|
|
ADVIENTO 2004 |
||
| PORTADA | Conferencia Episcopal del Uruguay | ||
|
|
|
1.
Los momentos importantes de la vida requieren preparación. Así, la
mente, el corazón y hasta el cuerpo se predisponen para vivirlos,
disfrutarlos y conservarlos.
2.
Con la NAVIDAD pasa algo semejante:
Durante
cuatro semanas la Iglesia propone lecturas, oraciones, gestos y actitudes
que imprimen un ritmo diferente a estos días. Son ayudas
para el camino, con valor pedagógico, útiles para que la Navidad
no sea una cáscara vacía o una fiesta sin festejado.
3.
En estos días nos preguntarnos:
¿Qué
espero de esta próxima Nochebuena?
¿Qué
traigo al pesebre y ofrezco al Niño Dios?
Lo
que espero o traigo es reflejo de lo que soy o aspiro a ser, según el
grado de Fe que ponga en acción; pero en este intercambio es bueno también
incorporar las voces, rostros y anhelos de chicos y grandes, familias,
pueblo y gobernantes.
4.
María, la Madre de Jesús, la Mujer de la espera confiada, nos acompaña:
Cada 8 de Diciembre la devoción a María florece en el pueblo cristiano.
Es la fiesta de la Inmaculada Concepción, que la memoria cristiana
conserva cuando recuerda en el Ave María el saludo del Angel: “llena
eres de gracia”.
El
privilegio de la Inmaculada Concepción, propio de la Madre del
Salvador, hace patente el poder de Jesucristo que viene a este
mundo para quitar el pecado del mundo. Quitar el mal no es cambiar algo
para que todo siga igual; es arrancar las raíces de la inmoralidad, del
qué me importan los demás, del para qué vale la vida ajena cuando me
trae un problema. Quitar el mal es lavar el orgullo que pretende
“humanizar” la sociedad explotando al débil y al pobre. Es introducir
en el corazón abierto aspiraciones nuevas quizás acalladas, coraje para
creer, capacidad de amar y servir hasta el fin.
Los
invito a dedicar cada día un rato para preparar la próxima Navidad.
Que
el Señor los bendiga,
Pablo
Galimberti |
|
Mensaje
de Mons. Orlando Romero MARÍA, MUESTRA VIVIENTE |
|
El 8 de diciembre próximo celebramos los 150 años de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción de María. La Inmaculada Concepción significa que la Virgen María estuvo siempre libre del pecado original, desde el primer instante en que fue concebida, o sea, que la gracia de Dios la santificó desde su concepción en el seno de su madre. Fue especialmente preparada para ser la Madre de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre. Este privilegio de María fue creído y celebrado fervorosamente por el pueblo cristiano desde mucho antes de que el Papa Pío IX lo declarara solemnemente dogma de la Fe católica el 8 de diciembre de 1854. María es la mujer que ha tenido una particular experiencia del Dios rico en misericordia y que gratuita y generosamente ha redimido y salvado al mundo desbordando toda expectativa humana. Nadie como ella experimentó que “no hay nada imposible para Dios”. De su corazón aflora un cántico de gratitud: “Mi alma proclama la grandeza del Señor”.
En
esta fiesta la Iglesia nos invita a levantar los ojos y contemplar a María,
la concebida sin pecado, la Inmaculada, la llena de gracia.
1.-Miró
la humildad de su servidora (Lc. 1,48)
Al percibir esta predilección de Dios, María canta con
incontenible alegría lo que es un regalo inmerecido: “miró
la humildad de su servidora”. María es consciente de su condición
humana; ni la niega, ni la sobrevalora. Queda como un testigo saliente de
lo que tantas veces Jesús mismo nos muestra que Dios se complace en los
humildes y dispersa a los soberbios de corazón.
2.-Hágase
en mi según tu Palabra (Lc. 1,38)
María consciente de esta gratuidad del actuar de Dios en ella, su
actitud es abrirse generosamente a su Palabra, da su SI, en el “hágase”
sin cálculo y sin condiciones, quedando como prototipo de toda entrega
confiada y generosa. Una interminable caravana de testigos encuentran en
el SI de María la luz, la esperanza y el estímulo en el seguimiento en
pos de Jesús.
3.-Hizo
en mi maravillas (Lc. 1,49)
María proclama las maravillas que Dios hizo en ella: Hija
predilecta del Padre, Madre
del Hijo de Dios encarnado; Esposa del Espíritu Santo; Templo y Sagrario
de la Santísima Trinidad; y por eso Inmaculada; “llena de gracia”,
“bendita entre todas las mujeres”, glorificada en cuerpo y alma en el
cielo como primer fruto maduro de la Pascua de Jesús.
Las
sucesivas generaciones no han cesado de proclamarla bienaventurada en sus
cánticos y aclamaciones: expresión del amor creativo de sus hijos
resaltando sus privilegios, reconociéndola vinculada estrechamente a
nuestra historia como la de Guadalupe, de los Treinta y Tres, del Luján…,
exaltándola como
Reina y Señora de todo lo creado y lo redimido.
4.-Hagan
lo que El les diga (Jn. 2,5; E.E. 54)
Como toda madre, también María quiere compartir con sus hijos lo
que ha vivido. Ella que experimentó la necesidad de hacerse voz de los débiles
en las bodas de Caná, que ha experimentado la fuerza de la fe y el vigor
de la esperanza, nos invita incondicionalmente a
“hacer lo que Jesús nos diga”.
5.-María
precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios.
María es la muestra viviente de lo que Dios es capaz de hacer en
cada uno de nosotros. Mientras caminamos a tientas, aquejados por la
desesperanza, agobiados por los fracasos y situaciones que nos oprimen,
María, la nueva Eva, refleja la luminosidad de la Pascua, es anuncio y
profecía de lo que un día vamos a ser, gracias a la acción liberadora
de Cristo.
La
celebración de la Inmaculada presenta a María como el ejemplo del ser
humano tal como Dios lo ha concebido y logrado es testigo en nuestro
cotidiano caminar “en este valle de lágrimas” para forjar una
sociedad fraterna, equitativa, donde resplandezca la justicia, se
transparente la honestidad y la verdad.
6.-María
en el Adviento.
Estamos en este tiempo litúrgico con fuertes resonancias marianas
como es el mes de María, el Adviento que nos preparan a abrirnos a la
esperanza de la Salvación que Jesús nos trae: la realizó en su primera
venida, la va realizando en el día a día de nuestra historia y la
realizará plenamente al final de los tiempos. María, sale garante de la
progresiva realización de esta esperanza, nos invita a cultivar en
nuestro corazón las actitudes de humildad que nos hace tierra fértil
para la acción de Dios; la disponibilidad que nos abre a la sintonía con
el Proyecto de Dios; a la gratitud y a la alabanza de quien es origen de
todos nuestros dones recibidos y de nuestros anhelos; la fe y el
compromiso con la Palabra de Dios, hecha carne.
7.-Invitación
Invito a toda la Diócesis para que, en la medida de las
posibilidades de nuestras comunidades, proclamemos “bienaventurada” a
la Inmaculada Virgen María en la Ciudad de Pando cuya comunidad
parroquial ostenta el honroso patronazgo de la
Inmaculada Concepción
desde el año 1845. A las 20 hs. comenzará la Celebración en el
Colegio-Liceo Ntra. Sra. del Huerto con la procesión presidida por la
imagen de María Inmaculada culminando en el Templo Parroquial con la
Concelebración de la Eucaristía.
Los
saludo y bendigo unidos en Jesús y María Inmaculada.
+Orlando Romero
Obispo de Canelones
Canelones,
8 de noviembre de 2004 |