eros"-"ágape" alcanza su forma más radical. Al morir en la cruz, Jesús, entregándose para elevar y salvar al ser humano, expresa el amor en su forma más sublime. Jesús aseguró a este acto de ofrenda su presencia  duradera a través de la institución de la Eucaristía, en la que, bajo las especies del pan y del vino se nos entrega como un nuevo maná que nos une a El. Participando en la Eucaristía, nosotros también nos implicamos en la dinámica de su entrega. Nos unimos a El y al mismo tiempo nos unimos a todos los demás a los que El se entrega; todos nos convertimos así en "un sólo cuerpo". De ese modo, el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo se funden realmente. El doble mandamiento, gracias a este encuentro con el "ágape" de Dios, ya no es solamente una exigencia: el amor se puede "mandar" porque antes se ha entregado. 

 

SEGUNDA PARTE

El amor por el prójimo, enraizado en el amor de Dios, además de ser una obligación para cada fiel, lo es también para toda la comunidad eclesial, que en su actividad caritativa debe reflejar el amor trinitario. La conciencia de esa obligación ha tenido un relieve constitutivo en la Iglesia ya desde sus inicios y muy pronto se evidenció también la necesidad de una determinada organización como presupuesto para cumplirla con más eficacia. 

 

Así, en la estructura fundamental de la Iglesia surgió la "diaconía" como un servicio del amor hacia el prójimo, llevado a cabo comunitariamente y de forma ordenada -un servicio concreto pero, a la vez, espiritual-. Con la difusión progresiva de la Iglesia, este ejercicio de caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales. La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa, de esa forma, en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los sacramentos (leiturgia), servicio de la caridad (diakonia). Son tareas en las que una presupone las otras y no pueden separarse entre sí".

 

A partir del siglo XIX, contra la actividad caritativa de la Iglesia se planteó una objeción fundamental: la de que estaría en contraposición -se dijo- con la justicia y acabaría por actuar como sistema de conservación del status quo. Al llevar  a cabo obras de caridad individuales, la Iglesia favorecería el mantenimiento del injusto sistema vigente, haciéndolo de alguna forma soportable y frenando de esa manera la rebelión y el potencial cambio hacia un mundo mejor. 

 

En este sentido, el marxismo había indicado en la revolución mundial y en su preparación la panacea para la problemática social -un sueño que con el tiempo se ha desvanecido-. El magisterio pontificio, empezando por la encíclica "Rerum novarum" de León XIII (1891) hasta la trilogía de las encíclicas sociales de Juan Pablo II: "Laborem exercens" (1981), "Sollicitudo rei socialis" (1987), "Centesimus annus" (1991), ha afrontado con insistencia creciente la cuestión social y, confrontándose con situaciones problemáticas siempre nuevas, ha desarrollado una doctrina social muy articulada, que propone orientaciones válidas que van mucho más allá de los confines de la Iglesia.


Sin embargo, la creación de un orden justo de la sociedad y del Estado es un deber principal de la política, y por tanto, no puede ser una tarea inmediata de la Iglesia. La doctrina social católica no quiere conferir a la Iglesia un poder sobre el Estado, sino simplemente purificar e iluminar la razón, ofreciendo la propia contribución a la formación de las conciencias, para que las verdaderas exigencias de la justicia sean percibidas, reconocidas y realizadas. Sin embargo, no existe ninguna normativa estatal que, por justa que sea, pueda hacer superfluo el servicio del amor. El Estado que quiere proveer a todo se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el ser humano afligido -cualquier ser humano- necesita: una entrañable atención personal. Quien quiere desentenderse del amor, se dispone a desentenderse del  hombre en cuanto hombre.


En nuestro tiempo, un positivo efecto colateral de la globalización se manifiesta en el hecho de que la solicitud por el prójimo, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a  prolongar sus horizontes al mundo entero. Las estructuras del Estado y las asociaciones humanitarias desarrollan de distintos modos la solidaridad expresada por la sociedad civil: de esta manera, se han formado múltiples organizaciones con objetivos caritativos y filantrópicos. Además, en la Iglesia católica y en otras comunidades eclesiales han surgido nuevas formas de actividad caritativa. Es deseable que se establezca entre todas estas instancias una colaboración fructífera. Naturalmente, es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda la propia identidad, disolviéndose en la organización común asistencial, convirtiéndose en una simple variante, sino que mantenga todo el esplendor de la existencia de la caridad cristiana y eclesial. Por tanto:


La actividad caritativa cristiana, además de fundarse en la competencia profesional, lo debe hacer sobre la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente, suscitando en él el amor por el prójimo.


La actividad caritativa cristiana debe ser independiente de los partidos e ideologías. El programa del cristiano -el programa del Buen Samaritano, el programa de Jesús- es "un corazón que ve". Este corazón ve donde hay necesidad de amor y actúa en modo consecuente:


Además, la actividad caritativa cristiana no debe ser un medio en función de lo que hoy se califica como proselitismo. El amor es gratuito; no se ejercita para alcanzar otros fines. Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por decir así, dejar de lado a Dios y a Cristo. El cristiano sabe cuándo debe hablar de Dios y cuándo es justo no hacerlo y dejar hablar solamente al amor. El himno a la caridad de San Pablo (1 Cor 13) debe ser la Carta Magna de todo el servicio eclesial, para protegerlo del riesgo de caer en el puro activismo.


En este contexto, frente al peligro del secularismo que puede condicionar a muchos cristianos comprometidos en la labor caritativa, es necesario reafirmar la importancia de la oración. El contacto vivo con Cristo evita que la experiencia de las enormes necesidades y de los propios límites arrastren a una ideología que pretende hacer ahora aquello que, aparentemente, Dios no consigue hacer, o caer en la tentación de ceder a la inercia y a la resignación. Quien reza no desaprovecha el tiempo, a pesar de que las circunstancias le empujen únicamente a la acción, ni pretende cambiar o corregir los planes de Dios, sino que busca -siguiendo el ejemplo de María y de los santos- obtener de Dios la luz y la fuerza del amor que vence toda oscuridad y egoísmo presentes en el mundo.

 

«Deus caritas est» quiere «mostrar el concepto de amor 
en sus diferentes dimensiones»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 18 enero 2006 (ZENIT.org).- Con un gesto personal inesperado, Benedicto XVI anunció este miércoles que su primera encíclica, que lleva por título «Deus caritas est» (Dios es amor), será publicada el 25 de enero.

 

Aplaudieron el anuncio del Papa los ocho mil peregrinos congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano para participar en la semanal audiencia general.

 

La fecha de publicación escogida por el Santo Padre coincide con la fiesta de la conversión del apóstol san Pablo, día en el que concluye la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

 

«Con esta encíclica quisiera mostrar el concepto de amor en sus diferentes dimensiones», confesó el mismo Papa dejando a un lado los papeles, pues «hoy, en la terminología conocida, "amor" parece ser con frecuencia algo muy alejado de lo que piensa un cristiano cuando habla de caridad».

 

Según el obispo de Roma, «el "eros", este don del amor entre hombre y mujer, procede del mismo manantial de la bondad del Creador, así como la posibilidad de un amor que renuncia a sí mismo a favor del otro»

 

«El "eros" se transforma en «ágape» en la medida en que los dos se aman realmente y uno ya no se busca a sí mismo, su goce, su alegría, sino que busca sobre todo el bien del otro».

 

De este modo, aclaró, «el "eros" se transforma en caridad, en un camino de purificación, de profundización».

 

Este amor, indicó, «de la propia familia se abre de par en par a la familia más grande de la sociedad, a la familia de la Iglesia, a la familia del mundo».

 

Al mismo tiempo, este amor «tiene que expresarse también como un acto eclesial, organizativo». Es decir, subrayó, «la Iglesia, incluso como Iglesia, como comunidad, de manera institucional, tiene que amar».

 

Y esta «Caritas», añadió, «no es mera organización, como otras organizaciones filantrópicas, sino una expresión necesaria del acto profundo del amor personal con el que Dios nos ha creado, suscitando en nuestro corazón el empuje hacia el amor, reflejo de Dios Amor, que nos hace su imagen».

 

El Papa concluyó con sinceridad: «Espero que pueda iluminar y ayudar a nuestra vida cristiana».

 

Según anunció este martes la Oficina de Información de la Santa Sede, la encíclica se presentará a mediodía del 25 de enero en una rueda de prensa en la que participarán el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz, así como los arzobispos William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y Paul Josef Cordes, presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum».

 

La encíclica de Benedicto XVI lleva la fecha del día de Navidad, 25 de diciembre de 2005, según informó el 23 de diciembre Joaquín Navarro Valls, portavoz de la Santa Sede.

 

El Papa redactó la encíclica en alemán --aunque el texto oficial será en latín-- el pasado verano, durante sus vacaciones en el Valle de Aosta.

 

La primera encíclica de un Papa tiene un carácter programático, no a nivel de gobierno, sino en el sentido de que marca el estilo de este pontificado, que busca ir a lo esencial del Evangelio.

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